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Los desaparecidos en Nepal son ya cerca de 1.300 tras confirmarse 165 muertes: el colapso de un glaciar, la causa del desastre

El gigantesco trozo de hielo se desprendió sobre un cauce, generando una riada de agua y barro que resultó devastadora

  • El momento en que la riada llega a una población arrasando con todo.

El balance de la devastadora riada registrada entre Nepal y el Tíbet continúa empeorando. Las autoridades elevan ya a 165 el número de fallecidos, de los que 162 corresponden a Nepal y otros tres al territorio tibetano, mientras los equipos de emergencia siguen intentando acceder a las áreas más castigadas. Los responsables de las operaciones temen que la cifra aumente. La situación es todavía más incierta en torno a los desaparecidos. Cerca de 1.500 personas siguen sin localizar, entre ellas al menos 800 extranjeros. Los recuentos disponibles contabilizan 826 desaparecidos en Nepal y otros 558 en el Tíbet, aunque las autoridades advierten de que ambas listas podrían contener duplicidades, especialmente entre viajeros que estaban cruzando la frontera. Dos españoles permanecen también sin localizar.

Buena parte de los desaparecidos son peregrinos y turistas internacionales que se encontraban estos días en una zona especialmente concurrida por las celebraciones religiosas vinculadas a Kailash Mansarovar y otros enclaves sagrados del Himalaya. También se busca a miembros de las fuerzas de seguridad, funcionarios de aduanas y trabajadores de proyectos hidroeléctricos. Mientras avanzan las búsquedas, comienza a aclararse qué pudo provocar la catástrofe. La primera hipótesis apuntó a un terremoto, pero el Servicio Geológico de Estados Unidos descartó posteriormente esta posibilidad. La señal detectada por los sismógrafos correspondía en realidad al enorme desplazamiento de hielo y tierra.

Los análisis señalan ahora a un gran colapso glaciar seguido de un flujo de escombros. Una importante masa de hielo y roca se habría desprendido a unos 5.200 metros de altitud, cayendo alrededor de 1.200 metros hasta alcanzar el río Lhende. A partir de ahí, el material habría arrastrado una enorme corriente de agua, barro, rocas y sedimentos valle abajo. Los expertos también estudian si los escombros pudieron bloquear temporalmente el río, formando una presa natural que después cedió de manera repentina. Las lluvias recientes y el posible vaciado de un lago glaciar son otras posibilidades abiertas. Por ahora, no puede determinarse si el cambio climático tuvo una influencia directa.

China mantiene evacuadas preventivamente a 369 personas ante el riesgo de nuevos desprendimientos, mientras Nepal asegura que no existen indicios de otra gran riada inminente. Helicópteros, drones, equipos caninos y miles de efectivos continúan trabajando, aunque las carreteras destruidas y los cortes de comunicaciones dificultan todavía las operaciones de rescate.

 

El balance de la devastadora riada registrada entre Nepal y el Tíbet continúa empeorando. Las autoridades elevan ya a 165 el número de fallecidos, de los que 162 corresponden a Nepal y otros tres al territorio tibetano, mientras los equipos de emergencia siguen intentando acceder a las áreas más castigadas. Los responsables de las operaciones temen que la cifra aumente. La situación es todavía más incierta en torno a los desaparecidos. Cerca de 1.500 personas siguen sin localizar, entre ellas al menos 800 extranjeros. Los recuentos disponibles contabilizan 826 desaparecidos en Nepal y otros 558 en el Tíbet, aunque las autoridades advierten de que ambas listas podrían contener duplicidades, especialmente entre viajeros que estaban cruzando la frontera. Dos españoles permanecen también sin localizar.

Buena parte de los desaparecidos son peregrinos y turistas internacionales que se encontraban estos días en una zona especialmente concurrida por las celebraciones religiosas vinculadas a Kailash Mansarovar y otros enclaves sagrados del Himalaya. También se busca a miembros de las fuerzas de seguridad, funcionarios de aduanas y trabajadores de proyectos hidroeléctricos. Mientras avanzan las búsquedas, comienza a aclararse qué pudo provocar la catástrofe. La primera hipótesis apuntó a un terremoto, pero el Servicio Geológico de Estados Unidos descartó posteriormente esta posibilidad. La señal detectada por los sismógrafos correspondía en realidad al enorme desplazamiento de hielo y tierra.

Los análisis señalan ahora a un gran colapso glaciar seguido de un flujo de escombros. Una importante masa de hielo y roca se habría desprendido a unos 5.200 metros de altitud, cayendo alrededor de 1.200 metros hasta alcanzar el río Lhende. A partir de ahí, el material habría arrastrado una enorme corriente de agua, barro, rocas y sedimentos valle abajo. Los expertos también estudian si los escombros pudieron bloquear temporalmente el río, formando una presa natural que después cedió de manera repentina. Las lluvias recientes y el posible vaciado de un lago glaciar son otras posibilidades abiertas. Por ahora, no puede determinarse si el cambio climático tuvo una influencia directa.

China mantiene evacuadas preventivamente a 369 personas ante el riesgo de nuevos desprendimientos, mientras Nepal asegura que no existen indicios de otra gran riada inminente. Helicópteros, drones, equipos caninos y miles de efectivos continúan trabajando, aunque las carreteras destruidas y los cortes de comunicaciones dificultan todavía las operaciones de rescate.

 

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