"Lo más importante en la vida son las personas, ni los papeles ni lo material"

Mouctar Dramé, un joven guineano de 25 años, llegó en patera hace cinco y actualmente vive en Granada, donde compagina su trabajo como limpiador de autobuses y su labor como activista pro regularización

Mouctar Dramé, activista pro regularización, en su domicilio de Granada.
Mouctar Dramé, activista pro regularización, en su domicilio de Granada. CONSTANTINO RUIZ

Desde su hogar en Granada, al que cariñosamente conoce como Un solo corazón, Mouctar Dramé, de 25 años y natural de Guinea-Conakri, atiende por videollamada a lavozdelsur.es para hablar sobre una realidad que perdura en su cuerpo y por la que lucha cada día con el fin de mejorarla. Trabas burocráticas, dificultades y explotación son lugares comunes para muchas personas migrantes que llegan de forma clandestina a Europa y, en este caso concreto, a España, tras un periplo marcado por la ilusión de una vida mejor.

Mouctar consiguió su permiso de residencia hace apenas dos meses, tras cinco años en España, donde llegó en patera desde Marruecos. Hoy se siente feliz y realizado por el camino recorrido, pero no desiste en su labor de visibilización sobre la situación de las personas migrantes y los obstáculos que se encuentran una vez pisan de nuevo tierra firme. "Me gusta hablar sobre inmigración desde la experiencia y denunciar las injusticias que vivimos, porque no quiero que mis hermanos africanos tengan que pasar por lo que muchos hemos pasado", comienza este joven, que realiza su activismo con la asociación Barbecho de día y trabaja, como operario, limpiando autobuses urbanos de noche.

Los motivos que llevaron a Mouctar a emigrar fueron múltiples, pero destaca una preocupación patente por su salud, pues desde pequeño sufre grandes picores en los ojos que dificultan su visión y que impidieron que estudiase. "En mi pueblo usábamos medicinas tradicionales y con estas mis ojos estaban empeorando cada vez más. Unos amigos me dijeron que en Europa podían curarlos y una vez aquí me diagnosticaron toxoplasmosis", aclara. Antes de llegar a Granada, pasó un año en Marruecos, donde sufrió la persecución de las autoridades marroquíes, de ahí cruzó el Mediterráneo hasta llegar a Ceuta; allí estuvo seis meses en un centro de estancia temporal (CETI) hasta que lo enviaron a la capital nazarí.

¿Por qué los occidentales pueden viajar a otros países como quieren y nosotros –los africanos– no podemos hacerlo?

"Difícil" es la palabra que más se repite en su relato lleno de coraje, coherencia y madurez. Mourat se siente cómodo hablando sobre migración y lo hace desde el más común de los sentidos: "Todo ser humano tiene derecho a migrar, a viajar y a elegir un país o un Estado donde quedarse, pero la realidad no es esa, y eso significa que no estamos trabajando bien por los derechos de todas las personas". Para Mouctar el cambio estaría en la forma de emigrar y por eso se pregunta: "¿Por qué los occidentales pueden viajar a otros países como quieren y nosotros –los africanos– no podemos hacerlo? ¿Por qué tenemos que poner en riesgo nuestras vidas e incluso morir en el intento?".

El joven guineano sostiene que la mejora de la situación laboral de las personas en los países africanos es más pertinente que la fijación por las empresas extranjeras que explotan los recursos en el continente. "Muchos inmigrantes dicen que si Europa no deja de explotar África, vamos a seguir viniendo, pero yo pienso lo contrario, ya que todas esas empresas dan mucho trabajo y deberían ser los gobiernos de nuestros países los que tendrían que luchar para que esas empresas traten a las personas como trabajadoras y no como esclavas –explica– si las condiciones de trabajo mejoraran, no emigraría tanta gente a Europa".

Exige la vía legal para moverse libremente por cualquier territorio porque, recuerda, "cada día mueren personas cruzando el Mediterráneo que lo único que querían era ayudar a sus familias". A Mouctar le duele que siga pasando, le duele que nada cambie y que las autoridades sigan sin hacerse responsables. Y aunque todavía no se considere activista, agradece los espacios donde puede expresarse libremente para sensibilizar sobre la importancia de la regularización de sus hermanos y hermanas africanas.

"Cada día mueren personas cruzando el Mediterráneo que lo único que querían era ayudar a sus familias"

Barbecho es la asociación donde Mouctar desarrolla su lucha por mejorar la situación de las personas migrantes. Se creó en 2019 con una visión horizontal y humana de trabajo con personas migrantes, realizando mediación lingüística como apoyo a personas migrantes y solicitantes de asilo. Un espacio para que pudieran cuestionar abiertamente el incumplimiento de algunos de sus derechos, y que poco a poco han ido ampliando su actividad hacia la facilitación de procesos, a medio y largo plazo, que permitan diagnosticar y crear propuestas para la participación real de estas personas a todos los niveles. 

