Si al prefaciar percibimos los ladridos protectores de los perros, reales y de piedra, de culto y valientes, al epilogar constamos mágicas metamorfosis y relaciones de guardianes; en su transcurrir una exploración genuina hacia lo espiritual, lo bello y el anhelo por experimentar un profundo conocimiento de un país extraordinario como Vietnam. Un viaje al país indochino para una visita familiar y al tiempo para presentar su obra y ofrecer una conferencia sobre literatura.
La autora recoge en su introducción tales propósitos y muestra su agradecimiento a Javier Serrano Avilés, entonces director del Instituto Cervantes de Hanói, a sus hijos Eduardo y Alberto, a su hija “adoptiva” Emma, a María del Pilar Méndez Jiménez, escritora y embajadora de España en Vietnam, además de la autora del certero prólogo que se incluye en este poemario. Sin duda, el espíritu feminista y la sororidad brillan en su quehacer diario, pero también su implicación humanista solidaria y su dedicación literaria conforman un abanico de valores que merece apreciarse en su justo medida.
Ciertamente, es un poemario de corte viajero, pero hemos de sumarle la cultura milenaria del país, la historia de Vietnam, un conjunto detonante de una prosa poética que rinde homenaje a la belleza y se detiene en cada espacio susceptible de generar placenteras emociones, además de impregnar de respeto cada palabra, cada secuencia versal, cada imagen con la incorporación de términos lingüísticos vietnamitas, hasta tal punto que la autora incorpora un glosario que recoge términos del sánscrito y, por extensión del budismo, el hinduismo, la mitología vietnamita, símbolos que aluden a la identidad nacional, al folclore, a los lugares de culto, es decir, un deseo pleno y absoluto por compartir y transmitir el impacto que supuso viajar a Vietnam. Tal y como se recoge en la contraportada de El perro y la piedra: “La extraordinaria belleza de los paisajes de Vietnam que la autora visitó en 2023 le causaron un impactante asombro que ha propiciado la escritura de este libro. Parajes singulares como Ninh Binh, la Bahía de Ha-Long, etc., junto a los templos y arquitecturas milenarias que visitó en Hanoi le desvelaron síntomas del síndrome de Stendhal que habitaba en ella sin saberlo”.
Del glosario se desprenden las cuatro verdades del budismo, que se corresponden a los cuatro apartados del poemario. De esta suerte, la noble verdad del sufrimiento constituye la primera parte, a saber “Dukkha”; la noble verdad del origen del sufrimiento “Samudaya”, la noble verdad de la cesación del sufrimiento “Nirodha” y la noble verdad del sendero que conduce a la cesación del sufrimiento “Magga”, además de dos poemas, el inicial titulado “Chó” que significa perro y, “Nghe” que es la representación de perro sagrado en Vietnam, a la vez que profundiza en el vacío existencial, la fragilidad humana y el paso del tiempo.
Se acierta cuando se afirma que estamos ante un proceso más cercano a una nueva espiritualidad que lo aleja de dogmas y afiliaciones, sin desatender la recurrencia presencia de la temática femenina, en una brillante metáfora en virtud de la cual se constata la capacidad humana para transformar situaciones y circunstancias mediante nuestro propio poder. Anteriormente, nos referíamos al poema del prefacio y al del epílogo, que convierte la situación de la sumisión y obediencia ante los gruñidos del perro a otra de dueña y fortaleza en la nueva misión protectora del perro. Es evidente, o podría serlo, que la existencia social precede a la conciencia social y que , las concesiones no son fruto de la buena disposición, sino de la acción y la lucha.
De igual modo, el uso de mitos, elementos de la naturaleza y un simbolismo inteligente recorre su obra poética. Ejemplos se encuentran en poemarios anteriores, Las moradas del agua y Los perfiles del frío (2022), encierran desde el mismo título, el agua y el frío, o si se quiere el alma y la necesidad de cambio. Se empareja de igual modo, una actividad metapoética, pues la palabra poética no es solo expresión y comunicación sino herramienta de análisis de la propia existencia y del lenguaje. La línea de títulos de obras poéticas de Inmaculada García Haro confirma y refuerza estas consideraciones al respecto de su escritura; Verbo ungido, (2001), Sirenas Ancestrales (2003), Guardián de riquezas, (2005) Mástil de araucaria, (2005) que nos remite a los orígenes, al viaje y a la reflexión, La sangre de Erato, (2016) , que vincula la creación poética con la esencia vital del amor y la inspiración mitológica, son algunos ejemplos significativos. Por consiguiente, desde sus principios como escritora creativa, se percibía no sólo esa fusión de reivindicaciones femeninas y referencias mitológicas, sino también en su labor como ensayista ocupa un lugar de honor un profundo trabakjo de recuperación de memoria historiográfica de mujeres escritoras, pienso en su libro tan necesario como certero de 2021, Heroínas ocultas -Mujeres escritoras y artistas excluidas por la historiografía.
