entrevistas

Mariana Enríquez, una 'rockstar' literaria en Cádiz: "Hay algo terrible en la IA, no solo puede reemplazar el trabajo"

Con 'Conversación con la oscuridad' como último libro publicado en España y dos novelas en marcha, la autora argentina, de visita por primera vez en Cádiz invitada por la Fundación Carlos Edmundo de Ory, reflexiona en lavozdelsur.es sobre la diferencia entre terror y horror, la inquietud que le provoca la inteligencia artificial y sobre el bombardeo de estímulos frente a una "literatura lenta"

  • Mariana Enríquez, retratada en días pasados en Cádiz. -

Mariana Enriquez (Buenos Aires, 1973), escritora y periodista, es una suerte de rockstar literaria. Con apenas 22 años, su primera novela, Bajar es lo peor, le trajo una fama inesperada en Argentina (o "la rompió", como dicen allá) que bien podía haber sido flor de un día. Pero no fue así: dos novelas más (incluida la colosal Nuestra parte de noche, que le valió el Premio Herralde en 2019 y la consagró definitivamente), tres colecciones de cuentos, varios volúmenes de no ficción y una serie de Netflix con Pablo Larraín dan cuenta de ello. El género de terror está más vivo que nunca, en gran parte, gracias a su exploración de lo paranormal desde lo cotidiano, desde lo político.

El día en que lavozdelsur.es la entrevista lleva apenas unas horas en Cádiz. Confiesa sufrir de jet lag (ahora vive en Australia) y viene de Barcelona, adonde volverá apenas dos días después. Sus giras son así, y congrega siempre multitudes.

Recorre fascinada los pasillos de la Fundación Carlos Edmundo de Ory, que la ha invitado como previa para sus jornadas sobre lo inquietante. "Qué colección de libros de ocultismo que tenés acá", observa. Y se queda maravillada ante un volumen de Allen Ginsberg dedicado y firmado para el poeta gaditano.

  • Mariana Enríquez, retratada en días pasados en Cádiz.
  • -

Pregunta. Es su primera vez en Cádiz. Para alguien para quien las vibras y los espacios tienen tanta importancia, como muestra especialmente en sus crónicas, ¿qué impresión le ha dado en las pocas horas que lleva?

Respuesta. Me hace acordar un poco a Cuba; es una primera impresión un poco obvia, pero fui a un bar que tenía ese tipo de luz, y tiene ahí un parecido… Pero llevo muy poco, voy a explorar en cuanto pueda.

P. Y en relación con eso, ¿qué tiene lo urbano, lo cotidiano, el espacio, que le atrae tanto para explorarlo a través del terror?

R. La ciudad es el lugar donde yo viví siempre, y donde más gente vive. Y a diferencia de de los espacios rurales, las ciudades se usan menos para el terror y no sé por qué, cuando a mí me parecen mucho más inquietantes: hay mucha más gente, es mucho más peligroso, hay mucha más historia, más pasado, más almas… Es un espacio mucho más cargado.

"Las ciudades siempre me parecieron muy inspiradoras, y además me gusta la literatura urbana"

Por eso las ciudades siempre me parecieron muy inspiradoras, y además me gusta la literatura urbana. La mezcla que hay en las ciudades es muy estimulante.

Me resulta un espacio más liberador, más contradictorio. Es literariamente más interesante (que no vitalmente, porque vitalmente todo puede ser maravilloso o horrible). En la ciudad puedes ser un desconocido, y además también está “el otro”, toda la otra gente. Hay algo del anonimato de la ciudad que para trabajar en textos de terror te da facilidades, porque te lo regala el ambiente.

P. La he leído y escuchado en varias ocasiones hablar de la distinción entre terror y horror. Hoy, ¿cuál de las dos le interesa más como fuente o sustrato literario?

R. Yo creo que el horror, pero pienso cada vez más que son instancias de lo mismo. Terror es como, no sé, estamos hablando nosotras acá y suponte que afuera hay un animal que nos puede atacar. Si todo está cerrado, uno le tiene miedo y listo: eso es terror. Horror es abrirle la puerta: ese momento.

