El cineasta de Algodonales Jota Linares explora el sida que mataba a homosexuales en los 90: "Sigue habiendo muchísimo odio"
El director natural del municipio de la Sierra de Cñadiz acaba de terminar el rodaje de 'Hestia', una película rodada en Andalucía, Madrid y el País Vasco con Eneko Sagardoy y Hugo Welzel como protagonistas de una historia de enfermedad y discriminación que se estrena en 2027
Rodaje de 'Hestia', la nueva película de Jota Linares. -
Jota Linares acaba de salir de la sala de montaje. El director andaluz, natural de Algodonales, municipio de la Sierra de Cádiz, ha finalizado el rodaje de Hestia, su nueva película, con la que regresa a una España que se preparaba para celebrar su modernidad mientras una parte de la sociedad vivía bajo la amenaza del sida. Una historia que transcurre en 1991, el año previo a la EXPO de Sevilla y a los Juegos Olímpicos de Barcelona, y que busca recuperar la memoria de quienes tuvieron que enfrentarse a la enfermedad, el miedo y la discriminación.
El cineasta, nacido en 1982 y responsable de títulos como ¿A quién te llevarías a una isla desierta?, Las niñas de cristal y Animales sin collar, ha pasado entre cámaras y claquetas entre agosto y octubre de este año. La mayor parte de las localizaciones se encuentran en Andalucía, aunque el equipo también trabajó en Madrid y el País Vasco.
"Hemos estado así seis semanas", comenta el director, que detalla a lavozdelsur.es que, entre las localizaciones, se encuentra el pantano de Aracena, Castillo de las Guardas y alrededores de la capital hispalense. "Sobre todo muy rural. Hemos estado mucho en carreteras nacionales y pantanos", relata.
El resultado de esas semanas de trabajo será un drama con estructura de road movie que tiene previsto llegar a las salas de cine en 2027.
Una película sobre quienes buscan un hogar
Jota tan solo tenía nueve años en 1991, fecha en la que se enmarca esta producción audiovisual a la que ha bautizado Hestia. "En la película no decimos lo que significa pero es la diosa mitológica del hogar y Hestia es una película que habla de gente que busca su hogar, su hogar elegido, su familia elegida", explica.
La historia se sitúa a principios de los años 90, cuando España vivía un periodo de euforia. Barcelona preparaba los Juegos Olímpicos y Sevilla ultimaba la Expo de 1992, pero, en paralelo, varias generaciones de hombres homosexuales veían cómo el sida les arrebataba sus vidas.
Elenco de la película 'Hestia'.
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JULIO VERGNE
En ese contexto aparecen Miguel y Hugo, encarnados por Eneko Sagardoy y Hugo Welzel, protagonistas que encabezan un reparto plagado de rostros de actores de renombre en el panorama emergente español. Milena Smit, Alberto San Juan, Nicolás Illoro y Yune Nogueiras participan junto a un equipo detrás de las cámaras que cuenta con Rocío Martín y María José Torres en la producción ejecutiva; Jota Linares y David G. Marcelo como productores; Penélope Cristóbal como ayudante de dirección; Carolina Maltese en la dirección de fotografía; Vanesa de la Haza en la dirección de arte; Antuán Mejías en sonido y Xavi González en montaje, entre otros profesionales.
Según la sinopsis, "un chico que está empezando a morir, que recoge en la carretera a Hugo, un chico que está empezando a vivir. Juntos recorren una España oculta, casi mágica, llena de historias inacabadas y de hogares elegidos". Así, la película aborda los cuidados, la amistad, el miedo, la memoria y la necesidad de encontrar una familia cuando se vive en los márgenes de la sociedad.
Una historia vinculada a su propia generación
Hestia se suma a la trayectoria de este gaditano que ha llegado ha recibir nominaciones a los Premios Goya y los Premios Feroz, además de reconocimientos en los Premios Asecan del Cine Andaluz.
