Las 1.500 'rosas' represaliadas de Jerez: asesinadas, al exilio o al silencio por formar un sindicato feminista

Los cenetistas Aurore Van Echelpoel y Francisco Cuevas Noa culminan una investigación sobre el Sindicato de Emancipación Femenina, precursoras del feminismo jerezano en 1936, semanas antes del inicio de la Guerra Civil

Las mujeres del Sindicato de Emancipación Femenina de 1936, cedida por CNT.
Las mujeres del Sindicato de Emancipación Femenina de 1936, cedida por CNT.

Cada una de una madre y un padre, cada una con una historia. "Obreras de la aguja, muchachas de servicio, trabajadoras de bodeguería -embotellado, funderas-, empleadas de comercio, fábricas de precintos, de lápices, lavado de botella, vendedoras".  Así se autodefinían. Jerez, allá por 1936, aún no llegaba a los 100.000 habitantes. Hoy son 212.000. La mitad, mujeres. En aquel Jerez tensionado de los últimos suspiros de la República, los más activos y políticos, de huelgas y pasiones, 1.500 mujeres se reunieron en torno al Sindicato de Emancipación Femenina. Huelgas del alquiler, protestas, activismo libertario en el día a día, bajo la figura de María Luisa Cobo, la presidenta y figura que con más fuerza ha trascendido a nuestro tiempo. Pero no la única. La historia de aquel sindicato la cuentan Aurore E. Van Echelpoel y Francisco Cuevas Noa en Mujeres libertarias en Jerez (Ed. Calumnia, 2020).

El documento es una aportación basada en una investigación de trabajo de campo, recopilación de testimonios y búsqueda de documentos, cotejando libros y poniendo en común. Y viene a dar luz a un periodo histórico que en Jerez lleva el sello de los vencidos, porque si no hubo Guerra, apenas tampoco hubo tiempo de documentar la derrota de la legitimidad republicana frente al fascismo. Historiadores como Cristóbal Orellana, entre otros memorialistas, han ido reconstruyendo aquella derrota de la libertad, y el libro de Van Echelpoel y Cuevas Noa otorga protagonismo a aquel movimiento sindical y no ya protofeminista sino, de todas todas, feminista. Y pone nombres. Además del de María Luisa Cobo, los de Antonia Cantalejo, las hermanas Díaz Calvo, las hermanas Vega Álvarez, María Hormigo o Ramona Pérez. Otras muchas, las que se muestran en la imagen que ilustra la información, aún no tienen nombre, a la espera de que aún algún descendiente las reconozca. Algunas fueron asesinadas por su actividad. Otras pagaron con cárcel, y otras marcharon al exilio.

A una familiar las Vega Álvarez la encontraron, tras muchas semanas pesquisas en archivos históricos y demás fuentes típicas, a través de Facebook, viviendo en Francia. Consiguieron tirar del hilo, y mantuvieron durante años una enorme cantidad de documentos a través de los que seguir buceando en la historia. "Hemos conseguido enlazar y enlazar", explica Van Echelpoel.

En 1936 hubo una gran "efervescencia", añade Cuevas. "En unos meses de vida del sindicato", desde mayo, "creció muchísimo. Ya le estaban viendo las orejas al lobo. María Luisa Cobo recibió amenazas de falangistas ya antes de la Guerra. Había boicot a familias que despedían a compañeras, tenían una caja de superviviencia... Eran muy activas. Hacían sus asambleas en calle Justicia, en el sector albañil de CNT, el sector más duro". Tras la guerra, Avelina y Carmen Díaz Calvo, María Hormigo o Ramona murieron asesinadas. "Avelina escribía en la prensa de la época, y Carmen era novia de Diego Pérez Núñez, asesinado en los campos nazis".

