El año del Arqueológico

Francisco Romero

Francisco Romero

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla. Antes de terminar la carrera, empecé mi trayectoria, primero como becario y luego en plantilla, en Diario de Jerez. Con 25 años participé en la fundación de un periódico, El Independiente de Cádiz, que a pesar de su corta trayectoria obtuvo el Premio Andalucía de Periodismo en 2014 por la gran calidad de su suplemento dominical. Desde 2014 escribo en lavozdelsur.es, un periódico digital andaluz del que formé parte de su fundación, y con el que obtuve en 2019 una mención especial del Premio Cádiz de Periodismo.

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Esta ciudad acostumbrada a regodearse en sus miserias y fracasos a veces mira para otro lado o simplemente ningunea lo que funciona o trasciende más allá de La Parra. 2015 pasará a la historia, entre otras cosas, por ser el gran año del Museo Arqueológico de Jerez. Este ha sido además el año en el que la institución cultural cumplía 80 años abierta al público, efeméride que por supuesto ha pasado desapercibida para el conjunto de la sociedad jerezana y para sus gobernantes, y que ha sido celebrada en el seno de la entidad con un caudal de buenas noticias que no solo refuerzan su imagen sino que potencian en el exterior la maltratada ‘marca Jerez’.

Al margen de lograr el certificado de excelencia del portal Trip Advisor –la ‘Biblia’ de los turistas-, envió una de sus piezas estrella para ser expuesta en el Bellas Artes de Bilbao y consiguió que Google incluyese parte de su valioso catálogo en el ambicioso Project Art. Una iniciativa en la que participan más de medio millar de museos del mundo y solo 45 instituciones españolas. A todas estas grandes buenas nuevas se une la organización de un festival de música alternativa en uno de sus espacios singulares; la celebración de los Cursos de Otoño y de un congreso flamenco al máximo nivel; una intensa actividad expositiva; una puesta en común vecinal sobre qué casco antiguo queremos; y una oferta didáctica con todas las plazas cubiertas. Educación y formación, cultura, turismo y proyección exterior, empleo, políticas sociales. Un compendio de actividades y acontecimientos, en su mayoría desarrollados bajo una ardua labor callada, que alumbran el camino a seguir para la recuperación de la ciudad.

Como ya escribíamos hace algunos meses, el Museo Arqueológico marca casi sin querer la manida hoja de ruta de la que alardean todos los políticos sin que realmente tengan constancia de tal cosa. Jerez tiene la enésima oportunidad de regresar a sus orígenes, planificarse, y salir adelante tras años y años de depresión, fractura social y facturas políticas. El caso del valioso proyecto que dirige Rosalía González en la plaza del Mercado, en pleno alma de intramuros, es un grandísimo ejemplo no solo para vislumbrar qué oportunidad de futuro le espera a este municipio si se recupera el discernimiento y la lucidez, sino para evidenciar que no todo es dinero  y que la suma de todos es siempre más productiva que la división.

Después de abrir al público en 1935, en 1972 el museo se cerró. En 1983, con el primer ayuntamiento democrático -gobernado por un tripartito-, se dispuso su actual ubicación en San Mateo. Tras una profunda rehabilitación reabrió sus puertas en 1992. En 1997 pasa a formar parte del registro de museos de Andalucía. En 2005 volvió a cerrar sus puertas para acometer un proyecto de ampliación. Rodeado de dificultades, hasta de la peor época reciente que recuerda la ciudad, la de la orgía especulativa, supo el Arqueológico sacar provecho. Gracias al proyecto desterrado de la Ciudad del Flamenco y al boquete del parking subterráneo del Arenal aparecieron hallazgos increíbles que incluso reescribieron parte de la historia de la ciudad, según los expertos. Pacheco proyectó e impulsó la duplicación de la exposición; el gobierno de Pilar Sánchez buscó financiación; y a finales de 2012 la exalcaldesa Pelayo reinauguró el equipamiento tras haber logrado que participaran en la ampliación administraciones como la Diputación y el Gobierno central. Hubo problemas, conflictos, pero no importó el color político ni pesó quién se apuntaba finalmente el tanto. Quizás sea difícil encontrar en Jerez un ejemplo más nítido y simbólico de que haciendo las cosas bien esta ciudad tiene todo el futuro del mundo.

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