Manuel Martínez, andaluz por el mundo con eterno 'jet lag' y rey en La Manuela: "Lo que tengo lo he soñado y luchado"
Currante desde los 12 años, escayolista, locutor de 'Los 40', viajero por 90 países, emprendedor nato, el comunicador de Lebrija, uno de los rostros más populares de Canal Sur, repasa en lavozdelsur.es, desde su toma de tierra de Las Tres Piedras, un periplo como buscavidas sin ganas de aterrizar
De escayolista y locutor de Los 40 a viajar por 90 países, la tele y los negocios
Justo antes de comenzar la entrevista, Manuel Martínez Piñero (Lebrija, 1979) ya da una ligera idea de su hiperactividad. Está pendiente de lo que nos va a poner por delante el chef, Alejandro Sánchez Soto; de si llegan sus hijas del instituto —las traen en coche—; de que su inseparable Calcetín, un inquieto perro de agua, no se desmadre —“¿os está molestando…?"—; de atender a un proveedor; e incluso de unos clientes que, unas mesas más allá, le han pedido hacerse una foto con él. "Si queréis, como con vosotros…", les zampa risueño. Siempre atento, siempre pendiente al último detalle, siempre como in extremis pero llegando a todo.
Recibe a lavozdelsur.es en un espectacular mediodía de otoño en La Manuela, el restaurante que fundó hace década y media larga en la playa de Las Tres Piedras, en la costa noroeste de Cádiz, en Chipiona, y que desde este pasado verano comparte con su socio, el empresario palaciego Antonio Caballero Liebre.
El horizonte despejado, el mar como un plato, la arena sin la marabunta de la temporada alta y una sensación flotando en el aire de que esto debe de ser algo parecido al paraíso en la tierra.
Ha aterrizado unos días antes de la entrevista procedente de Taiwán, donde ha buceado entre 800 tortugas, y apenas unos días después volará rumbo a Cantón, la tercera ciudad más grande de China, donde asistirá al futuro, a la Feria Internacional de Tecnología. Así es la frenética vida del rostro más visible deAndalucía x el mundo, en Canal Sur TV, uno de los programas “más rentables de la televisión española”, por la diferencia entre lo que cuesta su producción y por la audiencia que tiene (el prime timemás visto de la cadena pública andaluza; incluso con una cuota del 11% en sus redifusiones).
Sobre la mesa, traída de Bali, hay unas copas de fino y la conversación se alarga y se alegra con la fluidez y la naturalidad del protagonista de una historia que suma diversos negocios y una trayectoria en los medios de comunicación que ya dura más de 30 años. Entre un avión y otro se sienta Manuel en su Manuela, el local que alquiló en agosto de 2010, “cuando era una ruina frente a una playa a la que no venía nadie”. Allí perdió dinero durante dos años hasta aprender que en la hostelería, y en cualquier negocio, "o se está o no se está". Regresa a sus pies Calcetín, el amigo perruno que lo levantó de una pequeña depresión tras su divorcio.
Todo empezó en una cochera de Lebrija, con dos sábanas por telón y un niño que anunciaba: "Aquí está el director del circo". Es hijo de Pepe, escayolista de 69 años, y de Pepi, ama de casa de 67 años, y a los 12 años Manuel ya iba de peón con su padre. Luego llegaron las horas gratis en Radio Lebrija, Los 40 Principales en Radio Jerez por 40.000 pesetas, un Burger King de Birmingham, un sofá en Madrid —y muchas más cosas en la tele—, y Andalucía Directo, el programa con el que soñó.
Hoy suma unos 90 países en su trolley y un puñado de empresas de las que, “sin exagerar”, dependen o han dependido 300 o 400 familias. El año pasado sufrió dos parálisis faciales por estrés. Se confiesa hipocondriaco, se despide cada noche de sus hijas “por si papá mañana no está” y asegura ser “asquerosamente feliz”. Todos los partidos, dice, le han ofrecido algo. Su respuesta: “Yo por 2.000 euros no soy alcalde de nadie; esa responsabilidad tan enorme no está pagada”.
Lo suyo son los viajes y conocer historias por el mundo, un espíritu trotamundos y aventurero que siempre vuelve indefectiblemente al sur, al centro de gravedad de un hombre que visita las experiencias de andaluces que viven por un mundo tan enorme y tan diverso que, cuando conoces un poco de otras culturas y otros universos, “te hace imposible ser racista o tener prejuicios”.
Pregunta. Usted empieza en los medios de comunicación de casualidad.
Respuesta. Cumplo 31 años en medios de comunicación y empiezo porque a la Plaza de España de Lebrija llega uno una Navidad y dice que va a empezar a hacer un programa en Radio Lebrija y que necesita colaboradores. Y digo: pues esto me apasiona, porque desde pequeño yo en mi casa lo que hacía era el circo. Somos cuatro hermanos y yo era muy imaginativo. Entonces me ponía en la cochera, montaba como un tenderete con dos sábanas, las abría y decía: “Aquí está el director del circo…”. Salía mi hermano, que era el león; salía mi hermana, que era la trapecista… Todo así… en una casa muy humilde de Lebrija.
P. ¿Pasaban fatigas?
R. Yo soy de una familia trabajadora, sí. Mi padre, Pepe el escayolista, ha estado en las escayolas, en el andamio, mucho tiempo. Mi padre, aunque fuera autónomo, era más trabajador que empresario. La historia de mi vida ha sido ver a mi padre salir a las siete de la mañana y llegar a las diez de la noche, y mi madre, esa misma noche, limpiarle en una pila la escayola del pantalón con un cuchillo para que al día siguiente estuviera listo. Eso lo respiro yo todavía. Le han dado la baja por culpa de las veces que se cayó del andamio. Y tiene una mierda de paga.
P. Y usted se considera escayolista.
R. Con 12 años ya me llevaba mi padre de peón de escayolista. Yo soy escayolista. Yo te puedo poner escayola, perlita, techo de media caña…
P. ¿Con 12 años…?
R. Con 12 años. Yo huelo el esparto y me da fatiga. Yo recuerdo ir a Las Cabezas de San Juan en el coche, detrás, durmiendo, porque tenía mucho sueño. Yo iba al colegio y, después, comía rápido y a las 3 de la tarde ya estaba montado en la Sava yendo para Las Cabezas.
"Era muy mal estudiante, pero era muy bueno describiendo cosas, haciendo cuentos, contando historias"
P. ¿Y qué soñaba en esos sueños infantiles?
R. Siempre me ha encantado la comunicación. Era muy mal estudiante, pero era muy bueno describiendo cosas, haciendo cuentos, contando historias.
P. La parte creativa, ¿no?
R. La parte creativa. Y eso es lo que a mí no me ha gustado nunca de la educación española. En el mundo me doy cuenta de que cada niño es diferente y cada niño tiene una oportunidad. Y en otros países se trabaja mucho eso. Se lucha mucho por eso. Por incentivar y formar a chavales que supuestamente son diferentes, que van buscando otro tipo de historia. Y yo era de esos.
P. Soñaba con contar su propia historia, no la que le dijeran que tenía que contar.
R. Exactamente. Yo les digo a mis hijas muchas veces que me gusta que estudien, claro está. Pero me da mucho coraje que me digan que quieren opositar.
P. ¿Qué edad tienen sus hijas ahora?
R. Mar, catorce, y Lara, doce. Y mi mayor tiene 25, mi Sergio.
"No quiero que en España todos los jóvenes quieran opositar, me da mucho coraje, se pierde el emprendimiento, la imaginación…"
P. Tiene tres hijos, entonces.
R. Mi Sergio ha aprobado una oposición de Navantia, estudió ingeniería. Y estoy muy contento. Mar quiere ser profesora y Lara es más como yo, inventando historias… No quiero que todos los jóvenes en España quieran opositar, me da mucho coraje, se pierde el emprendimiento, la imaginación…
P. Bueno, si damos por hecho que el funcionario, un servidor público, debe perder la imaginación, que es la pena también, ¿no?
R. ¿Tú sabes lo que ocurre? Que veo que quieren opositar, pero no porque les guste el trabajo…
P. Esa es la pena, ¿no?
R. Me lo decía el otro día una autónoma. “Manuel, estoy opositando”. Y le digo: “¿Pero porque te gusta?”. Dice: “No, no me gusta absolutamente nada. Pero como quiero vivir tranquila...”. Y el funcionariado ha perdido hasta dinero, ¿eh? Pero…
P. Pero se quita uno del jaleo del empresario o de ir por cuenta propia…
R. Sí, pero yo digo una cosa, ¿eh? Un fontanero en nada te va a cobrar lo que quiera y va a trabajar las horas que quiera. Va a decir: “Esto va a valer 200 y pico euros, 300 euros, y trabajo de 8 a 2. Punto”. Y lo veo fantásticamente, porque no hay fontaneros, ni electricistas, ni escayolistas, ni nada. El que sea funcionario no va a poder pagar a un fontanero. Se va a tener que ver el YouTube para arreglar una cosa.
