De Ladislao a Gonzalo: una joyería de Jerez con 100 años y cuatro generaciones de joyeros

La 'Joyería Dogma' de la calle Doña Blanca, heredera de 'La Joyita, nacida en 1921, cumple un siglo de vida con la mirada puesta en el futuro. Ladislao Rodríguez dirige un negocio que espera que continúen sus hijos

Ladislao Rodríguez, con sus hijos Gonzalo y Álvaro, y la trabajadora Beatriz Sambruno, en el mostrador de Joyería Dogma.
Ladislao Rodríguez, con sus hijos Gonzalo y Álvaro, y la trabajadora Beatriz Sambruno, en el mostrador de Joyería Dogma. MANU GARCÍA

Cuando Ladislao Rodríguez abrió en 1921 la relojería La Joyita, en la céntrica calle Doña Blanca de Jerez de la Frontera, no se imaginaba que un siglo después sus descendientes iban a continuar con el negocio, que ha evolucionado —y se ha multiplicado— desde entonces. Este año se cumple un siglo de la apertura de un negocio sin el que no se entiende el comercio jerezano. Su nieto, del mismo nombre, regenta ahora la Joyería Dogma, situada a escasos metros de su antecesora.

Como oro en paño guardan en esta joyería de Jerez el documento que acredita el nacimiento del negocio, tras la llegada de la familia desde Madrid a principios del siglo XX. "Casa fundada en 1921", se puede leer en la esquina superior izquierda. "Talleres. Ventas en general, relojería, platería y óptica. Bisutería fina", pone justo debajo. Este "maravilloso" documento, como lo define Ladislao, el nieto del fundador, acredita su antigüedad. ¿Cuál es el secreto para llegar a los 100 años de vida? "Servicio, servicio, servicio, servicio… atención al cliente. Siempre poner la cara bonita… y arriesgar”, contesta.

Ladislao Rodríguez forma parte de la tercera generación de joyeros de su familia. Antes lo fueron su abuelo —también Ladislao— y su padre —Ricardo Rodríguez—. Después lo serán sus hijos, Gonzalo y Álvaro, si deciden continuar con el negocio. De momento trabajan en él. "Yo les daré todos los mimbres cuando me jubile —ahora tiene 59 años—, ya ellos que hagan lo que quieran", dice el propietario de Joyería Dogma, procedente de una familia dedicada al sector. De hecho, su hermano Ricardo fue el propietario de La Joyita —la primera tienda especializada en gafas de sol de España— hasta su cierre, por jubilación; y otro hermano, Antonio, regenta la Joyería San Francisco.

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El documento que guardan en Joyería Dogma con el año de creación de 'La Joyita', su precedesora. MANU GARCÍA

Una Guerra Civil, la Segunda Guerra Mundial, una pandemia... y crisis de todo tipo ha vivido esta familia desde detrás del mostrador. La peor fue la pérdida de un hijo, Ricardo, que Ladislao define como la "gran crisis" de un negocio que "tira para adelante", pase lo que pase. "Para ello es fundamental la unión entre los que trabajamos", dice. La mayoría, familiares, pero también trabajadoras como Beatriz Sambruno, que no para de atender clientes mientras Ladislao contesta a las preguntas del periódico. 

"Mi abuelo montó varias tiendas, y cada uno elegimos una rama", cuenta el dueño de Dogma, que heredó la tienda de manos de su padre. Ricardo se hizo con el negocio hacia la década de los 50 del siglo pasado, y fue quien lo rebautizó. En un principio se dedicaba a arreglar relojes, y Ladislao recuerda que hasta montó cristales de gafas en sus inicios, siendo muy joven, para luego diversificar. Sobre la venta de oro, plata y relojes gira ahora un establecimiento que se ha ido adaptando a los tiempos —de hecho, hasta tiene tienda online para llegar "a todos los públicos"—.

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Ladislao Rodríguez, con su hijo Gonzalo, en Joyería Dogma.   MANU GARCÍA

"Mi padre arreglaba relojes y había días que llegaba a casa a las tres de la mañana de trabajar, era muy sacrificado", cuenta Ladislao. Su hermano Ricardo se especializó en gafas de sol y él en joyería. "Empezamos a introducir productos para su venta, pero no te puedes limitar a uno sólo, porque si falla, falla todo", explica. Por eso tienen todo tipo de relojes, pulseras, anillos, colgantes... "Te tienes que arriesgar a comprar productos que no sabes si vas a vender", dice. Pero sigue el consejo de un buen amigo: "Si uno hace las cosas bien y tiene las espaldas cubiertas puede afrontar los momentos de crisis con un respaldo económico. Un conocido siempre me dijo que el dinero hay que ganarlo, hay que gastarlo y hay que guardarlo. Si haces las tres cosas, vas bien". Con esa fórmula van a cumplir un siglo de vida. 

"Ahora conjugamos los objetos tradicionales con lo que los jóvenes demandan", señala Ladislao Rodríguez. "Hay que adaptarse a los tiempos, siempre asumiendo riesgos, como cualquier negocio". Él, dice, es de la "escuela antigua", y no le "duele" invertir en la compra de oro, porque sabe que lo recupera, y que tiene muchos clientes que aún conservan el gusto por este metal precioso. "Mucha gente sigue manteniendo esa cultura del oro, por llamarlo así, aunque ahora se mira más el diseño, y se vende mucha plata de diseño o de otros materiales más baratos", agrega. 

Hace poco, a Ladislao le enseñaron un anuncio hecho por su abuelo, publicado en un periódico en 1935. Ahora el negocio se anuncia de otra manera, sobre todo en redes sociales y con su propia página web. Álvaro y Gonzalo, los hijos de Ladislao, ya hacen sus pinitos en Joyería Dogma. Son licenciados en Económicas y Empresariales, y en Marketing y Comercio, respectivamente. "Hice un máster en diseño web", relata Gonzalo, el responsable de la web, que después de probar suerte en varias agencias de marketing, decidió poner en práctica sus conocimientos en la empresa familiar, gestionando además sus redes sociales. La mano de la cuarta generación de joyeros de los Rodríguez ya se nota. Seguro que no será la última.

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