¿Están Francia y Europa de celebración?

Sebastián Chilla.

Sebastián Chilla

Graduado en Historia por la Universidad de Sevilla. En la actualidad, curso Antropología Social y Cultural por la UNED y el Máster de Profesorado en la Universidad de Granada. Cuento historias y junto letras en lavozdelsur.es desde 2015. 

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Que una candidata como Marine Le Pen con su Front National haya sacado más de 10 millones de votos (33,94%) no debe ser, en ningún caso, motivo de celebración.

Con más de 20 millones, algo más del 66% de los votos, Emmanuel Macron ha ganado la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas y será el nuevo presidente del país galo. A falta aún de las elecciones legislativas del próximo mes —parece que poco van a cambiar el panorama político del país—, los medios centran su atención en la celebración desacerbada tras la victoria de Macron. Las declaraciones denotan una opinión única: el pueblo francés ha elegido bien, ha elegido democracia. Pero, ¿es eso cierto? Y, ¿por cuánto tiempo?

Que una candidata como Marine Le Pen con su Front National haya sacado más de 10 millones de votos (33,94%) no debe ser, en ningún caso, motivo de celebración. Su padre, Jean-Marie Le Pen, sólo consiguió el 17,79% frente a Jacques Chirac en 2002. Es decir, 5 millones y medio de votos. La participación es otra de las cosas que llaman la atención en un país en el que la ciudadanía suele ir a las urnas. Pese a la llamada de Francia Insumisa a la abstención, que ha afectado considerablemente en el descenso de la participación en cinco puntos, la participación de la primera vuelta ya era menor que en 2012 y en 2007, concretamente 2 y 4 puntos porcentuales, respectivamente. Es decir, un 6% de los franceses ha dejado de ir a votar desde las últimas dos elecciones presidenciales francesas con las consecuencias en las que eso puede derivar.

Harina de otro costal es precisamente ese descrédito en el plano de los partidos políticos. Los medios hablan de populismo y señalan a los candidatos no vinculados al establishment como Le Pen o Mélenchon y hacen la vista gorda con el vencedor, Emmanuel Macron. El nuevo presidente de Francia ni es nuevo en política —continúa en el gobierno tras haber empezado con Hollande—, ni supone cambio alguno con sus precedentes. Como Ministro de Economía sacó la tijera y obedeció las políticas de austeridad de la UE —una de sus prioridades en esta legislatura es reducir el déficit—. Sin embargo, para la consecución de sus objetivos y la victoria en estas elecciones presidenciales ha configurado un nuevo sujeto político que lleva incluso las iniciales de su propio nombre: EM. En Marche! desbanca al tradicional bipartidismo de conservadores y socialistas a cambio de nada. ¿Cómo puede ganar las elecciones presidenciales de un país como Francia un partido político creado hace poco más de un año? ¿No hay cierto componente de populismo en su descafeinada candidatura?

La UE ha salvado los muebles pero los cambios que se viven en el plano político europeo van a continuar. La clase trabajadora pide respuestas ante la estafa que ha supuesto la crisis económica. Y si la Unión Europea no cambia su rumbo nos tememos algo peor para los próximos años. 2017 no es para los franceses “el año de la victoria de la democracia” como se ha llegado a decir en los medios, sino el punto de inflexión que marca un antes y un después en la política convencional, y que pone de manifiesto las consecuencias del neoliberalismo y el burocratismo europeo. Todos los candidatos ondean sus banderas de Francia pero algunas ondean más alto que otras. Los conceptos de patriotismo y nacionalismo son volubles en una UE que se hunde mientras la orquesta sigue tocando.

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