Su trabajo también se ha extendido a la televisión, donde ha dirigido Días mejores y Urban, de Prime Video, la temporada final de Élite, de Netflix, y Los Secretos de la Cortesana, también para esta plataforma. Además, es autor de la novela El último verano antes de todo, publicada por Planeta y actualmente en proceso de adaptación cinematográfica.
El director se adentra en una historia especialmente ligada a sus recuerdos y a su propia experiencia generacional. "Yo soy de la generación del 82, con lo cual yo ya crecí como adolescente homosexual un poco con el fantasma del sida que nos marcó a todos los que estábamos despertando a la vida y a las emociones. Siendo unos niños que ya crecíamos con la idea de que, si queríamos a alguien de nuestro mismo sexo, pues podíamos morir", recuerda.
Jota Linares, durante el rodaje de la película.
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JULIO VERGNE
Aquella sensación permaneció con él. "Eso como chaval te marca mucho. Cuando me he ido desarrollando como director y como guionista, me interesaba mucho explorar esos años y lo que mi generación le debe a la generación de homosexuales que vivió el sida como adultos, que muchos de ellos murieron", explica.
Para Jota, "todo lo que ellos lucharon por sus derechos o por visibilizar la enfermedad y la muerte, marcó a la generación siguiente, que fue la mía". Y en esos chavales son donde ha puesto el foco para construir un guión junto a Fer Pérez que parte de sus recuerdos pero se fundamenta en una cuidada documentación.
Ambos recurrieron a testimonios de médicos, supervivientes de aquellos años y familiares de personas fallecidas por sida. Querían conocer tanto las consecuencias físicas de la enfermedad como la manera en que la sociedad trataba a quienes la padecían.
"Cómo afectaba al cuerpo, cómo eran ocultados al resto de la sociedad", explica.
"Ha habido una investigación muy exhaustiva, tanto para ser fieles a la emoción de lo que ellos sintieron como al componente médico: qué pastillas tomaban, cuáles eran los efectos en el cuerpo, en el estado anímico del paciente. Ha sido un proceso de investigación que a mí me ha cambiado un poco como ser humano", comparte.
"Sigue habiendo mucho estigma"
El VIH, virus de la inmunodeficiencia humana, irrumpió en España en octubre de 1981, cuando se detectó el primer caso en el Hospital Vall d'Hebron de Barcelona. El paciente era un hombre de 35 años que sufría un persistente dolor de cabeza. En aquel momento, el conocimiento sobre la enfermedad era muy limitado.
Después llegaron años de impotencia, pánico social y discriminación. Aquel primer paciente era homosexual y también lo eran muchos de los siguientes casos detectados. Posteriormente aparecieron diagnósticos entre personas con adicciones a las drogas. El sida provocó numerosas muertes y el término quedó asociado a una época marcada por el sufrimiento y el rechazo.
Una de las escenas de la 'road movie'.
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JULIO VERGNE
En la actualidad, más de 150.000 personas viven con el VIH en España. Afortunadamente, la realidad médica ha cambiado radicalmente, pero todavía queda remover conciencias.
"Sigue habiendo mucho estigma y muchísimo miedo a día de hoy, en 2026, muchísimos prejuicios y muchísimo odio", afirma al comparar la situación actual con la que refleja la película.
El director destaca especialmente los avances en los tratamientos, que han permitido transformar el pronóstico de las personas con VIH.
"La situación es diferente, básicamente en el sentido de que hoy en día es una enfermedad, un virus que se convierte en una enfermedad crónica. Hoy en día, a no ser que estés tratado, no vas a morir de sida porque no lo vas a desarrollar. Igualmente, si estás tratado, ni siquiera vas a transmitirlo", señala.
Jota recuerda el escenario al que se enfrentaban las personas diagnosticadas a finales de los años 80 y principios de los 90. "Si eres indetectable, es imposible que transmitas el virus. En la época que trata la película, si te contagiabas, la sentencia de muerte estaba sobre ti. Y el estigma, porque tu cuerpo se transformaba", explica.
También habla sobre esas consecuencias físicas de la enfermedad. "Era una enfermedad también muy visible, sobre todo en el rostro. Era muy fácil saber quién lo tenía. Y en eso obviamente ha cambiado", reflexiona.
