Desde que te conozco, te admiro. Tus paisajes verdes con olores vivos, tu gente amable nos invita al retiro. Grazalema, despensa de agua de estío, ahora rebozas por calles lloronas, por muros de piedra antigua te escurres. Mientras tus vivientes se refugian, esperan volver y resurgir con más brío.
El cielo se abrió de par en par
dejando caer una cortina de agua, que ahogó tus chopos, alcornocales y a tus esmeraldinos matorrales.
Un fuerte rugido salió de tus entrañas, y los pájaros huyeron despavoridos, raudos, hacia el brillante horizonte, en pos de los rayos perdidos.
Los vientos azotaron salvajes,
asolando tus peñas y pedruscos,
arrancando de cuajo pinsapares, orquídeas, helechos y narcisos.
Tierra verdiblanca y rojinegra,
cuna de almas nobles y rebeldes, eleva tu alma contra el infortunio resiste con fe, valor y esperanza...
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