"El horror es más interesante porque está más cerca de lo abstracto y de lo poético"

Y hay menos palabras para el horror. El terror se puede narrar un poco más: se puede hablar de los nervios, de la tensión… Pero el horror es más difícil de contar, porque es ese momento donde casi no queda el lenguaje: solo queda ese momento difícil de expresar.

El horror es más interesante porque está más cerca de lo abstracto y de lo poético, y el terror tiene mucho más que ver con la trama. Pero creo que son dos momentos de lo mismo.

  • La autora argentina, en un momento de la entrevista con lavozdelsur.es.
  • -

P. A propósito del tema de estas jornadas de la Fundación, lo inquietante, ¿qué es para usted lo inquietante?

R. Creo que lo inquietante es la falta de certeza, que a mí me parece bien: creer que uno puede saberlo todo o que puede controlarlo todo es un poco peligroso e implica cierta arrogancia.

"Es un muy buen momento para la ficción, como espacio donde uno trata de pensar e interpretar lo que está ocurriendo"

Y lo inquietante es justo poder decir: no sé qué es esto, no lo entiendo, y en ese admitir que uno no lo puede controlar y ni sabe lo que es, hay un espacio liberador, sobre todo en la imaginación. Porque todo el mundo puede imaginar.

P. Y en el momento en el que estamos, ¿es más difícil escribir sobre todo esto, sobre terror, horror, lo inquietante…? ¿Estamos normalizando cosas que antes nos daban más miedo? ¿Cómo afronta esto al escribir género, cuando estamos ante un panorama global espeluznante?

R. Estamos normalizando cosas y al mismo tiempo no. Creo que también es un muy buen momento para la ficción, como espacio donde uno trata de pensar e interpretar lo que está ocurriendo.

Es cierto que hay esta especie de competencia entre ficción y realidad, y esa idea de que la realidad es más espeluznante y que es difícil pensar algo que compita en originalidad con ella, pero creo que la ficción no tiene que hacer eso. No tiene que competir con la realidad: tiene que tratar de pensarla.

Y creo que cuando uno se para a pensar, es todavía peor, porque además hay muchas cosas que comunitariamente, mundialmente, no resolvimos. El trauma de la pandemia no lo resolvimos, y no resolvimos cómo terminó.

Incluso creo que, cuando creemos que estamos entendiendo algo, hay cierta histeria. A veces siento como una sobreactuación: no sabemos cómo hablar de las cosas. Es todo un griterío, que creo que tiene que ver con no entender bien.

Esto es una pavada, pero viene al caso. Ayer un amigo me manda este vídeo del cura en Ecuador que se le cayó una cruz en la cabeza y se murió en medio de una misa.

"Hay un nivel de sobresignificación y sobreestimulación que nos tiene la cabeza quemada, para ser francas"

Todo en eso es una locura: que exista el vídeo, que yo en Barcelona reciba el vídeo y que me esté riendo del señor cura. Y entre otras cosas me estoy riendo del señor cura porque no creo que sea real, porque creo que es IA y pienso: qué bien hecho que está esto, qué divertido. Dos minutos después, mi amigo me manda un mensaje y me dice: no, que es verdad, boluda. Pero yo ya me reí, ya me divertí, ya se lo mandé a un montón de gente. Y al mismo tiempo, desde el otro punto de vista, el pobre señor que se acaba de morir de esa manera va a tener un vídeo viral imposible de destruir.

Es macabro, absurdo, inquietante, y a nadie le importa el pobre señor. Es horrible, y al mismo tiempo fue un chiste de la tarde de ayer.

"La literatura es lenta, uno no puede scrolearla, no puede salir a la calle enloquecido y leer"

Todo eso es muy difícil de procesar porque, con un vídeo de tres segundos, pasan 60 emociones diferentes, 60 interpretaciones diferentes. Hay un nivel de sobresignificación y sobreestimulación que nos tiene la cabeza quemada, para ser francas.

Y la ficción, en vez de aportar a la confusión general, ofrece eso que es parar y pensar. La literatura es lenta, uno no puede scrolearla, no puede salir a la calle enloquecido y leer.

Tienes que entender, tenés que parar... Para concebirlo también: yo no puedo escribir un cuento en un día. Y esa lentitud hace que, sí, es cierto, la literatura no pueda representar o reflejar la realidad, pero justamente tiene que ofrecer otro tiempo. Por eso es un buen momento para la ficción.

