Como pasa tantas veces en política –y en la vida en general– la reunión de ministros de Interior de la Unión Europea, que se prometía la madre de todas las reuniones comunitarias, finalmente alumbró un ratón. De entrada, hay que tener en cuenta que la reunión de los 27 fue telemática, así que el ministro Marlaska no acabo de tener enfrente a los 22 países, encabezados por Italia, Dinamarca y Finlandia que, aprovechando lo ocurrido en Ceuta, sacaron a relucir justo después de la avalancha la regularización masiva acometida por el Gobierno de España, el efecto llamada que dicha medida habría tenido y la pobre defensa de las fronteras comunitarias visualizada los dos primeros días de la crisis migratoria.
Pero el caso es que esta mañana apenas se ha hablado de estos temas. Si una reunión suele servir de poco, una reunión telemática a 27 sencillamente son ganas de perder el tiempo. Vaya, que los ministros de Interior comunitarios han pensado que, si eso, ya nos vemos en septiembre.
Tiene sentido. España, todavía bajo cierto nivel de shock, sigue centrada en Ceuta y todas sus implicaciones (el papel de Marruecos, qué pasa con los menores, con los subsaharianos, con las miles de personas que todavía siguen deambulando por las playas, montes y calles de la plaza norteafricana), mientras que los aliados europeos, una vez visto que el grueso de la expedición volvió por donde ha venido, lo que quiere es hablar de temas de fondo con España, de su política migratoria, de por qué no consultó, o al menos advirtió al resto de socios de una decisión de este tipo... a partir de ahí lo que sí ha hecho Bruselas es establecer en una nota que "no hay relación directa entre la regularización y la avalancha en la frontera", aunque apunta que la medida llevada a cabo "no es una buena señal para el resto de la Unión", es decir, una de cal y otra de arena para cada una de las dos partes.
Hasta que esa nota irrumpió en la tarde, la mayoría de los principales medios estaban enzarzados en un tema de vuelo local (vale, léase nacional), con el ministro Marlaska defendiendo que en ningún momento hubo un informe del CNI que hiciera prever que se avecinaba una avalancha de 72.000 personas, de las que se habrían devuelto ya unas 70.000, dando además mucho valor a estos números, pese a que están bastante en línea con los que se han venido ofreciendo estos días.
De hecho, un medio afín al Gobierno, como es El País, a media tarde de hoy cambiaba su titular de apertura en la edición digital, que pasaba a ser "los socios de la UE rebajan las críticas a España por la crisis de Ceuta y le muestran ahora su total solidaridad", algo establecido a mitad de camino entre el sentir comunitario y el subidón en Interior después de que el esperado rapapolvo se convirtiera en un "ya hablamos" modo cierre de curso. En cualquier caso, Italia va a seguir aplicando por ahora controles a los viajeros españoles en sus fronteras aérea y marítima.
Defensa no es interior y viceversa
Pese a haber sido calificado en estas mismas líneas como "de vuelo local", el papel del CNI en la crisis migratoria no ha quedado suficiente aclarado y promete seguir dando titulares. Porque el hecho de que el ministro diga que no había un informe que hablara expresamente de la magnitud de la movilización, no quiere decir que no hubiera distintos informes sobre los que una mirada de conjunto hubiera dado una visión más clara de lo que podía ocurrir. De hecho, son varios los medios que informan de que el CNI alertó, pero no le hicieron caso y Margarita Robles, la ministra de Defensa, de quien al fin y a la postre depende el CNI, no de Interior, ha felicitado al CNI por su trabajo. ¿Se puede felicitar a un organismo que no se ha enterado de nada de un hecho de esta magnitud? Realmente cuesta creerlo...
Como pasa tantas veces en política –y en la vida en general– la reunión de ministros de Interior de la Unión Europea, que se prometía la madre de todas las reuniones comunitarias, finalmente alumbró un ratón. De entrada, hay que tener en cuenta que la reunión de los 27 fue telemática, así que el ministro Marlaska no acabo de tener enfrente a los 22 países, encabezados por Italia, Dinamarca y Finlandia que, aprovechando lo ocurrido en Ceuta, sacaron a relucir justo después de la avalancha la regularización masiva acometida por el Gobierno de España, el efecto llamada que dicha medida habría tenido y la pobre defensa de las fronteras comunitarias visualizada los dos primeros días de la crisis migratoria.
Pero el caso es que esta mañana apenas se ha hablado de estos temas. Si una reunión suele servir de poco, una reunión telemática a 27 sencillamente son ganas de perder el tiempo. Vaya, que los ministros de Interior comunitarios han pensado que, si eso, ya nos vemos en septiembre.
Tiene sentido. España, todavía bajo cierto nivel de shock, sigue centrada en Ceuta y todas sus implicaciones (el papel de Marruecos, qué pasa con los menores, con los subsaharianos, con las miles de personas que todavía siguen deambulando por las playas, montes y calles de la plaza norteafricana), mientras que los aliados europeos, una vez visto que el grueso de la expedición volvió por donde ha venido, lo que quiere es hablar de temas de fondo con España, de su política migratoria, de por qué no consultó, o al menos advirtió al resto de socios de una decisión de este tipo... a partir de ahí lo que sí ha hecho Bruselas es establecer en una nota que "no hay relación directa entre la regularización y la avalancha en la frontera", aunque apunta que la medida llevada a cabo "no es una buena señal para el resto de la Unión", es decir, una de cal y otra de arena para cada una de las dos partes.
Hasta que esa nota irrumpió en la tarde, la mayoría de los principales medios estaban enzarzados en un tema de vuelo local (vale, léase nacional), con el ministro Marlaska defendiendo que en ningún momento hubo un informe del CNI que hiciera prever que se avecinaba una avalancha de 72.000 personas, de las que se habrían devuelto ya unas 70.000, dando además mucho valor a estos números, pese a que están bastante en línea con los que se han venido ofreciendo estos días.
De hecho, un medio afín al Gobierno, como es El País, a media tarde de hoy cambiaba su titular de apertura en la edición digital, que pasaba a ser "los socios de la UE rebajan las críticas a España por la crisis de Ceuta y le muestran ahora su total solidaridad", algo establecido a mitad de camino entre el sentir comunitario y el subidón en Interior después de que el esperado rapapolvo se convirtiera en un "ya hablamos" modo cierre de curso. En cualquier caso, Italia va a seguir aplicando por ahora controles a los viajeros españoles en sus fronteras aérea y marítima.
Defensa no es interior y viceversa
Pese a haber sido calificado en estas mismas líneas como "de vuelo local", el papel del CNI en la crisis migratoria no ha quedado suficiente aclarado y promete seguir dando titulares. Porque el hecho de que el ministro diga que no había un informe que hablara expresamente de la magnitud de la movilización, no quiere decir que no hubiera distintos informes sobre los que una mirada de conjunto hubiera dado una visión más clara de lo que podía ocurrir. De hecho, son varios los medios que informan de que el CNI alertó, pero no le hicieron caso y Margarita Robles, la ministra de Defensa, de quien al fin y a la postre depende el CNI, no de Interior, ha felicitado al CNI por su trabajo. ¿Se puede felicitar a un organismo que no se ha enterado de nada de un hecho de esta magnitud? Realmente cuesta creerlo...
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