Pese a los avances, el director considera que todavía queda camino por recorrer en la percepción social del VIH. "En el estigma y en el odio que se tiene todavía y en el miedo, hemos cambiado poco", dice.
Jota Linares acaba de salir de la sala de montaje. El director andaluz, natural de Algodonales, municipio de la Sierra de Cádiz, ha finalizado el rodaje de Hestia, su nueva película, con la que regresa a una España que se preparaba para celebrar su modernidad mientras una parte de la sociedad vivía bajo la amenaza del sida. Una historia que transcurre en 1991, el año previo a la EXPO de Sevilla y a los Juegos Olímpicos de Barcelona, y que busca recuperar la memoria de quienes tuvieron que enfrentarse a la enfermedad, el miedo y la discriminación.
El cineasta, nacido en 1982 y responsable de títulos como ¿A quién te llevarías a una isla desierta?, Las niñas de cristal y Animales sin collar, ha pasado entre cámaras y claquetas entre agosto y octubre de este año. La mayor parte de las localizaciones se encuentran en Andalucía, aunque el equipo también trabajó en Madrid y el País Vasco.
"Hemos estado así seis semanas", comenta el director, que detalla a lavozdelsur.es que, entre las localizaciones, se encuentra el pantano de Aracena, Castillo de las Guardas y alrededores de la capital hispalense. "Sobre todo muy rural. Hemos estado mucho en carreteras nacionales y pantanos", relata.
El resultado de esas semanas de trabajo será un drama con estructura de road movie que tiene previsto llegar a las salas de cine en 2027.
Una película sobre quienes buscan un hogar
Jota tan solo tenía nueve años en 1991, fecha en la que se enmarca esta producción audiovisual a la que ha bautizado Hestia. "En la película no decimos lo que significa pero es la diosa mitológica del hogar y Hestia es una película que habla de gente que busca su hogar, su hogar elegido, su familia elegida", explica.
La historia se sitúa a principios de los años 90, cuando España vivía un periodo de euforia. Barcelona preparaba los Juegos Olímpicos y Sevilla ultimaba la Expo de 1992, pero, en paralelo, varias generaciones de hombres homosexuales veían cómo el sida les arrebataba sus vidas.
Elenco de la película 'Hestia'.
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JULIO VERGNE
En ese contexto aparecen Miguel y Hugo, encarnados por Eneko Sagardoy y Hugo Welzel, protagonistas que encabezan un reparto plagado de rostros de actores de renombre en el panorama emergente español. Milena Smit, Alberto San Juan, Nicolás Illoro y Yune Nogueiras participan junto a un equipo detrás de las cámaras que cuenta con Rocío Martín y María José Torres en la producción ejecutiva; Jota Linares y David G. Marcelo como productores; Penélope Cristóbal como ayudante de dirección; Carolina Maltese en la dirección de fotografía; Vanesa de la Haza en la dirección de arte; Antuán Mejías en sonido y Xavi González en montaje, entre otros profesionales.
Según la sinopsis, "un chico que está empezando a morir, que recoge en la carretera a Hugo, un chico que está empezando a vivir. Juntos recorren una España oculta, casi mágica, llena de historias inacabadas y de hogares elegidos". Así, la película aborda los cuidados, la amistad, el miedo, la memoria y la necesidad de encontrar una familia cuando se vive en los márgenes de la sociedad.
Una historia vinculada a su propia generación
Hestia se suma a la trayectoria de este gaditano que ha llegado ha recibir nominaciones a los Premios Goya y los Premios Feroz, además de reconocimientos en los Premios Asecan del Cine Andaluz.
Su trabajo también se ha extendido a la televisión, donde ha dirigido Días mejores y Urban, de Prime Video, la temporada final de Élite, de Netflix, y Los Secretos de la Cortesana, también para esta plataforma. Además, es autor de la novela El último verano antes de todo, publicada por Planeta y actualmente en proceso de adaptación cinematográfica.