P. Se ha dado la vuelta.
R. En otros países se están formando profesionalmente y nosotros vamos al contrario. A mí me duele realmente.
Manuel Martínez, durante la entrevista.
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JUAN CARLOS TORO
P. ¿Y usted en un mundo tan complejo como la comunicación cómo se va formando?
R. Con 16 años, casi con 17, cogí un autobús y me fui para Jerez porque había un concurso de disc jockey de Los 40 Principales. Y no me aceptaron, claro, porque estaba muy verde. Entré en Radio Lebrija, que es mi escuela y ha dado muy buenos profesionales. Allí me enseñaron cómo lo tenía que hacer. Echaba muchísimas horas totalmente gratis. Y después me presenté otra vez al concurso de disc jockey de Los 40 Principales y ya me metieron. Y empecé en Radio Jerez, que fue mi otra escuela.
P. ¿Con qué edad empieza en Radio Jerez?
R. Casi con 18.
P. Y arranca en Los 40.
R. En Los 40. “Este es el número uno de Los 40 Principales. Te lo patrocina El Corte Inglés” —pone voz de locutor de radiofórmula—. Era el tío más feliz del mundo entero. Yo tenía que ir en el tren, que era lo más baratito que tenía para ir de Lebrija a Jerez. Tenía que comprarme el bono mensual. Para llegar a Jerez a las 12, que era la hora a la que entraba, llegaba a las 9 y media, y me quedaba sentado dos horas y media en el Mamelón porque no podía entrar antes al estudio. Me llevé así dos años.
P. ¿Cuál fue su primer sueldo?
R. Mi sueldo en Radio Jerez fueron 40.000 pesetas. El bono de tren creo que me costaba 20.000. Yo le perdía dinero. Por la tarde trabajaba en las escayolas. Y después también me sacaba a distancia, en Trebujena, el FP de auxiliar de clínica. Y después me hice mi máster de periodismo, pero esto ya trabajando.
P. Y ahí hay un momento en que lo deja.
R. Sí, lo dejo porque un coordinador me dijo que no presentaba bien a Bruce Springsteen en inglés, que no pronunciaba bien. Y cogí el dinero de la comunión que tenía ahorradito en la Caja Rural, 47.500 pesetas, y me fui a El Corte Inglés y me gasté 20.000 pesetas, sin que mis padres quisieran, para irme a Birmingham a trabajar y a estudiar inglés. Y trabajé en un Burger King, donde me trataron superbien. Estuve un mes buscando trabajo, no sabía nada de inglés salvo hello y pocas cosas más, y acabé en la comida rápida con 19 años.
P. Ahí empieza el propio programa de Manuel Martínez por el mundo…
R. Totalmente. Y me ha servido para estar en el programa que estoy. Me ha servido para estar en el momento tan feliz que estoy. Te lo digo de corazón. Fíjate, si no hubiese sido por aquello... Bueno, también hay mucho trabajo detrás.
P. Hombre, imagino.
R. Muchísimo trabajo. Yo me fui a trabajar a Madrid. Después de Inglaterra no me vine para Jerez. Y me fui a dormir a Marqués de Vadillo, a un sofá. Y me iba muy bien. Me contrató una gran empresa de mánager, donde estaba Julio Iglesias, Carlos Baute y estaba yo.
P. ¿Y qué hacía?
R. Yo era presentador. Además, hacía de presentador que no salía, pero para las pruebas del Club Megatrix. Tras Tres Tris Megatrix, en Antena 3. Pasé de vivir en un sofá a vivir en un ático, compartido muchas veces con Alonso Caparrós, el cual me debe un polo Lacoste (ríe).
"He tenido siempre muy buenos amigos, pero nunca he tenido alguien que me haya dicho: "A este tío hay que colocarlo"
P. ¿Qué llegó a hacer inconfesable en esa televisión de los 90?
R. Yo aparezco en El show de los récords. Haciendo un récord Guinness, entre comillas, de mentira. Bebiéndome tres litros de leche en menos de un minuto. Pero era agua (ríe)…
P. Esa es la verdad de las mentiras.
R. Me presentaba Manu Carreño. El show de los récords. Aparezco ahí. Es la primera vez que lo digo. Lo van a buscar. Pero creo que tengo el récord Guinness —falso— en beber más rápido leche. Me dieron mi diploma, el cual no tengo, porque no guardo nada (ja, ja ja). Gracias a Dios, ahora mis hijas han rebuscado todos los premios. Y tengo una habitación muy bonita hecha con premios y me lo han hecho mis hijas.
"Nosotros tenemos, y la gente no lo sabe, una estabilidad de mierda en los medios de comunicación"
P. ¿Para qué han servido esos premios?
R. Me han servido para sentirme querido. Porque yo me he encontrado en una batalla contra mí mismo. Y contra mucha gente. He tenido siempre muy buenos amigos, pero nunca he tenido alguien que me haya dicho: "A este tío hay que colocarlo". Todo lo que tengo lo he luchado. Y todo lo que tengo lo he soñado. Yo soñé con entrar en Andalucía Directo. Entré en Andalucía Directo. Yo soñé con entrar en Los 40 Principales. Y yo entré… Todo lo que he soñado, lo he luchado para conseguirlo.
P. Y aparte, montando negocios, como este La Manuela en el que estamos. Un negocio de éxito.
R. Siempre he diversificado y los negocios que tengo me funcionan muy bien. He creado grandes empresas. He creado desde la Clínica Beiman, con Benjamín Ruiz Carmona, al cual le agradezco ese emprendimiento, hasta el Grupo Martínez, que lo creé y lo gestiona mi hermano pequeño ahora. O Casas del Mar, que son apartamentos turísticos. O La Lavadora Rápida, que son lavanderías de estas de autoservicio. Pero sí te digo que yo quito todo eso y seguiría cobrando 1.200, 1.400, 1.500 euros o lo que fuera… con tal de trabajar comunicando. A mí lo que me gusta es comunicar. Yo soy un tío muy feliz hablando con la gente. Muy feliz. Y quitaría todo eso, que me va muy bien, gracias a Dios, pero ¿por qué? ¿Nosotros qué tenemos, Paco? Nosotros tenemos, y la gente no lo sabe, una estabilidad de mierda en los medios de comunicación. Y yo siempre creía que esto se me iba a terminar. Entonces yo tenía que apostar con lo que ganaba. Con lo que ganaba, con lo que me dieron de finiquito cuando se terminó Localia… lo que hacía era apostar por empresas. Como desde pequeño estoy inculcado en el trabajo, pues lo que hacía era seguir trabajando.
P. Diversificar, digamos.
R. Diversificar.
P. Como se dice coloquialmente, poner los huevos en varias cestas.
R. Pero estando, ¿eh? Estando. Estando. No conozco ningún negocio que funcione en el que no haya que estar. Entonces, yo desde pequeño he querido emprender, pero por necesidad. Tras una entrevista con Pedro Pacheco le pregunté cómo podía presentarme a concursos del Ayuntamiento para poner escayola. Y me dio la oportunidad de presentar ofertas al Ayuntamiento de Jerez; gané un concurso, porque era la oferta más baja o no sé qué. E hice los techos de muchos colegios durante un verano en Jerez. Y Pedro no me ayudó, pero me enseñó el camino para esto de presentarte a una licitación en un momento en el que mi padre había caído malo.
Otro momento de la entrevista con lavozdelsur.es.
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JUAN CARLOS TORO
P. En España suena mal lo de ser buscavidas; en el mundo anglosajón lo llaman ‘hombre hecho a sí mismo’.
R. Sí. Y yo me he buscado la vida como sea y me la seguiré buscando. Y tengo miedo todavía de que me vaya a ir mal, de que mis hijas no puedan, de que yo... Yo tengo un miedo tremendo. Y de no poder pagar una nómina, me da miedo.
P. Cuanto más emprende y más apuesta, ese miedo más se incrementa, ¿no? Porque hay más cosas a su cargo… En general, el trabajador por cuenta ajena no entiende la responsabilidad de tener nóminas de mucha gente sobre la espalda, pero hay empresarios que tampoco cuidan a su personal…
R. No entiendo a un empresario que no conozca a su gente y no cuide a su gente. No lo comparto. Pero de ninguna manera, no lo comparto. El que vea un número en una persona, no lo comparto. Porque esa persona tiene familia. Tiene hijos.
