Afortunadamente, ya terminaron las vacaciones de Navidad. Se acabaron los encuentros, las comidas, las cartas a los Reyes Magos, los regalos, la organización, la carga mental, la mediación en conflictos familiares y por fin las criaturas vuelven a la rutina de sus centros escolares. Más allá de las visiones románticas en torno a esta época del año, lo cierto es que esas semanas nos pueden llegar a resultar muy largas y estresantes a muchas mujeres. Muchísimo. Porque las vacaciones de nuestras familias ya sean en invierno o en verano, salen adelante con demasiada frecuencia a costa de nuestro trabajo, dedicación y energía. Cuando los demás pasan el tiempo disfrutando, siempre hay al menos una mujer detrás que está al borde de un ataque de nervios. Sonriendo, pero al borde de reventar como un triquitraque.
Durante las Navidades, el mecanismo de la familia tradicional impuesta por el heteropatriarcado cobra vida de forma especial. Con la celebración de La Familia llegan y se afianzan las relaciones de opresión que nos someten a las mujeres. Es entonces cuando el mecanismo de La Familia se pone a funcionar como un gran engranaje que dispone todas las piezas en su lugar exacto. Nosotras, como todo el mundo, sabemos de sobra cuál es el puesto que nos ha sido otorgado (proveer, servir, mediar, sonreír), y no es momento para intentar cambiarlo. No es momento para quejarnos y montar un lío. No es momento para relajarnos. No es momento para pedir igualdad. No es momento para paralizar el pesado y gigantesco engranaje. Definitivamente, estas fiestas no son nuestro mejor momento del año. Es lo que tiene la explotación.
Las vacaciones suelen tener naturalmente momentos felices, pero son estresantes. Y no solo son estresantes. También nos ponen en peligro. Durante los primeros 11 días de este año 2026, tres mujeres ha sido asesinadas en el Estado, una en Las Palmas de Gran Canaria y otras dos aquí mismo, en Quesada (Jaén) y en Olvera (Cádiz). Y es cierto: en verano, en torno a Navidad y en las vacaciones en general se produce un incremento de los asesinatos, principalmente en verano. Durante el año recién pasado 2025, en solo los tres meses de verano se cometieron casi la mitad de los feminicidios registrados hasta septiembre. En el mismo periodo de 2024, también fueron asesinadas 19 mujeres. Y eso no es todo. Estudios a nivel mundial han analizado cómo los grandes eventos deportivos incrementan la violencia contra las mujeres por parte de sus parejas. Si pierde su equipo, pierdes tú también. ¿Os suena?
En Andalucía, tenemos datos escalofriantes. Somos la comunidad con más asesinadas en 2025, con un total de 14 mujeres, y el comienzo de 2026 ha sido sobrecogedor. Mientras esta terrible realidad nos atraviesa y amenaza de forma cotidiana a las mujeres, el gobierno de la Junta de Andalucía, viviendo en la irrealidad de su propio mundo de privilegios, deja para la lucha contra la violencia de género un presupuesto ridículo e indignante que ni habla de lucha, ni de protección, ni de prevención, ni de formación, ni de concienciación. Un presupuesto y unas intenciones que más parecen una concesión a la extrema derecha, rancia y negacionista. Su plan es dejarnos totalmente desprotegidas.
Y yo me pregunto qué pasaría si, ante todo esto que nos hacen quienes gobiernan y quienes no gobiernan, las mujeres sacáramos la verdadera rabia que llevamos dentro. Desde muy pequeña, me di cuenta de que la rabia no era mía. Quiero decir que, en mi casa y en casa de mis amigas, quien se enfadaba era siempre el padre, quien tenía el poder exclusivo de cabrearse y tensionar la casa era el padre y lo ejercía cuando a él le parecía. Luego, fui viendo que quienes pueden gritar y ordenar son los hombres. Los que demuestran su rabia en el fútbol. Los que se permiten la violencia en peleas. Definitivamente, aprendí que ellos tenían y creen tener aún hoy el monopolio de la rabia. ¿Y las mujeres qué? A las mujeres, tradicionalmente se nos ha enseñado a sentir culpa, lástima o incluso a perdonar, pero nadie nos enseña la rabia. Y amigas: estoy convencida de que con la penita no llegamos muy lejos. La pena te arrastra, mientras que la rabia te empuja a luchar. La pena te anula, pero la rabia te hierve por dentro. La pena te deja sin salidas, la rabia te mueve a la acción.
En palabras de Ana Requena, “la ausencia de rabia en las mujeres es muy funcional para el sistema”. El feminismo lleva décadas defendiendo que la rabia es liberadora. Yo estoy de acuerdo en que, tras tantos siglos de opresión, las mujeres ya nos hemos ganado con creces el derecho a sacar la rabia y a enseñar a nuestras niñas a enfadarse. Ya nos va tocando también a nosotras. Para empezar, la rabia nos debe llevar a expresarnos. Dejar el silencio. Podemos alzar la voz y exigir nuestros derechos, podemos contar en voz alta nuestros relatos secretos de violencia, podemos organizarnos, manifestarnos y señalar y denunciar el negacionismo de la violencia de género. Ojo: también tenemos derecho a discutir en Navidad y enfadarnos en verano. Y quizá así nos escuchen y podamos empezar a negociar con los hombres de igual a igual un sistema en el que nos respeten y nos dejen vivir tranquilas. La rabia va a sernos muy útil, vecinas. No consintamos que nos la quiten. Que la rabia sea nuestra.


