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El PP aprovecha estos días para darse baños de masas aquí y acullá. ¿Vamos al cielo con ella? Las encuestas son contundentes a nivel nacional y recuerdan a la voz del capataz: izquierda alante, derecha atrás. La alcaldesa retoma su pose mas fotogénica para dar su mejor perfil y esprintar en la recta final hacia las municipales. Veremos qué sucede con la Gürtel, pero parece que atrás quedó la época en la que desteñían las canas de tensión. Vuelve el rubio platino de la Pelayo mas sonriente y cercana. Aquella que pasa de las redes sociales porque no hay nada mejor que el puerta a puerta. Quién dijo Twitter. La que lo mismo da la mano a un niño que abraza entusiasmada a una señora mayor. Pero no se engañen. Es solo su pose de devoradora de votos, de animal político (sabe que en gestión jamás llegaría a la altura de Teófila -algún gaditano podría cuestionar lo anterior, seguro- pero sabe que su 'corto' bien podría alcanzar al de la cántabra alguna vez). No se engañen. Es la política al revés. La forma, la estética, antes que el fondo.

Genero problemas, caos si hace falta, los llevo al extremo, maquillo la situación y ahora parece que todo va a mejor. No se engañen. Jerez no ha mejorado nada en estos casi cuatro años de mandato popular. Las cañerías de la ciudad siguen con la misma podredumbre. Los problemas siguen siendo idénticos. Jerez ahora no es noticia negativa a nivel nacional e internacional. Estaría bueno, después de por ejemplo estirar 21 días una huelga de basuras que la ciudad tardará en olvidar y que se utilizó sin negociar para otros intereses; y de engordar la cuenta de los bancos con préstamos impagables. No ha habido sanación real, ni siquiera mejoría palpable. Solo parches para taponar todo lo mal que se hizo en etapas anteriores, donde por cierto también tuvo algo que ver en algún momento la propia Pelayo, y todo lo mal que se ha hecho en estos más de tres años.

En este tiempo los populares han querido hacer ver que la erradicación de la protesta era un síntoma de recuperación, de avance, de bienestar. Pero eliminar la bronca laboral, créannos, era tan fácil como eliminar a los sindicatos mas beligerantes, a los comités mas aguerridos, a quienes sacaban tambores, pitos, procesiones e incluso intimidaban con pintadas amenazadoras o con escraches en toda regla. Aunque todo eso haya costado más dinero y haya dejado a víctimas colaterales en el camino (víctimas políticas, también), les ha merecido la pena. Es el coste de la paz social, justificarán. Así y todo, muchos aseguran sin discusión que sigue sobrando gente en el Ayuntamiento, los mismos que hace más de una década preguntaban al primo, al cuñado o al tío a ver si eran capaces de colocarle en el Ayuntamiento.

Muchos jerezanos se preguntarán por qué ahora pagamos más por los autobuses si la gestión es directa o por qué se pagan más de 26.000 euros de sobresueldos al día a parte de la plantilla si le han privatizado el agua y le han subido el recibo, si no le bajan el IBI pese a que se lo prometieron, e incluso por qué se despidió a gente del Ayuntamiento para ahorrar y ahora parece que falta personal. No se engañen. El PP no ha mejorado nada. Ha gastado una millonada en publicidad y propaganda, incluida parte de la que dejaron sin pagar anteriores gobernantes, y ha montado eventos efectistas y capitalidades sin trascendencia para tratar de exportar una foto mejor de una ciudad cuya imagen se encargaron de machacar en la primera mitad de legislatura (ver entrevista de Pelayo en Intereconomía).

El PP en Jerez no tiene nada cuantificable que llevarse a la boca con lo que convencer al jerezano de que, aparte de sus meteduras de pata y mala gestión, debería olvidar a Rajoy y seguir dándole su confianza. Los datos económicos y sociales siguen siendo perros y eso no da para revalidar la mayoría absoluta. Por eso, nada mejor que seguir vendiendo humo. ¿Cómo? Seguir ofreciendo circo -que en Jerez básicamente es sinónimo de procesiones, más afición que devoción que diría José Luis Repeto- y convirtiendo lo ordinario en extraordinario. Un ejemplo: antes nos escandalizaba, y abochornaba incluso, que estuviésemos en condiciones laborales de mileurista. Hoy algunos darían un meñique por llegar a 1.000 euros al mes.

¿La situación es mejor? Evidentemente no. Se ha ido a peor aunque la sensación hoy es que si nos dan un trabajo, aunque sea en régimen de semiesclavitud, al menos estamos mejor que ayer. Algo similar ha ocurrido en Jerez, donde se celebra ahora que ya no haya cientos de trabajadores protestando en la calle o que ahora, justo ahora, salga un batallón de limpieza rumbo a las barriadas a dejarlas, al parecer, como una patena. Mientras, las colas de los  comedores sociales siguen siendo eternas, el paro vuelve a repuntar y hasta los autobuses urbanos tienen goteras. Triste metáfora de este gobierno local de sombra aquí y sombra allá, de cosmética, de sobreexposición pública, que navega mecido por el fuerte viento de la incompetencia y de las torpezas de malos consejeros.

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