P. ¿Cuántas familias tiene ahora mismo a su cargo?
R. Si meto también empresas que he creado y en las que ya no estoy, sinceramente, sin exagerar, 300 o 400 seguro.
P. Se dice pronto.
R. Todas las empresas que he creado, todas funcionan. Y gracias también a las personas que han continuado esas empresas... Yo he desaparecido porque tenía que desaparecer. Porque no podía. Porque había momentos de estrés, de ansiedad, de todo. Y he dicho: por aquí tengo que parar, frenar, o me muero, como me pasó con La Manuela. Yo me uno con Antonio Liebre, que es mi amigo, porque me dio dos veces una parálisis facial de estrés el año pasado. Y a mí me ha dado la tranquilidad de poder seguir con mi proyecto de comunicación y mantener mis negocios abiertos. Porque esto para mí es una pasión. Todo mi emprendimiento es una pasión y estoy orgulloso de que los negocios en los que ya no estoy hayan seguido creciendo en facturación.
P. ¿Y piensa aterrizar en algún momento?
R. Yo no quiero aterrizar. No me apetece aterrizar.
P. O sea, su hábitat natural es estar en tránsito…
R. No, yo estoy mejor disfrutando el día a día. A mí me jode que termine el día. Me jode.
P. Es un buen titular.
R. Me jode porque es un día menos. Yo en 10 años tendré cerca de 60 años.
P. Me he acordado del ‘Zorongo gitano’ de Lorca, ahora que algunos le han descubierto: "24 horas del día / 24 horas que tiene / si tuviera 27, tres horas más te querría"…
R. Ahora está feo decirlo, porque está de moda Lorca, pero en mi casa les leo textos, obras, poemas…, de Lorca a mis hijas. De toda mi vida. He subido a escenarios a recitar a Lorca, llevo años haciéndolo. Ahora lo que pasa es que con La bola negra me da mucho coraje que a todo el mundo le guste Lorca. Ahora lo han descubierto…
P. Nunca es tarde.
R. Yo soy muy fanático de Lorca. Muy fanático. A lo que iba, el día no quiero que termine, porque es un día menos. En nada, 60 años, y ya tengo goteras. Me veo así y digo: yo lo tengo que aprovechar. Yo estoy contigo aquí. Hoy es jueves, 8 de octubre.
Manuel Martínez, antes de la entrevista.
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JUAN CARLOS TORO
P. 8 de octubre. 2026.
R. Esa es mi vida, esa es mi vida. Acabo de llegar de Taiwán el lunes pasado. Y yo me voy para Cantón el domingo. ¿Para qué me voy a Cantón? Me voy a la Feria Internacional de Tecnología. Para ver si encuentro algo que a mí me guste, me apasione, para emprender.
P. O sea, que usted el domingo viaja al futuro.
R. Sí. Me voy a la feria de tecnología más grande del mundo. ¿Cuándo aterrizo? Pues es que yo no quiero aterrizar.
P. Vive en ‘jet lag’ permanente.
R. Yo vivo en un jet lag con medicina natural. Yo me tomo la pastillita... ¿A qué hora amanece allí? Pues yo estoy en el avión y digo: ahora me tengo que tomar dos pastillas. Y pongo “no molestar”. Y así cambio yo el jet lag.
P. O sea, este ritmo es cien por cien natural. Hay que aclararlo aquí para los malpensados…
R. Totalmente natural.
"Si fuera millonario, yo repartiría tela"
P. ¿Cómo aguanta?
R. ¿Sabes por qué aguanto? Porque a mí me apasiona la vida. Soy asquerosamente feliz. Me levanto por las mañanas y no necesito un café ni de coña. Yo soy felicísimo por las mañanas. Soy hipocondriaco. Yo me despido todas las noches de mis hijos. Por si no amanezco. Eso al principio fue un trauma para mis hijas. Lloraron incluso algunos días. Te lo juro que lloraron algunos días. Pero yo les doy dos besos: “Por si papá mañana no está. Os quiero”. Todos los días. Soy hipocondriaco. Entonces, cuando amanezco... digo: estoy vivo. ¡Estoy vivo! El que se tropiece conmigo hoy la que le voy a dar (ríe)...
P. ¿Qué le ha dado donde estamos, La Manuela?
R. La Manuela me ha dado diversión. Y quebraderos de cabeza. Recuerdo cuando cogí este negocio. Traje a mis amigos y me dijeron que estaba loco, mi padre...
P. ¿Y cómo llega?
R. Pues yo vengo a Chipiona porque me enamoro de una chica de Chipiona. La madre de mis dos niñas. Y este local estaba vacío. Esto lo abandona, un 15 de agosto de 2010, una familia porque no era rentable. Me dicen que está abandonado, que si lo quiero alquilar. Y yo vengo aquí y estaba destrozado. A esta playa no venía nadie, salvo alguna tienda de campaña que se ponían por ahí… Aquí recuerdan esa época como de abandono. Pero un sitio muy bonito también. Aquí se venía con una furgoneta, se podía dormir, se podía… Entonces, yo apuesto por esto y la gente me dice que estoy loco. Y lo entiendo, estoy loco. Porque siempre lo he estado. Lo alquilo y durante dos años perdí dinero, mucho dinero. Y le eché mucho dinero. ¿Pero por qué perdí dinero? Porque yo tenía que estar en la radio y en la tele. No estaba aquí. Y el que monta un negocio de hostelería, o está o no funciona. Y el que piense lo contrario se está equivocando.
"A mí me jode que termine el día. Me jode porque es un día menos"
P. Eso es así.
R. Así es. Yo tengo muchos amigos artistas que tienen dinerito y todo lo demás. "Voy a invertir en un restaurante…". Y les digo: "¿Vas a estar?…". "No… lo va a gestionar...". Pues no, ni de coña. En todos los grandes restaurantes, ¿quién está? Los propietarios. Quieren abrir un segundo porque les va muy bien. El segundo lo cierran al año, a los dos años. No pueden. Porque hay que estar. Entonces, a partir del segundo año, ya me metí aquí de lleno: me llevaba mucho tiempo cocinando y metiéndome a fregar, lo pasaba mal. Porque te dejaban tirado, porque no venía la gente, porque tú querías dar un buen servicio. Pero por estar aquí, va creciendo La Manuela poco a poco, con esfuerzo y trabajo.
Otra pose tras la conversación con este periódico.
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JUAN CARLOS TORO
P. O sea, que al final es un especialista de lo gordo y lo fino, como en la escayola.
R. Yo soy un tío muy bruto. Y a mí me cabe todo. La gente me pregunta: "¿Cómo tienes capacidad para llevar tantas cosas?". Aparte de la cabeza, que la tengo gorda, soy muy cabezón. Y digo: "Esto va a funcionar", y lo curioso es que funciona.
P. Y luego, también es de los que devuelven a la sociedad lo que esta le da...
R. Sabes que hago muchas cosas para ayudar a la gente; quiero una vida mejor para todo el mundo. Intento que un trabajador mío gane el máximo y a mí me va a ir bien siempre la vida mientras tenga dos manos y dos piernas. Y mientras tanto, el que está alrededor mía —que tengo a mucha gente alrededor mía— tiene que estar bien y tiene que estar cuidado. Hay gente que lo quiere todo para él y son infelices. No quiero un barco, mejor tener un amigo que lo tenga...
"Aparte de la cabeza, que la tengo gorda, soy muy cabezón. Y digo: "Esto va a funcionar", y lo curioso es que funciona"
P. El hecho de viajar y ver tantas cosas por el mundo, conocer tanta gente, tanta cultura, tantas sensibilidades, al final también, un poco en el momento en el que estamos, es lo que necesitamos, ¿no? Ver al otro, ver otras realidades. No creernos el ombligo del mundo...
R. Es que no lo somos. Es que estamos superequivocados. El mundo es tan grande que te hace no ser racista, no ser egoísta, pensar realmente en ti, en tu familia, en tus amigos, el querer más a las personas. El mundo es tan bonito... Nos creemos que somos lo mejor. Claro que Andalucía es lo más bonito del mundo... pero ¿ves esta cuerdecita —se señala la muñeca—? Tócala. ¿Sabes lo que es? El otro día en Taiwán, en la Isla de las Tortugas, estuve buceando con 800 tortugas. Es el sitio donde más tortugas hay en el mundo. Y esto lo llevaba en la boca y lo soltó una tortuga. Y me llegó y lo cogí y lo tengo aquí. Estoy uniendo ahora mismo Chipiona con la Isla de las Tortugas de Taiwán. ¿Tú sabes lo bonito que es eso? ¿Tú sabes que hay veces que no apreciamos esta tontería? No la apreciamos. Y no apreciamos el cariño.
