El joven que se enfrenta a 31 años y medio de prisión por matar a un hombre de tres disparos en la cabeza en Atarfe, Granada, ha defendido ante el jurado que actuó movido por un miedo “atroz”. Según su versión, vio a la víctima apuntarle con un arma después de varios tiroteos e incidentes previos entre sus familias.
Tras su intervención, la Fiscalía ha mantenido tanto su calificación de los hechos como su petición de cárcel. Los hechos ocurrieron cuando la víctima se encontraba en el interior de una furgoneta aparcada en una calle de Atarfe. En el vehículo también estaba una de sus hijas, una menor de tres años sentada en la parte trasera.
Tres disparos a menos de diez centímetros
Según el relato que ha sostenido este jueves la Fiscalía, el procesado se acercó caminando hasta la furgoneta, apartó de un empujón a un vecino que estaba hablando con la víctima y, a menos de diez centímetros de distancia, le disparó tres veces en la cabeza. El arma utilizada, según la acusación pública, era una pistola de 9 milímetros modificada.
Los disparos provocaron una importante destrucción de la masa encefálica y daños vitales que causaron la muerte de la víctima, de 34 años, sobre las 14:00 horas de ese mismo día. El acusado, sin embargo, ha dado una versión distinta de lo ocurrido. Ha asegurado que actuó después de ver a la víctima y a alguno de sus hermanos apuntarle con un arma. También ha afirmado que, tras los disparos, avisó a su familia para que se protegiera y se entregó en la Guardia Civil, donde se presentó con el arma.
“Yo tenía amenazas de la víctima y de sus hermanos”
Durante su declaración, el procesado ha recordado las rencillas previas entre las dos familias. Entre esos antecedentes ha citado un tiroteo contra la casa de sus padres, el atropello de su madre y la desaparición de su hermano. Esos ataques, según se ha expuesto en el juicio, podrían estar relacionados con que el acusado apuñaló al hijastro de la víctima, dentro de una sucesión de enfrentamientos.
“Yo tenía amenazas de la víctima y de sus hermanos y pensé que me iban a desaparecer como a mi hermano, que todavía no ha aparecido”, ha declarado el acusado ante el tribunal. También ha negado que se tratara de un acto premeditado y ha sostenido que la menor no estaba dentro del coche en el momento de los hechos. El procesado ha explicado que llevaba el arma, para la que no tenía licencia, porque las amenazas de la víctima eran constantes. Según ha dicho, aunque denunciaba esa situación, nunca “hacían nada” ni los jueces ni la Guardia Civil.

- Una intervención de la Policía Nacional.
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La fiscal de la causa ha recordado, sin embargo, que el acusado contaba con una orden de alejamiento respecto a la víctima desde mayo de 2020, fecha vinculada a la desaparición de su hermano tras el ataque al hijastro del fallecido. Tras escuchar al acusado, la Fiscalía ha mantenido que los hechos constituyen un delito de asesinato con alevosía, otro de tenencia ilícita de armas y un tercero de lesiones psíquicas.
Por ello solicita 31 años y medio de prisión, mientras que la acusación particular eleva la petición a 33 años de cárcel. La defensa ha retirado este jueves el atenuante de drogadicción y pide una condena de seis años, al considerar que concurren las atenuantes de confesión y de miedo insuperable. Los miembros del jurado popular recibirán ahora las cuestiones del objeto del veredicto para votar sobre la culpabilidad del acusado.
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