El director se adentra en una historia especialmente ligada a sus recuerdos y a su propia experiencia generacional. "Yo soy de la generación del 82, con lo cual yo ya crecí como adolescente homosexual un poco con el fantasma del sida que nos marcó a todos los que estábamos despertando a la vida y a las emociones. Siendo unos niños que ya crecíamos con la idea de que, si queríamos a alguien de nuestro mismo sexo, pues podíamos morir", recuerda.
Jota Linares, durante el rodaje de la película.
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JULIO VERGNE
Aquella sensación permaneció con él. "Eso como chaval te marca mucho. Cuando me he ido desarrollando como director y como guionista, me interesaba mucho explorar esos años y lo que mi generación le debe a la generación de homosexuales que vivió el sida como adultos, que muchos de ellos murieron", explica.
Para Jota, "todo lo que ellos lucharon por sus derechos o por visibilizar la enfermedad y la muerte, marcó a la generación siguiente, que fue la mía". Y en esos chavales son donde ha puesto el foco para construir un guión junto a Fer Pérez que parte de sus recuerdos pero se fundamenta en una cuidada documentación.
Ambos recurrieron a testimonios de médicos, supervivientes de aquellos años y familiares de personas fallecidas por sida. Querían conocer tanto las consecuencias físicas de la enfermedad como la manera en que la sociedad trataba a quienes la padecían.
"Cómo afectaba al cuerpo, cómo eran ocultados al resto de la sociedad", explica.
"Ha habido una investigación muy exhaustiva, tanto para ser fieles a la emoción de lo que ellos sintieron como al componente médico: qué pastillas tomaban, cuáles eran los efectos en el cuerpo, en el estado anímico del paciente. Ha sido un proceso de investigación que a mí me ha cambiado un poco como ser humano", comparte.
"Sigue habiendo mucho estigma"
El VIH, virus de la inmunodeficiencia humana, irrumpió en España en octubre de 1981, cuando se detectó el primer caso en el Hospital Vall d'Hebron de Barcelona. El paciente era un hombre de 35 años que sufría un persistente dolor de cabeza. En aquel momento, el conocimiento sobre la enfermedad era muy limitado.
Después llegaron años de impotencia, pánico social y discriminación. Aquel primer paciente era homosexual y también lo eran muchos de los siguientes casos detectados. Posteriormente aparecieron diagnósticos entre personas con adicciones a las drogas. El sida provocó numerosas muertes y el término quedó asociado a una época marcada por el sufrimiento y el rechazo.
Una de las escenas de la 'road movie'.
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JULIO VERGNE
En la actualidad, más de 150.000 personas viven con el VIH en España. Afortunadamente, la realidad médica ha cambiado radicalmente, pero todavía queda remover conciencias.
"Sigue habiendo mucho estigma y muchísimo miedo a día de hoy, en 2026, muchísimos prejuicios y muchísimo odio", afirma al comparar la situación actual con la que refleja la película.
El director destaca especialmente los avances en los tratamientos, que han permitido transformar el pronóstico de las personas con VIH.
"La situación es diferente, básicamente en el sentido de que hoy en día es una enfermedad, un virus que se convierte en una enfermedad crónica. Hoy en día, a no ser que estés tratado, no vas a morir de sida porque no lo vas a desarrollar. Igualmente, si estás tratado, ni siquiera vas a transmitirlo", señala.
Jota recuerda el escenario al que se enfrentaban las personas diagnosticadas a finales de los años 80 y principios de los 90. "Si eres indetectable, es imposible que transmitas el virus. En la época que trata la película, si te contagiabas, la sentencia de muerte estaba sobre ti. Y el estigma, porque tu cuerpo se transformaba", explica.
También habla sobre esas consecuencias físicas de la enfermedad. "Era una enfermedad también muy visible, sobre todo en el rostro. Era muy fácil saber quién lo tenía. Y en eso obviamente ha cambiado", reflexiona.
Pese a los avances, el director considera que todavía queda camino por recorrer en la percepción social del VIH. "En el estigma y en el odio que se tiene todavía y en el miedo, hemos cambiado poco", dice.
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