Seguir el escrutinio de las elecciones desde el primer momento es algo que hace ya varios años que le resulta divertido a este cronista, sobre todo si está plácidamente tomando una cerveza con amigos en un bar, un domingo cualquiera. Incluso con fútbol, no hay problema. Y cuando digo desde el primer momento quiero que quede claro que es así, justo desde que los medios de comunicación dan el dato de ese incipiente 1 ó 2% escrutado, aunque todos sabemos que lo normal es que tenga poco que ver con el resultado final y que tanta pereza suele dar a los periodistas alrededor de una mesa en cualquier programa especial de TV.
Eso, exactamente eso, es lo que me parece tan entretenido hasta que los resultados, a medida que avanzan las mesa escrutadas, empiezan a encajar, más o menos (en este caso ‘menos que más’), con las encuestas que se han ido publicando en las últimas semanas.
Justo acababa de perder el ascenso el Xerez CD y Antoine Griezmann seguía, entre lágrimas, en el Metropolitano ya en modo ‘torero’, cuando comenzamos a seguir el resultado de las elecciones autonómicas de Andalucía, a ver esos resultados que, siempre ocurre, resultan desde el minuto uno tremendamente esperanzadores o frustrantes para las formaciones políticas.
El primer dato que veo este domingo electoral es al 2% de escrutinio y es inevitable pensar lo que daría el PSOE por obtener el resultado que en ese momento sale en todas las pantallas y lo duro que sería el mismo para el PP, ya que sus datos son de 38 y 43 parlamentarios, respectivamente, cuando tenían 30 y 58 cada uno en el Parlamento disuelto.
Claro, lo que entra en ese 2% son mesas generalmente de pueblos pequeños, en los que el PSOE continúa manteniendo cierto poder, no se trata de mesas de grandes ciudades. Vox tenía al 2% ni más ni menos que 19 (5 más) –la formación de extrema derecha está fuerte también en el campo de algunas provincias– pero ya se veían, por ejemplo, serios indicios de por dónde podía ir una de esas batallas secundarias que también se dirimen en todas las votaciones, como qué iba a ocurrir a la izquierda del PSOE, con Adelante Andalucía (AA) ya con 6 diputados y Por Andalucía con 3.
Seguimiento friki
La gracia de estos seguimientos, un tanto frikis, hay que reconocerlo, es precisamente, eso, ver dónde va a haber forzosamente cambios, esa falta de fortaleza del PSOE que no justifica que pueda mantener ese resultado, pero también detectar, olfatear casi, pequeñas debilidades –esos 43 escaños del PP ya desde el minuto uno parecían demasiado lejanos de los 55 que dan la mayoría absoluta– y ver cómo evolucionan más o menos hasta la mitad del recuento, que es cuando ya se sabe que la cosa no se va a mover de uno arriba o abajo en las formaciones pequeñas y cosa de dos en las de por arriba.
Al 15% del recuento el PP continuaba atascado en 48 escaños, lo que ya hacía ver, ahora definitivamente, que tenía un serio problema para reeditar la absoluta, con el PSOE ya bajando a 32, cerca de los 30 de partida y del resultado que le daban las encuestas. Vox bajando un poco y AA dejándole claro a Por Andalucía cual es la nueva izquierda hegemónica en la comunidad.
No vamos a aburrir a la lectora y al lector mucho más con este pequeño análisis, en realidad casi un juego, sobre la evolución de unas cifras que realmente al final es intrascendente si se tiene en cuenta lo que a partir de ahora se ventila (justo en el momento de escribir estas líneas el recuento va al 95%, todavía con los restos en varias provincias abierto).
Nos vamos a analizar las elecciones al 62% del escrutinio, casi a los dos tercios. Ahí ya, el PP estaba en 52 (poco después fue muy celebrado el 53), el PSOE clavado definitivamente en los 28, Vox celebrando los 17 que no fueron (todavía dos por arriba de su resultado) y Por Andalucía aún en 4, a la espera todavía de conseguir el 5, celebradísimo porque ya ven, ya saben, ustedes, que da grupo parlamentario…
Ah, para quienes se quieran sumar a esta especie de juego: lo mejor es siempre hacerlo en compañía de amigos… y si les interesa la política, pero con desapasionamiento, pues mejor.
