El flamenco jerezano se encuentra hoy de luto tras darse a conocer a primera hora de la mañana el fallecimiento del guitarrista Miguel Salado, uno de los artistas flamencos más reconocidos y respetados en la disciplina del toque de acompañamiento made in Jerez de las últimas décadas.
Tras una larga lucha con el cáncer, su muerte ha supuesto una profunda pérdida para el arte flamenco en general y para toda una generación de artistas jerezanos en particular, que compartieron con él escenarios, festivales, peñas y proyectos culturales dentro y fuera de Andalucía.
Miguel Salado, junto a su inseparable guitarra, en el pequeño estudio de su casa, tras la entrevista con lavozdelsur.es.
-
JUAN CARLOS TORO
Tan es así que muchos compañeros, familiares y amigos mostraban a través de las redes sociales su pesar por tan triste pérdida de “un guerrero que se merecía ganar la batalla que estaba luchando”, tal y como algunos de ellos en los exteriores del Tanatorio Albia, donde reposan los restos mortales del artista, hasta que reciba mañana las exequias por su eterno descanso en la capilla de Cristo Resucitado a las 18:30 horas.
Otros, visiblemente consternados, daban las condolencias a una familia que hoy queda huérfana de la eterna sonrisa de un artista que era un apasionado del flamenco y que deja una profunda huella en todos y cada uno de los que han tratado con él en estos 44 años.
El guitarrista Miguel Salado, en una entrevista reciente en lavozdelsur.es.
-
Juan Carlos Toro
Enumerar la lista de quienes han pasado por el tanatorio en lo que va de jornada sería tan extensa de enumerar, como injusto sería dejarnos a alguien en el olvido, si bien lo más importante que se puede decir es que gozaba del cariño tanto de su gente como de un gran número de compañeros que no le han querido dejar solo en el que será su último viaje.
Si bien hay que destacar las palabras especialmente emotivas de Paco Cepero, quien expresaba entre un collage de fotos que “hoy Dios ha querido llevarse al cielo a una parte de mi vida” señalando que se lleva “parte de mi corazón” tras las innumerables ocasiones que ha disfrutado de su compañía “ayudándome siempre en los conciertos y dándome tu pureza y cariño”.
O las de María Terremoto apostillando que “tu guitarra seguirá sonando eternamente”. Incluso las de Manuel Jero, que recordaba la pasión que sentía por su padre — Niño Jero — y que “ahora estaréis juntos haciendo falsetas en el cielo”. Y las de Santiago Lara que expresaba a su “querido amigo” que, entre otras cosas, “la música te hará inmortal”, además de “la lección de vida que nos has dado”.
Desde el plano institucional, la propia alcaldesa de Jerez, María José García-Pelayo, exponía su conmoción por “el fallecimiento de Miguel Salado, uno de los grandes de la guitarra flamenca de Jerez” que a pesar de su juventud “nos dio auténticas lecciones de compás y arte”, o la Cátedra de Flamencología de Jerez, quienes señalaban que “hoy es un día triste para el flamenco y para Jerez” expresando su más sentido pésame por esta “dolorosa pérdida”.
Y es que prácticamente desde su llegada al mundo un 20 de septiembre de 1981 en Jerez, su destino estaba marcado y tenía un claro sino: el flamenco. Un género musical y dancístico al que se dedicó con pasión hasta el último de los momentos en la disciplina del toque de guitarra, convirtiéndose en uno de los máximos exponentes actuales de lo que se podría denominar escuela jerezana contemporánea.
Porque hablar de Miguel Salado es hacerlo de una de esas figuras imprescindibles que sostienen el flamenco desde la autenticidad, el conocimiento y el respeto a la tradición. Formado en el ambiente natural de una ciudad donde el flamenco forma parte de la vida cotidiana, construyó una sólida carrera como guitarrista acompañante y su toque se caracterizaba por la sobriedad, el dominio del compás y una profunda comprensión de los códigos del cante y del baile flamenco.
