Pacto federal como alternativa al trumpismo y el régimen del 78

Rufián en una imagen de archivo
08 de febrero de 2026 a las 21:11h

La iniciativa de Gabriel Rufián parece lo que es, un simple movimiento táctico para amparar la supervivencia del PSOE como pilar del régimen y tapón de transformaciones que lo superen democráticamente. En el fondo del anuncio no subyace ninguna pulsión profunda. La tarea de fondo de la izquierda es la necesidad de articular un Pacto entre Pueblos que rompa los candados del Régimen del 78. Para que este pacto no sea un brindis al sol, requiere de un motor político con verdadera visión de Estado y convicción republicana plurinacional.

Durante décadas, la estabilidad del Estado se ha cimentado sobre un pacto de élites. Un acuerdo tácito entre las burguesías y oligarquías económicas de Madrid, Cataluña y Euskadi que, bajo diferentes banderas, comparten un mismo objetivo: mantener el statu quo que garantice sus beneficios mientras las clases populares pagan la factura. Ese "pacto de los despachos" es el que ha mantenido al Régimen del 78, ahora con necesidad de la respiración asistida que, en apariencia puede prestarle el corto alcance de la propuesta abanderada por Gabriel Rufián.

Superar este marco implica romper con esa geometría donde se intercambiaba gobernabilidad en Madrid por privilegios económicos que jamás goteaban hacia abajo. Desde luego es necesario, a fin de una alternativa creíble y viable, un pacto que no tenga su epicentro político en la capital. Es hora de policentrismo periférico y de que el diálogo fluya de forma horizontal entre los pueblos del estado, reconociendo una realidad plurinacional que el actual marco jurídico trata de encorsetar asfixiando cualquier opción política que no comulgue con las ruedas de molino del sistema de reparto nacido en el 78. ¿Acaso ese policentrismo periférico no puede llevar ya el nombre de con-federalismo?

Para que este nuevo contrato social sea viable, el liderazgo debe recaer en las fuerzas de la izquierda transformadora con la capacidad de dirección de Estado necesaria para vertebrar el acuerdo territorial. La convicción republicana no es solo estética, sino una propuesta de ordenación del país que entiende la pluralidad como una fortaleza y no como una amenaza.

Para que esta transformación sea real, el pacto entre pueblos y su traducción técnica y estratégica, debe forjarse al margen del PSOE no inducido por él, ya que, este, siempre actúa, en última instancia, como el principal guardián del régimen cuando este se ve amenazado. El PSOE es el gestor de la "unidad de destino" del 78, y cualquier pacto supeditado a sus intereses terminará en farsa.

Frente a la unidad electoral cosmética de la izquierda tradicional y frente al centralismo con epicentro en Madrid del PSOE, se abre paso la necesidad de un bloque histórico plurinacional. Un bloque donde la izquierda transformadora, honrada y valiente aporte su capacidad de incidencia estatal y su empuje republicano, y donde las izquierdas territorializadas aporten su visión identitaria y sus demandas de soberanía y equidad territorial.

La soberanía no es solo el derecho a decidir sobre la estructura del Estado; es el derecho a decidir sobre cómo se quiere vivir. Y eso solo será posible si se rompen las amarras con un régimen que premia la especulación y castiga los derechos democráticos. Si la izquierda transformadora es capaz de articular este pacto, liderado por fuerzas con voluntad de ruptura y capacidad de gestión, estaremos ante el principio del fin de un ciclo agotado. Es el momento de la política de las manos tendidas entre iguales, para construir, por fin, un pacto federal entre pueblos libres.