  • Otro momento de la conversación.
  • -

P. Y sobre la inteligencia artificial, que ya la ha mencionado: ¿cómo la está viviendo?

R. Hay algo muy terrible de la inteligencia artificial ontológicamente hablando, y es que es la primera vez civilizatoriamente que hay algo no humano que te puede reemplazar. Nunca pasó eso, y a eso no podemos bajarle el precio psicológicamente, socialmente. Es algo, justamente, muy inquietante. Porque realmente no es solo que reemplaza el trabajo: puede reemplazar el afecto, la creatividad…

"¿Para qué creamos una herramienta que nos va a reemplazar? ¿Qué es este tipo de suicidio colectivo?"

Y, al mismo tiempo, cuando uno piensa en esa realidad vertiginosa, piensa: ¿para qué? ¿Para qué creamos una herramienta que nos va a reemplazar? ¿Qué es este tipo de suicidio colectivo? Es muy extraño como deseo civilizatorio.

Y la gente rápidamente ubicó a los billonarios tech como “los malvados que hicieron esto”, pero en realidad la inteligencia artificial es un proceso de décadas. Los billonarios tech invierten en eso, pero el proceso de la supercomputadora tiene muchos años de creación, es decir, en 50 años no hubo ningún momento donde alguien dijera: bueno, vamos a detenernos.

Por otro lado, también pienso que habrá algún tipo de convivencia, porque ahora mismo hay una suerte de fantasía apocalíptica.

  • Enríquez, durante la conversación con este periódico.
  • -

P. ¿Y le interesa explorarlo literariamente?

R. Quizás sí, pero no sé si ahora. Es interesante la idea de qué es real y qué no, y cómo la gente va a tener cada vez más un deseo proclamado de consumir algo real.

Me interesan esos escenarios hipotéticos de: ¿qué pasa cuando todo se haya generado por inteligencia artificial? ¿Cuáles van a ser esas realidades que la gente va a buscar casi como droga? ¿Cómo vamos a distinguir que algo está pasando de verdad? ¿Cuánto va a valer eso?

P. Sobre este último libro que ha publicado en España, Conversación con la oscuridad, ¿cómo se gesta esa exploración de los espacios, de la historia…?

R. El libro lo componen textos que son resultado, de, digamos, 15 años de conferencia, charlas... Yo, sinceramente, si no hubiese tenido la propuesta de la editorial y de dos académicas, Inti Soledad Bustos y Erica Durante, que leen mi trabajo y que me decían que recopilase todo eso que yo había estado pensando sobre mi ficción, quizá no lo hubiera hecho. Ellas recopilaron y ordenaron y luego yo corregí, y terminó siendo un trabajo conjunto.

Creo que acepté hacerlo también en este momento porque hace un año y medio que me mudé a Australia, y es un buen momento para hacer balances, como en todos los grandes cambios.

Explorar la no ficción con esa ayuda y hacer ese balance de qué vengo escribiendo hasta ahora y por qué me interesan ciertas cosas era buena idea, así que estoy contenta, y un poco sorprendida también.

P. Y yéndonos a otro punto clave de su carrera, Nuestra parte de noche, ¿cómo fue la ‘resaca’ después de convivir durante tanto tiempo con esos personajes?

R. Es raro lo que pasa con esa novela porque el desprendimiento tendría que haber ocurrido después de la publicación, y en medio vino la pandemia. Yo estaba encerrada, y encerrada todavía con los personajes, y sin muchas ganas de escribir ni saber para dónde tirar.

La respuesta es menos interesante de lo que parece: es que te terminas olvidando. La gente me suele preguntar por una segunda parte, y eso nunca quise hacerlo.

Para mí fue importante poder publicar los cuentos de Mis muertos tristes —se refiere a Un lugar soleado para gente sombría, adaptado a serie como Mis muertos tristes— en 2024, porque me di cuenta de que podía volver a escribir ficción en la misma línea que estaba escribiendo antes, un poco más fantástica y paranormal. Y creo que ese fue el momento en que me desprendí de la novela.

