Ricardo Arroyo, uno de los actores más queridos de La que se avecina, una de las series españolas más longevas, ha confesado que atraviesa uno de los momentos más complicados de su trayectoria personal y profesional. Tras años de éxito en la pantalla, el intérprete ha revelado su delicada situación sanitaria, marcada por un ingreso hospitalario que se prolonga ya durante casi dos años. Esta etapa de convalecencia ha puesto de manifiesto la fragilidad de la salud mental y física en el sector audiovisual, un entorno donde la presión del trabajo diario puede derivar en consecuencias severas.
Arroyo ha relatado, en una intervención telefónico con El tiempo es justo, cómo el ritmo frenético de los rodajes acabó por pasarle factura. Según el actor, el agotamiento extremo fue el detonante de su crisis, explicando que "me pudo el estrés. Llegó un momento que dije: hasta aquí". Este colapso le obligó a buscar asistencia profesional de forma inmediata, en un periplo médico que él mismo ha descrito con resignación, asegurando que "fui de urgencias y de una clínica pasé a otra, y luego a otra".
Las secuelas físicas y el elevado coste de su recuperación
El proceso de rehabilitación está resultando lento y costoso para el veterano intérprete, quien todavía lidia con importantes secuelas neurológicas y de movilidad. Arroyo ha precisado que su mayor reto actual es recuperar sus facultades cognitivas y el equilibrio, señalando que "para recuperarme me falta tener memoria. Tengo que andar con cuidado los pasos para que no me maree". Este cuadro clínico es, según su testimonio, el resultado de años de una rutina extenuante que incluía jornadas de trabajo interminables y poco descanso.
La factura económica de este largo proceso también supone una carga añadida para el actor, que ha detallado el impacto financiero que implica su estancia en centros especializados: "Llevo ingresado casi dos años. Voy pagando unos 3.000 euros al mes o algo así".
El aislamiento profesional y la soledad del actor
Más allá de los problemas de salud, Arroyo ha lamentado profundamente lo que considera un abandono por parte de quienes fueron sus colegas durante años. El intérprete ha confesado que apenas ha recibido muestras de interés por parte de sus compañeros de reparto, manifestando con amargura que "nadie se ha puesto en contacto conmigo. Cuando tienes popularidad o estás trabajando, eres la hostia; en cuanto desapareces del grupo, nadie se acuerda de ti".
Vicente Maroto, su personaje, se despidió definitivamente de los espectadores en la decimoquinta temporada de la serie. El icónico hombre cojín fallecía de un infarto en la ficción, dejando una nota que resumía el carácter de su papel: "Creo que por fin me está dando un infarto. Iba a escribir una nota de despedida, pero qué pereza".






