El oro japonés que deslumbró a Felipe II llega a Sevilla cuatro siglos después gracias a una coleccionista anónima
Los especialistas y comisarios Hiroyuki Kanō y Daniel Sastre de la Vega inauguran esta exposición única con biombos y abanicos de los siglos XVI al XIX en el Espacio Santa Clara, donde se podrá visitar hasta el 10 de enero de 2027
'Kinpaku', una exposición de arte japonés inédita, en el Espacio Santa Clara de Sevilla. -
El oro japonés (Kinpaku) ya había deslumbrado a España hace más de cuatro siglos. Lo recuerda Hiroyuki Kanō, conservador honorario del Museo Nacional de Kyoto, al rescatar un episodio de 1582 cuando una embajada de jóvenes japoneses que viajaba a Roma mostró ante Felipe II un biombo de Kanō Eitoku destinado al papa Gregorio XIII. 400 años después, ese material que tanta admiración causó regresa en forma de una singular exposición en Sevilla.
El Espacio Santa Clara de la capital acoge desde este 20 de octubre hasta el 10 de enero de 2027, Kinpaku. Naturaleza, poder e imaginación en el arte japonés. Una propuesta que reúne diez biombos y dieciséis abanicos de los siglos XVI al XIX, procedentes de una colección privada raramente exhibida. Cuatro siglos de arte nipón mediante el kinpaku, o lo que es lo mismo, el pan de oro que transformó objetos en símbolos de belleza, autoridad y prestigio.
Detalle de los abanicos.
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FERNANDO VÁZQUEZ
Este martes se ha inaugurado esta peculiar muestra que existe gracias a la iniciativa de una mujer que no ha querido desvelar su identidad. "Tuve la suerte de conocer esta colección por medio del profesor Richard Bru, que fue quien me puso en contacto con la coleccionista que era la dueña de esta colección, y la que me propuso esta idea de poder mostrarla al público por primera vez", comparte con lavozdelsur.es. Daniel Sastre de la Vega, comisario de la exposición junto a Hiroyuki Kanō.
Este doctor en Historia y Teoría del Arte por la Universidad Autónoma de Madrid y Máster en Estudios Japoneses por la Universidad de Sophia, Tokio, se detiene en cada una de las piezas que estaban custodiada por la coleccionista. Según explica, la muestra presta especial atención a los periodos Momoyama (1573-1615) y Edo (1615-1868), cuando la pintura sobre oro alcanzó una extraordinaria relevancia en los espacios de poder. La escuela Kanō y la figura de Kanō Eitoku resultaron decisivas en aquella evolución.
Biombos que acompañaban desde el nacimiento hasta la muerte
Los protagonistas son los byōbu, biombos cuyo nombre significa literalmente "bloquear el viento". Mucho más que muebles, servían para transformar estancias, conferir solemnidad y representar el prestigio de sus propietarios.
El arte japonés llega a Sevilla.
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FERNANDO VÁZQUEZ
Los primeros visitantes de la exposición.
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FERNANDO VÁZQUEZ
Llegados a Japón en el siglo VII como regalos diplomáticos desde el reino coreano de Silla, alcanzaron un extraordinario desarrollo artístico. Oda Nobunaga impulsó el uso del oro como fondo, mientras Kanō Eitoku lo llevó a una escala monumental en el castillo de Azuchi.
Estos objetos acompañaron nacimientos, bodas, banquetes y funerales. Fueron testigos de momentos de la vida de las familias, que, según se deduce de la colección, disfrutaron de piezas adornadas con pinos nevados, grullas, peonías, iris y paisajes otoñales, además de escenas vinculadas a La historia de Genji, novela clásica de la literatura japonesa, considerada por muchos como la más antigua de la historia.
Los primeros visitantes también han descubierto dieciséis abanicos con representaciones mitológicas y literarias, entre ellas un fénix sobre un árbol de paulonia y la leyenda de Tōbōsaku y los melocotones de la inmortalidad.
Un tesoro difícil de encontrar en España
La generosidad de la coleccionista permite que el público general pueda contemplar de cerca un patrimonio difícil de encontrar en las instituciones españolas. "Son un conjunto de biombos, puertas correderas y abanicos, que en España no tenemos, por desgracia, la oportunidad de ver en colecciones públicas, por lo que suponía una oportunidad verdaderamente increíble", dice Sastre, subrayando el carácter excepcional de las piezas.
Una exposición única que ha salido a la luz gracias a una coleccionista anónima.
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FERNANDO VÁZQUEZ
Los especialistas y comisarios Hiroyuki Kanō y Daniel Sastre de la Vega.
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FERNANDO VÁZQUEZ
El trabajo de documentación también ha despertado el interés de investigadores extranjeros. "Muchas de las obras no son conocidas en el medio internacional, por lo cual, la catalogación que se ha hecho de las piezas ha servido para que otros muchos especialistas me contactaran para conocer sobre esta colección", explica el profesor a este medio.
El valor de estos objetos va más allá de su antigüedad y de sus motivos ornamentales. Como comenta Sastre, "son, quizás, los mejores ejemplos de cómo se puede trabajar la superficie de un biombo y todas las oportunidades que da como soporte pictórico y artístico". Para este apasionado del arte japonés, con numerosas publicaciones a sus espaldas, es "un verdadero lujo" estar frente a estas reliquias. Al igual que para Hiroyuki Kanō, representantes de la Embajada de Japón en España y los presentes en este primer día en el que la luz ha rebotado en ese material entre sushi y sake.