Además, su extraordinaria capacidad para poner su guitarra al servicio de los artistas a los que acompañaba le hizo ser reclamado por las principales figuras del momento, tanto en el cante, como en el baile y el toque. Y, precisamente, cuando su trayectoria artística comenzaba a abrir nuevos caminos en el mundo de la composición y el rol protagonista, fue cuando la enfermedad paró en seco esta nueva andadura. Para el recuerdo quedarán ya los compases de las alegrías Bahía de Caicon las que adelantaba lo que iba a ser su primer trabajo en solitario.
No obstante, sus cualidades le convirtieron en un guitarrista altamente valorado dentro de los circuitos flamencos profesionales, especialmente en el ámbito de las peñas, los festivales y los ciclos culturales flamencos, como dominador de una disciplina guitarrística que exige sensibilidad, conocimiento profundo de los estilos y una especial capacidad para ponerse al servicio del artista al que acompaña.
María Vargas, junto a Miguel Salado, en el Palacio de Villavicencio durante el Festival de Jerez en 2020.
-
Fiel escudero de los más grandes del género
De hecho, a lo largo de su carrera Miguel Salado escoltó a los más grandes del género, tanto en las disciplinas del cante, como del toque y el baile, viviendo momentos de especial intensidad con Juan Moneo El Torta — por el que sentía adoración absoluta—, Aurora Vargas o Pansequito, de quienes ha sido escudero fiel durante años. También participó en muchas ocasiones como tocaor de José Mercé, Manuel Moneo, Rancapino, Chocolate, Capullo de Jerez, Vicente Soto, José Canela, Jesús Méndez o Antonio Reyes, además de ofrecer su guitarra para el baile de Joaquín Grilo, Merche Esmeralda o Carmen Cortés, y ejercer de escudero fiel de Paco Cepero en innumerables ocasiones como segunda guitarra en sus conciertos.
Como nota curiosa a destacar, incluso Pastora Soler llegó a reclamar sus servicios para acompañarla en la gira Corazón Congelado y fue uno de los protagonistas de la bajañí en la producción Nueva Frontera del Cante de Jerez 2008 (editado por la Fundación BBK).
A las colaboraciones anteriores, hay que añadir que también fue partícipe de la producción discográfica Flamenco joven en Jerez (TR3S'14, 2000), Abolengo de Paco Cepero (Bujío Producciones, 2007), Añoranza de Jesús Méndez (Carta Blanca Records, 2012), Colores distintos del flamenco de Vicente Soto Sordera (S.H. Records, 2012), el volumen número 13 de la serie Flamenco y Universidad dedicado a Luis Rosales (Marita ediciones, 2014), Plazuela Viva de Juanillorro (El flamenco vive, 2016) y la serie dedicada a Manuel Moneo de Flamenco y Universidad editada por el Instituto Andaluz de Flamenco en 2017.
Una guitarra al servicio del cante flamenco y la esencia de Jerez
Consolidado como una guitarra de referencia en el toque de acompañamiento, tenía a Periquín Niño Jero como uno de sus iconos musicales, si bien fue desarrollando una labor artística constante que le permitió consolidarse como una referencia dentro del acompañamiento flamenco. Su guitarra, siempre al servicio de la expresión del cante, respondía a los valores que históricamente han definido la gran escuela jerezana: compás, naturalidad, sonoridad y respeto absoluto a la tradición.
Su vinculación con la Peña Flamenca Buena Gente de Jerez y con la Asociación Cultural Flamenca Fernando Terremoto, donde impartía clases de guitarra, así como su presencia habitual en recitales, festivales y programas culturales, contribuyeron a mantener viva una forma de entender el flamenco donde la guitarra desempeña un papel esencial como vehículo de transmisión del patrimonio artístico.
Miguel Salado ha representado la figura del guitarrista que, lejos del protagonismo mediático, desarrollaba una labor fundamental para la conservación y difusión del flamenco, y su trayectoria es ejemplo de compromiso con el arte jondo y de fidelidad a un legado que continúa proyectando la identidad musical de Jerez dentro y fuera de Andalucía.
Con una carrera construida desde la constancia, el conocimiento y el respeto por los maestros que le precedieron, Miguel Salado será por siempre uno de los nombres más reconocidos y apreciados del toque flamenco jerezano, contribuyendo con su guitarra a la preservación de una de las manifestaciones culturales más valiosas de nuestra tierra.