No fue un proceso de desprendimiento creativo normal, porque estuvo atravesado por toda esa locura; dos años después, seguía hablando de la novela, y ahora recién puedo decir que ya me olvidé de esa parte.

  • Mariana Enríquez, una de las voces de la literatura hispanoamericana.
  • -

P. Y ahora que mencionaba los cuentos de 'Mis muertos tristes', ¿cómo ha sido ese momento de ver su literatura en pantalla?

R. Muy raro. Pablo Larraín me dijo que no quería adaptar mis cuentos como si fuese una serie o una antología; quería fusionar y que de eso saliera otro texto. Así que para mí fue como escribir otro texto diferente con elementos de cuentos míos, y no estaba tan segura de que fuese a funcionar.

Lo hicimos, lo trabajamos, y a mí me gustó cómo quedó el guion, pero hasta que no lo ves, no sabes, y me sorprendió gratamente. La serie es muy oscura y deprimente, y da mucho miedo, es más dark que mis cuentos, y a la vez tiene más humor.

"Siempre voy a escribir de Argentina y en argentino y como argentina, pero es posible que después de tantos años, esté tratando de explorar otras cosas"

Es otro texto, se parece a lo que yo hago y a la vez no, y también tiene mucho de Pablo. Quedé muy contenta, pero sí, fue raro.

P. Pregunta obligada: ¿qué está escribiendo, o sobre qué, ahora?

R. Estoy escribiendo ficción, una novela larga y otra más corta, y tengo algunos cuentos planeados. Una de las novelas es muy, muy argentina, pero los otros textos no tanto.

Yo siempre voy a escribir de Argentina y en argentino y como argentina, pero es posible que después de tantos años (mi primera novela es del 95), esté tratando de explorar otras cosas.

También hay casas, hay lugares encantados… pero es un fantástico menos situado. Por eso también es interesante justo ahora este libro de Conversación con la oscuridad, porque de alguna manera habla de Argentina, de la dictadura, y de toda la carga del terror latinoamericano. Al final, yo sigo escribiendo sobre eso, pero tengo ganas de explorar por otro lado.

P. ¿Y ahí cree que influye el cambio de país y de continente?

R. Un poco quizás, sí. Hay algo de mudarse que me parece muy interesante como experiencia, y además me parece una experiencia muy latinoamericana. El latinoamericano está migrando permanentemente, así que también era como preguntarme: ¿cómo soy yo en otro lugar?, que es algo que nos pasa mucho a los latinoamericanos.

  • Mariana Enríquez posa tras la entrevista con lavozdelsur.es.
  • -

P. También tiene esa faceta de 'rockstar' literaria. ¿Cómo lo compagina? ¿Cree que el haber sido periodista musical y haber visto de cerca cómo lo gestionaban los grupos le ha ayudado un poco?

R. Sí, un poco sí. Para saber que no es para tanto, que hay que tratar de divertirse, relativizar y pasarla bien, ser amable con la gente, y que al final es trabajo. Hay mucha atención y está bueno, es lindo que venga la gente y todo lo demás, pero es trabajo, y hay que tratar de hacerlo bien y después a casa a trabajar en lo siguiente.

P. También es una gran lectora y lo muestra en sus redes. ¿Algo en especial que haya estado leyendo últimamente?

R. Es muy extraño, porque no tiene nada que ver con el género. Pero últimamente estuve leyendo mucho a Emmanuel Carrère, me gusta mucho, y no sé por qué. Leí Limonov y quise leer todos sus libros rusos, y ahora estoy terminando el último, Koljos, buenísimo. Además él hace historia de la familia, pero también política, pero también personal, pero también Francia, pero también Rusia… Y es como estar hablando con una persona muy inteligente, que es una de las mejores cosas de la literatura: que alguien muy inteligente te cuente cosas. No sé, estoy un poco fanatizada con él.

P. Precisamente, usted que es una gran fan: ¿cómo ha recibido el Nobel a Anne Carson?

R. Contentísima por ella. Me hubiese gustado que se lo den antes, pero espero que lo pueda disfrutar mucho, porque debe ser rarísimo que te den un premio con toda esa exposición, dinero y todo lo demás, cuando ya una es grande. Me acuerdo cuando se lo dieron a Doris Lessing, con ese vídeo fabuloso… Y la entiendo profundamente.