¿Qué estará haciendo esa niña de Guatemala que conocí hace ocho años y que no adopté porque mis hijas eran muy pequeñitas...? En Guatemala, hay una Ciudad de los Niños donde un sevillano tiene a más de mil niños abandonados, violados por sus padres y cosas horrorosas. Les da de comer, de beber, les da educación... Un sevillano. Y esta niña me abrazó desde el primer momento, y claro, yo llorando. ¿Tú sabes que hay niñas de 12 años que tienen bebés allí? Porque han sido violadas por padres o abuelos. O que hay bebés que mueren porque ellas, agotaditas, dándoles de mamar, se quedan dormidas y los asfixian. Nosotros estamos con una copa de vino, en un pedazo de mesa, mirando la playa. Y somos unos privilegiados. Y tenemos que mirar también a las personas. Somos privilegiados porque hay personas que están pasándolo muy mal, porque dicen que no hay dinero para todo el mundo. Porque esta es la globalización.
P. La desigualdad más extrema, unos con tanto y otros con tan poco.
R. Aquí, en verdad, habría para todos. Habría para todo el mundo. Pero bueno, también hay gente buena que reparte.
P. ¿Qué les pasa a los políticos, Manuel? ¿Qué hacemos con esta gente ahora que vienen elecciones?
R. Pues a mí me duele mucho. La crispación que estoy viendo... Está la gente triste, está la gente cabreada, está la gente enfadada. Todo el mundo se pega. No se puede tener una conversación. Si yo digo algo, soy o fascista o podemita o del PSOE o de izquierdas o... o fascista, tío. Yo no soy nada de eso, de verdad. No soy nada. Soy un tío neutral, que tiene mi pensamiento, que creo en mis cosas, en mis valores, en ayudar al otro, en ser una persona humilde y normal y querer a la persona que tengo enfrente. Hay una crispación creada por culpa de los que realmente quieren que estemos mal que nos la estamos creyendo. No tiene razón nadie. Nadie. ¿Por qué no somos más buenos entre nosotros? ¿Por qué no empezamos a construir en vez de destruir? Están creando toda esta destrucción porque no tienen capacidad para construir.
P. No saben.
R. No saben construir. Te lo digo de corazón. Quillo, vamos a sentarnos, del partido que sea. Vamos a construir, quillo. Vamos a olvidarnos. Pero construyo contigo, tío. Tengo que construir contigo. Tengo grandes amigos políticos que son muy buenos políticos, ¿eh? Y muy trabajadores. Tengo buenos amigos en todos los partidos y son buenos políticos, pero después hay otros que quizás, metidos en su historia, en su vida, por no perder... ¡Pero si tienes dos manos! Puedes trabajar de escayolista conmigo. Vamos a trabajar los dos de escayolistas...
P. Qué tendrá el poder, ¿no? ¿Le han tentado?
R. A mí me han ofrecido ser candidato. O ir con un partido. Yo creo que de todos ya. Yo creo que de todos. Porque como nadie es capaz de cogerme de quién soy... Te lo juro, me han ofrecido la delegación de no sé qué en el Ayuntamiento tal... Me han ofrecido cosas de todos los partidos. Pero también te digo una cosa, ¿eh? Y esto es una realidad. Con esto voy a crear ahora un problema, porque no lo van a entender. Aquí los políticos cobran una mierda. Yo por 2.000 euros no soy alcalde de nadie, con la responsabilidad y la dedicación que eso tiene, con gente que va a intentar que vayas a la cárcel... tienes que pagar convidadas, te cuesta el dinero... todos los días de traje... es que no te llega. O sea, la gente no entiende que ser político cuesta el dinero. Cuesta el dinero.
P. ¿Por eso sigue existiendo tanta corrupción?
R. No justifico absolutamente nada. Te doy ahora mismo 2.200 euros y vas a ser el alcalde de Lebrija o de Chipiona. No los quiero. No los quiero. Y mira que me encantaría ayudar a mis pueblos, ¿eh? Y a mi gente. O sea, me han querido presentar de candidato en muchos sitios, ¿eh? Y yo he dicho: ni de coña. Ni de coña. Primero, tengo una vida superfeliz. Y segundo, estoy haciendo el bien gracias a mis empresas. Y voy a seguir haciendo, aportando. Yo sé qué tanto por ciento tengo que dar yo a la gente, a las asociaciones, a ONG donde hay personas mayores, mayoritariamente mujeres con 70, 60, 80 años, y son necesarias. Muy necesarias.
Martínez, en la puerta de La Manuela.
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JUAN CARLOS TORO
P. ¿Tiene esperanza en la humanidad?
R. Hostia, en la humanidad sí, porque conozco el mundo y estoy dando vueltas por el mundo, y veo que nos están pegando un pasote por el lado, por la derecha y por la izquierda. Y lo que no sé... España.
P. Pero todo va como más tendente a la deshumanización, ¿no? Hasta los propios políticos entre ellos se llaman rata, perro...
R. La historia está en que tenemos que querer más. Pero mucho más. Es verdad lo que tú dices. En Nueva York, por ejemplo, la gente pasa del vecino. En Andalucía tenemos una cosa muy bonita, que es la familia. Somos una piña. Y me está dando mucho coraje lo que tú has dicho. Estamos como separándonos. Como que cada uno va a lo suyo. Yo no me querría parecer a la gente de Nueva York, de Manhattan.
P. ¿Cuántos pasos le marca la app del móvil?
R. He ido a unos 90 países, pero no voy contando pasos... no sé cuántos pasos doy, pero no adelgazo, porque como más que ando (ríe). Pero hay sitios a los que ya no quiero volver, como México.
P. ¿Cuál es la experiencia más transformadora que ha tenido?
R. Son muchas cosas, evidentemente, pero... En Honduras, en un basurero...
P. Si dice esta es porque esa, de verdad, es la que le marcó.
R. En Honduras, en un basurero, la gente cogiendo comida para comer, y un tío... Yo no grabo eso, ¿eh? Yo lo cuento, yo lo cuento, pero no lo grabo. Me parece que el periodismo tiene que ser otra cosa. Lo cuento yo, pero no le pongo la cara a la persona que lo está cogiendo, y ni mucho menos a los niños. Pues un granadino les ha dado de comer en Honduras a 12.000 personas, con colegio y todo lo demás. Me pareció fascinante. El otro día, en Zúrich, una chica gitana de Utrera, Consolación, que me mostró cómo ella vendía espárragos y pintalabios en la universidad, a los profesores, alumnos... para pagarse sus estudios, porque su familia no podía. Y está ahora en Zúrich, haciendo un máster, cuidando niños, y quiere llevar un fondo, propiedad suya, de grandes empresas. Ese es su sueño, con 20 y pico años. ¿Tú crees que esto no es bonito? ¿Tú crees que esto no te levanta la piel? O un tío que está creando una patente, un científico también, para que de la caca se agarre el combustible, o un tío de Almería que tiene dos empresas en la NASA y es andaluz. ¿Tú qué crees? Yo conozco historias que me pongo en mi casa a contar a mis hijas y no se las creen. Y tengo historias para contarles a mis nietos...
P. ¿Le tratan bien fuera?
R. A mí me cuidan. Mucho. Cuando voy por ahí me cuidan. Y la gente me pregunta mucho: "¿Te gusta todo lo que te dan de comer?". Por supuesto que me gusta todo. Mira, una experiencia muy bonita que tuve fue en Vitoria, una mujer en una pensión. Yo sé perfectamente, cuando entré en el piso, que esa pensión era cortita. Lo sé. Llevo 31 años comunicando y entrevistando. Me tenía puesta allí una comida de 24 de diciembre, todo lo que se pone en Nochebuena, pero lo más económico, y aquello no estaba bueno, estaba requetebueno, solo por el detalle que había tenido esa señora. Eso vale millones para mí y es lo más bonito de esta profesión.
P. Eso al final es empatía, que es lo que parece que falta precisamente.
R. Empatía falta. Muchísima. Si yo fuera millonario, yo repartiría tela. La gente que critica a la gente con dinero que da dinero y que reparte es estúpida. ¿No te das cuenta? Hay mucha gente con mucho dinero que no reparte nada y está calladita. Hay otros que tienen más y lo que quieren es más. La gente que realmente tiene dinero ni habla de dinero ni dice lo que reparte. Y desde entonces no hablo de dinero. Y eso que yo no tengo dinero (ríe).