El flamenco jerezano se encuentra hoy de luto tras darse a conocer a primera hora de la mañana el fallecimiento del guitarrista Miguel Salado, uno de los artistas flamencos más reconocidos y respetados en la disciplina del toque de acompañamiento made in Jerez de las últimas décadas.
Tras una larga lucha con el cáncer, su muerte ha supuesto una profunda pérdida para el arte flamenco en general y para toda una generación de artistas jerezanos en particular, que compartieron con él escenarios, festivales, peñas y proyectos culturales dentro y fuera de Andalucía.
Miguel Salado, junto a su inseparable guitarra, en el pequeño estudio de su casa, tras la entrevista con lavozdelsur.es.
-
JUAN CARLOS TORO
Tan es así que muchos compañeros, familiares y amigos mostraban a través de las redes sociales su pesar por tan triste pérdida de “un guerrero que se merecía ganar la batalla que estaba luchando”, tal y como algunos de ellos en los exteriores del Tanatorio Albia, donde reposan los restos mortales del artista, hasta que reciba mañana las exequias por su eterno descanso en la capilla de Cristo Resucitado a las 18:30 horas.
Otros, visiblemente consternados, daban las condolencias a una familia que hoy queda huérfana de la eterna sonrisa de un artista que era un apasionado del flamenco y que deja una profunda huella en todos y cada uno de los que han tratado con él en estos 44 años.
El guitarrista Miguel Salado, en una entrevista reciente en lavozdelsur.es.
-
Juan Carlos Toro
Enumerar la lista de quienes han pasado por el tanatorio en lo que va de jornada sería tan extensa de enumerar, como injusto sería dejarnos a alguien en el olvido, si bien lo más importante que se puede decir es que gozaba del cariño tanto de su gente como de un gran número de compañeros que no le han querido dejar solo en el que será su último viaje.
Si bien hay que destacar las palabras especialmente emotivas de Paco Cepero, quien expresaba entre un collage de fotos que “hoy Dios ha querido llevarse al cielo a una parte de mi vida” señalando que se lleva “parte de mi corazón” tras las innumerables ocasiones que ha disfrutado de su compañía “ayudándome siempre en los conciertos y dándome tu pureza y cariño”.
O las de María Terremoto apostillando que “tu guitarra seguirá sonando eternamente”. Incluso las de Manuel Jero, que recordaba la pasión que sentía por su padre — Niño Jero — y que “ahora estaréis juntos haciendo falsetas en el cielo”. Y las de Santiago Lara que expresaba a su “querido amigo” que, entre otras cosas, “la música te hará inmortal”, además de “la lección de vida que nos has dado”.
Desde el plano institucional, la propia alcaldesa de Jerez, María José García-Pelayo, exponía su conmoción por “el fallecimiento de Miguel Salado, uno de los grandes de la guitarra flamenca de Jerez” que a pesar de su juventud “nos dio auténticas lecciones de compás y arte”, o la Cátedra de Flamencología de Jerez, quienes señalaban que “hoy es un día triste para el flamenco y para Jerez” expresando su más sentido pésame por esta “dolorosa pérdida”.
Y es que prácticamente desde su llegada al mundo un 20 de septiembre de 1981 en Jerez, su destino estaba marcado y tenía un claro sino: el flamenco. Un género musical y dancístico al que se dedicó con pasión hasta el último de los momentos en la disciplina del toque de guitarra, convirtiéndose en uno de los máximos exponentes actuales de lo que se podría denominar escuela jerezana contemporánea.
Porque hablar de Miguel Salado es hacerlo de una de esas figuras imprescindibles que sostienen el flamenco desde la autenticidad, el conocimiento y el respeto a la tradición. Formado en el ambiente natural de una ciudad donde el flamenco forma parte de la vida cotidiana, construyó una sólida carrera como guitarrista acompañante y su toque se caracterizaba por la sobriedad, el dominio del compás y una profunda comprensión de los códigos del cante y del baile flamenco.