Así que espero que Anne lo pueda disfrutar. Y me parece un Nobel muy… justo es una fea palabra, pero es un Nobel para ponerse contento, porque es una poeta maravillosa.

Mariana Enriquez (Buenos Aires, 1973), escritora y periodista, es una suerte de rockstar literaria. Con apenas 22 años, su primera novela, Bajar es lo peor, le trajo una fama inesperada en Argentina (o "la rompió", como dicen allá) que bien podía haber sido flor de un día. Pero no fue así: dos novelas más (incluida la colosal Nuestra parte de noche, que le valió el Premio Herralde en 2019 y la consagró definitivamente), tres colecciones de cuentos, varios volúmenes de no ficción y una serie de Netflix con Pablo Larraín dan cuenta de ello. El género de terror está más vivo que nunca, en gran parte, gracias a su exploración de lo paranormal desde lo cotidiano, desde lo político.

El día en que lavozdelsur.es la entrevista lleva apenas unas horas en Cádiz. Confiesa sufrir de jet lag (ahora vive en Australia) y viene de Barcelona, adonde volverá apenas dos días después. Sus giras son así, y congrega siempre multitudes.

Recorre fascinada los pasillos de la Fundación Carlos Edmundo de Ory, que la ha invitado como previa para sus jornadas sobre lo inquietante. "Qué colección de libros de ocultismo que tenés acá", observa. Y se queda maravillada ante un volumen de Allen Ginsberg dedicado y firmado para el poeta gaditano.

  • Mariana Enríquez, retratada en días pasados en Cádiz.
  • -

Pregunta. Es su primera vez en Cádiz. Para alguien para quien las vibras y los espacios tienen tanta importancia, como muestra especialmente en sus crónicas, ¿qué impresión le ha dado en las pocas horas que lleva?

Respuesta. Me hace acordar un poco a Cuba; es una primera impresión un poco obvia, pero fui a un bar que tenía ese tipo de luz, y tiene ahí un parecido… Pero llevo muy poco, voy a explorar en cuanto pueda.

P. Y en relación con eso, ¿qué tiene lo urbano, lo cotidiano, el espacio, que le atrae tanto para explorarlo a través del terror?

R. La ciudad es el lugar donde yo viví siempre, y donde más gente vive. Y a diferencia de de los espacios rurales, las ciudades se usan menos para el terror y no sé por qué, cuando a mí me parecen mucho más inquietantes: hay mucha más gente, es mucho más peligroso, hay mucha más historia, más pasado, más almas… Es un espacio mucho más cargado.

"Las ciudades siempre me parecieron muy inspiradoras, y además me gusta la literatura urbana"

Por eso las ciudades siempre me parecieron muy inspiradoras, y además me gusta la literatura urbana. La mezcla que hay en las ciudades es muy estimulante.

Me resulta un espacio más liberador, más contradictorio. Es literariamente más interesante (que no vitalmente, porque vitalmente todo puede ser maravilloso o horrible). En la ciudad puedes ser un desconocido, y además también está “el otro”, toda la otra gente. Hay algo del anonimato de la ciudad que para trabajar en textos de terror te da facilidades, porque te lo regala el ambiente.

P. La he leído y escuchado en varias ocasiones hablar de la distinción entre terror y horror. Hoy, ¿cuál de las dos le interesa más como fuente o sustrato literario?

R. Yo creo que el horror, pero pienso cada vez más que son instancias de lo mismo. Terror es como, no sé, estamos hablando nosotras acá y suponte que afuera hay un animal que nos puede atacar. Si todo está cerrado, uno le tiene miedo y listo: eso es terror. Horror es abrirle la puerta: ese momento.

"El horror es más interesante porque está más cerca de lo abstracto y de lo poético"

Y hay menos palabras para el horror. El terror se puede narrar un poco más: se puede hablar de los nervios, de la tensión… Pero el horror es más difícil de contar, porque es ese momento donde casi no queda el lenguaje: solo queda ese momento difícil de expresar.