De escayolista y locutor de Los 40 a viajar por 90 países, la tele y los negocios
Justo antes de comenzar la entrevista, Manuel Martínez Piñero (Lebrija, 1979) ya da una ligera idea de su hiperactividad. Está pendiente de lo que nos va a poner por delante el chef, Alejandro Sánchez Soto; de si llegan sus hijas del instituto —las traen en coche—; de que su inseparable Calcetín, un inquieto perro de agua, no se desmadre —“¿os está molestando…?"—; de atender a un proveedor; e incluso de unos clientes que, unas mesas más allá, le han pedido hacerse una foto con él. "Si queréis, como con vosotros…", les zampa risueño. Siempre atento, siempre pendiente al último detalle, siempre como in extremis pero llegando a todo.
Recibe a lavozdelsur.es en un espectacular mediodía de otoño en La Manuela, el restaurante que fundó hace década y media larga en la playa de Las Tres Piedras, en la costa noroeste de Cádiz, en Chipiona, y que desde este pasado verano comparte con su socio, el empresario palaciego Antonio Caballero Liebre.
El horizonte despejado, el mar como un plato, la arena sin la marabunta de la temporada alta y una sensación flotando en el aire de que esto debe de ser algo parecido al paraíso en la tierra.
Ha aterrizado unos días antes de la entrevista procedente de Taiwán, donde ha buceado entre 800 tortugas, y apenas unos días después volará rumbo a Cantón, la tercera ciudad más grande de China, donde asistirá al futuro, a la Feria Internacional de Tecnología. Así es la frenética vida del rostro más visible deAndalucía x el mundo, en Canal Sur TV, uno de los programas “más rentables de la televisión española”, por la diferencia entre lo que cuesta su producción y por la audiencia que tiene (el prime timemás visto de la cadena pública andaluza; incluso con una cuota del 11% en sus redifusiones).
Sobre la mesa, traída de Bali, hay unas copas de fino y la conversación se alarga y se alegra con la fluidez y la naturalidad del protagonista de una historia que suma diversos negocios y una trayectoria en los medios de comunicación que ya dura más de 30 años. Entre un avión y otro se sienta Manuel en su Manuela, el local que alquiló en agosto de 2010, “cuando era una ruina frente a una playa a la que no venía nadie”. Allí perdió dinero durante dos años hasta aprender que en la hostelería, y en cualquier negocio, "o se está o no se está". Regresa a sus pies Calcetín, el amigo perruno que lo levantó de una pequeña depresión tras su divorcio.
Todo empezó en una cochera de Lebrija, con dos sábanas por telón y un niño que anunciaba: "Aquí está el director del circo". Es hijo de Pepe, escayolista de 69 años, y de Pepi, ama de casa de 67 años, y a los 12 años Manuel ya iba de peón con su padre. Luego llegaron las horas gratis en Radio Lebrija, Los 40 Principales en Radio Jerez por 40.000 pesetas, un Burger King de Birmingham, un sofá en Madrid —y muchas más cosas en la tele—, y Andalucía Directo, el programa con el que soñó.
Hoy suma unos 90 países en su trolley y un puñado de empresas de las que, “sin exagerar”, dependen o han dependido 300 o 400 familias. El año pasado sufrió dos parálisis faciales por estrés. Se confiesa hipocondriaco, se despide cada noche de sus hijas “por si papá mañana no está” y asegura ser “asquerosamente feliz”. Todos los partidos, dice, le han ofrecido algo. Su respuesta: “Yo por 2.000 euros no soy alcalde de nadie; esa responsabilidad tan enorme no está pagada”.
Lo suyo son los viajes y conocer historias por el mundo, un espíritu trotamundos y aventurero que siempre vuelve indefectiblemente al sur, al centro de gravedad de un hombre que visita las experiencias de andaluces que viven por un mundo tan enorme y tan diverso que, cuando conoces un poco de otras culturas y otros universos, “te hace imposible ser racista o tener prejuicios”.
Pregunta. Usted empieza en los medios de comunicación de casualidad.
Respuesta. Cumplo 31 años en medios de comunicación y empiezo porque a la Plaza de España de Lebrija llega uno una Navidad y dice que va a empezar a hacer un programa en Radio Lebrija y que necesita colaboradores. Y digo: pues esto me apasiona, porque desde pequeño yo en mi casa lo que hacía era el circo. Somos cuatro hermanos y yo era muy imaginativo. Entonces me ponía en la cochera, montaba como un tenderete con dos sábanas, las abría y decía: “Aquí está el director del circo…”. Salía mi hermano, que era el león; salía mi hermana, que era la trapecista… Todo así… en una casa muy humilde de Lebrija.
P. ¿Pasaban fatigas?
R. Yo soy de una familia trabajadora, sí. Mi padre, Pepe el escayolista, ha estado en las escayolas, en el andamio, mucho tiempo. Mi padre, aunque fuera autónomo, era más trabajador que empresario. La historia de mi vida ha sido ver a mi padre salir a las siete de la mañana y llegar a las diez de la noche, y mi madre, esa misma noche, limpiarle en una pila la escayola del pantalón con un cuchillo para que al día siguiente estuviera listo. Eso lo respiro yo todavía. Le han dado la baja por culpa de las veces que se cayó del andamio. Y tiene una mierda de paga.
P. Y usted se considera escayolista.
R. Con 12 años ya me llevaba mi padre de peón de escayolista. Yo soy escayolista. Yo te puedo poner escayola, perlita, techo de media caña…
P. ¿Con 12 años…?
R. Con 12 años. Yo huelo el esparto y me da fatiga. Yo recuerdo ir a Las Cabezas de San Juan en el coche, detrás, durmiendo, porque tenía mucho sueño. Yo iba al colegio y, después, comía rápido y a las 3 de la tarde ya estaba montado en la Sava yendo para Las Cabezas.
"Era muy mal estudiante, pero era muy bueno describiendo cosas, haciendo cuentos, contando historias"
P. ¿Y qué soñaba en esos sueños infantiles?
R. Siempre me ha encantado la comunicación. Era muy mal estudiante, pero era muy bueno describiendo cosas, haciendo cuentos, contando historias.
P. La parte creativa, ¿no?
R. La parte creativa. Y eso es lo que a mí no me ha gustado nunca de la educación española. En el mundo me doy cuenta de que cada niño es diferente y cada niño tiene una oportunidad. Y en otros países se trabaja mucho eso. Se lucha mucho por eso. Por incentivar y formar a chavales que supuestamente son diferentes, que van buscando otro tipo de historia. Y yo era de esos.
P. Soñaba con contar su propia historia, no la que le dijeran que tenía que contar.
R. Exactamente. Yo les digo a mis hijas muchas veces que me gusta que estudien, claro está. Pero me da mucho coraje que me digan que quieren opositar.
P. ¿Qué edad tienen sus hijas ahora?
R. Mar, catorce, y Lara, doce. Y mi mayor tiene 25, mi Sergio.
"No quiero que en España todos los jóvenes quieran opositar, me da mucho coraje, se pierde el emprendimiento, la imaginación…"
P. Tiene tres hijos, entonces.
R. Mi Sergio ha aprobado una oposición de Navantia, estudió ingeniería. Y estoy muy contento. Mar quiere ser profesora y Lara es más como yo, inventando historias… No quiero que todos los jóvenes en España quieran opositar, me da mucho coraje, se pierde el emprendimiento, la imaginación…
P. Bueno, si damos por hecho que el funcionario, un servidor público, debe perder la imaginación, que es la pena también, ¿no?
R. ¿Tú sabes lo que ocurre? Que veo que quieren opositar, pero no porque les guste el trabajo…
P. Esa es la pena, ¿no?
R. Me lo decía el otro día una autónoma. “Manuel, estoy opositando”. Y le digo: “¿Pero porque te gusta?”. Dice: “No, no me gusta absolutamente nada. Pero como quiero vivir tranquila...”. Y el funcionariado ha perdido hasta dinero, ¿eh? Pero…
P. Pero se quita uno del jaleo del empresario o de ir por cuenta propia…
R. Sí, pero yo digo una cosa, ¿eh? Un fontanero en nada te va a cobrar lo que quiera y va a trabajar las horas que quiera. Va a decir: “Esto va a valer 200 y pico euros, 300 euros, y trabajo de 8 a 2. Punto”. Y lo veo fantásticamente, porque no hay fontaneros, ni electricistas, ni escayolistas, ni nada. El que sea funcionario no va a poder pagar a un fontanero. Se va a tener que ver el YouTube para arreglar una cosa.
