Arroyo con márgenes recrecidas para evitar inundaciones.
Arroyo con márgenes recrecidas para evitar inundaciones.

Las cañas invaden día a día nuestros sedientos arroyos y ríos, ante la impasividad de los ciudadanos que no identifican como propio un espacio colonizado, sin posibilidad de esparcimiento público, minorante de biodiversidad, propensión a incendios, albergue de residuos urbanos y grandes consumidores de agua en silencio.

Antaño eran controladas por agricultores al suministrar tutores, cañas para soportes de tomates, guisantes y habichuelas, además de utilizarse en sombrajos y chiringuitos de playas. Estampa cada vez más difícil de ver, al no potenciar esas estructuras temporales que tanto empleo dan en montaje, desmontaje, y vistas distintas según época del año, y por tanto se acumulan cada vez más y más en el Dominio Público Hidráulico.

Las lluvias esporádicas y torrenciales hacen que el agua choque con fuerza ante esta barrera ultracompacta, provocando desbordamientos y propagación vegetal de estas, aguas abajo de multitud de trozos que arraigan por donde encuentran un suelo desnudo.

La limpieza con largos brazos mecánicos con carácter anual de arroyos y ríos afianzan el problema de la no gestión ni minimización de la erosión provocada por todavía malas prácticas agrícolas y de la no implantación de bosques de ribera con almeces, olmos, álamos, chopos, sauces y fresnos, grandes mantenedores a raya de cañas al darles sombra. Dotan de una velocidad no natural a la corriente de agua, además de trasladar un grave problema aguas abajo. ¿hasta dónde y cuándo limpiamos? El completo y anualmente no soluciona

Los cauces fluviales no son canales de hormigón, pues no tienen la misma finalidad ni razón de ser. Son anteriores y la funcionalidad está más que contrastada, los recuperamos o no tendremos dinero para limpiar la incapacidad de entender cómo funciona nuestro territorio.

Tememos las inundaciones de manera individual, recreciendo la cota natural del terreno con rellenos y ante ello, los vecinos proceden de manera idéntica. La administración competente intenta poner cordura si bien no se pueden tener policías de ríos y arroyos en todos y a cada momento, y sobre todo lo hecho, hecho está, consolidado pues.

El encajonamiento de cauces en ámbitos urbanos y en cercanías, conlleva una clara artificialidad en forma de verticalidad, impidiendo la accesibilidad, la transitabilidad, generando graves problemas de estabilidad y erosión in situ, con consecuencias aguas abajo, y desconectando a la sociedad de nuestros cursos fluviales.

Todo río y arroyo ha de tener su bosque de ribera que protejan taludes, que generan lugares de biodiversidad y de disfrute de la sociedad. Se fundamentan en sus raíces que se nutren del agua y del subalveo, garantizando su existencia y desarrollo. Ante tales subidas del nivel de los terrenos, se imposibilita que los árboles de ribera se comporten naturalmente como son, pasando a comportarse como especies de jardinería, de parques urbanos, dependientes de su riego por goteo automatizado.

El río pasa por mitad de mi nave o casa, es causa de la artificialidad causada en la cuenca hidrográfica o de la irresponsabilidad de la elección del emplazamiento, a sabiendas de su inundabilidad. Es más conveniente convivir y respetar el Dominio Público Hidráulico, velar por las llanuras de inundación temporales, conservar y restaurar los bosques de riberas y no reparar daños de inundaciones cada vez más cuantiosos y sin final.

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