Sara, una joven de 17 años natural de la pequeña localidad navarra de Cintruénigo, se ha convertido en la última víctima mortal de la violencia escolar. La familia ha denunciado que la joven no pudo soportar la situación tras haber sido víctima de acoso durante varios años en el instituto de la localidad, una presión que, según han señalado, terminó por desbordarla.
Según el entorno familiar, la violencia no se limitó al ámbito académico, sino que se trasladó también fuera de las aulas. Durante el presente curso, Sara ya no acudía al centro escolar, un dato que, de acuerdo con su familia, evidencia que el acoso había trascendido el espacio educativo y afectaba de forma constante a su vida cotidiana.
El mensaje institucional y el alegato de la familia contra el acoso
Desde el Ayuntamiento de Cintruénigo han trasladado su más sincero pésame a la familia y a los amigos de la joven "en estos momentos tan difíciles e incomprensibles". Asimismo, han manifestado su más firme repulsa y absoluto rechazo ante cualquier forma de acoso o bullying, al que han definido como "una conducta inadmisible que no tiene cabida en nuestra sociedad".
El alcalde del municipio, Óscar Bea, ha destacado que "Sara recibía acoso escolar desde hace años, lo ha ido sufriendo y compartiendo con la familia. Aunque haya protocolos contra el acoso escolar, no han funcionado, Navarra no está preparada para este tipo de casos"
Durante el funeral de Sara, su tía ha leído un texto en el que ha manifestado que "algunos lo tenemos más difícil, pero cuando por fin lo conseguimos, entendemos que todo ha merecido la pena. Porque un hijo es amor, es esperanza, es vida. Pero qué duro es que te lo arrebaten. Porque a Sara nos la han arrebatado. No ha sido una enfermedad inevitable. No ha sido el destino. Ha sido el bullying, una violencia real que ocurre dentro y fuera del entorno educativo y que provoca heridas que no se ven, pero que duelen".
La familia ha incluido también una referencia directa al ciberacoso, al afirmar: "Ciberacoso, ¿os suena también? Qué fácil es hacer daño detrás de una pantalla. Qué fácil es escribir desde un móvil sin medir las consecuencias, qué cobardes". En la reflexión familiar han apuntado que "no todos soportamos el dolor físico de la misma manera. Cada persona tiene un umbral distinto para el sufrimiento físico. Y lo mismo ocurre con el dolor psicológico. Un dolor que, además, transforma por dentro, que afecta a la mente, a la autoestima, a la forma de verse y de sentirse en el mundo". Del mismo modo, han realizado un llamamiento directo a la responsabilidad colectiva: "Padres, educadores, instituciones: tenemos que parar esto. No son 'cosas de críos'. Son actos que destruyen vidas".
También han reclamado más medios para la atención en salud mental al señalar: "A los servicios sanitarios de salud mental les pedimos más recursos, más preparación, más presencia. Es una realidad que crece cada día y que necesita respuestas urgentes, no podemos esperar". Por último, han concluido con un compromiso de memoria y conciencia social: "Hoy despedimos a Sara con el corazón destrozado, pero también con el compromiso de que su nombre no se apague en el silencio. Que su historia sirva para despertar conciencias. Que su ausencia nos obligue a actuar. Porque ningún niño, ninguna niña, debería sentirse solo. Y ningunos padres deberían enterrar a su hija por culpa del acoso. Sara, por si nadie te lo ha dicho aparte de tu familia... eres guapa, lista, inteligente... eres maravillosa... Siempre vivirás en nosotros".