P. Se ha dado la vuelta.
R. En otros países se están formando profesionalmente y nosotros vamos al contrario. A mí me duele realmente.
Manuel Martínez, durante la entrevista.
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JUAN CARLOS TORO
P. ¿Y usted en un mundo tan complejo como la comunicación cómo se va formando?
R. Con 16 años, casi con 17, cogí un autobús y me fui para Jerez porque había un concurso de disc jockey de Los 40 Principales. Y no me aceptaron, claro, porque estaba muy verde. Entré en Radio Lebrija, que es mi escuela y ha dado muy buenos profesionales. Allí me enseñaron cómo lo tenía que hacer. Echaba muchísimas horas totalmente gratis. Y después me presenté otra vez al concurso de disc jockey de Los 40 Principales y ya me metieron. Y empecé en Radio Jerez, que fue mi otra escuela.
P. ¿Con qué edad empieza en Radio Jerez?
R. Casi con 18.
P. Y arranca en Los 40.
R. En Los 40. “Este es el número uno de Los 40 Principales. Te lo patrocina El Corte Inglés” —pone voz de locutor de radiofórmula—. Era el tío más feliz del mundo entero. Yo tenía que ir en el tren, que era lo más baratito que tenía para ir de Lebrija a Jerez. Tenía que comprarme el bono mensual. Para llegar a Jerez a las 12, que era la hora a la que entraba, llegaba a las 9 y media, y me quedaba sentado dos horas y media en el Mamelón porque no podía entrar antes al estudio. Me llevé así dos años.
P. ¿Cuál fue su primer sueldo?
R. Mi sueldo en Radio Jerez fueron 40.000 pesetas. El bono de tren creo que me costaba 20.000. Yo le perdía dinero. Por la tarde trabajaba en las escayolas. Y después también me sacaba a distancia, en Trebujena, el FP de auxiliar de clínica. Y después me hice mi máster de periodismo, pero esto ya trabajando.
P. Y ahí hay un momento en que lo deja.
R. Sí, lo dejo porque un coordinador me dijo que no presentaba bien a Bruce Springsteen en inglés, que no pronunciaba bien. Y cogí el dinero de la comunión que tenía ahorradito en la Caja Rural, 47.500 pesetas, y me fui a El Corte Inglés y me gasté 20.000 pesetas, sin que mis padres quisieran, para irme a Birmingham a trabajar y a estudiar inglés. Y trabajé en un Burger King, donde me trataron superbien. Estuve un mes buscando trabajo, no sabía nada de inglés salvo hello y pocas cosas más, y acabé en la comida rápida con 19 años.
P. Ahí empieza el propio programa de Manuel Martínez por el mundo…
R. Totalmente. Y me ha servido para estar en el programa que estoy. Me ha servido para estar en el momento tan feliz que estoy. Te lo digo de corazón. Fíjate, si no hubiese sido por aquello... Bueno, también hay mucho trabajo detrás.
P. Hombre, imagino.
R. Muchísimo trabajo. Yo me fui a trabajar a Madrid. Después de Inglaterra no me vine para Jerez. Y me fui a dormir a Marqués de Vadillo, a un sofá. Y me iba muy bien. Me contrató una gran empresa de mánager, donde estaba Julio Iglesias, Carlos Baute y estaba yo.
P. ¿Y qué hacía?
R. Yo era presentador. Además, hacía de presentador que no salía, pero para las pruebas del Club Megatrix. Tras Tres Tris Megatrix, en Antena 3. Pasé de vivir en un sofá a vivir en un ático, compartido muchas veces con Alonso Caparrós, el cual me debe un polo Lacoste (ríe).
"He tenido siempre muy buenos amigos, pero nunca he tenido alguien que me haya dicho: "A este tío hay que colocarlo"
P. ¿Qué llegó a hacer inconfesable en esa televisión de los 90?
R. Yo aparezco en El show de los récords. Haciendo un récord Guinness, entre comillas, de mentira. Bebiéndome tres litros de leche en menos de un minuto. Pero era agua (ríe)…
P. Esa es la verdad de las mentiras.
R. Me presentaba Manu Carreño. El show de los récords. Aparezco ahí. Es la primera vez que lo digo. Lo van a buscar. Pero creo que tengo el récord Guinness —falso— en beber más rápido leche. Me dieron mi diploma, el cual no tengo, porque no guardo nada (ja, ja ja). Gracias a Dios, ahora mis hijas han rebuscado todos los premios. Y tengo una habitación muy bonita hecha con premios y me lo han hecho mis hijas.
"Nosotros tenemos, y la gente no lo sabe, una estabilidad de mierda en los medios de comunicación"
P. ¿Para qué han servido esos premios?
R. Me han servido para sentirme querido. Porque yo me he encontrado en una batalla contra mí mismo. Y contra mucha gente. He tenido siempre muy buenos amigos, pero nunca he tenido alguien que me haya dicho: "A este tío hay que colocarlo". Todo lo que tengo lo he luchado. Y todo lo que tengo lo he soñado. Yo soñé con entrar en Andalucía Directo. Entré en Andalucía Directo. Yo soñé con entrar en Los 40 Principales. Y yo entré… Todo lo que he soñado, lo he luchado para conseguirlo.
P. Y aparte, montando negocios, como este La Manuela en el que estamos. Un negocio de éxito.
R. Siempre he diversificado y los negocios que tengo me funcionan muy bien. He creado grandes empresas. He creado desde la Clínica Beiman, con Benjamín Ruiz Carmona, al cual le agradezco ese emprendimiento, hasta el Grupo Martínez, que lo creé y lo gestiona mi hermano pequeño ahora. O Casas del Mar, que son apartamentos turísticos. O La Lavadora Rápida, que son lavanderías de estas de autoservicio. Pero sí te digo que yo quito todo eso y seguiría cobrando 1.200, 1.400, 1.500 euros o lo que fuera… con tal de trabajar comunicando. A mí lo que me gusta es comunicar. Yo soy un tío muy feliz hablando con la gente. Muy feliz. Y quitaría todo eso, que me va muy bien, gracias a Dios, pero ¿por qué? ¿Nosotros qué tenemos, Paco? Nosotros tenemos, y la gente no lo sabe, una estabilidad de mierda en los medios de comunicación. Y yo siempre creía que esto se me iba a terminar. Entonces yo tenía que apostar con lo que ganaba. Con lo que ganaba, con lo que me dieron de finiquito cuando se terminó Localia… lo que hacía era apostar por empresas. Como desde pequeño estoy inculcado en el trabajo, pues lo que hacía era seguir trabajando.
P. Diversificar, digamos.
R. Diversificar.
P. Como se dice coloquialmente, poner los huevos en varias cestas.
R. Pero estando, ¿eh? Estando. Estando. No conozco ningún negocio que funcione en el que no haya que estar. Entonces, yo desde pequeño he querido emprender, pero por necesidad. Tras una entrevista con Pedro Pacheco le pregunté cómo podía presentarme a concursos del Ayuntamiento para poner escayola. Y me dio la oportunidad de presentar ofertas al Ayuntamiento de Jerez; gané un concurso, porque era la oferta más baja o no sé qué. E hice los techos de muchos colegios durante un verano en Jerez. Y Pedro no me ayudó, pero me enseñó el camino para esto de presentarte a una licitación en un momento en el que mi padre había caído malo.
Otro momento de la entrevista con lavozdelsur.es.
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JUAN CARLOS TORO
P. En España suena mal lo de ser buscavidas; en el mundo anglosajón lo llaman ‘hombre hecho a sí mismo’.
R. Sí. Y yo me he buscado la vida como sea y me la seguiré buscando. Y tengo miedo todavía de que me vaya a ir mal, de que mis hijas no puedan, de que yo... Yo tengo un miedo tremendo. Y de no poder pagar una nómina, me da miedo.
P. Cuanto más emprende y más apuesta, ese miedo más se incrementa, ¿no? Porque hay más cosas a su cargo… En general, el trabajador por cuenta ajena no entiende la responsabilidad de tener nóminas de mucha gente sobre la espalda, pero hay empresarios que tampoco cuidan a su personal…
R. No entiendo a un empresario que no conozca a su gente y no cuide a su gente. No lo comparto. Pero de ninguna manera, no lo comparto. El que vea un número en una persona, no lo comparto. Porque esa persona tiene familia. Tiene hijos.
