Un sanluqueño de 66 años cambia el ladrillo por la apicultura para sobrevivir a la crisis

Miel Doña Ana es una pequeña empresa familiar creada por Ricardo Sánchez y Ana Ruiz, un matrimonio que encontró en este oficio un nuevo modo de vida

Un sanluqueño de 66 años cambia el ladrillo por la apicultura para sobrevivir a la crisis

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FOTOS: MANU GARCÍA
FOTOS: MANU GARCÍA

Ricardo Sánchez, a sus 66 años, es un profesional totalmente reinventado que ha estado toda su vida dedicado a la construcción, sin embargo, como consecuencia de la crisis económica, ha pasado de ser contratista de obra a apicultor artesanal.

“Hace ya un tiempo, compré un libro sobre apicultura, me lo leí y me gustó mucho, tanto que me lo leí varias veces, y cada vez que las cosas iban mal en la empresa en la que trabajaba, me acordaba del libro que tanto me gustaba, y pensaba en dedicarme a la apicultura, pero entonces, cuando el trabajo en el sector de la construcción iba bien, las dos cosas a la vez no se podían hacer. Fue en el año 2007, cuando comenzó la crisis económica en España, cuando me puse a fabricar colmenas, que las he hecho yo casi todas, y poco a poco me fui haciendo con enjambres de abejas. Finalmente, la empresa constructora se fue a pique y tanto yo como mis hijos, que también trabajaban en ella, nos vimos obligados a cambiar de oficio”, explica Ricardo a lavozdelsur.es.

“A mis hijos también les gustaba este tema por lo que decidimos montar nuestra propia empresa de apicultura artesanal y fabricación de miel en la que, a día de hoy, trabajamos todos los miembros de la familia”.

Así nació empresa familiar Miel Doña Ana, que lleva el nombre de la esposa de Ricardo, Ana Ruiz, uno de los pilares fundamentales del negocio ya que ella es la que se encarga del tema comercial y de repartir la miel por los diferentes puntos de venta. "Aquí todos los días hay trabajo que hacer, un día toca envasado, otro limpiar los cuadros… pero lo hacemos entre todos los miembros de la familia".

Ricardo Sánchez y Ana Ruiz, artífices de Miel Doña Ana.

Ricardo es quien suele estar más tiempo en el campo con las colmenas, cuidando a las abejas para que crezcan y se reproduzcan sanas y den buena miel. Algunas de sus colmenas se encuentran en una finca junto a la iglesia de Capuchinos de Sanlúcar, un lugar privilegiado con vistas al parque de Doñana y al Guadalquivir, muy cerca de donde crecen las piletas, plantas autóctonas de Sanlúcar, similares a la zarzamora, a las que acuden sus abejas. También tienen colmenas en El Portal, en el término municipal de Jerez, y en la Sierra de San Cristóbal en El Puerto. De esta manera, la miel de Doña Ana procede de plantas que no han estado tratadas con ningún tipo de pesticidas ni productos químicos, de ahí que sea un producto natural de muy buena calidad.

El centro de producción lo tienen en su propia casa donde han habilitado un pequeño garaje en el que se llevan a cabo los proceso de extracción y envasado de la miel. Además de diferentes tipos de miel, de flores, de azahar, de romero, de encina o de castaño, también extraen el polen, propóleo y jalea real, unos productos muy beneficiosos, especialmente para reforzar las defensas del cuerpo humano.

Miel Doña Ana está integrada en una cooperativa de apicultores que tiene su sede en Villafranca, en la provincia de Sevilla, a la que también están asociados otros artesanos que, con su miel, elaboran productos dedicados principalmente a la cosmética como jabones, champú, gel de baño o cremas hidratantes, además de un vinagre de miel, que también comercializa Doña Ana.

Para elaborar la miel de diferentes sabores se tiene que llevar a cabo un complejo proceso para ubicar las colmenas que se vayan a destinar a esa producción, en una finca donde haya muchos ejemplares de un determinado árbol o una planta, como naranjos, eucaliptos, el romero o los castaños, en el momento en el que éstos estén en su época de floración. Allí permanecen las colmenas durante el tiempo de floración con lo que, la miel que tengan las colmenas a la hora de retirarlas, estará elaborada con el polen de esos árboles.

Cada colmena tiene 12 cuadros colocados por el apicultor con unos alambres, los de los laterales suelen ser los que usan las abejas para depositar la miel, y las que están más en el centro es donde tienen las crías y donde suele estar la abeja reina. De esta forma, los cuadros de miel sirven de aislante para las abejas que están en el centro de la colmena, tanto para el frío como para el calor.

El apicultor extrae los cuadros de los laterales y los traslada al centro de producción de miel, que en este caso es la propia vivienda familiar. La miel está cubierta con una pequeña capa de cera que hay que retirar previamente con un cuchillo. Los cuadros se introducen en una especie de máquina centrifugadora que extrae la miel que luego se almacena en tanques donde, los restos de cera que hayan podido quedar, suben a la superficie y la miel queda totalmente limpia.

La cera les sirve a los apicultores para seguir renovando los cuadros ya que las propias abejas usan las planchas de cera para elaborar los nuevos panales.

El cariño que Ricardo y Ana le tienen tanto a su empresa familiar como a sus abejas es tal que, aun habiendo cumplido la edad de jubilación, continúan trabajando a diario para sacar adelante este pequeño negocio que comenzó por una afición y ha acabado siendo el sustento de toda la familia. “En un futuro serán mis hijos los que se hagan cargo del negocio”, asegura Ricardo quien, al cabo de los años, ha descubierto en la apicultura su verdadera pasión.

“Yo animo a las personas, tanto a los jóvenes como a los mayores como yo que no encuentran trabajo, y les digo que hay muchas oportunidades y maneras de buscarse la vida. Simplemente se trata de buscar algo que te guste e intentarlo. Para esto no existen las edades y todo es posible”, concluye Ricardo, el mejor ejemplo de una persona que con más de 50 años tuvo que reinventarse y encontró en la apicultura artesanal, además de una pasión, un balón de oxígeno para salir a flote en plena crisis económica.

Los productos de Miel Doña Ana pueden adquirirse en algunos pequeños comercios en Sanlúcar, así como en su página web: www.doñaana.com. También se pueden hacer encargos por teléfono: 600648523 y 692275131, o escribiendo a la dirección: [email protected]ñaana.com

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