Mouctar recuerda su historia, cinco años después, bajo un techo donde dormir, con un contrato de trabajo y un permiso de residencia que le libra de una situación irregular. No obstante, la herida de la migración, supurante de injusticias, rezuma el dolor que sintió cuando le rechazaron por primera vez el asilo internacional en 2019, cuando después de casi dos años trabajando con personas con diversidad funcional, gracias a la tarjeta roja que permite a personas migrantes, refugiadas o solicitantes conseguir un contrato de trabajo, se la quitaron y estuvo casi un año sin poder trabajar ni solicitar el paro. 

"El procedimiento de conseguir el permiso de residencia ha sido duro, ya que piden papeles que son muy complicados de conseguir en nuestros países. Yo luché por ello, aunque casi dejo España para buscar una oportunidad en otro país", cuenta. Antes de enviarlo a Córdoba, su siguiente destino después de pasar tres meses con Cruz Roja en Granada, conoció en un parque a Kassoum. "Los africanos siempre nos saludamos aunque no nos conozcamos y a través de él conocí a Mamen, una mujer que trabajaba con inmigrantes para ayudarles a buscar trabajo y casa. Me dijo que quería formar un grupo de convivencia y a mí me encantó la idea de formar una pequeña familia entre españoles, africanos y gente de otras nacionalidades", comenta. 

"Como ya tengo mi permiso de residencia y empecé a trabajar hace tres semanas, voy a buscar piso para dejar mi hueco a personas que lo necesitan más que yo"

La Iglesia les dio una casa que la llaman Un solo corazón. "Es un espacio donde convivir, compartir, charlar y sensibilizar sobre la situación que vivimos", relata. "Como ya tengo mi permiso de residencia y empecé a trabajar hace tres semanas, voy a buscar piso para dejar mi hueco a personas que lo necesitan más que yo o que no tienen permiso de residencia", añade este joven, que prefirió quedarse en su hogar conviviendo con buena gente, a marcharse a Córdoba con ayudas del Estado. 

Mouctar, natural de Guinea Conakri, forma parte de la asociación Barbecho.
Mouctar, natural de Guinea Conakri, forma parte de la asociación Barbecho. CONSTANTINO RUIZ

En Un solo corazón también ha recibido apoyo para acudir al oftalmólogo. "Por suerte hemos encontrado a un especialista muy amable y buena persona que me atendió perfectamente. Ha hecho mucho por mis ojos. A día de hoy puedo estar casi un mes sin tocar mis ojos y están blancos. Hay un óptico, también muy buena persona, que me atiende directamente cada vez que lo necesito y siempre me ha ayudado con las gafas. Gracias a todo eso, me siento bien y contento", expresa emocionado tras la cámara.

Ahora que goza de una relativa estabilidad, está volcado en su labor como activista, poniendo en el centro la regularización de las personas migrantes. "Los inmigrantes entran en España y pueden estar uno, dos, tres y cuatro años sin permiso de residencia y sin permiso de trabajo. ¿Cómo se puede sobrevivir así? Una vez entras en un país, te tienen que regularizar", denuncia.

Y pone un ejemplo: "¿Cuántos inmigrantes están trabajando en los campos que muchos españoles no quieren labrar? No solo eso. A la mayoría les hacen trabajar durante todo el día por muy poco dinero. Mucha gente trabaja con los papeles de otras personas porque tienen miedo a la policía. Y eso es lo que yo quiero que el Gobierno tenga en cuenta, porque están trabajando por España".

"No hemos venido a quitarle el trabajo a nadie, hemos venido a aportar a la sociedad y a buscarnos la vida"

El racismo y la desigualdad son dos temas centrales para Mouctar. "Los inmigrantes sabemos por qué estamos aquí, sabemos lo que necesitamos y lo que nuestros familiares necesitan. No hemos venido a quitarle el trabajo a nadie, hemos venido a aportar a la sociedad y a buscarnos la vida". Recuerda que las frutas y gran parte de los alimentos que tenemos en la mesa son recogidos por personas migrantes y echa la vista atrás con el inicio de la pandemia: ¿Quién salió durante el confinamiento a trabajar el campo? Los inmigrantes. Porque no hemos tenido miedo, teníamos que hacerlo".

Preguntado sobre si existe racismo en Andalucía no duda en afirmar que "no puede ser un una tierra racista porque tiene una cultura que se parece mucho a la africana". Para él, "lo quieran ver o no", la imagen de Andalucía se parece mucho a la de África y "eso me da mucha fuerza y ganas de vivir aquí", dice. Por eso advierte que "si hay alguien que odia a los africanos o si se siente superior a los africanos, debería mirar a su alrededor para saber que Andalucía se parece a África y no podemos olvidar eso, ya sea por su cultura, su agricultura o música que también son muy parecidas".

