Vendedores ambulantes, el rastro en casa: “Los pobres como siempre, ayudándonos unos a otros”

Alicia recibe comida de sus vecinos ante la imposibilidad de poder ganarse la vida vendiendo especias e infusiones en la Plaza. Nuria, que vende ropa en el rastro, llevaba esperando la renta mínima de inserción de la Junta desde 2018.

Nuria Bernal, con la ropa del rastro en casa. FOTO: MANU GARCÍA.
Nuria Bernal, con la ropa del rastro en casa. FOTO: MANU GARCÍA.

Hace año y medio una de las vendedoras de ropa usada se concentraba a las puertas del Ayuntamiento de Jerez para exigir que les dejaran poder seguir vendiendo en el rastro de la Alameda Vieja. Según afirmaba el colectivo, la Policía Local les había avisado de que tenían que regularizar unos papeles y que una nueva normativa impedía la venta de ropa y zapatos en el conocido mercadillo jerezano. La portavoz de los vendedores de ropa usada es Nuria Bernal Flores, que ahora tiene el rastro en su casa ante la imposibilidad de desarrollar la venta ambulante por la crisis sanitaria.

"Tengo una hipoteca de las guarras", comenta a lavozdelsur.es por teléfono, preocupada por la huella social que va a dejar la aparición del coronavirus no solo en su familia, sino en su barrio. "Tengo tres hijos, dos de ellos fuera de casa y yo tengo la responsabilidad de ayudar a mi nieta", confiesa. Afortunadamente, pudo solucionar en su momento "el tema de la cláusula". "Sí, ahora pago 240 pero para mí eso es un pastón... yo no tengo nada", dice. En una de las habitaciones de su vivienda ha improvisado su nuevo rastro, con el que espera poder vender a domicilio ya que en este momento ni ella ni su marido tienen ningún tipo de ingreso. Afortunadamente, una ayuda para familias en riesgo de exclusión social le llegó hace unas semanas después de dos años esperando.

"Ahora es cuando están dando el dinero de noviembre de 2018", exclama indignada. Se refiere a la renta mínima de inserción social, una ayuda de 400 euros mensuales que poco más de 40.000 familias perciben a través de la Junta de Andalucía. "Eso es independiente de la renta esa y la historia política que están anunciando", dice sobre la renta mínima que está preparando el Ejecutivo de Pedro Sánchez. "Cuando la vayan a conceder, nos habremos muerto la mitad", comenta enfadada. Sin embargo, justifica su indignación con las instituciones y con el poder político. "No me creo nada de ninguno, pero es verdad que esta crisis... ¿qué gobierno la aguanta? Esto es muy fuerte", añade.

A Nuria la llamada de lavozdelsur.es le ha pillado justo en el momento en el que le entregan el almuerzo de la asociación Costaleros por nuestros mayores. "No está mal hoy", dice sobre un menú que incluye una ensalada, embutidos de cerdo y arroz con tomate y huevo. No opina lo mismo, sin embargo, de los "tupper " que la Junta lleva a través de los comedores escolares a su familia: "Es una vergüenza".  La vendedora aprovecha también la ocasión para lamentar la situación de los servicios sociales municipales, que asegura están al límite. "Son días horribles, estoy pensando en toda la gente que conozco pero claro, este Ayuntamiento está tieso, coge algo y es pa pagar lo que debe", se reafirma. Con su compañero Diego, su hijo, su perra y su gata, ella al menos está acompañada. Una compañía que cree que comparte también con los vecinos, quienes se están organizando en diferentes zonas de Jerez para dar de comer a los más necesitados. "Los pobres estamos como siempre, ayudándonos unos a otros", recalca.

"Nadie recibe ayuda de ningún sitio"

Alicia Atienza es conocida por ser una de las vendedores ambulantes más populares y mediáticas de la Plaza. "Siempre me sacan en todos lados", se queja con tono de broma a lavozdelsur.es por teléfono. Conocedora de la situación de sus colegas en los puestos de las afueras del mercado de Abastos alerta de las carencias que se están viviendo. "Hay que entender que no nos dejen ponernos a trabajar y que esto va para largo pero también hay que decir que los servicios sociales no están atendiendo a la gente correctamente", dice indignada.

Alicia Atienza desmontando su puesto el último día antes de la declaración del estado de alarma. FOTO: MANU GARCÍA.

La comerciante jerezana, que vende todo tipo de especias e infusiones, se ha quedado sin ingresos en casa. Su esposo también trabaja vendiendo incienso a las puertas del Carrefour Market, "el antiguo Simago". "Hago videollamadas con la gente que tienen puesto de ropa en la Plaza y aquí no recibe nadie ayuda de ningún sitio", comenta. La desescalada del Gobierno prevé que a partir del 11 de mayo, en la fase 1, podrán reiniciar su actividad los mercados al aire libre. No obstante, tendrán que ser las administraciones competentes quien determinen si se podrá abrir o no y de qué forma. Por ahora,el Ayuntamiento de Jerez solo se ha pronunciado con la idea de unificar los mercadillos en el Parque González Hontoria.Mientras tanto, gran parte de estos comerciantes y vendedores ambulantes no se pueden acoger a las ayudas que ha anunciado el Gobierno ya que no cumplen los requisitos. Se calcula que entre millón y medio y dos millones de personas son parte de la llamada "economía informal".

Por el momento, una red de vecinos voluntarios "independientes" en la que participa la propia Alicia se ha organizado para llevar las compras que necesitan a casas de todo Jerez. "Hemos hecho una cadena de solidaridad", dice sobre la iniciativa, que permanece en el anonimato y que ha visto solo la luz a través de una iniciativa de crowdfunding en Gofundme con el nombre de "Jerez resiste". Esa resistencia invisible también llamó a la puerta de la familia de Alicia, que no sabrá cuándo podrá volver con las mesas llenas de hierbas e incienso a la calle Doña Blanca. "Solo el pueblo salva al pueblo", escribe uno de sus donantes. Vecinos dixit.

 

Si has llegado hasta aquí y te gusta nuestro trabajo, apoya lavozdelsur.es, periodismo libre, independiente y en andaluz.

Comentarios

No hay comentarios ¿Te animas?

Ahora en portada
Lo más leído