De visita a Conil

No es que el alcalde haya salvado –por ahora- la temporada turística de Conil, sino que le ha quitado un terrible dolor de cabeza a la  autoridad civil competente

Las imágenes que indignaron a Conil.
Las imágenes que indignaron a Conil.

Hoy por hoy no se entiende muy bien por qué a determinados viajes de fin de curso (o de Semana Santa) se les sigue llamando “viajes de estudios”. A ver, privilegiados históricos aparte, es perfectamente sabido que el uso de esta expresión despega en los años 70 y 80 del siglo pasado, cuando buena parte de la población accedió al menos a la enseñanza secundaria, aunque por entonces la costumbre era ir a algún sitio que diera algún tipo de coartada medianamente artística (o así) a la excursión planificada por la chavalería.

La semana pasada, durante una pequeña estancia en Conil, me enteré de que en la localidad el virus estaba desatado y que, entre otros, se habían producido del orden de 60 contagios (ayer, releyendo sobre el tema, me enteré de que el número ya iba por 100) en una excursión juvenil procedente de Granada… tema que sin duda me parece digno de interés –no ya los contagios, sino la mera excursión- para su análisis por parte de las autoridades civiles e incluso académicas competentes, es decir, cómo se puede convencer a unos padres de la idoneidad de un viaje de estudios, digamos, inverso: cómo se sale de una ciudad monumental como Granada hacia un municipio eminentemente playero como Conil para hacer un ‘viaje de estudios’. Que oye, que también hay que ver la torre de Guzmán, la Casa del Conde de las Cinco Torres y el Museo de Raíces Conileñas, aunque en hora y media ya estés tirado en la arena de los Bateles… y eso incluyendo cervecita en el Bar Andaluz, cervecería conocida, por cierto, entre muchos jerezanos habituales de Conil como la ‘guardería’, tanto por el tamaño como por el colorido de sus mesas y sillas.

Volviendo al trayecto Granada-Conil… Vaya, que no cuela. Y ya ven que no se ha hecho mención a que el viaje –éste viaje, cualquiera- se ha producido en tiempos de pandemia, que allá cada uno con su responsabilidad. Tampoco me refiero al instinto de persuasión de mozalbetes y rapazas para conseguir Conil como destino del viaje, estoy hablando de la evidente rendición a tal fin de los padres e incluso de los enseñantes-acompañantes, caso de que los hubiere. Que queréis Conil… como si queréis Ibiza. Ah, que ya lo habéis mirado. Que es muy caro. Pues hale, Conil. Y cada uno a lo suyo.

En Marca Acme nunca se moraliza, aunque los chavales deberían saber que no han engañado a sus padres… precisamente porque fueron ellos los que en su día, más o menos, sí engañaron a los suyos (que también habría que ver). Chicos y chicas, vuestros padres y madres saben perfectamente de qué va este juego porque fueron ellos los que pusieron las nuevas normas cuando estos viajes se popularizaron y dejó de disimularse yendo más bien a destiempo a Atenas o a París (e incluso a Granada, qué cosas). Es como cuando vosotros mismos fuisteis hace unos años, de pre-adolescentes, a Madrid… ¿a ver qué? ¿El Prado? ¿El Palacio Real? El Escorial? ¿A una escapada a Toledo o Segovia? No, hombre, no, fuisteis a ver El Rey León y algunos cogisteis también la visita al Santiago Bernabéu, en lo que, sin duda alguna, fue el preámbulo de este viaje de estudios a Conil, visita que, de repente, cobra todo su significado.

Aunque, como de costumbre, puede que este cronista se esté equivocando y una vez más esté escribiendo un artículo de oídas, que también. Puede ser que al referirnos a todos estos estudiantes que se contagiaron de covid –y a los que deseamos una feliz recuperación, por supuesto- no estemos hablando de incipientes amantes de francachelas nocturnas, sino de futuros historiadores que pretendían conocer en Conil más detalles sobre “la Frontera”, ese apellido de origen medieval de varias localidades que avisaba precisamente de la inmediata presencia del Reino de Granada; es posible incluso que se trate de futuras ingenieras de distintas disciplinas interesadas en conocer de primera mano el saneamiento y retranqueado de los acantilados de la playa Fuente del Gallo o cómo surgió y se gestiona el cercano Pinar de la Breña (Caños de Meca); de biólogos, o incluso antropólogos, interesados en temas pesqueros, incluidas las almadrabas… o, finalmente, economistas en ciernes comenzando a analizar el denominado ‘Fenómeno 3,5 euros' o cómo te cobran en un chiringuito de playa tres pavos y medio por un tercio de Cruzpi (como dice mi amiga Rosa) y la misma cantidad ¡por una copita de ‘Tío Pepe’! en un restaurante con más pretensiones que certidumbres y se quedan tan pichis (datos empíricos recogidos y, en su caso, debidamente abonados por este cronista… aquí sí que no hay nada de oídas), como si Conil se hubiera convertido de repente, ahora sí, en la Ibiza de Cádiz.

Por último, no se puede acabar un artículo sobre el Conil actual sin referirse a su alcalde. No es solo que hayan triunfado ante la Junta las tesis de Juan Bermúdez de que no se pueden relacionar los contagios con la población estricta del censo, lo que obviaría que Conil más que triplica su población en verano; no es que haya salvado –por ahora- la temporada turística de la localidad cuyos destinos rige, sino que le ha quitado un terrible dolor de cabeza a la  autoridad civil competente, que le ha comprado de inmediato sus tesis, ahorrándose así poner en práctica un hipotético confinamiento de Conil en plena temporada turística, con todas las consecuencias que dicha decisión tendría para los hoteles, bares, restaurantes, chiringuitos, sus trabajadores y, claro está, los turistas entrantes, los salientes y las miles de reservas a futuros que a buen seguro hay. Un lío, éste sí, inimaginable, y no el de todos estos chavales granadinos de viaje de estudios en la arena de los Bateles o la Fontanilla…

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