Además, su extraordinaria capacidad para poner su guitarra al servicio de los artistas a los que acompañaba le hizo ser reclamado por las principales figuras del momento, tanto en el cante, como en el baile y el toque. Y, precisamente, cuando su trayectoria artística comenzaba a abrir nuevos caminos en el mundo de la composición y el rol protagonista, fue cuando la enfermedad paró en seco esta nueva andadura. Para el recuerdo quedarán ya los compases de las alegrías Bahía de Caicon las que adelantaba lo que iba a ser su primer trabajo en solitario.
No obstante, sus cualidades le convirtieron en un guitarrista altamente valorado dentro de los circuitos flamencos profesionales, especialmente en el ámbito de las peñas, los festivales y los ciclos culturales flamencos, como dominador de una disciplina guitarrística que exige sensibilidad, conocimiento profundo de los estilos y una especial capacidad para ponerse al servicio del artista al que acompaña.
María Vargas, junto a Miguel Salado, en el Palacio de Villavicencio durante el Festival de Jerez en 2020.
-
Fiel escudero de los más grandes del género
De hecho, a lo largo de su carrera Miguel Salado escoltó a los más grandes del género, tanto en las disciplinas del cante, como del toque y el baile, viviendo momentos de especial intensidad con Juan Moneo El Torta — por el que sentía adoración absoluta—, Aurora Vargas o Pansequito, de quienes ha sido escudero fiel durante años. También participó en muchas ocasiones como tocaor de José Mercé, Manuel Moneo, Rancapino, Chocolate, Capullo de Jerez, Vicente Soto, José Canela, Jesús Méndez o Antonio Reyes, además de ofrecer su guitarra para el baile de Joaquín Grilo, Merche Esmeralda o Carmen Cortés, y ejercer de escudero fiel de Paco Cepero en innumerables ocasiones como segunda guitarra en sus conciertos.
Como nota curiosa a destacar, incluso Pastora Soler llegó a reclamar sus servicios para acompañarla en la gira Corazón Congelado y fue uno de los protagonistas de la bajañí en la producción Nueva Frontera del Cante de Jerez 2008 (editado por la Fundación BBK).
A las colaboraciones anteriores, hay que añadir que también fue partícipe de la producción discográfica Flamenco joven en Jerez (TR3S'14, 2000), Abolengo de Paco Cepero (Bujío Producciones, 2007), Añoranza de Jesús Méndez (Carta Blanca Records, 2012), Colores distintos del flamenco de Vicente Soto Sordera (S.H. Records, 2012), el volumen número 13 de la serie Flamenco y Universidad dedicado a Luis Rosales (Marita ediciones, 2014), Plazuela Viva de Juanillorro (El flamenco vive, 2016) y la serie dedicada a Manuel Moneo de Flamenco y Universidad editada por el Instituto Andaluz de Flamenco en 2017.
Una guitarra al servicio del cante flamenco y la esencia de Jerez
Consolidado como una guitarra de referencia en el toque de acompañamiento, tenía a Periquín Niño Jero como uno de sus iconos musicales, si bien fue desarrollando una labor artística constante que le permitió consolidarse como una referencia dentro del acompañamiento flamenco. Su guitarra, siempre al servicio de la expresión del cante, respondía a los valores que históricamente han definido la gran escuela jerezana: compás, naturalidad, sonoridad y respeto absoluto a la tradición.
Su vinculación con la Peña Flamenca Buena Gente de Jerez y con la Asociación Cultural Flamenca Fernando Terremoto, donde impartía clases de guitarra, así como su presencia habitual en recitales, festivales y programas culturales, contribuyeron a mantener viva una forma de entender el flamenco donde la guitarra desempeña un papel esencial como vehículo de transmisión del patrimonio artístico.
Miguel Salado ha representado la figura del guitarrista que, lejos del protagonismo mediático, desarrollaba una labor fundamental para la conservación y difusión del flamenco, y su trayectoria es ejemplo de compromiso con el arte jondo y de fidelidad a un legado que continúa proyectando la identidad musical de Jerez dentro y fuera de Andalucía.
Con una carrera construida desde la constancia, el conocimiento y el respeto por los maestros que le precedieron, Miguel Salado será por siempre uno de los nombres más reconocidos y apreciados del toque flamenco jerezano, contribuyendo con su guitarra a la preservación de una de las manifestaciones culturales más valiosas de nuestra tierra.
COMENTARIOS