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La medicina logra un nuevo hito: un hombre sobrevive durante nueve meses con un riñón de cerdo mientras espera un trasplante humano

El órgano procedía de un cerdo miniatura de Yucatán y había sido sometido a casi 70 modificaciones genéticas con el propósito de hacerlo compatible con el sistema inmunitario del paciente

  • Tim Andrews, el paciente que ha sobrevivido nueve meses con un riñón de cerdo.

Un riñón decerdo modificado genéticamente ha permitido a un estadounidense de 66 años permanecer 271 días sin necesidad de someterse a diálisis y, finalmente, recibir un trasplante de riñón humano. Se trata, según la revista The Lancet, del periodo más largo registrado hasta ahora para un xenotrasplante de animal a persona. El paciente, Tim Andrews, recibió este órgano como una solución temporal mientras esperaba la posibilidad de acceder a un riñón humano.

Las intervenciones necesarias para llevar a cabo este trasplante "puente" se realizaron durante 2025 en el Mass General Brigham, en Estados Unidos, tal y como recoge la publicación científica. Andrews padecía una insuficiencia renal causada por diabetes tipo 2 y se encontraba en una situación especialmente complicada. Antes de someterse al xenotrasplante, sus médicos calculaban que tenía apenas un 9% de posibilidades de recibir un riñón humano durante los siguientes cinco años, pese a que sus probabilidades de fallecer eran elevadas.

El órgano procedía de un cerdo miniatura de Yucatán y había sido sometido a casi 70 modificaciones genéticas con el propósito de hacerlo compatible con el sistema inmunitario del paciente. Tras la intervención, el riñón comenzó a funcionar y ya durante las primeras horas empezó a producir orina de forma adecuada. Sin embargo, el proceso no estuvo exento de complicaciones. Dos semanas después del trasplante se produjo un episodio de rechazo, aunque los médicos lograron controlarlo mediante tratamiento y el paciente pudo continuar con el órgano porcino.

La situación cambió aproximadamente seis meses después, cuando aparecieron lesiones en los vasos sanguíneos del riñón. Los daños fueron avanzando de manera progresiva hasta que, al alcanzar los 271 días, se consideraron irreversibles. Fue entonces cuando los médicos tuvieron que retirar el órgano procedente del cerdo. Andrews tuvo que volver a someterse a diálisis durante varios meses, hasta que finalmente pudo recibir un riñón de un donante humano fallecido. El nuevo órgano funcionó correctamente durante los seis meses de seguimiento posteriores al trasplante.

Una técnica con potencial

Los investigadores consideran que el caso demuestra tanto el potencial de los xenotrasplantes como los aspectos que todavía necesitan mejoras para que puedan utilizarse como una solución puente en pacientes que esperan un órgano humano. "Sabemos que la mejor opción terapéutica para los pacientes con enfermedad renal en fase terminal que han desarrollado insuficiencia renal es el trasplante, pero sencillamente no disponemos de suficientes órganos humanos para realizar trasplantes a tiempo", ha señalado Leonardo Riella, del Mass General Brigham, en un comunicado. La propuesta del equipo pasa por utilizar inicialmente estos órganos para evitar o reducir la necesidad de diálisis mientras llega un riñón humano y, potencialmente, convertirlos en una alternativa definitiva a medida que "demostremos su seguridad y durabilidad a largo plazo, como terapia definitiva por derecho propio".

La posibilidad de que esta técnica termine convirtiéndose en una alternativa clínica también está siendo estudiada en España. "Los avances científicos y biotecnológicos de los últimos cinco años han puesto sobre la mesa la posibilidad de que los xenotrasplantes puedan ser una realidad clínica a medio-largo plazo", señalaba hace unos meses a este periódico Pablo Ramírez, jefe del Servicio de Cirugía General y Aparato Digestivo del Hospital Virgen de la Arrixaca, director científico del Instituto Murciano de Investigación Biosanitaria Pascual Parrilla de Murcia y uno de los investigadores españoles con más experiencia en xenotrasplantes. Su equipo ha solicitado autorización a la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) para realizar un ensayo clínico de xenotrasplante hepático con un cerdo modificado genéticamente en pacientes que estén muriéndose por una hepatitis fulminante y no dispongan de un donante humano.

