Camposoto, '5 estrellas': de campo de tiro a la playa más accesible de Cádiz

La playa de San Fernando se ha convertido en un referente 30 años después de su apertura para la ciudadanía hasta el punto de que personas enfermas de ELA van y se emocionan por las facilidades que encuentran para disfrutar del verano

Vehículo que facilita el baño para las personas con movilidad reducida en Camposoto.
Vehículo que facilita el baño para las personas con movilidad reducida en Camposoto. MANU GARCÍA

Es una mañana de levante como otras muchas. Aquí no pega demasiado, pero, de momento, no hay mucho ambiente en la playa. Los accesos están renovados y el color mint se ha adueñado de cada una de las casetas que hay ara ducharse o cambiarse. También las torres de los socorristas se ven a lo lejos pintadas de este color. Fuera, un paseo marítimo en pleno parque natural. Aquí no existen los edificios, sólo hay playa y marisma.

La estampa es tradicional. Con el fin de los colegios abundan los niños en la arena. Alguno se atreve a pisar un agua que por la mañana está desértica. Un señor tira de postura clásica y observa el horizonte con las manos en la espalda. Como si estuviera viendo una obra, pero en mejor emplazamiento. Al fondo, La Isla concluye con el Castillo de Sancti Petri.

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Entrada de Camposoto con su jardín vertical.   MANU GARCÍA
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Un ciclista pasea por el paseo marítimo reformado.   MANU GARCÍA
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Una familia en la orilla.   MANU GARCÍA

Lo que ahora es una rutina para muchas familias isleñas, hasta finales de los años 80 era imposible. La playa, propiedad del Ministerio de Defensa, no se podía usar para uso recreativo. Las diversas movilizaciones, bajo el lema de 'Camposoto para el pueblo', consiguieron que en 1989, Camposoto – cinco kilómetros - fuera una playa como otra cualquiera en la provincia. Al menos en una de sus partes, porque otra de ellas sigue vallada y presidida por un cartel en el que se puede leer 'PELIGRO. NO PASAR'.

Ese tramo, que llega hasta Torregorda, sigue siendo para las prácticas de tiro del Ejército. Por la orilla camina un señor con cierta alegría en su paso. Pese a que supone interrumpir su ejercicio diario, no tiene problemas en pararse a charlar sobre el estado de la playa y su evolución. Curiosamente, ha sido reportero y en su labor ha trabajado sobre esta misma arena. El destino hizo que diera fe de que, efectivamente, aquello había sido terreno militar. Hace unos años, trabajando con su cámara, encontró una mina submarina. Según narra, al comunicarlo en comisaría los agentes "se llevaron las manos a la cabeza". Ahora, en la parte pública, la situación es muy distinta. "Conozco bastantes playas y puedo decirte que es una playa cinco estrellas. Es una de las mejores playas".

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Este usuario cuenta cómo era Camposoto antes de abrirse a la sociedad civil.   MANU GARCÍA
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Una imagen de la mina submarina encontrada hace unos años.   

Más adelante, con la silla plantada prácticamente en el agua, hay otra señora que también se muestra orgullosa, "la gente me dice que vaya a El Palmar, pero ¿para qué? Si tengo playa aquí". Sin embargo, esta mujer cree que algunos de los avances de Camposoto no han sido del todo positivos. Uno de ello fue la inauguración de la zona canina. Esta parte está acotada una vez finalizan los aparcamientos, por lo que sólo se puede acceder andando. Esta isleña denuncia que los perros por allí están sueltos y que ya se ha llevado algún susto, con respuestas desagradables de sus dueños. La situación ha provocado que tenga que cancelar algunos de los paseos que hacía hasta la Punta del Boquerón.

La opción que queda para no pasar por el trago de verse rodeado de perros si uno no quiere perderse esta orilla del caño Sancti Petri que da significado al sobrenombre de La Isla de León es hacer el sendero que se encuentra tras las dunas que dan la bienvenida a la playa. Precisamente, antes de llegar al límite de la playa y de la ciudad, se observan dos búnkeres de la Guerra Civil. Uno de ellos se presta más a las fotos que otro. En los 90 fue pintado por ecologistas para reivindicar el cuidado del medio ambiente. El dibujo de una ballena lo preside.

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Dos socorristas pasean por la orilla.   MANU GARCÍA
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Uno de los búnkeres, con el castillo al fondo.   EMILIO CABRERA
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A primera hora de la mañana hay poca gente.   MANU GARCÍA

La playa es tranquila y apenas hay incidencias. Los socorristas ni siquiera tienen que bajar escaleras en caso de emergencia. Las torres, que no son excesivamente altas, tocan la arena con una rampa que facilita el trabajo, reconocen miembros de la Cruz Roja. Por si acaso, hay lanchas y motos de agua que rara vez son utilizadas.

Entre tanta tranquilidad hay una zona especialmente concurrida. No es para menos, porque es de las pocas en la provincia e, incluso en la comunidad. Además de la bandera azul, Camposoto se ha propuesto tener la bandera de la accesibilidad. Es paradójico que una de las playas más restringidas hasta los años 80 ahora se haya convertido en el símbolo de la accesibilidad.

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Zona habilitada para las personas con movilidad reducida.   MANU GARCÍA
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Una gaviota sobre una ducha de la playa.   MANU GARCÍA

Con una tarima que prácticamente llega a la orilla, uno encuentra el llamado 'Módulo 5 estrellas'. Allí no sólo se ven caras de felicidad, sino también historias personales únicas. Con la atención de enfermeros, técnicos de ambulancia y cuatro auxiliares especializados, personas con movilidad reducida disfrutan del verano con total normalidad. Además, este año, se le suman un fisioterapeuta y un animador. Una de estas auxiliares reconoce que ya no sólo es un lugar de referencia en la ciudad o en la provincia, "viene mucha gente de fuera". Eso sí, no se conforma y apunta la necesidad de seguir mejorando. Sombrillas y tumbonas no hacen falta, hay de sobra.

Mientras algunos auxiliares se movilizan para que una de estas personas pueda disfrutar de un baño en el mar, el responsable de este módulo cuenta que esa misma semana había acudido una mujer, de apenas 30 años, enferma de ELA. Esta mujer, sevillana, llevaba ocho años sin poder visitar una playa. Al ver las facilidades que tenía allí, se puso a llorar de alegría.

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La zona cuenta con profesionales.   MANU GARCÍA
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Las torres de vigilancia facilitan el trabajo.   MANU GARCÍA

Durante la realización de este reportaje, el grueso de los usuarios pertenece a Afanas, de Cádiz. La mayoría son menores. En sus rostros se les ve disfrutar. Una de las monitoras del grupo cuenta que el descubrimiento de esta zona y el equipamiento del que disponen les ha cambiado la planificación de cada semana, "venimos tres días a la semana porque está es la actividad que más les gusta". Un pequeño vehículo facilita el desplazamiento para el que lo necesite. Por la tarima hay juegos y bromas. El levante sopla, pero les impide disfrutar.

Sobre el autor:

Emilio Cabrera.

Emilio Cabrera

Periodista.

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