Mouctar, al que le gusta hablar desde la experiencia, advierte que ha conocido a mucha gente en Andalucía y la imagen que le han transmitido ha sido buena. "No conozco todas las provincias, pero he vivido aquí durante cinco años, la Andalucía de la que pueda hablar no es racista, aunque habrá quien me haya escondido sus sentimientos".

"La Andalucía que he conocido no es racista y se parece mucho a África"

Antes de despedirse, Mouctar quiere dejar claro su sentir y su lucha desde Granada. No entiende por qué no luchamos juntos por el bienestar de todo el mundo. "En esta tierra estamos luchando y compartiendo. ¿Vale la pena matar a la gente? No importa tu color, de dónde vengas, no tendríamos que tener límites ni barreras por venir de otro lado, tendríamos que estar cómodos en todos los sitios", comenta. 

Con la voz entrecortada incide en lo crudeza de la distancia. "Es muy duro estar lejos de tu familia. Es muy duro estar lejos de tus amigos. Es muy duro estar aquí cinco, seis, siete, ocho y hasta diez años sin poder volver a tu país. Después de todo, somos seres humanos. Lo más importante en la vida somos las personas, ni los papeles, ni lo material". 

"Muchos inmigrantes han perdido su juventud en Europa sin poder disfrutar por no tener el maldito papel"

Dramé no le desea la migración a nadie. "Esta situación viene en gran parte por los políticos, ellos son los que han decidido que nosotros estemos así". "A nosotros nos gustaría viajar legalmente y disfrutar la vida, y no estar siempre sufriendo. Muchos inmigrantes han perdido su juventud en Europa sin poder disfrutar, por no tener el maldito papel. Muchos viven encerrados en casas, tristes, sin sus familias, sin trabajo, sin poder ayudar a sus familias. ¿Todo eso por un papel? Por eso digo que si fuéramos conscientes, no valoraríamos antes un papel que a las personas, pero a día de hoy hoy lo material va primero", lamenta.

Mouctar se sorprende con las habladurías que dicen que las personas migrantes vienen "a molestar". "¿A quién? Me pregunto yo. Por eso exijo la vía legal, porque todo ser humano debería tener derecho a viajar y circular libremente, a elegir dónde quiere estar y dónde se quiere quedar", insiste. "Antes de salir de mi país nunca pensé que me iba a encontrar con esta situación, creía que todos éramos personas y no había racismo ni desigualdad", reconoce. "La imagen de África y los africanos aquí es negativa, pero en mi pueblo, por ejemplo, hay muchas personas blancas, algunas de ONG, otros misioneros. Convivimos y compartimos muchas cosas, y están en todas nuestras fiestas", afirma. 

"Antes de salir de mi país nunca pensé que me iba a encontrar con esta situación, creía que todos éramos personas y no había racismo ni desigualdad"

Su experiencia migratoria ha sido la escuela a la que nunca pudo asistir por su enfermedad en los ojos. Hoy alberga la sabiduría de quien se jugó la vida por su bienestar y el de los suyos. No olvida Correrah, su pequeño pueblo. Tampoco su historia de lucha por mejorar las infraestructuras, conseguir agua potable, luz, y mejoras en el sistema sanitario y educativo para su gente. Continúa la lucha por mejorar las condiciones de vida de sus hermanos y hermanas africanas desde Granada, la misma lucha por la que un militar mató a su tío delante de su familia. 

Se despide agradecido y recordando de nuevo la importancia de la regularización. "Otro de mis tíos, que emigró a Francia hace 27 años, consiguió hace unos días el permiso de residencia. Casi 30 años sin poder volver a nuestro país. El día que se lo comunicó a su madre, que es mi abuela, se emocionó tanto por su hijo que murió por la tarde. Desde que mi tío salió del pueblo no ha vuelto a ver a su familia, sus padres murieron y no pudo despedirse de ellos, todo por los papeles", recuerda. 

"Por eso, ahora que tengo papeles y trabajo, no puedo quedarme de brazos cruzados, tengo que seguir luchando para que mis hermanos no se queden atrás, para que puedan estar como yo, contentos, y tengan la posibilidad de volver a sus países", concluye. Mouctar no sabe cuándo podrá volver a Guinea, pero ganas no le faltan. Mientras, solo queda luchar y seguir currando.

Sobre el autor:

Carmen Marchena

Gaditana. Periodista feminista por vocación y compromiso. Empecé en las redacciones de Ideal Granada y Granada Hoy. He pasado por eldiario.es/Andalucía. Parte de El Salto Andalucía desde sus inicios. Tengo dos ídolas: mis abuelas Carmeluchi y Anita. Defensora de los Derechos Humanos y la Memoria. Sin más dilación, papas con choco o barbarie.

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