P. ¿Cuántas familias tiene ahora mismo a su cargo?
R. Si meto también empresas que he creado y en las que ya no estoy, sinceramente, sin exagerar, 300 o 400 seguro.
P. Se dice pronto.
R. Todas las empresas que he creado, todas funcionan. Y gracias también a las personas que han continuado esas empresas... Yo he desaparecido porque tenía que desaparecer. Porque no podía. Porque había momentos de estrés, de ansiedad, de todo. Y he dicho: por aquí tengo que parar, frenar, o me muero, como me pasó con La Manuela. Yo me uno con Antonio Liebre, que es mi amigo, porque me dio dos veces una parálisis facial de estrés el año pasado. Y a mí me ha dado la tranquilidad de poder seguir con mi proyecto de comunicación y mantener mis negocios abiertos. Porque esto para mí es una pasión. Todo mi emprendimiento es una pasión y estoy orgulloso de que los negocios en los que ya no estoy hayan seguido creciendo en facturación.
P. ¿Y piensa aterrizar en algún momento?
R. Yo no quiero aterrizar. No me apetece aterrizar.
P. O sea, su hábitat natural es estar en tránsito…
R. No, yo estoy mejor disfrutando el día a día. A mí me jode que termine el día. Me jode.
P. Es un buen titular.
R. Me jode porque es un día menos. Yo en 10 años tendré cerca de 60 años.
P. Me he acordado del ‘Zorongo gitano’ de Lorca, ahora que algunos le han descubierto: "24 horas del día / 24 horas que tiene / si tuviera 27, tres horas más te querría"…
R. Ahora está feo decirlo, porque está de moda Lorca, pero en mi casa les leo textos, obras, poemas…, de Lorca a mis hijas. De toda mi vida. He subido a escenarios a recitar a Lorca, llevo años haciéndolo. Ahora lo que pasa es que con La bola negra me da mucho coraje que a todo el mundo le guste Lorca. Ahora lo han descubierto…
P. Nunca es tarde.
R. Yo soy muy fanático de Lorca. Muy fanático. A lo que iba, el día no quiero que termine, porque es un día menos. En nada, 60 años, y ya tengo goteras. Me veo así y digo: yo lo tengo que aprovechar. Yo estoy contigo aquí. Hoy es jueves, 8 de octubre.
Manuel Martínez, antes de la entrevista.
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JUAN CARLOS TORO
P. 8 de octubre. 2026.
R. Esa es mi vida, esa es mi vida. Acabo de llegar de Taiwán el lunes pasado. Y yo me voy para Cantón el domingo. ¿Para qué me voy a Cantón? Me voy a la Feria Internacional de Tecnología. Para ver si encuentro algo que a mí me guste, me apasione, para emprender.
P. O sea, que usted el domingo viaja al futuro.
R. Sí. Me voy a la feria de tecnología más grande del mundo. ¿Cuándo aterrizo? Pues es que yo no quiero aterrizar.
P. Vive en ‘jet lag’ permanente.
R. Yo vivo en un jet lag con medicina natural. Yo me tomo la pastillita... ¿A qué hora amanece allí? Pues yo estoy en el avión y digo: ahora me tengo que tomar dos pastillas. Y pongo “no molestar”. Y así cambio yo el jet lag.
P. O sea, este ritmo es cien por cien natural. Hay que aclararlo aquí para los malpensados…
R. Totalmente natural.
"Si fuera millonario, yo repartiría tela"
P. ¿Cómo aguanta?
R. ¿Sabes por qué aguanto? Porque a mí me apasiona la vida. Soy asquerosamente feliz. Me levanto por las mañanas y no necesito un café ni de coña. Yo soy felicísimo por las mañanas. Soy hipocondriaco. Yo me despido todas las noches de mis hijos. Por si no amanezco. Eso al principio fue un trauma para mis hijas. Lloraron incluso algunos días. Te lo juro que lloraron algunos días. Pero yo les doy dos besos: “Por si papá mañana no está. Os quiero”. Todos los días. Soy hipocondriaco. Entonces, cuando amanezco... digo: estoy vivo. ¡Estoy vivo! El que se tropiece conmigo hoy la que le voy a dar (ríe)...
P. ¿Qué le ha dado donde estamos, La Manuela?
R. La Manuela me ha dado diversión. Y quebraderos de cabeza. Recuerdo cuando cogí este negocio. Traje a mis amigos y me dijeron que estaba loco, mi padre...
P. ¿Y cómo llega?
R. Pues yo vengo a Chipiona porque me enamoro de una chica de Chipiona. La madre de mis dos niñas. Y este local estaba vacío. Esto lo abandona, un 15 de agosto de 2010, una familia porque no era rentable. Me dicen que está abandonado, que si lo quiero alquilar. Y yo vengo aquí y estaba destrozado. A esta playa no venía nadie, salvo alguna tienda de campaña que se ponían por ahí… Aquí recuerdan esa época como de abandono. Pero un sitio muy bonito también. Aquí se venía con una furgoneta, se podía dormir, se podía… Entonces, yo apuesto por esto y la gente me dice que estoy loco. Y lo entiendo, estoy loco. Porque siempre lo he estado. Lo alquilo y durante dos años perdí dinero, mucho dinero. Y le eché mucho dinero. ¿Pero por qué perdí dinero? Porque yo tenía que estar en la radio y en la tele. No estaba aquí. Y el que monta un negocio de hostelería, o está o no funciona. Y el que piense lo contrario se está equivocando.
"A mí me jode que termine el día. Me jode porque es un día menos"
P. Eso es así.
R. Así es. Yo tengo muchos amigos artistas que tienen dinerito y todo lo demás. "Voy a invertir en un restaurante…". Y les digo: "¿Vas a estar?…". "No… lo va a gestionar...". Pues no, ni de coña. En todos los grandes restaurantes, ¿quién está? Los propietarios. Quieren abrir un segundo porque les va muy bien. El segundo lo cierran al año, a los dos años. No pueden. Porque hay que estar. Entonces, a partir del segundo año, ya me metí aquí de lleno: me llevaba mucho tiempo cocinando y metiéndome a fregar, lo pasaba mal. Porque te dejaban tirado, porque no venía la gente, porque tú querías dar un buen servicio. Pero por estar aquí, va creciendo La Manuela poco a poco, con esfuerzo y trabajo.
Otra pose tras la conversación con este periódico.
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JUAN CARLOS TORO
P. O sea, que al final es un especialista de lo gordo y lo fino, como en la escayola.
R. Yo soy un tío muy bruto. Y a mí me cabe todo. La gente me pregunta: "¿Cómo tienes capacidad para llevar tantas cosas?". Aparte de la cabeza, que la tengo gorda, soy muy cabezón. Y digo: "Esto va a funcionar", y lo curioso es que funciona.
P. Y luego, también es de los que devuelven a la sociedad lo que esta le da...
R. Sabes que hago muchas cosas para ayudar a la gente; quiero una vida mejor para todo el mundo. Intento que un trabajador mío gane el máximo y a mí me va a ir bien siempre la vida mientras tenga dos manos y dos piernas. Y mientras tanto, el que está alrededor mía —que tengo a mucha gente alrededor mía— tiene que estar bien y tiene que estar cuidado. Hay gente que lo quiere todo para él y son infelices. No quiero un barco, mejor tener un amigo que lo tenga...
"Aparte de la cabeza, que la tengo gorda, soy muy cabezón. Y digo: "Esto va a funcionar", y lo curioso es que funciona"
P. El hecho de viajar y ver tantas cosas por el mundo, conocer tanta gente, tanta cultura, tantas sensibilidades, al final también, un poco en el momento en el que estamos, es lo que necesitamos, ¿no? Ver al otro, ver otras realidades. No creernos el ombligo del mundo...
R. Es que no lo somos. Es que estamos superequivocados. El mundo es tan grande que te hace no ser racista, no ser egoísta, pensar realmente en ti, en tu familia, en tus amigos, el querer más a las personas. El mundo es tan bonito... Nos creemos que somos lo mejor. Claro que Andalucía es lo más bonito del mundo... pero ¿ves esta cuerdecita —se señala la muñeca—? Tócala. ¿Sabes lo que es? El otro día en Taiwán, en la Isla de las Tortugas, estuve buceando con 800 tortugas. Es el sitio donde más tortugas hay en el mundo. Y esto lo llevaba en la boca y lo soltó una tortuga. Y me llegó y lo cogí y lo tengo aquí. Estoy uniendo ahora mismo Chipiona con la Isla de las Tortugas de Taiwán. ¿Tú sabes lo bonito que es eso? ¿Tú sabes que hay veces que no apreciamos esta tontería? No la apreciamos. Y no apreciamos el cariño.