El horror es más interesante porque está más cerca de lo abstracto y de lo poético, y el terror tiene mucho más que ver con la trama. Pero creo que son dos momentos de lo mismo.

  • La autora argentina, en un momento de la entrevista con lavozdelsur.es.
  • -

P. A propósito del tema de estas jornadas de la Fundación, lo inquietante, ¿qué es para usted lo inquietante?

R. Creo que lo inquietante es la falta de certeza, que a mí me parece bien: creer que uno puede saberlo todo o que puede controlarlo todo es un poco peligroso e implica cierta arrogancia.

"Es un muy buen momento para la ficción, como espacio donde uno trata de pensar e interpretar lo que está ocurriendo"

Y lo inquietante es justo poder decir: no sé qué es esto, no lo entiendo, y en ese admitir que uno no lo puede controlar y ni sabe lo que es, hay un espacio liberador, sobre todo en la imaginación. Porque todo el mundo puede imaginar.

P. Y en el momento en el que estamos, ¿es más difícil escribir sobre todo esto, sobre terror, horror, lo inquietante…? ¿Estamos normalizando cosas que antes nos daban más miedo? ¿Cómo afronta esto al escribir género, cuando estamos ante un panorama global espeluznante?

R. Estamos normalizando cosas y al mismo tiempo no. Creo que también es un muy buen momento para la ficción, como espacio donde uno trata de pensar e interpretar lo que está ocurriendo.

Es cierto que hay esta especie de competencia entre ficción y realidad, y esa idea de que la realidad es más espeluznante y que es difícil pensar algo que compita en originalidad con ella, pero creo que la ficción no tiene que hacer eso. No tiene que competir con la realidad: tiene que tratar de pensarla.

Y creo que cuando uno se para a pensar, es todavía peor, porque además hay muchas cosas que comunitariamente, mundialmente, no resolvimos. El trauma de la pandemia no lo resolvimos, y no resolvimos cómo terminó.

Incluso creo que, cuando creemos que estamos entendiendo algo, hay cierta histeria. A veces siento como una sobreactuación: no sabemos cómo hablar de las cosas. Es todo un griterío, que creo que tiene que ver con no entender bien.

Esto es una pavada, pero viene al caso. Ayer un amigo me manda este vídeo del cura en Ecuador que se le cayó una cruz en la cabeza y se murió en medio de una misa.

"Hay un nivel de sobresignificación y sobreestimulación que nos tiene la cabeza quemada, para ser francas"

Todo en eso es una locura: que exista el vídeo, que yo en Barcelona reciba el vídeo y que me esté riendo del señor cura. Y entre otras cosas me estoy riendo del señor cura porque no creo que sea real, porque creo que es IA y pienso: qué bien hecho que está esto, qué divertido. Dos minutos después, mi amigo me manda un mensaje y me dice: no, que es verdad, boluda. Pero yo ya me reí, ya me divertí, ya se lo mandé a un montón de gente. Y al mismo tiempo, desde el otro punto de vista, el pobre señor que se acaba de morir de esa manera va a tener un vídeo viral imposible de destruir.

Es macabro, absurdo, inquietante, y a nadie le importa el pobre señor. Es horrible, y al mismo tiempo fue un chiste de la tarde de ayer.

"La literatura es lenta, uno no puede scrolearla, no puede salir a la calle enloquecido y leer"

Todo eso es muy difícil de procesar porque, con un vídeo de tres segundos, pasan 60 emociones diferentes, 60 interpretaciones diferentes. Hay un nivel de sobresignificación y sobreestimulación que nos tiene la cabeza quemada, para ser francas.

Y la ficción, en vez de aportar a la confusión general, ofrece eso que es parar y pensar. La literatura es lenta, uno no puede scrolearla, no puede salir a la calle enloquecido y leer.

Tienes que entender, tenés que parar... Para concebirlo también: yo no puedo escribir un cuento en un día. Y esa lentitud hace que, sí, es cierto, la literatura no pueda representar o reflejar la realidad, pero justamente tiene que ofrecer otro tiempo. Por eso es un buen momento para la ficción.

