Un templo del guiso y del tapeo en pleno barrio de San Miguel

Luis Carlos López, propietario de la Abacería Cruz Vieja, sacando vino fino de una bota. FOTO: MANU GARCÍA.
Luis Carlos López, propietario de la Abacería Cruz Vieja, sacando vino fino de una bota. FOTO: MANU GARCÍA.

Ya no es Casa Julio, como fue conocido durante años, ni casa Félix, como se llamaba hace un siglo. No se sabe con certeza cuándo abrió, en el número 2 de la conocida actualmente como calle Ramón de Cala, uno de los almacenes más conocidos de Jerez. La familia Villegas regentó durante mucho tiempo un ultramarinos en el que se vendía desde manteca colorá a garbanzos, sin olvidar los arencones o el "jamoncito bueno", tal y como hace mención su actual propietario, Luis Carlos López, que hereda el negocio diseñado por su socio Fernando Íñigo.

Este abulense aficado en Jerez, que ya abrió otro establecimiento de referencia en la Bahía, La Cañita de Jerez y de El Puerto de Santa María, regenta hoy la Abacería Cruz Vieja, en el que pone de manifiesto un concepto propio al que llama agrohostelería: acoplarse a las tradiciones y los gustos de la gente del lugar adaptadas a cada temporada del año. "Al sur siempre han venido los montañeses (cántabros) a montar los almacenes", comenta Carlos mientras señala los muebles de madera del antiguo ultramarinos, que aún conserva. "La casa es de 1830 y aunque no conocemos cuántos años se llevó el almacén sí que sabemos que era uno de los más refinados de Jerez", explica sobre una enorme superficie circular de cristal. Bajo sus pies, una tinaja. "Cuando se hizo la obra aparecieron hasta cartillas de racionamiento", comenta. "Esos peones (peonzas) son de cuando yo era pequeño, tienen más de 50 años".

La abacería Cruz Vieja. FOTO: MANU GARCÍA.

La reforma del local, que tuvo lugar en 2006, la hizo el que fuera hasta hace un año su socio, Fernando Íñigo, que se fijó en el concepto de las abacerías convertidas en negocios de hostelería. El antiguo almacén se transformó. "Fernando conservó todas las maderas, pero antes todo era liso, picó, se puso piedra natural reutilizada y se colocó este suelo". Una reforma "tradicional" que también trascendió al ámbito decorativo. Sobre unas estanterías, una serie de juguetes antiguos, entre los que se encuentran un pequeño carrusel y hasta cajas de música con luces incluidas, que se ponen en marcha de forma mágica. "Mira cómo gira", dice. Sobre sus pies, la tinaja también tiene su truco.

No tienen plancha ni tienen freidora, pero tienen a Daniel Soto Berberana que prepara un ajo caliente que vuela en la barra. "De toda la vida", señala Dani. Carlos asiente. De unas botas incrustadas en uno de los muros laterales del establecimiento, el propietario saca un poco de vino fino. Al otro lado, nos enseña una antigua ventana que, a modo de puerta se cierra, y se abre. Una recreación de la utilizada antiguamente para aplastar los arencones en un papel de estraza con objeto de poder desmenuzarlos.

Dani prepara un ajo caliente en la Abacería Cruz Vieja. FOTO: MANU GARCÍA.

"No sé si hago bien en definirlo así, pero lo que quiero decir con agrohostelería, que es lo que vengo haciendo desde que estoy en Jerez, es al fin y al cabo acoplarnos a lo que nos da esta tierra", comenta. La Abacería Cruz Vieja es un templo al guiso y la carta se centra en la tapa. "El objetivo es que la gente pruebe de todo". Y hacerlo, como no podía ser de otra forma, en un lugar lleno de historia en pleno barrio de San Miguel.

"Ahora hemos metido carrillá, riñones al jerez, garbanzos con langostinos, latas de conserva... las cosas de aquí y de forma auténtica, como el jamón al corte, que hay pocos sitios buenos que lo ofertan a precios normales", añade. El establecimiento reúne tanto a foráneos como parroquianos sin distinción, una mezcla que Carlos reconoce que no siempre es fácil. "Explicarle a un guiri lo que es la sangre con tomate es complicado", ríe. Sin embargo, parece que lo va consiguiendo y que hasta los turistas repiten. "Ahora quiero meter ternera y caldereta de cordero, que es de mi tierra, pero mejor poco a poco", asegura el hostelero, natural de Cantiveros, una pequeña población de 150 habitantes de La Moraña, en Ávila. A su lado, pasa el pintor jerezano Enrique Montes y se apoya en una de las puertas. Carlos le saluda. "Es uno de los personajes más habituales de nuestra Abacería". Acto seguido, hace lo propio un guitarrista japonés más flamenco que tiene la ciudad. Otros días es Paco Cepero el que hace acto de presencia. La Cruz Vieja en estado puro bebe y come de una abacería jerezana que se torna universal.

Abacería Cruz Vieja abre todos los días a las 08.00h para desayunos y para tapeo al mediodía y la noche. Los fines de semana abre a las 09.00h.

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