Un cuerpo sin vida, con nombre, cara y nacionalidad -israelí- fue devuelto a su familia. Esta podrá realizar los ritos funerarios de su cultura y podrá recordarlo en un lugar cercano cuando desee. Eso está bien, todos tenemos derecho a que nuestros seres queridos fallecidos gocen de paz y cerrar poco a poco el duelo que nos pertenece. Lo que no está bien es que le neguemos ese derecho a los demás, en este caso a las familias palestinas, pero forma parte de la deshumanización a la que se somete al pueblo palestino.
Hacía tres semanas que Israel conocía el lugar donde estaba enterrado el último rehén, pero esperó al momento oportuno o fue presionado para no demorarse más. Para desenterrarlo realizó ataques aéreos con el fin de “despejar” la zona y movilizó tanques, drones, robots, mató a cuatro palestinos y removió doscientos cadáveres de un cementerio, a los que dejó tirados por allí apenas cubiertos de tierra cuando terminó. Hasta los fallecidos palestinos son deshumanizados, tratados como meros estorbos. Los restos del cadáver del rehén fueron extraídos cuidadosamente: tenía nombre, cara y nacionalidad -israelí-.
Bajo los millones de toneladas de escombros a que ha quedado reducida Gaza, yacen miles de palestinos sepultados -adultos, niños, ancianos-, cuya identidad probablemente nunca se sepa, sin embargo, tienen nombre y cara, pero no la nacionalidad de quienes ostentan el poder en su tierra. Y el poder israelí impide, entre todo lo necesario y urgente, la entrada de la maquinaria pesada apta para desescombrar, para rescatar de su silencio a los muertos. A Israel les sobran los palestinos vivos y los palestinos muertos.
Quienes sí tendrán nombre, rostro y nacionalidad -ninguna- serán los palestinos vivos en un futuro próximo, cuando Nueva Gaza esté en marcha. Su construcción -que no reedificación, pues nada quedará de lo que fueron las poblaciones palestinas- comenzará por el sur de la Franja, por la zona del paso de Rafah, que será un área donde Israel permanecerá con su control afianzado -por mucho coraje que le dé a Egipto-. En esta zona de Gaza está prevista la construcción del aeropuerto y el puerto marítimo, el lugar de entrada y salida del territorio para turistas y afines a Israel, quienes podrán acceder a un resort y a sus negocios, y los palestinos, quizá, salir de o entrar en su moderno y tecnologizado campo de concentración, tras ser rastreados convenientemente.
El lugar por el que cada palestino pueda entrar en o salir de Gaza estará sometido a control, ya sea por tecnología de reconocimiento facial -si va a salir- o si desea entrar,
además, habrá de pasar por un control militar israelí para registro físico, rayos X y verificación biométrica, aparte humillaciones. Y esto no será en un futuro lejano, comenzará ya, quizá en unos días. Israel ha afinado sus sistemas de control de la población palestina ampliamente probado en Cisjordania. Acerca de los sistemas de control israelíes y su archivo de información, se puede encontrar información muy sustanciosa en la web de Amnistía Internacional: Red Wolf, Blue Wolf y Wolf Pack. Los lobos cuidando de quienes consideran su rebaño.
De momento, el paso de Rafah será solo peatonal, los camiones de ayuda humanitaria quedarán varados hasta que Israel autorice su entrada. También ha pactado con Egipto que será mayor el número de palestinos a quienes se permitirá salir, que los que obtendrán permiso para entrar. Desde el momento en que se abra, el paso de Rafah se convertirá en un punto de filtrado y clasificación de seres humanos, así quienes deseen regresar a su tierra se lo pensarán dos veces.
Los planes genocidas bien estructurados ya no tienen prisa. Entre quienes renuncien a regresar a su tierra, entre quienes salgan por diversas razones -médicas, estudios, reunirse con su familia... y no puedan a volver -o les atemorice hacerlo-, y más de la mitad de la Franja de Gaza ocupada por el Ejército de Israel -línea amarilla-, esta parte de Palestina sufrirá una despoblación paulatina, bien camuflada de Seguridad y de Lo Mejor para los Palestinos por parte de Israel y de su gran aliado EE.UU.
Por si alguien piensa que estas cosas solo ocurren bien lejos, conviene tener presente que la policía de Reino Unido tiene previsto incorporar la eficaz tecnología israelí de reconocimiento facial para su seguridad ciudadana, ya saben, por aquello de “probada en combate”. Todo es cuestión de tiempo -y de que los grupos de presión pertinentes hagan su “trabajo” en la UE- para que Europa acepte lo inaceptable.
Una vez que se ratificó el Plan de Paz, lo que ocurra caerá en el silencio, al igual que el mutismo rodea la situación en el resto de Palestina: Cisjordania y Jerusalén Este. De continuo Israel realiza operaciones militares en estos territorios, detiene a palestinos, los mata, destruye con sus excavadoras carreteras y demuele edificios, etc. Cada vez con más frecuencia los colonos israelíes atacan a los palestinos y sus campos y cosechas, sus depósitos de agua, sus viviendas, etc. El Ejército israelí protege a los colonos, los ayuda otras veces en sus agresiones.
Decenas de miles de palestinos ya desplazados no podrán volver a sus hogares por destrucción o apropiación israelí. Y el gobierno de Netanyahu lleva meses aprobando leyes para expropiar tierras palestinas y construir nuevos asentamientos, y diseñando carreteras para dejar aisladas unas partes de Cisjordania de otras y a esta de Jerusalén Este. Israel expulsa progresivamente a la población de sus hogares y la somete a unas condiciones de vida o supervivencia cada vez más difíciles, poco a poco y de forma premeditada: esto forma parte de las premisas que definen un genocidio.
Wissam Afifa, analista político, dijo a Al Jazeera: “Estamos presenciando la reingeniería de la geografía y la demografía de Gaza”, y probablemente de todo el territorio palestino, con la complicidad por inacción de la comunidad internacional, la acción decidida de Israel y EE.UU. y el aval de una Junta de Paz presidida por Donald Trump, quien tiene derecho a veto dentro de ella y se arroga su presidencia de por vida, aunque deje de ser presidente de su país. Pero esto último poco importa, porque es y será dueño y presidente vitalicio de un macroproyecto empresarial denominado Junta de Paz, con aspiraciones a intervenir en todo país y conflicto que considere de su conveniencia, cual ONU mercantil.
En Davos, como en una junta de accionistas, el empresario Jared Kushner, yerno de Donald Trump y miembro de la Junta de Paz, presentó el proyecto de Nueva Gaza, mapa incluido: diseño de zona turística, empresarial y tecnológica, centros de datos, distritos segmentados separados por zonas verdes y corredores -que actuarían más como zonas de control a los palestinos que de conexión-, etc. La familia Trump ha creado una nueva empresa con expectativas muy lucrativas, en la que cada país miembro debe aportar mil millones de dólares -derecho a permanencia indefinida- y si no lo hace, solo tres años. La inversión inicial la harán estos países, veintisiete de momento, solo es cuestión de hacer cuentas.
Nada se habla del reconocimiento del estado palestino, sí de las zonas de control israelíes, sí de un proyecto multiempresarial sobre terreno expropiado a la fuerza -de las bombas- y sin derechos para sus propietarios -decenas de miles de ellos asesinados-. Una vez entregado el último cadáver de los rehenes, es ahora cuando el pueblo palestino es rehén en su propia tierra. Donde ya no existirán sus barrios, sus lugares históricos, sus monumentos, sus huertos...