Un riñón decerdo modificado genéticamente ha permitido a un estadounidense de 66 años permanecer 271 días sin necesidad de someterse a diálisis y, finalmente, recibir un trasplante de riñón humano. Se trata, según la revista The Lancet, del periodo más largo registrado hasta ahora para un xenotrasplante de animal a persona. El paciente, Tim Andrews, recibió este órgano como una solución temporal mientras esperaba la posibilidad de acceder a un riñón humano.

Las intervenciones necesarias para llevar a cabo este trasplante "puente" se realizaron durante 2025 en el Mass General Brigham, en Estados Unidos, tal y como recoge la publicación científica. Andrews padecía una insuficiencia renal causada por diabetes tipo 2 y se encontraba en una situación especialmente complicada. Antes de someterse al xenotrasplante, sus médicos calculaban que tenía apenas un 9% de posibilidades de recibir un riñón humano durante los siguientes cinco años, pese a que sus probabilidades de fallecer eran elevadas.

El órgano procedía de un cerdo miniatura de Yucatán y había sido sometido a casi 70 modificaciones genéticas con el propósito de hacerlo compatible con el sistema inmunitario del paciente. Tras la intervención, el riñón comenzó a funcionar y ya durante las primeras horas empezó a producir orina de forma adecuada. Sin embargo, el proceso no estuvo exento de complicaciones. Dos semanas después del trasplante se produjo un episodio de rechazo, aunque los médicos lograron controlarlo mediante tratamiento y el paciente pudo continuar con el órgano porcino.

La situación cambió aproximadamente seis meses después, cuando aparecieron lesiones en los vasos sanguíneos del riñón. Los daños fueron avanzando de manera progresiva hasta que, al alcanzar los 271 días, se consideraron irreversibles. Fue entonces cuando los médicos tuvieron que retirar el órgano procedente del cerdo. Andrews tuvo que volver a someterse a diálisis durante varios meses, hasta que finalmente pudo recibir un riñón de un donante humano fallecido. El nuevo órgano funcionó correctamente durante los seis meses de seguimiento posteriores al trasplante.

Una técnica con potencial

Los investigadores consideran que el caso demuestra tanto el potencial de los xenotrasplantes como los aspectos que todavía necesitan mejoras para que puedan utilizarse como una solución puente en pacientes que esperan un órgano humano. "Sabemos que la mejor opción terapéutica para los pacientes con enfermedad renal en fase terminal que han desarrollado insuficiencia renal es el trasplante, pero sencillamente no disponemos de suficientes órganos humanos para realizar trasplantes a tiempo", ha señalado Leonardo Riella, del Mass General Brigham, en un comunicado. La propuesta del equipo pasa por utilizar inicialmente estos órganos para evitar o reducir la necesidad de diálisis mientras llega un riñón humano y, potencialmente, convertirlos en una alternativa definitiva a medida que "demostremos su seguridad y durabilidad a largo plazo, como terapia definitiva por derecho propio".

La posibilidad de que esta técnica termine convirtiéndose en una alternativa clínica también está siendo estudiada en España. "Los avances científicos y biotecnológicos de los últimos cinco años han puesto sobre la mesa la posibilidad de que los xenotrasplantes puedan ser una realidad clínica a medio-largo plazo", señalaba hace unos meses a este periódico Pablo Ramírez, jefe del Servicio de Cirugía General y Aparato Digestivo del Hospital Virgen de la Arrixaca, director científico del Instituto Murciano de Investigación Biosanitaria Pascual Parrilla de Murcia y uno de los investigadores españoles con más experiencia en xenotrasplantes. Su equipo ha solicitado autorización a la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) para realizar un ensayo clínico de xenotrasplante hepático con un cerdo modificado genéticamente en pacientes que estén muriéndose por una hepatitis fulminante y no dispongan de un donante humano.

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