Hay nombres que se eligen para una marca después de darle muchas vueltas a un papel. El de Lomont estaba en casa mucho antes de que existiera la firma. 'Lo' viene de Lola, la abuela de Carla Muñoz Romero, una mujer que fue modista y cuya relación con la costura terminó dejando una huella profunda en la familia. 'Mont' corresponde a Montserrat Romero García, su madre, compañera ahora de esta aventura.
Carla tiene 22 años y estudia Derecho en Madrid. A cientos de kilómetros de Jerez intenta sacar adelante sus estudios mientras mantiene en marcha una firma de moda femenina que comenzó a imaginar cuando todavía no había cumplido la mayoría de edad. Su madre permanece más cerca del día a día del proyecto, pendiente de la confección, el patronaje y las pruebas, mientras ambas coordinan por teléfono buena parte de los pasos que requiere cada colección.
Porque Lomont no nació únicamente de las ganas de vender ropa. Detrás hay una familia que se ha ido implicando en el proyecto y una joven que tenía claro que, si algún día creaba algo propio, quería que tuviera una relación directa con la tierra en la que ha crecido. "Siempre tenía como en la cabeza tener algo propio", cuenta. Y también otra idea: que ese algo hablara de Jerez.
Una marca que empieza en la familia
La historia se remonta a los años en los que Carla todavía estaba en el instituto. Desde los 17 o 18 años rondaba la posibilidad de crear una firma, aunque entonces todavía era una idea sin forma concreta. La moda siempre había estado presente en sus intereses y también en su entorno familiar, con aquella abuela que cosía y una madre cuya forma de vestir y de entender la ropa terminó influyendo en la mirada de su hija.

- Lola, la abuela e inspiración de Carla para Lomont.
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El nombre resume buena parte de esa historia. Lola y Montserrat aparecen unidas en una palabra que también pretende representar dos generaciones. "Es como un mix de todo, de negocios, de familia, de todo", explica Carla. En el proyecto también se han volcado su tía y su padre, mientras Montserrat se ocupa desde Jerez de una parte fundamental del proceso. La distancia con Madrid obliga a organizarlo todo entre llamadas, viajes y ratos libres.
Carla reconoce que no siempre resulta sencillo compaginarlo. "Yo encima estudio en Madrid", explica a lavozdelsur.es. Su madre es quien está más presente en Jerez y quien comprueba que "la confección está siendo bien, el patronaje, las pruebas y todo". La firma ha tenido además que ir adaptándose. Llegó a contar con dos tiendas en Jerez, pero ahora el proyecto está centrado especialmente en la venta online y en la búsqueda de nuevos puntos de venta.
Jerez como inspiración, sin disfrazarlo
Hay una palabra que aparece una y otra vez cuando Carla habla de Lomont: Jerez. No como una etiqueta que colocar a una colección para hacerla reconocible, sino como un imaginario que lleva incorporado desde pequeña. "Yo siempre, vaya donde vaya, siempre digo: es que de verdad, vivo enamorada de Jerez", afirma. La Feria, la Semana Santa, los caballos, el vino y las formas de vestir de la ciudad aparecen como referencias que quiere trasladar a sus prendas.

