El domingo 8 Aragón va a las urnas. Las encuestas dan una victoria holgada para el PP, una importante subida para Vox y un (nuevo) descalabro para el PSOE. El escenario es bastante similar a lo ocurrido recientemente en las elecciones extremeñas en lo que puede establecerse como extrapolación nacional, salvo en lo que se refiere a la presencia de distintas fuerzas regionalistas –Chunta, PAR y Teruel (Aragón) Existe– que podrían obtener representación.
Esto significa, básicamente, que el PP gana, pero no alcanza la mayoría absoluta, por lo que necesitaría de algún tipo de acuerdo con Vox para gobernar; la formación de ultraderecha sigue en notable crecimiento y, lo que es igual de importante, siendo imprescindible para que el PP gobierne, mientras que el PSOE continúa en caída libre, en lo que podría definirse como un momento disociado entre lo que es el partido nacional y sus 'brazos' autonómico, muy lejos de comenzar a reestablecerse tras las (parciales) elecciones autonómicas de 2023.
En números, según la encuesta preelectoral llevada a cabo por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), el PP se mueve en torno a una horquilla de 25 a 29 escaños; el PSOE se quedaría entre 17 y 23 escaños y Vox obtendría de 10 y 13. Hay que insistir en que se trata de datos del CIS, en tanto en cuanto esta institución pública siempre barre a favor de los socialistas en sus sondeos.
El PSOE no ha encontrado, en ningún momento, algún tipo de revulsivo que ofrecer a su electorado en Aragón. La designación de Pilar Alegría, exministra de Educación y Deportes, además de portavoz del Gobierno, no ha despegado en ningún momento, ni tampoco los socialistas han encontrado a lo largo de la campaña ningún tipo de argumento con el que contrarrestar el auge de la derecha y volver a conquistar el gobierno de la comunidad que perdió realmente hace muy poco, ya que Javier Lambán (fallecido el pasado año) fue presidente hasta 2023.
Si el PSOE no encuentra el camino para volver a ganar y gobernar Aragón, el PP afronta de nuevo el fielato de afrontar el problema-solución que le supone la fortaleza de Vox. Por seguir con el paradigma de Extremadura, cuando todo indicaba que la formación ultra estaba en disposición de entrar en el gobierno autonómico y facilitar la elección de la señora Guardiola, han surgido nuevos problemas que dejan en el aire incluso posibilidad de acudir de nuevo a las urnas. Si las encuestas se confirman, el panorama al que parece abocado el PP aragonés para formar gobierno es bastante similar a lo ocurrido en Extremadura, con la posibilidad de que, en cualquier momento haya factores externos que mediaticen cualquier acuerdo (o la aplicación del mismo una vez alcanzado).
Por lo que se refiere al PSOE ya en clave estrictamente nacional, hay que recordar que Aragón es la segunda de las cuatro citas autonómicas que van a mediatizar la política en los primeros sies meses. A la espera de ver si los malos pronósticos para Aragón se cumplen, hay que recordar los malos resultados obtenidos en la primera piedra de toque, Extremadura, y las dos otras que vendrán, Castilla-León y Andalucía, en las que tampoco se espera, en absoluto, que el partido resucite.
Es más, cada vez más fuentes del partido estiman que habría que hacer algo más para que los potenciales electores socialistas no se queden en casa y, lo que es más significativo, crece la opinión en el partido de que “se nos ha ido de las manos” la estrategia llevada a cabo de apoyar a Vox (en la medida en que se puede decir eso en un partido socialista) para debilitar al PP, una estrategia que podría tener sentido estratégico de inicio pero que evidentemente tiene una cara B que también pasa factura.
Bien, las urnas las auténticas soberanas hablan el domingo...


