Las inundaciones de la vega del río Guadalete, en plena la campiña de Jerez, son algo recurrente, que sucede cada cuatro o cinco años en su versión light y cada quince o veinte en lo que podríamos llamar su versión dura. Por eso, también desde hace décadas, hay unas zonas, absolutamente definidas, que se consideran inundables y que, pese a ello, tienen un importante número de viviendas. Algunas son históricas, otras son de hace unos días. Con las que son de toda la vida, bueno, qué se le va a hacer, no vas a dejar a la gente sin vivienda –a ver qué Administración pública se atreve–, pero el problema, el gran problema de fondo, es que se sigue construyendo: hay tanto vivienda de nueva planta como algunas ‘reformas’ que, en cuestión de semanas, convierten lo que era poco más que un chamizo servía para almacenar distintos aperos de labranza en una auténtica residencia. Ah, y sin perder de vista las viviendas prefabricadas, que también han aparecido en los últimos años, que pueden contemplarse como una solución parcial al problema de la vivienda existente en las grandes ciudades… pero que, según su ubicación, pueden convertirse en otro.
Esto es así, tan así, que está tasado y, si no, lean este titular de Paco Sánchez Múgica en lavozdelsur.es: “las casas en zonas inundables del Jerez rural crecen un 57% en diez años: 259 edificaciones más”. Se trata de un dato concluyente del problema que existe y que, como tantas cosas cuando hablamos de ‘lo público’ en España, no se quiere ver y salta a la luz cuando vienen mal dadas.
La conclusión solo puede ser una: se está construyendo a plena luz del día en sitios donde no se debería construir y es imposible que las Administraciones no lo sepan. Magallanes, la Greduela, Las Pachecas, El Portalillo… la proliferación de nuevas viviendas irregulares a la vista de todos. Que probablemente en algunos casos se levanten actas, se abran expedientes, se envíen notificaciones e incluso, como último acto, multas, pero nada de eso sirve si al final se han construido la vivienda, porque parar la construcción es una cosa y su derribo es otra.
Y hay que insistir en que detrás de estas viviendas hay gente, gente que tiene problemáticas sociales muy distintas… incluso gente que no tiene ninguna problemática: sabe perfectamente dónde está la vivienda y la tiene de segunda residencia; o sabe perfectamente dónde está pero piensa que nunca le va a pasar a él o ella, que eso son cosas de los periódicos y las televisiones e incluso quién sabe dónde está y lo asume porque lo que quiere es vivir en el campo por un precio módico, con sus perros, sus gallinas y su huerto, a quince minutos de Jerez. Y esto es así, porque todos conocemos casos de personas que encajan en alguno de estos tipos.
Por lo demás, hay que reconocer que la organización cuando se produce esta desgracia ha mejorado mucho en los últimos años: vía Cecop la compenetración entre las distintas Administraciones es mucho más efectiva y, además, es un hecho que se cuenta con más medios… y un conocimiento de un año para otro que también ayuda, de los errores se aprende, vaya si se aprende. Se trabaja con una gran prevención, antes era todo más a las bravas. Lo que no queda tan claro es si cabe hablar de compenetración cuando se habla de la Confederación Hidrográfica, que da la sensación de que se rige por sus propios protocolos a la hora de desembalsar agua (a partir de alcanzar equis capacidad en las infraestructuras que gestiona, agua va), avisando, sin duda, de que lo va a hacer, pero sin medir o ponderar esa actuación en el tiempo, teniendo en cuenta pronósticos o lo que se esté viviendo ya en la cuenca baja (léase campiña de Jerez), porque, al fin y al cabo, no es de su competencia.
Pero que les voy a decir. En realidad, todo esto es muy español: ya saben el refrán de Santa Bárbara y cuando truena. Pues eso…



