¿Por qué se oculta el 4 de diciembre con el 28F?

Los discursos oficiales de la Junta han ocultado durante años las movilizaciones populares del 4D que hicieron inevitable el 28F

Manifestación por la autonomía andaluza el 4 de diciembre de 1977. 'Sin animo de ofender', de M. J. Garnica.
Manifestación por la autonomía andaluza el 4 de diciembre de 1977. 'Sin animo de ofender', de M. J. Garnica.

Las efemérides dan abolengo a los pueblos. Igual que a las personas, imprimen sabiduría y madurez. Quizás por ello, la Historia reciente de Andalucía como pueblo está repleta de hitos que intencionadamente se pretenden moldear y reinterpretar, cuando no ocultar con descaro. Nada es casual. Todo tiene su sentido y, en socio-política, todavía más. El hecho de que hayan transcurrido 43 años de aquellas manifestaciones, implica que el sector juvenil, el más sensible a cambios y nuevas mentalidades, ni conozca ni se identifique con aquella fecha que tanto justifican este presente histórico en términos políticos. El 4D es un imperativo histórico; pero, sistemáticamente, se le ha ido despojando a esta fracción poblacional de las claves necesaria para conocerlo, respetarlo y defenderlo. Y lo que es peor: ha crecido envuelto en cánticos mediáticos oficiales que ni son verdad, ni propician las intenciones con las que se justifican los autogobiernos en este Estado de las Autonomías; ni, por otra parte, estoy convencido de que sea lo más apropiado para el fomento de un espíritu cívico.

Desde que el Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía presidido por Rafael Escuredo acordase el 15 de diciembre de 1982 considerar al 28F como Día de Andalucía, no hizo falta más que una norma legal que lo reconociera (Decreto 149/82, de 15 de diciembre, BOJA 36). Fue posible en el escenario de los cambios simbólicos a los que aspiraba la transición: trasladar -con “carácter permanente”- la festividad laboral del lunes de Pascua a la fecha de la consulta del procedimiento autonómico de 1980. El travestismo de un símbolo político se disfrazaba así de un oportuno progresismo: pero aquello escondía mucho más.

A partir de aquella fecha, el empeño de los discursos oficiales de la Junta de Andalucía, del partido que más la ha gobernado y del trío que ahora está a su frente, ha sido ocultar las movilizaciones populares que hicieron inevitable el 28F. Fecha de una derrota legal pero -sin duda- de un triunfo político, de manera que hizo posible el posterior consenso y acuerdo para el desbloqueo político (octubre de 1980). Aquel proceso único por el artículo 151 de la Constitución para conquistar un autogobierno de primera acabaría siendo, además, una inesperada reestructuración en la organización del Estado. No puede entenderse 28F sin el 4D.

Nuestro particular referéndum al autogobierno se convierte así desde las alfombras oficiales en una votación convencional más de las que abundan periódicamente en una democracia, de forma que, sobre todo, las jóvenes generaciones, crecen ajenas al significado, ímpetu y a las movilizaciones que existieron y que, en muchos casos, fueron muy por delante de la voluntad descentralizadora y del mismo reconocimiento que hacia Andalucía tenían los dos partidos que representaban el bipartidismo de la restauración borbónica: UCD y PSOE, e incluso, la tradicional izquierda centralista del PCE.

Izada de la bandera de Andalucía en un pasado 28F.
Izada institucional de la bandera de Andalucía, el pasado 28F.

Desde entonces, los fastos institucionales, las medallas (casi siempre) al famoseo  y las falanges de palmeros del poder, han querido interpretar los hechos a su manera. Hablar de movilizaciones de los andaluces, recordar el asesinato de Manuel José García Caparrós. Es algo que no interesa. Eclipsan así el potencial de autoestima reivindicativa de aquellos andaluces y andaluzas de 1977, mediante los fastos periódicos de una Junta que poco cree hoy en la identidad andaluza. Ni tan siquiera que exista como cultura diferenciada. Tertulianos, historiadores y periodistas de cámara se prestan a ello, imaginamos que con escasa gratuidad y abundante interés. Unos y otros reubican a un segundo plano lo que entiendo son las dos ideas fundamentales de aquel aprendizaje que nos regaló la vida de Manuel José García Caparrós: la unidad de todos los andaluces y andaluzas ante su futuro, así como un protagonismo político ciudadano, capaz y necesario para vislumbrar un Poder Andaluz, tan posible como necesario.

No se trataría aquí de enfrentar fechas ni celebraciones: una es un cumpleaños otra un santo por utilizar un símil popular. No obstante, más temprano que tarde, el pueblo andaluz viene descubriendo año tras año que los ritos existentes en el que dicen es su Día, no significan más que un conjunto de discursos institucionales, reconocimientos y fotos que, en gran parte de los casos, responden más a intereses publicitarios y autocomplacientes desde poder o coyunturales guiños hacia la prensa rosa que a verdaderos merecimientos. El rizo lo completa la proximidad de incomprensibles fiestas católicas aún en el calendario laboral y escolar andaluz, acompañada además por la jornada anual dedicada a la Constitución. Un puente para cualquier cosa, menos para recordar y ejercer nuestra condición de andaluces.

En definitiva, la decadencia de este particular entusiasmo -siempre por invitación- del 28F como Día de Andalucía discurre paralela a la soledad otorgada al 4D, como singularidad que algunos desean más cerca y recuerdo de la leyenda que del aprendizaje para las posibilidades presentes. Las mentiras del 28F en el discurso oficial brotan a la luz año tras año y se enrocan invisibilizando el 4D. No en vano, la familia de García Caparrós prosigue reclamando cuarenta y tres años después atención para un caso sobre el que nunca hubo investigación o sanción alguna mas allá de una comisión en el Congreso que concluyó con la necesidad de democratizar la los cuerpos de seguridad del Estado. Todo un ejemplo de transparencia democrática.

Ante un escenario pre constituyente como el que nos ocupa por la vía de los hechos, ante los intentos de centralización del Estado, ante la pérdida de derechos sociales, laborales y civiles, ante el progresivo avance del totalitarismo disfrazado de liberalismo, frente a un supuesto clima de bienestar social en nuestra tierra puesto en solfa por mareas… conviene recordar y aprender lo que somos capaces de los andaluces y andaluces. La memoria es Historia, pero también presente y futuro. Andalucía es una nación con déficit de pueblo donde todos los días se tiene que superar un referéndum. Que no le falte a este 4D tu bandera, tu grito y tu orgullo en el corazón. Que tu condición y empuje de andaluz sea para todos los días del año.

Sobre el autor:

Manuel Ruiz

Manuel Ruiz Romero

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