Jerez, 2031: una imagen pixelada y un episodio esperpéntico

El esperpento del primer Viernes Flamenco, aplazado dos horas antes por una supuesta normativa que limita los decibelios, se completa el pasado sábado con seis conciertos en el Astoria que sí pudieron llevarse a cabo. El camino hacia la Capitalidad se vuelve tortuoso, las cosas de empezar la casa por el tejado

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Paco Sánchez Múgica

Periodista, licenciado en Comunicación por la Universidad de Sevilla, máster de Urbanismo en el IPE. Antes en Grupo Joly (2004-2012), Desde 2014 soy socio fundador y director de lavozdelsur.es. Miembro de número de la Cátedra de Flamencología; colaboro en Guía Repsol; y coordino la comunicación de la Asociación de Festivales Flamencos. Socio de la Federación Española de Periodistas (FAPE).

Jerez, 2031: una imagen pixelada y un episodio esperpéntico. En la imagen, Javier Pizarro, alcalde de Alcalá, y Paco Camas, delegado de Cultura, en una imagen difundida por el Ayuntamiento de Jerez este lunes.
Jerez, 2031: una imagen pixelada y un episodio esperpéntico. En la imagen, Javier Pizarro, alcalde de Alcalá, y Paco Camas, delegado de Cultura, en una imagen difundida por el Ayuntamiento de Jerez este lunes.

Nos han vendido hasta la saciedad que lo importante de la legítima aspiración de Jerez a optar a la Capitalidad Cultural Europea en 2031 no es tanto el hecho en sí de lograr esa designación como el camino a recorrer hasta 2025, fecha en la que se decidirá la ciudad elegida (con Granada con muchos cuerpos por delante del resto de candidatas). Sucede en cambio que el camino está siendo tortuoso, sin que invite al más mínimo entusiasmo ni optimismo entre propios y extraños.

Al margen del paseo del rollup y las chapas de la candidatura por la feria Fitur del año pasado y, de manera recurrente, por los más insospechados pequeños y grandes municipios de la provincia, aparentando cierto aire de candidatura provincial en el postulado que defiende Jerez, la realidad es un poco penosa. Ni siquiera esos actos vacíos de contenido en ayuntamientos cercanos (a poder ser del mismo signo, con la excepción honrosa de la capital gaditana) se cuidan. Las imágenes que se envían a los medios están en bajísima resolución, casi pixelada (como pueden ver en la imagen que se adjunta), los textos de las notas casi se reeditan cambiando de nombre el municipio de turno, dan sensación de soledad y tristeza a la hora de vender la persecución de este sueño que, aun plausible, es poco menos que increíble visto lo visto.

El empecinamiento en construir la casa por el tejado está llegando a unos límites sonrojantes. Lo último en esta errática aspiración a Capital Cultural Europea, dentro de una década, ha sido el episodio del primer Viernes Flamenco, un formato ya de por sí agotado en una programación de verano seca en ideas, un quiero y no puedo un año más, que ha empezado con una situación casi, casi surrealista: la suspensión de un concierto dos horas antes de empezar alegando unos problemas de sonido en los que nadie reparó en la prueba de sonido de esa misma mañana, el pasado viernes. Menos mal que el objetivo de internacionalizar el flamenco de Jerez está en dique seco porque si vienen turistas con todo planificado y dos horas antes se quedan con la puerta cerrada a cal y canto ya sería de juzgado de guardia.

Ni siquiera esos actos vacíos de contenido en ayuntamientos cercanos (a poder ser del mismo signo, con la excepción honrosa de la capital gaditana) se cuidan

El PP ha pedido responsabilidades, ha pedido una comisión en pleno sobre este asunto, pero no parece que nadie vaya a responder si es cierto que esta normativa ya se aplica desde hace más de un año. El Ayuntamiento insiste en que hay una normativa modificada por la Junta que impide alcanzar los decibelios que iban a sonar en los jardines de La Atalaya, pero al día siguiente, ni 24 horas después, el Ayuntamiento organizaba seis conciertos en el Cine Astoria, también rodeado de viviendas. ¿Entienden algo? Algo no nos están contando o nos están ocultando. Cosas incomprensibles en una ciudad aspirante a Capitalidad de la Cultura que pelea a estas alturas por abrir bibliotecas por las tardes, donde el fomento de la lectura brilla por su ausencia, donde el patrimonio se mantiene en el alambre, donde a nadie se le ocurre hacer un cine de verano estable en verano (214.000 habitantes), o donde las salas de exposiciones municipales tienen horarios tan sui generis como abrir tres horas por la mañana de lunes a viernes.

Recientemente se han inventado otro festival para aparentar que se hace algo, pero no se ha hecho balance sobre qué persigue realmente, el coste global y la rentabilidad social del mismo. Se ha contratado a una empresa canaria por casi 74.000 euros para que nos diga qué hacer con la cultura en Jerez, cuando ya hay un equipo técnico de no se sabe cuántas personas en nómina municipal, unos asesores y un delegado que debería llevar la batuta, escuchando más y fotografiándose menos. Y luego hay, por encima de todo, gente con muchas ganas de trabajar por la cultura, hasta desinteresadamente, en esta ciudad, pero a la que no se le está preguntando. Y mientras tanto, una imagen pixelada y un sonrojante numerito con el flamenco otra vez atropellado. “Cuánto irresponsable”, que diría don Manuel Morao.

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