En las autonómicas de 2015 el PSOE obtuvo 26.690 votos en Granada y 29.360 sufragios en Jerez —con Juan Pedro Crisol como socialista jerezano figurando como noveno en la candidatura de la provincia—. En aquellos comicios los socialistas ganaron las elecciones con más de 1,4 millones de votos y 47 parlamentarios. El PP obtuvo 33.
Tres años después, Susana Díaz decidió no pasar por Jerez en su campaña electoral —el jerezano mejor colocado en su lista por Cádiz iba el 13, Benjamín Guerrero— y los resultados volvieron a ser elocuentes: 21.171 votos en Granada capital (por detrás de PP y Cs) y 19.905 papeletas en Jerez, donde ganó Ciudadanos (el PSOE fue segunda fuerza por unos 3.000 votos de diferencia con el PP).
En las últimas autonómicas, el PSOE de Jerez se quedó sin representación en unas listas a las elecciones andaluzas por primera vez en democracia. Ni puestos de salida, ni nada. Cero. Arrasó el PP: 41.854 votos frente al suelo de 19.320 papeletas que obtuvieron los socialistas. De nuevo en Granada barrió el PP —53.123 votos— frente a los 22.543 sufragios que obtuvo la candidatura del PSOE-A. Hablamos de Granada y Jerez porque son ciudades que, pese a las diferencias —Granada es capital de provincia y tiene varios miles de habitantes más que Jerez—, guardan históricamente para los socialistas muchas similitudes en cuanto al comportamiento electoral del censo.
Del 4 a la irrelevancia total
Hasta la tarde de este viernes, Jerez volvía a tener protagonismo en una candidatura del PSOE al Parlamento andaluz. Tras el comité director, el puesto 4, que Jerez había amarrado después de la ejecutiva provincial para Laura Álvarez, pasó a ser para la sanluqueña Irene García, quedando relegada la agrupación socialista jerezana de nuevo a un puesto de irrelevancia, el sexto en la lista.
En un escenario optimista, el PSOE-A obtendrá cuatro parlamentarios en la circunscripción gaditana, lo que envía un mensaje claro a la agrupación jerezana: se ha borrado toda posibilidad de que Jerez vuelva a tener representación socialista en el Parlamento andaluz tras más de 20 años de ausencia.
No hablamos de un municipio cualquiera, sino de un municipio con un peso histórico importantísimo para lo que fue el granero electoral del PSOE en España y un municipio que es el más poblado de la provincia de Cádiz y el quinto en población en Andalucía. María Jesús Montero sabrá por qué ha tomado la decisión de este viernes, pero de alguna manera ya ha empezado a cavar la tumba de sus ya de por sí escasas opciones electorales en poco más de un mes.
"Hay decisiones políticas que parecen menores, casi administrativas, pero que en realidad determinan el éxito o el fracaso electoral. La confección de las listas es una de ellas. Y en el caso del PSOE en Jerez de la Frontera, la evidencia acumulada durante décadas apunta en una dirección muy clara: cuando el partido pierde conexión local, pierde votos; cuando la refuerza, los recupera”, argumentaba en la noche de este viernes un histórico socialista jerezano tras el enésimo mazazo del partido a la agrupación jerezana.
"Todo el mundo pensaba que Nando (Fernando López Gil) pasaría a ser número 1 en detrimento de Cornejo (Juan, secretario de Organización del PSOE de Cádiz), no que Jerez iba a ser una vez más la agraviada", han remarcado otros socialistas jerezanos, que no daban crédito a un giro de guion que ha cogido a toda la agrupación desprevenida. "Aquí no va a pegar nadie ni un cartel, es tremendo el agravio una vez más", lamentaban otros, masticando un enfado mayúsculo.
De 38.000 votos a poco más de 19.000
Los datos son contundentes. En las primeras elecciones autonómicas, el PSOE llegó a movilizar en Jerez cerca de 38.000 votos. En las últimas elecciones andaluzas, esa cifra cayó a poco más de 19.000 —Juanma Moreno asegura que su mayoría absoluta se moverá en una horquilla de 15.000 papeletas—. No hablamos de un retroceso menor, sino de la pérdida de aproximadamente la mitad del electorado. Y lo más relevante: esa caída ha sido más intensa que en muchas capitales andaluzas.
¿Dónde se han ido esos votos? No todos han cambiado de ideología. Una parte significativa ha optado por la abstención o se ha dispersado entre distintas opciones de izquierda. Es decir, no es un voto perdido definitivamente: es un voto desmovilizado. Aquí es donde entra el factor que el PSOE no puede seguir ignorando: el peso del arraigo local.
Jerez no es Sevilla ni Málaga. No es una capital donde el voto esté más estructurado por dinámicas mediáticas o de partido. Es una gran ciudad, sí, pero con un comportamiento electoral mucho más cercano al de las ciudades medias: la proximidad, el conocimiento y la identificación con el candidato importan —y mucho—.
"Cuando el PSOE presenta candidatos desconocidos en la ciudad, procedentes de otras localidades menos pobladas, lanza un mensaje implícito devastador: Jerez no es una prioridad. Y el electorado responde en consecuencia. No con grandes trasvases ideológicos, sino con algo más silencioso y peligroso: la desmovilización", aseguran fuentes con muchas horas de vuelo entre la militancia socialista. Y añaden: "Por el contrario, apostar por candidatos de Jerez en puestos de salida tiene un efecto inmediato y medible. Activa redes sociales y políticas locales, refuerza la identificación del votante con la candidatura y transmite la idea de que la ciudad cuenta. No es una cuestión simbólica: es una herramienta directa de movilización electoral".
La diferencia potencial no es pequeña. Si el PSOE lograra recuperar solo una parte del voto perdido —pongamos entre 10.000 y 15.000 votantes—, el cambio en el resultado sería sustancial. Y esa recuperación no depende únicamente del discurso político o del contexto autonómico. Depende, en gran medida, de decisiones concretas como quién encabeza y ocupa los puestos clave de la lista. "Insistir en candidatos ajenos a la ciudad, poco conocidos o sin implantación local —añaden las referidas fuentes—, no es neutral: es una estrategia que ya ha demostrado su ineficacia. En un escenario de competencia creciente y fragmentación del voto, no movilizar equivale a perder".
"El PSOE tiene aún una base electoral en Jerez. Los datos históricos lo demuestran. Pero esa base necesita ser reactivada, y eso no se consigue solo con siglas. Se consigue con personas reconocibles, con trayectoria en la ciudad, con capacidad de generar cercanía y confianza. En política, como en tantas otras cosas, lo local importa. Y en Jerez, importa mucho. Ignorarlo no es solo un error estratégico. Es, a estas alturas, un lujo que el PSOE no puede permitirse".
Pero Montero ya ha decidido. Como a nivel mediático, donde a menudo el sevillanocetrismo equivale al madridcentrismo —gente que parece saber mucho pero que toca de oídas y no tiene ni idea de qué se cuece en los territorios—, la nueva lideresa del PSOE andaluz ha caído en la misma trampa que Espadas y la Susana de 2018. Más que el principio del fin, el que todo cambie para que nada cambie en la larga travesía del desierto en la comunidad más poblada de España. Y de nuevo con Jerez como kilómetro cero. Qué error, qué inmenso error de bulto.




