Antes de los tres eclipses que podrán observarse desde la Península Ibérica entre 2026 y 2028, el Consejo General de Enfermería (CGE), junto con la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica (SEEOF) y el Hospital Ramón y Cajal de Madrid, ha lanzado una campaña para concienciar sobre la importancia de proteger la vista durante estos fenómenos astronómicos. El primero de ellos tendrá lugar el 12 de agosto de 2026 y será un eclipse total fácilmente visible, dentro de una secuencia de tres eclipses en tres años que constituye un acontecimiento excepcional y que no volverá a repetirse en los próximos siglos. El objetivo de la iniciativa es prevenir lesiones oculares irreversibles y promover una observación segura de estos eventos.
La campaña pone el foco en uno de los principales riesgos asociados a la observación directa del Sol: la retinopatía solar, una quemadura fotoquímica de la retina causada por la exposición a la luz visible intensa y a la radiación ultravioleta. Se trata de una lesión indolora que no tiene tratamiento curativo, por lo que la prevención resulta esencial. En este contexto, el presidente del CGE, Florentino Pérez Raya, ha señalado que “la llegada de estos fenómenos es una oportunidad científica histórica, pero hay que experimentarla desde la responsabilidad. Como enfermeras tenemos la obligación de alertar de los potenciales riesgos para así prevenir daños irreversibles en la salud visual de la población. A través de la evidencia científica informamos de la importancia del buen uso de los medios de prevención y los protocolos a seguir en caso de daño ocular”.
Desde la SEEOF advierten de que los síntomas de la retinopatía solar pueden aparecer varias horas después de la exposición o incluso al día siguiente. Entre las señales de alerta figuran el escotoma o mancha oscura en el centro de la visión, la metamorfopsia, que provoca la percepción deformada de las líneas rectas, la fotofobia, la visión borrosa y las alteraciones en la percepción de los colores. El presidente de la sociedad científica, Francisco Javier Gabaldón, recuerda que “Es vital entender que no existe un tratamiento específico que repare el daño una vez producido. La prevención es la única cura”.
Los especialistas también alertan de que uno de los errores más habituales consiste en pensar que mirar el eclipse durante unos segundos o cuando la Luna cubre parcialmente el Sol no supone ningún riesgo. Según explica Gema Crespo, enfermera de Oftalmología del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, “precisamente ahí está el riesgo, ya que no solo la luz dentro del espectro visible puede alcanzar nuestras retinas, sino que todo tipo de radiación solar, incluidas las radiaciones ultravioletas (UV) e infrarrojas (IR) pueden alcanzarnos y dañar la retina de forma permanente”. Además de la retinopatía solar, la exposición puede provocar lesiones fotoquímicas, pérdida parcial o irreversible de la visión, distorsión de las imágenes, disminución permanente de la agudeza visual y una mayor sensibilidad a la luz. “Insistimos, los daños pueden ocurrir con exposiciones muy cortas. La gravedad dependerá de la duración de la exposición y la intensidad de la radiación en el momento de la observación”, añade Crespo.
Las organizaciones implicadas insisten en que no existen métodos caseros seguros para observar un eclipse. Desaconsejan utilizar radiografías, cristales de soldador, cristales ahumados, CD, gafas de sol convencionales o cualquier dispositivo óptico sin filtros específicos, ya que ninguno de estos sistemas bloquea adecuadamente la radiación ultravioleta e infrarroja. Héctor Nafría, enfermero y divulgador científico del Instituto de Investigación Enfermera del CGE, subraya que “la única protección válida son las gafas certificadas bajo la norma ISO 12312-2:2015”. También recomienda comprobar que dicha certificación esté impresa directamente en las gafas, que no presenten daños y que, al realizar una prueba con luz ambiental, únicamente pueda apreciarse la silueta del Sol.
Así se usan las gafas
Los expertos también han difundido un protocolo para utilizar correctamente estas gafas de protección. Recomiendan mirar primero hacia abajo, colocarse las gafas —siempre sobre las gafas graduadas en caso de utilizarlas— y solo entonces levantar la vista hacia el Sol. Para retirarlas, aconsejan girar antes la cabeza en dirección opuesta al astro y quitárselas únicamente cuando ya no se esté mirando hacia él. Nafría explica que “Hay que mirar hacia abajo, colocar entonces las gafas de eclipse, siempre encima de las gafas graduadas habituales, si las hubiera, y solo entonces levantar la vista hacia el sol”, mientras que para descansar “primero hay que girar la cabeza en dirección opuesta al sol y después quitarse las gafas”. Asimismo, los especialistas advierten del denominado “efecto lupa” al utilizar telescopios, prismáticos o cámaras, ya que estos dispositivos concentran la radiación y pueden destruir tanto el filtro como el ojo. También alertan del posible deterioro de los sensores de los teléfonos móviles si se emplean sin filtros solares adecuados y recomiendan limitarse a observar la pantalla, priorizando la salud visual sobre la obtención de imágenes.
En caso de sospechar una lesión ocular tras la observación de un eclipse, los profesionales sanitarios recomiendan alejar inmediatamente a la persona afectada de la luz intensa y trasladarla a un lugar poco iluminado. También aconsejan proteger los ojos con gafas de sol oscuras, acudir cuanto antes al oftalmólogo y explicar con precisión cómo se produjo la exposición, indicando el momento y el tiempo durante el que se miró al Sol. Además, recuerdan que no se deben frotar los ojos ni aplicar colirios que no hayan sido prescritos por un profesional sanitario. Desde la Organización Colegial de Enfermería hacen un llamamiento a disfrutar de estos fenómenos astronómicos de forma responsable, siguiendo todas las recomendaciones de seguridad para evitar daños oculares irreversibles.