Así pues, este poemario, El perro y la piedra, fundamentalmente escrito en prosa poética para eliminar cualquier posible restricción, sigue ahondando en lo mitológico, acaso en lo místico para evolucionar hacia una introspección existencial, con música de jazz como fondo, en el poema XVIII, leemos : “Aquella noche Billie nos regaló su gardenia blanca. Su voz viajaba entre los muros, el ficus, la plumaria y la costilla de Adán, inundando tus manos con su pálpito dulce que mi boca probó”. Las pasiones que siguen su curso en el siguiente poema XIX: “Un rayo atravesando vuestras sienes, saeta que en la noche interviniera, desató la locura y su derrama da luz a la invidencia que os cegaba. La voz trémula de Nina Simone ha rasgado el aire, desatando las bridas que sujetan la atracción”.
Como señala Pilar Méndez, prologuista del libro, se trata de «una prosa poética que desborda sabiduría y belleza y nos trasporta a esos lugares lejanos que nos presentaron entonces. Este poemario de Inmaculada García Haro, es un trampolín sobre el cual saltará el lector para zambullirse en la cosmovisión confuciana, bucear en las aguas de la espiritualidad oriental y navegar por entre la mitología anamita con la naturalidad de quien ha aprehendido que es mejor cambiar el por qué por un para qué. El recuerdo de un viaje durante el que encontró reflejado en las aguas de un lago milenario el secreto del fluir de la vida».
Poemario que traerá alegrías a su autora, pero que conformará el placer de sus lectores.
Si al prefaciar percibimos los ladridos protectores de los perros, reales y de piedra, de culto y valientes, al epilogar constamos mágicas metamorfosis y relaciones de guardianes; en su transcurrir una exploración genuina hacia lo espiritual, lo bello y el anhelo por experimentar un profundo conocimiento de un país extraordinario como Vietnam. Un viaje al país indochino para una visita familiar y al tiempo para presentar su obra y ofrecer una conferencia sobre literatura.
La autora recoge en su introducción tales propósitos y muestra su agradecimiento a Javier Serrano Avilés, entonces director del Instituto Cervantes de Hanói, a sus hijos Eduardo y Alberto, a su hija “adoptiva” Emma, a María del Pilar Méndez Jiménez, escritora y embajadora de España en Vietnam, además de la autora del certero prólogo que se incluye en este poemario. Sin duda, el espíritu feminista y la sororidad brillan en su quehacer diario, pero también su implicación humanista solidaria y su dedicación literaria conforman un abanico de valores que merece apreciarse en su justo medida.
Ciertamente, es un poemario de corte viajero, pero hemos de sumarle la cultura milenaria del país, la historia de Vietnam, un conjunto detonante de una prosa poética que rinde homenaje a la belleza y se detiene en cada espacio susceptible de generar placenteras emociones, además de impregnar de respeto cada palabra, cada secuencia versal, cada imagen con la incorporación de términos lingüísticos vietnamitas, hasta tal punto que la autora incorpora un glosario que recoge términos del sánscrito y, por extensión del budismo, el hinduismo, la mitología vietnamita, símbolos que aluden a la identidad nacional, al folclore, a los lugares de culto, es decir, un deseo pleno y absoluto por compartir y transmitir el impacto que supuso viajar a Vietnam. Tal y como se recoge en la contraportada de El perro y la piedra: “La extraordinaria belleza de los paisajes de Vietnam que la autora visitó en 2023 le causaron un impactante asombro que ha propiciado la escritura de este libro. Parajes singulares como Ninh Binh, la Bahía de Ha-Long, etc., junto a los templos y arquitecturas milenarias que visitó en Hanoi le desvelaron síntomas del síndrome de Stendhal que habitaba en ella sin saberlo”.