Seguir el escrutinio de las elecciones desde el primer momento es algo que hace ya varios años que le resulta divertido a este cronista, sobre todo si está plácidamente tomando una cerveza con amigos en un bar, un domingo cualquiera. Incluso con fútbol, no hay problema. Y cuando digo desde el primer momento quiero que quede claro que es así, justo desde que los medios de comunicación dan el dato de ese incipiente 1 ó 2% escrutado, aunque todos sabemos que lo normal es que tenga poco que ver con el resultado final y que tanta pereza suele dar a los periodistas alrededor de una mesa en cualquier programa especial de TV.
Eso, exactamente eso, es lo que me parece tan entretenido hasta que los resultados, a medida que avanzan las mesa escrutadas, empiezan a encajar, más o menos (en este caso ‘menos que más’), con las encuestas que se han ido publicando en las últimas semanas.
Justo acababa de perder el ascenso el Xerez CD y Antoine Griezmann seguía, entre lágrimas, en el Metropolitano ya en modo ‘torero’, cuando comenzamos a seguir el resultado de las elecciones autonómicas de Andalucía, a ver esos resultados que, siempre ocurre, resultan desde el minuto uno tremendamente esperanzadores o frustrantes para las formaciones políticas.
El primer dato que veo este domingo electoral es al 2% de escrutinio y es inevitable pensar lo que daría el PSOE por obtener el resultado que en ese momento sale en todas las pantallas y lo duro que sería el mismo para el PP, ya que sus datos son de 38 y 43 parlamentarios, respectivamente, cuando tenían 30 y 58 cada uno en el Parlamento disuelto.
Claro, lo que entra en ese 2% son mesas generalmente de pueblos pequeños, en los que el PSOE continúa manteniendo cierto poder, no se trata de mesas de grandes ciudades. Vox tenía al 2% ni más ni menos que 19 (5 más) –la formación de extrema derecha está fuerte también en el campo de algunas provincias– pero ya se veían, por ejemplo, serios indicios de por dónde podía ir una de esas batallas secundarias que también se dirimen en todas las votaciones, como qué iba a ocurrir a la izquierda del PSOE, con Adelante Andalucía (AA) ya con 6 diputados y Por Andalucía con 3.
Seguimiento friki
La gracia de estos seguimientos, un tanto frikis, hay que reconocerlo, es precisamente, eso, ver dónde va a haber forzosamente cambios, esa falta de fortaleza del PSOE que no justifica que pueda mantener ese resultado, pero también detectar, olfatear casi, pequeñas debilidades –esos 43 escaños del PP ya desde el minuto uno parecían demasiado lejanos de los 55 que dan la mayoría absoluta– y ver cómo evolucionan más o menos hasta la mitad del recuento, que es cuando ya se sabe que la cosa no se va a mover de uno arriba o abajo en las formaciones pequeñas y cosa de dos en las de por arriba.
Al 15% del recuento el PP continuaba atascado en 48 escaños, lo que ya hacía ver, ahora definitivamente, que tenía un serio problema para reeditar la absoluta, con el PSOE ya bajando a 32, cerca de los 30 de partida y del resultado que le daban las encuestas. Vox bajando un poco y AA dejándole claro a Por Andalucía cual es la nueva izquierda hegemónica en la comunidad.
No vamos a aburrir a la lectora y al lector mucho más con este pequeño análisis, en realidad casi un juego, sobre la evolución de unas cifras que realmente al final es intrascendente si se tiene en cuenta lo que a partir de ahora se ventila (justo en el momento de escribir estas líneas el recuento va al 95%, todavía con los restos en varias provincias abierto).
Nos vamos a analizar las elecciones al 62% del escrutinio, casi a los dos tercios. Ahí ya, el PP estaba en 52 (poco después fue muy celebrado el 53), el PSOE clavado definitivamente en los 28, Vox celebrando los 17 que no fueron (todavía dos por arriba de su resultado) y Por Andalucía aún en 4, a la espera todavía de conseguir el 5, celebradísimo porque ya ven, ya saben, ustedes, que da grupo parlamentario…
Ah, para quienes se quieran sumar a esta especie de juego: lo mejor es siempre hacerlo en compañía de amigos… y si les interesa la política, pero con desapasionamiento, pues mejor.
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