- Carla, con uno de los conjuntos estrella de Lomont, inspirado en el traje de corto.
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La dificultad está en hacerlo sin convertir una colección en un catálogo de tópicos. Carla mira hacia atrás, hacia la ropa que confeccionaba su abuela y hacia determinadas formas de vestir de otras épocas. Habla del corsé, de las espaldas trabajadas y de prendas vinculadas a la tradición ecuestre. También de los trajes de corto y de amazona, elementos que forman parte del paisaje jerezano y que han encontrado una lectura propia dentro de sus diseños.
La colección Entre Viñas es uno de los ejemplos que utiliza para explicar esa conexión. Algunos pantalones recuerdan a los trajes de corto y determinadas faldas emplean una tela campestre habitual en los trajes de amazona. La intención es que quien conozca ese universo pueda reconocerlo en una prenda contemporánea. "Quería que mi prenda de ropa y mi marca transmitiesen eso", resume.
En esa búsqueda también aparece una referente local: Inés Domecq. Carla reconoce su influencia dentro de la moda jerezana y recuerda que tanto ella como su madre han vestido sus prendas. La referencia sirve para situar a Lomont dentro de una tradición que ya existe en la ciudad, pero desde una generación distinta y con otra manera de comunicarse.
De los tutoriales de TikTok a coser en España
Las redes sociales son ahora uno de los escaparates principales de Lomont. Y hay una pequeña paradoja en la historia de su creadora: Carla tiene 22 años, pero no se considera precisamente una experta en redes. "Siempre digo que soy un desastre", admite entre risas. Lo que sí ha hecho es aprender a base de necesidad.
Después de trabajar con personas especializadas en redes que no terminaban de encajar con lo que buscaba para una firma de moda, decidió asumir parte de esa tarea. Sus amigas también participan en algunas ideas y contenidos. Para editar vídeos, recurre a tutoriales de YouTube y TikTok, sigue tendencias y prueba hasta conseguir una estética que identifique a Lomont.
Es un aprendizaje paralelo al de levantar una marca desde cero. La dificultad, explica, está en conseguir que alguien que todavía no conoce la firma entienda qué hay detrás de una prenda y por qué tiene determinado precio. Frente a la velocidad del fast fashion, Lomont quiere contar el proceso: elegir una tela, diseñar, preparar el patronaje, hacer muestras y corregir hasta conseguir la pieza definitiva.
Ahora ese proceso tiene además una decisión concreta: producir en España. "Ahora lo estamos haciendo todo aquí en España", explica Carla. El cambio implica avanzar más despacio, pero forma parte de la identidad que quieren construir para la firma y de esa búsqueda de una moda vinculada al saber hacer y a las raíces de la familia.
Prendas para una boda y también para un martes cualquiera
Lomont tampoco quiere quedarse encerrada en el armario de los grandes acontecimientos. Sus primeras colecciones combinaban prendas casuales con otras más orientadas a eventos, y fue precisamente la respuesta de las clientas la que les hizo mirar con más atención hacia ese segundo terreno.
Uno de los ejemplos es el conjunto Darwin, formado por una falda de tiro alto inspirada en los diseños de amazona y una torerita. Algunas clientas comenzaron a utilizarlo para reuniones, graduaciones o bautizos. Carla descubrió entonces algo que también aplica a su propio armario: una prenda puede tener una apariencia elegante sin quedar reservada a una fecha señalada.

- Procedso creativo de una de las prendas de Lomont.
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"Esa falda no solamente me la pongo para un evento, también me la pongo a lo mejor con una camiseta básica y más casual", explica. Esa versatilidad es ahora una de las líneas que la firma quiere seguir desarrollando. Al mismo tiempo, prepara nuevas prendas mientras el equipo avanza en la confección española, un proceso que hace que las colecciones lleguen "más poco a poco".
El crecimiento tampoco está siendo inmediato. Carla recuerda que comenzar desde cero en una ciudad como Jerez tiene sus dificultades. No se trata de instalarse en una gran capital y confiar en el paso constante de clientes por una calle comercial. Lomont ha tenido que apoyarse en el boca a boca y, sobre todo, en las redes sociales. "Poco a poco vamos creciendo", señala.
El día que Carla vio su propia ropa puesta por otra persona
Hay un momento que resume mejor que cualquier cifra lo que significa para una joven diseñadora ver crecer una marca que ha levantado prácticamente desde la idea. Le ocurrió en su universidad, en Madrid. Una amiga reconoció en otra estudiante una prenda de Lomont.

- Montserrat, madre de Carla y su mano derecha en la creación de la firma.
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Carla la vio y decidió no decir nada. La vergüenza, reconoce, también forma parte de su relación con las redes. Puede grabar veinte vídeos y terminar publicando uno. Le cuesta exponerse, aunque detrás de esa timidez haya una firma que necesita precisamente visibilidad.
Cuando salió de clase llamó a su madre. "Fue un shock, estuve llorando", recuerda. No era una campaña, ni una fotografía preparada, ni una clienta a la que hubiera conocido previamente. Era simplemente una chica llevando una prenda que había salido de un proyecto familiar nacido en Jerez.
Después llegó otro encuentro, esta vez en la Feria de Sevilla. Allí unas amigas reconocieron de nuevo un conjunto de Lomont. Esta vez Carla sí se acercó a la chica y le contó que era la creadora de la firma. La respuesta terminó de convertir la escena en uno de esos pequeños momentos que se quedan guardados cuando un proyecto todavía está empezando.
Lomont sigue creciendo entre Jerez y Madrid, entre los estudios de Derecho de Carla y el trabajo cotidiano de Montserrat, entre las llamadas para revisar un patronaje y las pruebas de una nueva colección. En el fondo permanece aquella idea que empezó cuando su creadora todavía no tenía 18 años: hacer algo propio y hacerlo con una parte reconocible de la tierra de la que procede.
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