Del glosario se desprenden las cuatro verdades del budismo, que se corresponden a los cuatro apartados del poemario. De esta suerte, la noble verdad del sufrimiento constituye la primera parte, a saber “Dukkha”; la noble verdad del origen del sufrimiento “Samudaya”, la noble verdad de la cesación del sufrimiento “Nirodha” y la noble verdad del sendero que conduce a la cesación del sufrimiento “Magga”, además de dos poemas, el inicial titulado “Chó” que significa perro y, “Nghe” que es la representación de perro sagrado en Vietnam, a la vez que profundiza en el vacío existencial, la fragilidad humana y el paso del tiempo.
Se acierta cuando se afirma que estamos ante un proceso más cercano a una nueva espiritualidad que lo aleja de dogmas y afiliaciones, sin desatender la recurrencia presencia de la temática femenina, en una brillante metáfora en virtud de la cual se constata la capacidad humana para transformar situaciones y circunstancias mediante nuestro propio poder. Anteriormente, nos referíamos al poema del prefacio y al del epílogo, que convierte la situación de la sumisión y obediencia ante los gruñidos del perro a otra de dueña y fortaleza en la nueva misión protectora del perro. Es evidente, o podría serlo, que la existencia social precede a la conciencia social y que , las concesiones no son fruto de la buena disposición, sino de la acción y la lucha.
De igual modo, el uso de mitos, elementos de la naturaleza y un simbolismo inteligente recorre su obra poética. Ejemplos se encuentran en poemarios anteriores, Las moradas del agua y Los perfiles del frío (2022), encierran desde el mismo título, el agua y el frío, o si se quiere el alma y la necesidad de cambio. Se empareja de igual modo, una actividad metapoética, pues la palabra poética no es solo expresión y comunicación sino herramienta de análisis de la propia existencia y del lenguaje. La línea de títulos de obras poéticas de Inmaculada García Haro confirma y refuerza estas consideraciones al respecto de su escritura; Verbo ungido, (2001), Sirenas Ancestrales (2003), Guardián de riquezas, (2005) Mástil de araucaria, (2005) que nos remite a los orígenes, al viaje y a la reflexión, La sangre de Erato, (2016) , que vincula la creación poética con la esencia vital del amor y la inspiración mitológica, son algunos ejemplos significativos. Por consiguiente, desde sus principios como escritora creativa, se percibía no sólo esa fusión de reivindicaciones femeninas y referencias mitológicas, sino también en su labor como ensayista ocupa un lugar de honor un profundo trabakjo de recuperación de memoria historiográfica de mujeres escritoras, pienso en su libro tan necesario como certero de 2021, Heroínas ocultas -Mujeres escritoras y artistas excluidas por la historiografía.
Así pues, este poemario, El perro y la piedra, fundamentalmente escrito en prosa poética para eliminar cualquier posible restricción, sigue ahondando en lo mitológico, acaso en lo místico para evolucionar hacia una introspección existencial, con música de jazz como fondo, en el poema XVIII, leemos : “Aquella noche Billie nos regaló su gardenia blanca. Su voz viajaba entre los muros, el ficus, la plumaria y la costilla de Adán, inundando tus manos con su pálpito dulce que mi boca probó”. Las pasiones que siguen su curso en el siguiente poema XIX: “Un rayo atravesando vuestras sienes, saeta que en la noche interviniera, desató la locura y su derrama da luz a la invidencia que os cegaba. La voz trémula de Nina Simone ha rasgado el aire, desatando las bridas que sujetan la atracción”.
Como señala Pilar Méndez, prologuista del libro, se trata de «una prosa poética que desborda sabiduría y belleza y nos trasporta a esos lugares lejanos que nos presentaron entonces. Este poemario de Inmaculada García Haro, es un trampolín sobre el cual saltará el lector para zambullirse en la cosmovisión confuciana, bucear en las aguas de la espiritualidad oriental y navegar por entre la mitología anamita con la naturalidad de quien ha aprehendido que es mejor cambiar el por qué por un para qué. El recuerdo de un viaje durante el que encontró reflejado en las aguas de un lago milenario el secreto del fluir de la vida».
Poemario que traerá alegrías a su autora, pero que conformará el placer de sus lectores.
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