El acueducto abandonado que dio de beber a El Puerto: la joya 'instagrameable' que busca su salvación

Asociaciones y particulares reclaman la recuperación y protección de esta estructura del patrimonio local construida en el siglo XVI que fue una de las obras hidráulicas más importantes de España

Alberto Castrelo y Juan Carlos Neva, en el interior del acueducto de La Piedad en El Puerto.
Alberto Castrelo y Juan Carlos Neva, en el interior del acueducto de La Piedad en El Puerto. MANU GARCÍA
12 de abril de 2026 a las 20:00h

Un silencio sepulcral. Las raíces trepan por la arenisca calcárea que compone unos túneles propios de cualquier película de serie B. Un murciélago –o panarria– duerme en el techo del acueducto de La Piedad, en la Sierra de San Cristóbal. Son cinco kilómetros bajo tierra que contienen agua cristalina. Varios aliviaderos y receptáculos forman este monumento del subsuelo portuense del que muchos han oído hablar pero pocos lo han visto de cerca. Algunos vecinos se adentran con sus móviles en una de las obras hidráulicas más importantes de España en el siglo XVIII. Graban su interior, fantasean con historias paranormales y suben el vídeo a las redes sociales sin ver el peligro.

Hay latas de refrescos y nombres de enamorados que delatan su presencia. No son cuatro tuberías, sino una imponente infraestructura pública que tuvo gran relevancia en la Bahía de Cádiz. Una joya de enorme valor histórico, arqueológico y ambiental que abastecía de agua a la ciudad y a la flota de Indias y a la que nadie parece hacerle caso.

“Es incomprensible que este patrimonio esté como está, se está cayendo y hay una parte que ya no se puede ir caminando”. La voz de Alberto Castrelo retumba en las rocas. Este portuense diplomado en Turismo conoce muy bien este lugar que despertó su curiosidad en 2019. Le fascinó la sierra, las cuevas canteras, el yacimiento de Doña Blanca y fue tirando del hilo hasta llegar aquí. Tras cuatro años de investigación, en 2023, publicó Canteras de San Cristóbal, interpretación de una historia olvidada (Editorial Kaizen) y ha realizado exposiciones fotográficas de estas grandes desconocidas.

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Alberto Castrelo y Juan Carlos Neva, en la entrada al acueducto.   MANU GARCÍA

Al acueducto ya ha bajado varias veces con la idea de darlo a conocer, ponerlo en valor y, sobre todo, alertar a las autoridades competentes de su deterioro. “Lo impresionante es la de siglos que lleva intacto”, expresa. Algunos respiraderos son visibles en distintos puntos de El Puerto, como en Rancho Linares; y en la puerta del centro comercial El Paseo, pasan desapercibidos varios trozos que salieron a la luz tras la construcción del aparcamiento subterráneo. Hay tramos que ya han sufrido agresiones.

Durante décadas, este fue un importantísimo punto de suministro de agua potable. “Desde aquí se ha estado dando de beber a Cádiz y a El Puerto con agua de calidad y abundante”, dice Juan Carlos Neva, biólogo jubilado que trabajó en el Área de Medio Ambiente del Ayuntamiento. Está vinculado a la Asociación de Protección de la Sierra de San Cristóbal y a Betilo, en defensa del patrimonio local.

“El agua llegaba hasta la Ermita de Los Caminantes en el Parque de La Victoria y desde allí se distribuía a través de fuentes, Las Galeras es la más famosa, pero también había en la Plaza de la Cárcel o en las calles Postigo y Misericordia”, explica mientras atraviesa el canal.

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Agua encontrada en uno de los aliviaderos.   MANU GARCÍA
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Las raíces trepan por las paredes de la estructura.  MANU GARCÍA

Según comenta, los vecinos con mayor poder adquisitivo disponían del agua en sus casas, como el marino Blas de Lezo, que bebía en su propia casa palacio situada en Larga, 70. Juan Carlos deja atrás uno de los respiraderos que se utilizaban para introducir herramientas y poder limpiar el cauce de restos de piedras o residuos. A continuación, tras un estrecho pasillo, se halla el pozo de la Media Naranja, que forma parte del complejo sistema de minados y galerías subterráneos. Las raíces están destrozando la estructura, las rocas se acumulan en el camino y hay un tramo al que es imposible acceder.

Más de 30 años en desuso

En las entrañas de la sierra lo que se respira es humedad. Las gotas de agua reptan por la arenisca donde, alrededor del pozo, se pueden leer firmas junto a fechas de otros siglos, 1792, Enrique Martínez 1889 o José Barba 1981. Hombres que pisaron el mismo suelo y que probablemente estuvieron implicados en las obras de este acueducto, o simplemente querían verlo de cerca.