Antes de los tres eclipses que podrán observarse desde la Península Ibérica entre 2026 y 2028, el Consejo General de Enfermería (CGE), junto con la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica (SEEOF) y el Hospital Ramón y Cajal de Madrid, ha lanzado una campaña para concienciar sobre la importancia de proteger la vista durante estos fenómenos astronómicos. El primero de ellos tendrá lugar el 12 de agosto de 2026 y será un eclipse total fácilmente visible, dentro de una secuencia de tres eclipses en tres años que constituye un acontecimiento excepcional y que no volverá a repetirse en los próximos siglos. El objetivo de la iniciativa es prevenir lesiones oculares irreversibles y promover una observación segura de estos eventos.
La campaña pone el foco en uno de los principales riesgos asociados a la observación directa del Sol: la retinopatía solar, una quemadura fotoquímica de la retina causada por la exposición a la luz visible intensa y a la radiación ultravioleta. Se trata de una lesión indolora que no tiene tratamiento curativo, por lo que la prevención resulta esencial. En este contexto, el presidente del CGE, Florentino Pérez Raya, ha señalado que “la llegada de estos fenómenos es una oportunidad científica histórica, pero hay que experimentarla desde la responsabilidad. Como enfermeras tenemos la obligación de alertar de los potenciales riesgos para así prevenir daños irreversibles en la salud visual de la población. A través de la evidencia científica informamos de la importancia del buen uso de los medios de prevención y los protocolos a seguir en caso de daño ocular”.
Desde la SEEOF advierten de que los síntomas de la retinopatía solar pueden aparecer varias horas después de la exposición o incluso al día siguiente. Entre las señales de alerta figuran el escotoma o mancha oscura en el centro de la visión, la metamorfopsia, que provoca la percepción deformada de las líneas rectas, la fotofobia, la visión borrosa y las alteraciones en la percepción de los colores. El presidente de la sociedad científica, Francisco Javier Gabaldón, recuerda que “Es vital entender que no existe un tratamiento específico que repare el daño una vez producido. La prevención es la única cura”.
Los especialistas también alertan de que uno de los errores más habituales consiste en pensar que mirar el eclipse durante unos segundos o cuando la Luna cubre parcialmente el Sol no supone ningún riesgo. Según explica Gema Crespo, enfermera de Oftalmología del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, “precisamente ahí está el riesgo, ya que no solo la luz dentro del espectro visible puede alcanzar nuestras retinas, sino que todo tipo de radiación solar, incluidas las radiaciones ultravioletas (UV) e infrarrojas (IR) pueden alcanzarnos y dañar la retina de forma permanente”. Además de la retinopatía solar, la exposición puede provocar lesiones fotoquímicas, pérdida parcial o irreversible de la visión, distorsión de las imágenes, disminución permanente de la agudeza visual y una mayor sensibilidad a la luz. “Insistimos, los daños pueden ocurrir con exposiciones muy cortas. La gravedad dependerá de la duración de la exposición y la intensidad de la radiación en el momento de la observación”, añade Crespo.
Las organizaciones implicadas insisten en que no existen métodos caseros seguros para observar un eclipse. Desaconsejan utilizar radiografías, cristales de soldador, cristales ahumados, CD, gafas de sol convencionales o cualquier dispositivo óptico sin filtros específicos, ya que ninguno de estos sistemas bloquea adecuadamente la radiación ultravioleta e infrarroja. Héctor Nafría, enfermero y divulgador científico del Instituto de Investigación Enfermera del CGE, subraya que “la única protección válida son las gafas certificadas bajo la norma ISO 12312-2:2015”. También recomienda comprobar que dicha certificación esté impresa directamente en las gafas, que no presenten daños y que, al realizar una prueba con luz ambiental, únicamente pueda apreciarse la silueta del Sol.
Así se usan las gafas
Los expertos también han difundido un protocolo para utilizar correctamente estas gafas de protección. Recomiendan mirar primero hacia abajo, colocarse las gafas —siempre sobre las gafas graduadas en caso de utilizarlas— y solo entonces levantar la vista hacia el Sol. Para retirarlas, aconsejan girar antes la cabeza en dirección opuesta al astro y quitárselas únicamente cuando ya no se esté mirando hacia él. Nafría explica que “Hay que mirar hacia abajo, colocar entonces las gafas de eclipse, siempre encima de las gafas graduadas habituales, si las hubiera, y solo entonces levantar la vista hacia el sol”, mientras que para descansar “primero hay que girar la cabeza en dirección opuesta al sol y después quitarse las gafas”. Asimismo, los especialistas advierten del denominado “efecto lupa” al utilizar telescopios, prismáticos o cámaras, ya que estos dispositivos concentran la radiación y pueden destruir tanto el filtro como el ojo. También alertan del posible deterioro de los sensores de los teléfonos móviles si se emplean sin filtros solares adecuados y recomiendan limitarse a observar la pantalla, priorizando la salud visual sobre la obtención de imágenes.
En caso de sospechar una lesión ocular tras la observación de un eclipse, los profesionales sanitarios recomiendan alejar inmediatamente a la persona afectada de la luz intensa y trasladarla a un lugar poco iluminado. También aconsejan proteger los ojos con gafas de sol oscuras, acudir cuanto antes al oftalmólogo y explicar con precisión cómo se produjo la exposición, indicando el momento y el tiempo durante el que se miró al Sol. Además, recuerdan que no se deben frotar los ojos ni aplicar colirios que no hayan sido prescritos por un profesional sanitario. Desde la Organización Colegial de Enfermería hacen un llamamiento a disfrutar de estos fenómenos astronómicos de forma responsable, siguiendo todas las recomendaciones de seguridad para evitar daños oculares irreversibles.
COMENTARIOS