  • Otro momento de la conversación.
  • -

P. Y sobre la inteligencia artificial, que ya la ha mencionado: ¿cómo la está viviendo?

R. Hay algo muy terrible de la inteligencia artificial ontológicamente hablando, y es que es la primera vez civilizatoriamente que hay algo no humano que te puede reemplazar. Nunca pasó eso, y a eso no podemos bajarle el precio psicológicamente, socialmente. Es algo, justamente, muy inquietante. Porque realmente no es solo que reemplaza el trabajo: puede reemplazar el afecto, la creatividad…

"¿Para qué creamos una herramienta que nos va a reemplazar? ¿Qué es este tipo de suicidio colectivo?"

Y, al mismo tiempo, cuando uno piensa en esa realidad vertiginosa, piensa: ¿para qué? ¿Para qué creamos una herramienta que nos va a reemplazar? ¿Qué es este tipo de suicidio colectivo? Es muy extraño como deseo civilizatorio.

Y la gente rápidamente ubicó a los billonarios tech como “los malvados que hicieron esto”, pero en realidad la inteligencia artificial es un proceso de décadas. Los billonarios tech invierten en eso, pero el proceso de la supercomputadora tiene muchos años de creación, es decir, en 50 años no hubo ningún momento donde alguien dijera: bueno, vamos a detenernos.

Por otro lado, también pienso que habrá algún tipo de convivencia, porque ahora mismo hay una suerte de fantasía apocalíptica.

  • Enríquez, durante la conversación con este periódico.
  • -

P. ¿Y le interesa explorarlo literariamente?

R. Quizás sí, pero no sé si ahora. Es interesante la idea de qué es real y qué no, y cómo la gente va a tener cada vez más un deseo proclamado de consumir algo real.

Me interesan esos escenarios hipotéticos de: ¿qué pasa cuando todo se haya generado por inteligencia artificial? ¿Cuáles van a ser esas realidades que la gente va a buscar casi como droga? ¿Cómo vamos a distinguir que algo está pasando de verdad? ¿Cuánto va a valer eso?

P. Sobre este último libro que ha publicado en España, Conversación con la oscuridad, ¿cómo se gesta esa exploración de los espacios, de la historia…?

R. El libro lo componen textos que son resultado, de, digamos, 15 años de conferencia, charlas... Yo, sinceramente, si no hubiese tenido la propuesta de la editorial y de dos académicas, Inti Soledad Bustos y Erica Durante, que leen mi trabajo y que me decían que recopilase todo eso que yo había estado pensando sobre mi ficción, quizá no lo hubiera hecho. Ellas recopilaron y ordenaron y luego yo corregí, y terminó siendo un trabajo conjunto.

Creo que acepté hacerlo también en este momento porque hace un año y medio que me mudé a Australia, y es un buen momento para hacer balances, como en todos los grandes cambios.

Explorar la no ficción con esa ayuda y hacer ese balance de qué vengo escribiendo hasta ahora y por qué me interesan ciertas cosas era buena idea, así que estoy contenta, y un poco sorprendida también.

P. Y yéndonos a otro punto clave de su carrera, Nuestra parte de noche, ¿cómo fue la ‘resaca’ después de convivir durante tanto tiempo con esos personajes?

R. Es raro lo que pasa con esa novela porque el desprendimiento tendría que haber ocurrido después de la publicación, y en medio vino la pandemia. Yo estaba encerrada, y encerrada todavía con los personajes, y sin muchas ganas de escribir ni saber para dónde tirar.

La respuesta es menos interesante de lo que parece: es que te terminas olvidando. La gente me suele preguntar por una segunda parte, y eso nunca quise hacerlo.

Para mí fue importante poder publicar los cuentos de Mis muertos tristes —se refiere a Un lugar soleado para gente sombría, adaptado a serie como Mis muertos tristes— en 2024, porque me di cuenta de que podía volver a escribir ficción en la misma línea que estaba escribiendo antes, un poco más fantástica y paranormal. Y creo que ese fue el momento en que me desprendí de la novela.

No fue un proceso de desprendimiento creativo normal, porque estuvo atravesado por toda esa locura; dos años después, seguía hablando de la novela, y ahora recién puedo decir que ya me olvidé de esa parte.

  • Mariana Enríquez, una de las voces de la literatura hispanoamericana.
  • -

P. Y ahora que mencionaba los cuentos de 'Mis muertos tristes', ¿cómo ha sido ese momento de ver su literatura en pantalla?