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Alberto se adentra en los túneles de La Piedad.   MANU GARCÍA

Las primeras captaciones se registraron a partir de 1588 y, posteriormente se realizaron distintas intervenciones para mejorar el sistema. El último proyecto corresponde a Juan Gavala. Alberto reconoce su nombre en la pared que rebosa historia. Fue este ingeniero de minas, presidente del Instituto Geológico y Minero y concejal de El Puerto en la época, quien en 1936 redactó aquella obra, hoy visible.

Constaba de 11 pozos y 1.250 metros de galerías que se perforaron desde 1936 hasta 1956. Dos años después, en 1958, el acueducto dejó de usarse al entrar en servicio el abastecimiento de agua a la zona gaditana. Ya no podía cubrir la gran demanda de la población y la ciudad se integró en el Consorcio de Abastecimiento de la Zona Gaditana, que empezó a emplear recursos procedentes del embalse de los Hurones. Pero algunos consideraban que era un error no aprovechar esta agua de calidad y, en los años 90, el historiador Jesús González Beltrán propuso embotellarla y comercializarla bajo la marca Aguas de la Piedad.

La iniciativa no salió adelante. Este acueducto solo volvió a utilizarse en 1994, de forma puntual, debido a la sequía que sufrió la zona. Después, quedó abandonado, convirtiéndose en un punto de encuentro para curiosos y amantes de la adrenalina. En su interior se han rodado hasta cortos amateur. La entrada está abierta, por lo que no es de extrañar que muchos, con linterna y cascos, hayan querido descubrir este monumento histórico por su cuenta.

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Alberto y Juan Carlos toman fotografías de esta importante obra hidráulica.   MANU GARCÍA
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Detalle de un murciélago, conocido como panarria.  MANU GARCÍA

“Es nuestro patrimonio y no está en ningún otro sitio. Todo lo que no sea puesta en valor del patrimonio, son salidas de empleo que no tenemos. Al final estoy aquí porque me duele como portuense. Veo que cualquier otra ciudad, con muchísimos menos recursos, saca mucho más pecho por su patrimonio”, manifiesta Alberto.

El futuro del acueducto: su recuperación está en el aire

“Más que hacer vídeos de aventuras locas para colgar en TikTok, lo que pretendemos es que este patrimonio se recupere, se ponga en valor y se restaure en la medida de lo posible”, dicen estos portuenses que desean ver algún día este monumento convertido en activo cultural y turístico de primer orden.

Actualmente, el agua como recurso es de Dominio Público Hidráulico (DPH), competencia de la Junta de Andalucía, mientras que la infraestructura es propiedad del Ayuntamiento de El Puerto. La asociación Betilo lleva desde 2022 alzando la voz para denunciar su estado de abandono, tras la destrucción de un tramo durante las obras en San José del Pino. En 2023, elaboró una memoria técnica completa que fue remitida tanto al Ayuntamiento como a la Delegación Territorial de Cultura de la Junta de Andalucía.

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Anotaciones y firmas en las paredes del acueducto.   MANU GARCÍA

El colectivo propuso en ese año que el acueducto de La Piedad se incluyera en el Catálogo de Bienes del Patrimonio Histórico de Andalucía para contar con un respaldo jurídico. Según explica Juan Carlos, aparece en el PGOU de 1992 como infraestructura protegida, sin embargo, “no tiene efectividad porque no está catalogada”. “Ni el Ayuntamiento ha hecho nada, ni la Junta tampoco”, sostiene.

Dentro del proyecto de recuperación, también se plantea habilitar la zona para abrir el monumento al público y poder realizar visitas y actividades divulgativas. “Al menos, el receptáculo de entrada y el brazo donde está el pozo de la Media Naranja, sería un sitio perfecto para hacerlo visitable y transitable”, comentan.

A unos metros, quedan las ruinas de un inmueble que hace 31 años se propuso como centro de interpretación del agua, proyecto que no llegó a cuajar. Hasta ahora, el Ayuntamiento ha realizado una intervención en esta zona que se anunció en 2022.

Visitamos el interior de los pozos de la piedad. MANU GARCÍA

Una inversión de 279.300 euros para que los pozos volvieran a estar en uso con el objetivo de reforzar el abastecimiento aprovechando los recursos naturales. La infraestructura se sumaba así a un caudal de agua diario de 1.500.000 litros que proveen a todo el Polígono de las Salinas y Valdelagrana.

Desde Betilo, insisten en el gran valor patrimonial del acueducto y siguen reclamando medidas urgentes a las administraciones competentes. Los más experimentados como Alberto, por su parte, advierten del peligro que conlleva adentrarse sin conocimiento. “Esto no es un lugar visitable, no está en buenas condiciones. A pesar de los vídeos difundidos en redes sociales, no es aconsejable venir bajo ningún concepto porque hay partes que se están cayendo”, explica el portuense, que lamenta presenciar como otro símbolo portuense se va quedando en tierra de nadie.

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Patricia Merello

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