La vida pasa y la llama se apaga

Sebastián Chilla.

Sebastián Chilla

Graduado en Historia por la Universidad de Sevilla. En la actualidad, curso Antropología Social y Cultural por la UNED y el Máster de Profesorado en la Universidad de Granada. Cuento historias y junto letras en lavozdelsur.es desde 2015. 

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En España siguen habiendo en la actualidad más de 180 desahucios al día. Sin embargo, ¿a ellos quién los rescata? El pasado domingo disfruté, literalmente, “como un niño chico” viendo Versión Española en La 2. Son tantas cosas que difícilmente puede uno describir las sensaciones que aparecen cuando desmenuzas otra vez, trocito a trocito, Techo y comida. Me cuesta creer que estén a punto de hacerse dos años de su estreno. Y más me cuesta saber que poco ha cambiado la situación desde entonces. Cayetana Guillén Cuervo, a quien admiro profundamente como actriz y en su papel en Versión Española, donde posibilita unas fantásticas tertulias, lo puntualizó: en España siguen habiendo en la actualidad más de 180 desahucios al día. Sin embargo, ¿a ellos quién los rescata? Ver a Juan Miguel del Castillo con Natalia de Molina en Versión Española ha sido una auténtica maravilla y le recomiendo, a quien no haya visto el coloquio, hacerlo... eso sí, preferiblemente tras haber visto de nuevo Techo y comida. Y si las has visto ya... no te preocupes, disfrútala de nuevo, que Techo y comida no cansa, es al revés. Sumérgete en ella, observa cada gesto de Natalia de Molina en el papel de Rocío, madre soltera con un niño “chico”, Adrián, el jerezano Jaime López, con el que protagoniza una actuación que te hace ver el cine de otra forma. Su mundo, el de la vergüenza, el de llevar la necesidad por dentro, es el día a día de gran parte de nuestro pueblo. En un entorno singular... por barrios de Jerez como La Granja, La Asunción o San Telmo, Rocío busca una salida. Parte de esa mayoría silenciosa que acepta, sin alternativa, el tupperware de la vecina de arriba (qué decir del papel de Mariana Cordero... espectacular también), y a la que “pisan el grito los cobardes”. Técnica y dramáticamente, la obra es un relato social a lo “Ken Loach”, como el mismo Juan Miguel se autodescribió, en la que nuestro Jerez más llano, la Andalucía que sufre, padece y lucha continuamente por su supervivencia, son los protagonistas. Héroes en busca de la dignidad que ofrece tener un trabajo con el que buscarse las papas en un mundo que no regala nada a nadie y que cuando lo hace es bajo el prisma de la caridad y el asistencialismo que te sitúa en el universo de “los otros”. Un drama que es real, que poco tiene de ficción y en el que todos jugamos un papel sin saberlo. Un casero que no puede pagar sus deudas porque tú no puedes pagarle el alquiler. Una interrelación de problemas que deberían poner en jaque mate el pacto social pero que, sin embargo, discurre en miles y miles de hogares que no tienen tiempo ni siquiera para plantearse que son parte de un sistema cruel e inhumano. Una cadena de necesidades que se mueve por unos titiriteros con oscuros intereses en el que el 99% ni pincha ni corta. Nadie puede discutir que Techo y comida ha conseguido llevar a la gran pantalla una realidad silenciada y ocultada con un gran éxito. Lo avalan numerosos premios: desde el premio de mejor actriz y también del público del Festival de Málaga, hasta el Goya de mejor actriz para Natalia de Molina, la encarnación del “nido de la vergüenza”, y las dos nominaciones en esta gala, los Óscar del cine español, una para Juan Miguel del Castillo, como director novel y otra para una banda sonora que, lamentablemente, se ha pasado por alto. Y es que si bien, como ha dicho ya Juan Miguel, también en Versión Española, en Techo y comida es protagonista un silencio real, el filme cierra con el cante (o mejor plegaria) de la desesperación. Una desesperación que no pudo haber sido mejor compuesta ni interpretada. Porque la vida pasa, la llama se apaga y sí... las puertas siguen estando cerradas.

En mi carne, el nido de la vergüenza, la mugre de las uñas que avarician, astillas de mi naufragio, los cortes de los ojos que me miran

Mi boca es la herida, la misma plegaria sin alas, el grito que me pisan los cobardes Ya olvidé los besos, sonrisas y el amor en las palabras

Mi manos heladas, las puertas cerradas, voy por los caminos de un mundo sin alas, mendigo al abrigo, pido las migajas

Y la vida pasa... La llama se apaga

BSO TECHO Y COMIDA Letra: Miguel Carabante Música: Daniel Quiñones y Diego Pozo Voz: Malena de Mateo Trompeta: David Strike Teclado: Ernesto Marín Percusiones: Manuel Morillas (palmero) y Rafael Ramos (palmero y caja flamenca) Producción musical: Daniel Quiñones Técnico sonido: Lele Leiva (timbales y técnico sonido) Grabado en los estudios LELE SOUND de Jerez

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