Asimismo, Ramona fue pareja de Manuel Lozano, combatiente de la Nueve que liberó París frente a los nazis al final de la Segunda Guerra Mundial. "No aparecía hasta ahora en ningún registro, sino que la encontramos por el testimonio de Antonio Carlos Cintas, en una columna. También en un documental de Pedro Grimaldi. Teníamos la base de oral y Manuel Lozano escribió unos poemas sobre Ramona. Antonio Carlos, cuando se lo contamos, recordó que en los años 80 un hombre fue a la casa donde Ramona vivía, que aún es de la familia, en San Miguel, que había conocido a Ramona. Se puso el hombre hablando con acento francés preguntando por Ramona y cuando supo que la mataron en la Guerra que le dio un soponcio, que se moría y diciendo que se la tenía que haber llevado. Había sido su novio, y se quedó con la carga, entendemos que era Lozano". La dificultad de la investigación es que sobre mujeres se ha escrito menos aún. "Se pierde el rastro después de la Guerra". Excepto algunos casos como María Luisa Cobos, los testimonios quedan a la intimidad de las historias familiares y los relatos de la guerra que hicieron otros.

Ana Vega Álvarez pasó por el exilio, María Luisa Cobo pasó varias veces por cárcel "pero pudo evitar la pena de muerte", a pesar de que reconoció ante el tribunal militar en 1940 que ella era comunista libertaria. Cuenta el libro que a Cobo la paró un hombre en aquellos años previos a la Guerra reprochándole que no llevase sus medias negras preceptivas, a lo cual ella respondió con un golpe. "Eran así". Adelantadas. "Pensaban en el amor libre, con compañeros. No es que fuera una cama redonda, es que podían tener una pareja y al año siguiente tener otra, o casarse por lo civil, que durante la República se podía, o no casarse, con relaciones mucho más avanzadas. Cobo tenía compañeros, no novios. Testimonios como el de un señor mayor que volvió después de estar en México exiliado nos hablaba de ella como una mujer, 'uf, muy ligera de cascos', porque era muy libre".

Aurore E. Van Echelpoel y Francisco Cuevas Noa, durante la entrevista, realizada en la sede de los sindicatos de CNT. FOTO: IVÁN CARO

Aquellas 1.500 mujeres trabajaron juntas, se asociaron, debatieron en asambleas. La Guerra Civil pasó por Jerez apenas un par de días. Primero, con un llamamiento a acudir a los cuarteles para militares, guardias civiles y derechistas, que tomaron primero Radio Jerez y luego el Ayuntamiento. En unas horas habían reprimido a balazos los pocos reductos que quedaban entre quienes no desertaron, matando a 381 personas al menos, según el colectivo Jerez Recuerda. Cobo pasó por el cortijo El Marrufo, donde se produjo un exterminio, aunque se marchó a Ronda, primero, y a Cuenca, después, para seguir activamente organizando la resistencia mientras pudo.

"Si estaban tan bien organizadas en el sindicato", lamenta Van Echelpoel, "la represión tuvo que ser bestial". Porque fueron muchas, con "un carácter rebelde", explican, y que guardaron para el silencio sus relatos o incluso para renegar de su actividad en algunos juicios posteriores, en consejos de guerra. "Cuando a Antonia Cantalejo dice que no sabe ni leer ni escribir, y que estaba manipulada por María Luisa Cobo, que entonces estaba fuera en el exilio, estaba mintiendo, porque era la secretaria y había documentos escritos y firmados por ella".

"Creo que podemos reflexionar sobre que no inventamos nada. Hay antecedentes del feminismo actual. Y ellas no eran feministas digamos burguesas, que no eran profesoras universitarias, no habían estudiado, que no eran políticas. Esas mujeres aportaron muchísimo, pero éstas eran del día a día, de clases populares, sostenedoras de sus familias. Cobo era una mujer como muy escandalosa, según nos decían", "rebelde". Mujeres que no tenían para pagar las 15 pesestas de cuota para el sindicato y a quienes los hombres del sector de arrumbadores le ofrecieron poner "las 10 pesetas que faltan, compañeras". "Se negaron, les dijeron que ya irían pagando poco a poco".

 

 

 

Sobre el autor:

Pablo Fdez. Quintanilla

Licenciado en Periodismo y Máster en Comunicación Institucional y Política por la Universidad de Sevilla. Comencé mi trayectoria periodística en cabeceras de Grupo Joly y he trabajado como responsable de contenidos y redes sociales en un departamento de marketing antes de volver a la prensa digital en lavozdelsur.es.

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