Hubo un año, a este cronista no le viene a la cabeza el motivo, en que los palcos de Semana Santa se quitaron casi de un día para otro. Vale, sí, es una exageración, como cuando se dice que algo "ha crecido exponencialmente" o que "el pan se ha quedado como una piedra"... son simples formas de hablar. Ese año puede que, en efecto, no se quitaran los palcos de un día para otro, pero si fue cosa de "dos días para otro", por seguir jugando con la frase.
Recuerdo también otro año que, no se qué pasó –puede incluso que fuera a causa de algún capricho de la trinidad que forma el calendario de las Fiestas de Primavera de Jerez, ya saben, Semana Santa, Motos y Feria del Caballo... si dejamos fuera la ruta de los caracoles y similares– en que un poco más y a algún motero le da por hacer el caballito entre los palcos. Sí, puede que fuera eso, una Semana Santa tardía, unas Motos programadas lo mismo un finde antes, algún problemilla de coordinación municipal... y ya la tienes liada.
No es ni va a ser el caso, pero es cierto que este año hay cierto run-run en la calle con la retirada de los palcos. Con su retraso, claro. El tráfico se normalizó en Cristina el jueves y, en el momento de escribir estas líneas todavía quedan islotes de palcos en la propia Alameda de Cristina, en la plaza del Arenal, al comienzo de la calle Larga o en la Asunción. En realidad, en algunas de estas zonas no molestan, al contrario. Por ejemplo, a los guías turísticos la presencia de estos tablones les da para explicar de qué se trata e introducir en su recorrido habitual alguna anécdota de equis Cristo o Virgen más o menos real (la anécdota), más o menos apócrifa, para admiración y entretenimiento de los turistas que han solicitado sus servicios...
Lo que pasa es que estas cosas, si están mucho tiempo a la intemperie, terminan por deteriorarse. Es ley de vida. Y no lo digo por el sol, el viento, la lluvia, etc. Lo digo precisamente por los usos alternos que rápidamente el personal, sobre todo la chiquillería, le encuentra a este tipo de infraestructuras, pese a la era digital. Este cronista tiene un ejemplo de lo que ocurrió hace muchos años en un pueblo de Castilla, de cuyo nombre no quiere acordarse, con una de esas plazas de toros portátil que se instalan para las fiestas patronales. Ese fue el caso, pero una vez terminadas las corridas de toros y los encierros (que los había y sigue habiéndolos), la propiedad, por motivos absolutamente desconocidos, decidió dejar allí la plaza, tal y como estaba, durante varios meses: los que no hay temporada de toros en España. Lo que se encontró ese hombre allá por marzo, cuando fue a llevarse 'su' plaza... en fin: allí, los de cierta (por escasa) edad iban a jugar al escondite o al rescate; en el ruedo se desarrollo una especie de fútbol circular en el que valía el rebote en las tablas y que era francamente entretenido y, por supuesto, más de una pareja de adolescentes consumó la llamada del amor entre gradas y burladeros, al fin y a la postre no tan diferentes de los palcos semanasanteros, por dar ideas...
Que nada, que un poco de ánimo al Ayuntamiento, que total, que hoy hace una semana que salió el Santo Entierro y que, total, si decide dejar algunos de estos palcos en el centro de la ciudad todo el año, así, como a modo de muestra, para gozo y disfrute de los turistas y de las nuevas generaciones, que tampoco pasa nada: eso sí, el uso alternati está garantizado...


