'Rewilding'

Este término anglosajón, de nuevo otro anglicismo, llega con pretensión de imponer normas, modos y objetivos, se refiere a aquellas técnicas que conducen a la repoblación de fauna y flora salvaje de un lugar

Artículo de opinión de Antonio Aguilera sobre 'rewilding'.
Artículo de opinión de Antonio Aguilera sobre 'rewilding'.

Rewilding, o cómo esperar a que todo sea un desastre para empezar a reconstruirlo desde cero, y de paso, convertirse en héroes.

Este término anglosajón, de nuevo otro anglicismo, llega con pretensión de imponer normas, modos y objetivos, se refiere a aquellas técnicas que conducen a la repoblación de fauna y flora salvaje de un lugar. Aquellos que defienden el método, definen el rewilding como “dejar que la naturaleza recupere su estado salvaje”.

Existe un claro mensaje comercial en el término, una llamada a las generaciones que han nutrido sus conciencias en los documentales de Wild Life, una llamada a la gente que, atosigada por un ambiente demasiado antropizado, clama por una escapada a un espacio natural, alcanzando el éxtasis cuando pueden contar aquello de “era como si no hubiese pisado nunca antes el hombre”. Porque a eso es a lo que apela el rewilding, recuperar los equilibrios que existían antes de que apareciese la mano, y con ello, el impacto de la raza humana.

Diversas entidades se están lanzando a proyectos de rewilding, sacando las banderas de especies emblemáticas. Algunos pretenden recuperar especies extintas a partir de su ADN. Si, suena mucho a Jurasic Park, cada día que pasa es menos descabellada la idea.

Existe un factor clave en los proyectos de rewilding: la disponibilidad de grandes espacios de terreno con mínima incidencia humana, esto es, zonas despobladas. Así se puede trabajar en ellas de forma más libre y decidida. Gracias al gravísimo problema del despoblamiento rural, ciertas entidades están promoviendo rewilding en España. En sus argumentos incluyen que en la zona existe menos población por kilómetro cuadrado que en Siberia o Mongolia. Diciendo esto quieren conseguir financiación y permisos; y a medio plazo, visitantes a sus parques, claro.

Es el gran talón de Aquiles del rewilding, con independencia de otros objetivos loables y beneficiosos, estos proyectos necesitan que todo haya acabado en desastre para ponerlos en marcha. A pesar de ello, se erigirán en salvadores de comarcas y territorios, esos que ya no tiene nadie que los quiera, que los habite, que los cultive.

Para recuperar especies relictas o extintas, mientras otras, que nos acompañan en nuestro territorio hoy, van camino de lo mismo sin que pongamos el máximo empeño en protegerlas. Antes que los uros, o los dientes de sable, tenemos el objetivo de lograr que la gente pueda seguir viviendo dignamente en su territorio, en su pueblo, y con ellos, los sisones, los trigueros, los escribanos hortelanos, los aguiluchos cenizos, las martas, las garduñas, el abejorro confuso, los tritones, la cigüeña negra, la tortuga mora, el camaleón, la foca monje, el urogallo, la víbora hocicuda, el desmán, el murciélago patudo…

Todo o nada suele ser un mal planteamiento. El reto no es que el hombre se concentre en unos determinados lugares y deje que la naturaleza fluya, lejos de sus malos influjos, en algunos otros. No. Por lo que debemos trabajar es por la integración, por lograr vivir y prosperar como sociedad sin que ello implique arrasar con tantas cosas. Hacia donde debemos dirigirnos es a aprovechar la ciencia y la tecnología para lograr que cada uno viva y trabaje donde desee y que todos, con independencia de donde estemos y a lo que nos dediquemos, aportemos a la vida en el conjunto del planeta, el que nos sostiene, asumamos nuestra responsabilidad de forma diaria, de forma indirecta. Entendiendo que progreso no es lo mismo que crecimiento, que la riqueza no es para acapararla sino para distribuirla, comprometiéndonos con el territorio, que no es más que devolver al sistema una parte de todo lo que nos da.

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