R. Muy raro. Pablo Larraín me dijo que no quería adaptar mis cuentos como si fuese una serie o una antología; quería fusionar y que de eso saliera otro texto. Así que para mí fue como escribir otro texto diferente con elementos de cuentos míos, y no estaba tan segura de que fuese a funcionar.

Lo hicimos, lo trabajamos, y a mí me gustó cómo quedó el guion, pero hasta que no lo ves, no sabes, y me sorprendió gratamente. La serie es muy oscura y deprimente, y da mucho miedo, es más dark que mis cuentos, y a la vez tiene más humor.

"Siempre voy a escribir de Argentina y en argentino y como argentina, pero es posible que después de tantos años, esté tratando de explorar otras cosas"

Es otro texto, se parece a lo que yo hago y a la vez no, y también tiene mucho de Pablo. Quedé muy contenta, pero sí, fue raro.

P. Pregunta obligada: ¿qué está escribiendo, o sobre qué, ahora?

R. Estoy escribiendo ficción, una novela larga y otra más corta, y tengo algunos cuentos planeados. Una de las novelas es muy, muy argentina, pero los otros textos no tanto.

Yo siempre voy a escribir de Argentina y en argentino y como argentina, pero es posible que después de tantos años (mi primera novela es del 95), esté tratando de explorar otras cosas.

También hay casas, hay lugares encantados… pero es un fantástico menos situado. Por eso también es interesante justo ahora este libro de Conversación con la oscuridad, porque de alguna manera habla de Argentina, de la dictadura, y de toda la carga del terror latinoamericano. Al final, yo sigo escribiendo sobre eso, pero tengo ganas de explorar por otro lado.

P. ¿Y ahí cree que influye el cambio de país y de continente?

R. Un poco quizás, sí. Hay algo de mudarse que me parece muy interesante como experiencia, y además me parece una experiencia muy latinoamericana. El latinoamericano está migrando permanentemente, así que también era como preguntarme: ¿cómo soy yo en otro lugar?, que es algo que nos pasa mucho a los latinoamericanos.

  • Mariana Enríquez posa tras la entrevista con lavozdelsur.es.
  • -

P. También tiene esa faceta de 'rockstar' literaria. ¿Cómo lo compagina? ¿Cree que el haber sido periodista musical y haber visto de cerca cómo lo gestionaban los grupos le ha ayudado un poco?

R. Sí, un poco sí. Para saber que no es para tanto, que hay que tratar de divertirse, relativizar y pasarla bien, ser amable con la gente, y que al final es trabajo. Hay mucha atención y está bueno, es lindo que venga la gente y todo lo demás, pero es trabajo, y hay que tratar de hacerlo bien y después a casa a trabajar en lo siguiente.

P. También es una gran lectora y lo muestra en sus redes. ¿Algo en especial que haya estado leyendo últimamente?

R. Es muy extraño, porque no tiene nada que ver con el género. Pero últimamente estuve leyendo mucho a Emmanuel Carrère, me gusta mucho, y no sé por qué. Leí Limonov y quise leer todos sus libros rusos, y ahora estoy terminando el último, Koljos, buenísimo. Además él hace historia de la familia, pero también política, pero también personal, pero también Francia, pero también Rusia… Y es como estar hablando con una persona muy inteligente, que es una de las mejores cosas de la literatura: que alguien muy inteligente te cuente cosas. No sé, estoy un poco fanatizada con él.

P. Precisamente, usted que es una gran fan: ¿cómo ha recibido el Nobel a Anne Carson?

R. Contentísima por ella. Me hubiese gustado que se lo den antes, pero espero que lo pueda disfrutar mucho, porque debe ser rarísimo que te den un premio con toda esa exposición, dinero y todo lo demás, cuando ya una es grande. Me acuerdo cuando se lo dieron a Doris Lessing, con ese vídeo fabuloso… Y la entiendo profundamente.

Así que espero que Anne lo pueda disfrutar. Y me parece un Nobel muy… justo es una fea palabra, pero es un Nobel para ponerse contento, porque es una poeta maravillosa.

COMENTARIOS