¿Qué estará haciendo esa niña de Guatemala que conocí hace ocho años y que no adopté porque mis hijas eran muy pequeñitas...? En Guatemala, hay una Ciudad de los Niños donde un sevillano tiene a más de mil niños abandonados, violados por sus padres y cosas horrorosas. Les da de comer, de beber, les da educación... Un sevillano. Y esta niña me abrazó desde el primer momento, y claro, yo llorando. ¿Tú sabes que hay niñas de 12 años que tienen bebés allí? Porque han sido violadas por padres o abuelos. O que hay bebés que mueren porque ellas, agotaditas, dándoles de mamar, se quedan dormidas y los asfixian. Nosotros estamos con una copa de vino, en un pedazo de mesa, mirando la playa. Y somos unos privilegiados. Y tenemos que mirar también a las personas. Somos privilegiados porque hay personas que están pasándolo muy mal, porque dicen que no hay dinero para todo el mundo. Porque esta es la globalización.
P. La desigualdad más extrema, unos con tanto y otros con tan poco.
R. Aquí, en verdad, habría para todos. Habría para todo el mundo. Pero bueno, también hay gente buena que reparte.
P. ¿Qué les pasa a los políticos, Manuel? ¿Qué hacemos con esta gente ahora que vienen elecciones?
R. Pues a mí me duele mucho. La crispación que estoy viendo... Está la gente triste, está la gente cabreada, está la gente enfadada. Todo el mundo se pega. No se puede tener una conversación. Si yo digo algo, soy o fascista o podemita o del PSOE o de izquierdas o... o fascista, tío. Yo no soy nada de eso, de verdad. No soy nada. Soy un tío neutral, que tiene mi pensamiento, que creo en mis cosas, en mis valores, en ayudar al otro, en ser una persona humilde y normal y querer a la persona que tengo enfrente. Hay una crispación creada por culpa de los que realmente quieren que estemos mal que nos la estamos creyendo. No tiene razón nadie. Nadie. ¿Por qué no somos más buenos entre nosotros? ¿Por qué no empezamos a construir en vez de destruir? Están creando toda esta destrucción porque no tienen capacidad para construir.
P. No saben.
R. No saben construir. Te lo digo de corazón. Quillo, vamos a sentarnos, del partido que sea. Vamos a construir, quillo. Vamos a olvidarnos. Pero construyo contigo, tío. Tengo que construir contigo. Tengo grandes amigos políticos que son muy buenos políticos, ¿eh? Y muy trabajadores. Tengo buenos amigos en todos los partidos y son buenos políticos, pero después hay otros que quizás, metidos en su historia, en su vida, por no perder... ¡Pero si tienes dos manos! Puedes trabajar de escayolista conmigo. Vamos a trabajar los dos de escayolistas...
P. Qué tendrá el poder, ¿no? ¿Le han tentado?
R. A mí me han ofrecido ser candidato. O ir con un partido. Yo creo que de todos ya. Yo creo que de todos. Porque como nadie es capaz de cogerme de quién soy... Te lo juro, me han ofrecido la delegación de no sé qué en el Ayuntamiento tal... Me han ofrecido cosas de todos los partidos. Pero también te digo una cosa, ¿eh? Y esto es una realidad. Con esto voy a crear ahora un problema, porque no lo van a entender. Aquí los políticos cobran una mierda. Yo por 2.000 euros no soy alcalde de nadie, con la responsabilidad y la dedicación que eso tiene, con gente que va a intentar que vayas a la cárcel... tienes que pagar convidadas, te cuesta el dinero... todos los días de traje... es que no te llega. O sea, la gente no entiende que ser político cuesta el dinero. Cuesta el dinero.
P. ¿Por eso sigue existiendo tanta corrupción?
R. No justifico absolutamente nada. Te doy ahora mismo 2.200 euros y vas a ser el alcalde de Lebrija o de Chipiona. No los quiero. No los quiero. Y mira que me encantaría ayudar a mis pueblos, ¿eh? Y a mi gente. O sea, me han querido presentar de candidato en muchos sitios, ¿eh? Y yo he dicho: ni de coña. Ni de coña. Primero, tengo una vida superfeliz. Y segundo, estoy haciendo el bien gracias a mis empresas. Y voy a seguir haciendo, aportando. Yo sé qué tanto por ciento tengo que dar yo a la gente, a las asociaciones, a ONG donde hay personas mayores, mayoritariamente mujeres con 70, 60, 80 años, y son necesarias. Muy necesarias.
Martínez, en la puerta de La Manuela.
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JUAN CARLOS TORO
P. ¿Tiene esperanza en la humanidad?
R. Hostia, en la humanidad sí, porque conozco el mundo y estoy dando vueltas por el mundo, y veo que nos están pegando un pasote por el lado, por la derecha y por la izquierda. Y lo que no sé... España.
P. Pero todo va como más tendente a la deshumanización, ¿no? Hasta los propios políticos entre ellos se llaman rata, perro...
R. La historia está en que tenemos que querer más. Pero mucho más. Es verdad lo que tú dices. En Nueva York, por ejemplo, la gente pasa del vecino. En Andalucía tenemos una cosa muy bonita, que es la familia. Somos una piña. Y me está dando mucho coraje lo que tú has dicho. Estamos como separándonos. Como que cada uno va a lo suyo. Yo no me querría parecer a la gente de Nueva York, de Manhattan.
P. ¿Cuántos pasos le marca la app del móvil?
R. He ido a unos 90 países, pero no voy contando pasos... no sé cuántos pasos doy, pero no adelgazo, porque como más que ando (ríe). Pero hay sitios a los que ya no quiero volver, como México.
P. ¿Cuál es la experiencia más transformadora que ha tenido?
R. Son muchas cosas, evidentemente, pero... En Honduras, en un basurero...
P. Si dice esta es porque esa, de verdad, es la que le marcó.
R. En Honduras, en un basurero, la gente cogiendo comida para comer, y un tío... Yo no grabo eso, ¿eh? Yo lo cuento, yo lo cuento, pero no lo grabo. Me parece que el periodismo tiene que ser otra cosa. Lo cuento yo, pero no le pongo la cara a la persona que lo está cogiendo, y ni mucho menos a los niños. Pues un granadino les ha dado de comer en Honduras a 12.000 personas, con colegio y todo lo demás. Me pareció fascinante. El otro día, en Zúrich, una chica gitana de Utrera, Consolación, que me mostró cómo ella vendía espárragos y pintalabios en la universidad, a los profesores, alumnos... para pagarse sus estudios, porque su familia no podía. Y está ahora en Zúrich, haciendo un máster, cuidando niños, y quiere llevar un fondo, propiedad suya, de grandes empresas. Ese es su sueño, con 20 y pico años. ¿Tú crees que esto no es bonito? ¿Tú crees que esto no te levanta la piel? O un tío que está creando una patente, un científico también, para que de la caca se agarre el combustible, o un tío de Almería que tiene dos empresas en la NASA y es andaluz. ¿Tú qué crees? Yo conozco historias que me pongo en mi casa a contar a mis hijas y no se las creen. Y tengo historias para contarles a mis nietos...
P. ¿Le tratan bien fuera?
R. A mí me cuidan. Mucho. Cuando voy por ahí me cuidan. Y la gente me pregunta mucho: "¿Te gusta todo lo que te dan de comer?". Por supuesto que me gusta todo. Mira, una experiencia muy bonita que tuve fue en Vitoria, una mujer en una pensión. Yo sé perfectamente, cuando entré en el piso, que esa pensión era cortita. Lo sé. Llevo 31 años comunicando y entrevistando. Me tenía puesta allí una comida de 24 de diciembre, todo lo que se pone en Nochebuena, pero lo más económico, y aquello no estaba bueno, estaba requetebueno, solo por el detalle que había tenido esa señora. Eso vale millones para mí y es lo más bonito de esta profesión.
P. Eso al final es empatía, que es lo que parece que falta precisamente.
R. Empatía falta. Muchísima. Si yo fuera millonario, yo repartiría tela. La gente que critica a la gente con dinero que da dinero y que reparte es estúpida. ¿No te das cuenta? Hay mucha gente con mucho dinero que no reparte nada y está calladita. Hay otros que tienen más y lo que quieren es más. La gente que realmente tiene dinero ni habla de dinero ni dice lo que reparte. Y desde entonces no hablo de dinero. Y eso que yo no tengo dinero (ríe).
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