El oro japonés (Kinpaku) ya había deslumbrado a España hace más de cuatro siglos. Lo recuerda Hiroyuki Kanō, conservador honorario del Museo Nacional de Kyoto, al rescatar un episodio de 1582 cuando una embajada de jóvenes japoneses que viajaba a Roma mostró ante Felipe II un biombo de Kanō Eitoku destinado al papa Gregorio XIII. 400 años después, ese material que tanta admiración causó regresa en forma de una singular exposición en Sevilla.
El Espacio Santa Clara de la capital acoge desde este 20 de octubre hasta el 10 de enero de 2027, Kinpaku. Naturaleza, poder e imaginación en el arte japonés. Una propuesta que reúne diez biombos y dieciséis abanicos de los siglos XVI al XIX, procedentes de una colección privada raramente exhibida. Cuatro siglos de arte nipón mediante el kinpaku, o lo que es lo mismo, el pan de oro que transformó objetos en símbolos de belleza, autoridad y prestigio.
Detalle de los abanicos.
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FERNANDO VÁZQUEZ
Este martes se ha inaugurado esta peculiar muestra que existe gracias a la iniciativa de una mujer que no ha querido desvelar su identidad. "Tuve la suerte de conocer esta colección por medio del profesor Richard Bru, que fue quien me puso en contacto con la coleccionista que era la dueña de esta colección, y la que me propuso esta idea de poder mostrarla al público por primera vez", comparte con lavozdelsur.es. Daniel Sastre de la Vega, comisario de la exposición junto a Hiroyuki Kanō.
Este doctor en Historia y Teoría del Arte por la Universidad Autónoma de Madrid y Máster en Estudios Japoneses por la Universidad de Sophia, Tokio, se detiene en cada una de las piezas que estaban custodiada por la coleccionista. Según explica, la muestra presta especial atención a los periodos Momoyama (1573-1615) y Edo (1615-1868), cuando la pintura sobre oro alcanzó una extraordinaria relevancia en los espacios de poder. La escuela Kanō y la figura de Kanō Eitoku resultaron decisivas en aquella evolución.
Biombos que acompañaban desde el nacimiento hasta la muerte
Los protagonistas son los byōbu, biombos cuyo nombre significa literalmente "bloquear el viento". Mucho más que muebles, servían para transformar estancias, conferir solemnidad y representar el prestigio de sus propietarios.
El arte japonés llega a Sevilla.
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FERNANDO VÁZQUEZ
Los primeros visitantes de la exposición.
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FERNANDO VÁZQUEZ
Llegados a Japón en el siglo VII como regalos diplomáticos desde el reino coreano de Silla, alcanzaron un extraordinario desarrollo artístico. Oda Nobunaga impulsó el uso del oro como fondo, mientras Kanō Eitoku lo llevó a una escala monumental en el castillo de Azuchi.
Estos objetos acompañaron nacimientos, bodas, banquetes y funerales. Fueron testigos de momentos de la vida de las familias, que, según se deduce de la colección, disfrutaron de piezas adornadas con pinos nevados, grullas, peonías, iris y paisajes otoñales, además de escenas vinculadas a La historia de Genji, novela clásica de la literatura japonesa, considerada por muchos como la más antigua de la historia.
Los primeros visitantes también han descubierto dieciséis abanicos con representaciones mitológicas y literarias, entre ellas un fénix sobre un árbol de paulonia y la leyenda de Tōbōsaku y los melocotones de la inmortalidad.
Un tesoro difícil de encontrar en España
La generosidad de la coleccionista permite que el público general pueda contemplar de cerca un patrimonio difícil de encontrar en las instituciones españolas. "Son un conjunto de biombos, puertas correderas y abanicos, que en España no tenemos, por desgracia, la oportunidad de ver en colecciones públicas, por lo que suponía una oportunidad verdaderamente increíble", dice Sastre, subrayando el carácter excepcional de las piezas.
Una exposición única que ha salido a la luz gracias a una coleccionista anónima.
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FERNANDO VÁZQUEZ
Los especialistas y comisarios Hiroyuki Kanō y Daniel Sastre de la Vega.
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FERNANDO VÁZQUEZ
El trabajo de documentación también ha despertado el interés de investigadores extranjeros. "Muchas de las obras no son conocidas en el medio internacional, por lo cual, la catalogación que se ha hecho de las piezas ha servido para que otros muchos especialistas me contactaran para conocer sobre esta colección", explica el profesor a este medio.
El valor de estos objetos va más allá de su antigüedad y de sus motivos ornamentales. Como comenta Sastre, "son, quizás, los mejores ejemplos de cómo se puede trabajar la superficie de un biombo y todas las oportunidades que da como soporte pictórico y artístico". Para este apasionado del arte japonés, con numerosas publicaciones a sus espaldas, es "un verdadero lujo" estar frente a estas reliquias. Al igual que para Hiroyuki Kanō, representantes de la Embajada de Japón en España y los presentes en este primer día en el que la luz ha rebotado en ese material entre sushi y sake.
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