Alumbrado extraordinario de la Feria del Caballo, en una pasada edición. FOTO: MANU GARCÍA
Alumbrado extraordinario de la Feria del Caballo, en una pasada edición. FOTO: MANU GARCÍA

En los últimos días se han producido en Jerez una serie de noticias, declaraciones y afirmaciones dispersas que implícitamente tiene que ver sobre el futuro de la pandemia y que tal ven convendría agrupar para darles un significado completo. 

Así, han sido varias las noticias que han aparecido acerca de la Semana Santa, desde que hace cosa de un mes el gobierno municipal de Jerez trasladara todo su apoyo a las cofradías para que vuelvan a salir a las calles (siempre y cuando se cuente con el beneplácito de la Junta de Andalucía y de las autoridades eclesiásticas, claro está). A partir de esa fecha se han producido distintos testimonios en el mundillo cofrade con el denominador común de lo impensable que resultaría un tercer año sin hermandades en la calle, para terminar, ya en clave política, con la constatación de que las obras que se van a desarrollar en el Arroyo y su entorno –las que corresponden a la Junta- no van a estar listas para Semana Santa, así, sin matizar, al menos no en lo que en prensa escrita se llama la ‘letra gorda’, que siempre, siempre se está –se estaría- hablando en caso de que la pandemia lo permita.

El debate público sobre la celebración de la Feria del Caballo ha sido tal vez lo más llamativo. Desde que se dieran a conocer que las fechas elegidas por el gobierno municipal iban del 7 al 14 del próximo mes de mayo, se ha producido una sucesión de réplicas y contrarréplicas entre el propio gobierno municipal y caseteros y feriantes acerca de la idoneidad de dichas fechas, al coincidir el primer sábado de Jerez con el último de la Feria de Abril de Sevilla. Y ya.

Poca o nula mención en Jerez a un “ya veremos” a causa de la pandemia, algo que no sucede en Sevilla, donde sí se está hablando de si hay que ir a un modelo distinto de Feria, que a este cronista no se le ocurre cual podría ser. El otro día, en compañía de un grupo de amigos también con serias adicciones a la Feria, empezamos a hablar de cómo podría ser esa fiesta en pandemia, para dejarlo justo al borde de la distopía: control de entrada en el recinto ferial debido a la necesidad de mantener un aforo; entrada por horas, que se controlarán con el correspondiente anillado tipo festival; control de la temperatura, caballos incluidos (total, si se va a tomar la temperatura a más de un asno, por qué no a los caballos); números clausus también en las casetas; zona de baile restringida a los que acrediten ‘nivel dios’ (y hablamos solo de sevillanas y bulerías, claro, nada de pachangueo ni reguetón). En fin… para qué seguir. Si es imposible pensar en medidas de control razonables en la Feria que, al fin y al cabo, se desarrolla en un recinto cerrado, qué decir de la Semana Santa… directamente es que ni me atrevo a hablar de la calle Tornería.

Como en casi toda Andalucía, Semana Santa y Feria del Caballo son los dos acontecimientos que marcan el calendario festivo de Jerez, pero también se han producido distintas novedades y comentarios sobre otras citas importantes, caso del Salón Vinoble –certamen, este sí, que podría realizarse sin demasiados problemas al mover siempre, incluso en ‘tiempos de paz’, un volumen de gente predeterminado y en un espacio acotado y susceptible de ser ‘bien defendido’ como es el Alcázar- para el que se habla de finales de mayo de 2022, que muy bien… e incluso sobre las zambombas navideñas (no pienso que las Fiestas de la Vendimia, en curso, sirvan para establecer conclusiones en este sentido) que, sin duda, serán una primera piedra de toque a corto plazo sobre el manejo de multitudes en momentos festivos para las autoridades correspondientes y el manejo de la propia responsabilidad, no lo olvidemos.

No sabemos qué ocurrirá en el corto-medio plazo. El doctor Simón, sin ir más lejos, hablaba el otro día de qué no se puede descartar que haya una sexta ola (y más), pero que en cualquier caso estaríamos hablando de otra cosa debido a las vacunas. Lo que es cierto es que las ganas de volver a lo que se da en llamar una vida normal –sea exactamente lo que sea eso para cada uno- y disfrutar de las fiestas hace que nos estemos olvidando de los ‘considerandos’ que forzosamente las acompañan y que, a buen seguro, se van a mantener todavía por un tiempo y que se endurecerán o aflojarán en función de cómo evolucione la pandemia…  

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