La seducción de la memoria a la carta

El esfuerzo realizado por el movimiento memorialista ha logrado durante estos años de lucha una nueva forma de contemplar nuestro pasado, sin temores y sin odios

Un acto de memoria histórica en una imagen de archivo.
Un acto de memoria histórica en una imagen de archivo. MANU GARCÍA
09 de febrero de 2026 a las 10:04h

La historia, o la sucesión de hechos y cambios acontecidos en un territorio, país o estado, siempre la han contado los vencedores de las contiendas bélicas; a menudo a conveniencia de las élites que apoyaban a los hegemones y a los poderes que imponían su “statu quo”, olvidándose por completo en sus relatos históricos, lo sucedido en el seno de la intrahistoria (la vida cotidiana de las familias y del pueblo llano). Por lo que la historia oficial suele ir por un lado y la intrahistoria suele ser —por orden jerárquico— un mero accesorio a disposición de los historiadores oficiales.

En estos treinta últimos años de nuestra historia reciente, las investigaciones realizadas por los historiadores, investigadores y familiares de los represaliados del golpe de Estado del año 1936, de la Guerra Civil y de la dictadura franquista, pertenecientes al “movimiento memorialista” han protagonizado un fenómeno histórico bastante novedoso. Han logrado, mediante su perseverante y altruista labor de investigar nuestra intrahistoria, rebatir y cambiar las tesis de la historia oficial gestada por el gobierno de la dictadura de Francisco Franco, apenas modificada por los historiadores hasta los mismos anales de los años noventa del siglo pasado.

Estos cambios del relato histórico no han sido fruto de la ley de Amnistía 1 gestada durante el periodo de la transición política. Muy al contrario, esta ley los ha frenado casi más de una década, manteniendo solapadamente esta asignatura pendiente del Estado bajo la alfombra de la monarquía parlamentaria.

En un principio, estos cambios históricos partieron de la mano de grupos modestos, formados por personas concienciadas en los derechos humanos y en la justicia histórica, que han logrado recuperar y socializar la historia olvidada de nuestros pueblos y de nuestras familias durante aquel nefasto periodo histórico. Además de exigir a los distintos gobiernos democráticos verdad, justicia y reparación para con los represaliados y para sus familiares. Aquellos terribles sucesos abrieron una dolorosa herida en el pueblo español que nunca logró cerrarse, porque habían sido enterrados bajo la terrible losa del silencio, impuesta como una estrategia coercitiva de control y de terror contra la población.

Afortunadamente, la situación actual de la memoria histórica ha cambiado completamente, a pesar de las incomprensibles críticas de sus detractores y de los handicaps infligidos contra ella. Nunca es tarde para restituir la memoria y la justicia histórica.

Los gobernantes actuales, concienciados de la responsabilidad que el Estado tiene para con todas estas familias y concienciados de que la historia no debe volver a repetirse, están articulando políticas que den cumplimiento a los objetivos y fines marcados por este movimiento, apoyando múltiples iniciativas de las entidades memorialistas, con el fin de lograr una cultura de cohesión social y verdaderamente democrática.

El esfuerzo realizado por el movimiento memorialista ha logrado durante estos años de lucha una nueva forma de contemplar nuestro pasado, sin temores y sin odios. Aunque bien es cierto que aún se detecta en parte de la población el adoctrinamiento ideológico basado en el nacionalcatolicismo, infligido a varias generaciones de la misma durante todas las décadas que duró la dictadura. Un adoctrinamiento que se resiste con todas sus fuerzas al principio de reconciliación entre los ciudadanos, negando la dignidad y el respeto tanto a las víctimas de la represión como a sus familias. Frases como “las batallitas del abuelo”, “no abrir viejas heridas” y otras, unidas a actitudes discriminatorias contra el reconocimiento social hacia las víctimas, son ejemplos de que este fenómeno sigue latente.

1Ley 46/1977, de 15 de octubre

Por otro lado, las estadísticas nos indican que un 20 por ciento de la juventud actual está convencida de que la dictadura franquista no fue tan negativa para el país; incluso ingenuamente cree que un golpe de Estado, una guerra civil (cientos de miles de asesinados -tirados aún en zanjas y cunetas-, otros tantos de cientos de miles torturados, vejados, encarcelados, más el hambre y la pobreza que arrastró tras de sí) y una posterior y larga dictadura, son situaciones más positivas que un estable régimen democrático.

La influencia de aquel adoctrinamiento fascista que aún subyace en parte de la población, unido a la influencia de los mensajes propalados por internet y por los medios de comunicación subvencionados millonariamente por la ultraderecha internacional y los lobbys capitalistas, consagran la labor de confundir las conciencias y los sentidos de estos jóvenes mediante atractivos bulos; mentiras escandalosas y una hábil manipulación de medias realidades, con el fin de convencer a esa juventud de que “sus verdades” son las que salvaran su libertad, su economía y el mundo que habitamos. Apelando, en este empeño, no a sus intelectos —esos que no se despierten ni se desarrollen, faltaría más—, sino apelando a sus instintos más primarios, viles y violentos. Siendo esta última artimaña la más difícil de erradicar y la más dañina de todas las lacras comunicativas existentes en la actualidad.

Esta estulticia moral y destructiva ha conllevado otro fenómeno político aún más corrosivo y detestable: el auge del fascismo en nuestro país y en gran parte del planeta.

Nada político es casual. Tras la seducción que les ofrece esa nueva memoria creada a la carta -dirigida a satisfacer los egos de los jóvenes-, a través de internet y de los medios de comunicación afines, se encuentran las élites capitalistas, más poderosas del planeta y más interesadas en adaptar la visión de la realidad a sus propios intereses económicos, con el objetivo de despojar de libertad de pensamiento y de sustraer la dignidad económica, política y social de las capas sociales más humildes, tal como sucedió durante el periodo de la dictadura franquista.

Sobre el autor

María José Ruiz Piñero.

María José Ruiz Piñero

Presidenta de la Asociación por la Recuperación de la Justicia y la Memoria Histórica Jerez Recuerda y Vocal del Consejo de la Memoria Histórica Democrática de Andalucía.

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