Manolo Sanlúcar: "Tengo esperanza en una vacuna muy difícil: revertir la indecencia en decencia"

Una tarde en 'Caballo negro', el refugio contra el mundanal ruido donde uno de los grandes genios de la música española acaba de publicar la mayor obra didáctico-artística sobre el flamenco publicada hasta la fecha

Retrato de Manolo Sanlúcar, tras el encuentro mantenido con lavozdelsur.es en 'Caballo negro', su casa en Sanlúcar.
Retrato de Manolo Sanlúcar, tras el encuentro mantenido con lavozdelsur.es en 'Caballo negro', su casa en Sanlúcar. JUAN CARLOS TORO

Manuel Muñoz Alcón, Manolo Sanlúcar para la historia y la música, nació en 1943 cerca de la desembocadura del Guadalquivir. Ha cumplido 77 años en noviembre pasado. Hace 63 años que recibió su primer sueldo como tocaor profesional: 50 pesetas por rasguear encima de un escenario. Fue en Campillos, Málaga, en la compañía de Pepe Marchena. Sus padrinos artísticos fueron Pepe Pinto y Pastora Pavón Niña de los Peines, que rápidamente vieron en él lo que veía su padre, Isidro Muñoz Raposo. Y acabó convirtiéndose en músico, concertista, investigador, maestro, y "entregando su vida al flamenco". Se cumplen 49 años desde su primer concierto en el extranjero y llegó tocar en el Metropolitan de Nueva York. Han pasado 45 años desde que subió su guitarra por primera vez al Teatro Real de Madrid. Hace 53 años que realizó sus primeras grabaciones como solista.

Corría 1968, seis años antes de que en 1974 publicara Sanlúcar, disco que incluía la rumba Caballo negro. El poeta jerezano, ya fallecido, Manolo Ríos Ruiz se preguntaba en la contraportada: “¿Ha nacido una nueva música?” Manolo Sanlúcar acaba de inventar el nuevo flamenco, donde cada cierto tiempo ha habido genios, como en todas partes, que han cuestionado que dos más dos sean siempre cuatro. Genios que han pasado de recrear a crear, a hacer evolucionar el género gracias a un método científico basado en la esencia. Hace 36 años estrenó en el Teatro de la Zarzuela su versión de la tragedia de Eurípides, Medea, interpretada por el Ballet Nacional de España, y luego, en 1988, publica Tauromagia, otra de sus cumbres.

En 2000 recibe el Premio Nacional de Música y graba Locura de brisa y trino, poemas de Lorca que canta la voz de Carmen Linares. Otro nuevo horizonte para la guitarra flamenca y para el flamenco. En 2007 publica su autobiografía, El alma compartida. Tiene 23 discos grabados en estudio, aparte de incontables colaboraciones. Tiene infinidad de premios, pero en 2015 recibe la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. Hace once años, comenzó a trabajar, ya retirado de los escenarios desde julio de 2013 —su último concierto fue en las cuevas de Nerja y concluyó con Canción de Andalucía: "El mejor concierto de toda mi vida", en la mayor obra didáctico-artística del arte jondo publicada hasta la fecha.

La guitarra flamenca, Manolo Sanlúcar consta de 13 dvd, dos obras literarias (Andalucía, la otra historia y La escuela) y 41 temas musicales. Una empresa titánica con grandes hallazgos y revelaciones en la historia y evolución de la música a la que ha puesto cuerpo y alma como testamento en vida de una carrera extraordinaria que le ha llevado a ser consagrado como uno de los grandes genios de la música española.

La última casa a la izquierda de un enjambre de grandes y modestas unifamiliares en el corazón de Sanlúcar de Barrameda es Caballo negro, la residencia de Manolo y Ana, un matrimonio indestructible tras más de 60 años juntos. La cercanía de la costa refresca la tarde al traspasar la verja de una finca con mucha historia dentro y fuera de sus paredes. Sale el maestro de su descanso de media tarde, un poco aturdido tras una mañana en diálisis, mesándose el cabello blanco. Su estado de salud es delicado, pero su mente, tan preclara como siempre.

El Manolo y el Sanlúcar en lo más alto de la madera y las seis cuerdas. “Una guitarra que puede que tenga el emblema más lógico y razonado de cuantas existen”, afirma tras explicar el porqué de cada pedazo de madera que mece en sus manos. Posa con su perrita, toma agua para la voz, y se escolta de dos guitarras flamencas a su espalda, dejadas caer en el sofá. Una de ellas lanza de cuando en cuando una especie de quejido, como implorando al maestro que la “hiera”.

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El mástil y en el emblema de una de las guitarras del maestro.   JUAN CARLOS TORO

¿Cómo le trata la pandemia?
Sorprendentemente me está respetando, de momento. Mi mujer lo ha pasado, he estado con ella ahí todo el tiempo, pero durmiendo en la misma habitación y yo no me he sentido nada. Curiosamente, ella dio negativo cuando peor lo estaba pasando con esto y cuando se cura, le da positivo. Esto no entiende cómo funciona ni los médicos…

¿A qué gran conclusión ha llegado en su última gran obra?

Los flamencos tenemos el sistema griego que, en la decadencia del imperio romano, los eclesiásticos alteraron por error, quedando, tristemente, como documentación veraz. Aun estando perfectamente desarrollado desde los griegos.

"Cuando existía nada más que la transmisión oral la gente tomaba el conocimiento como religión porque no había otra cosa"

¿La clave fue la transmisión oral?

Claro, fue la transmisión oral. Hay algo de lo que se olvida la gente cuando habla de transmisión oral y por escrito, y es que piensa que si se ha aprendido algo por transmisión oral es por ser alguien fuera de serie, o que es gente de feria o de chiste. Y olvidan que cuando existía nada más que la transmisión oral la gente tomaba el conocimiento como religión porque no había otra cosa. Y entonces no podían tener ni la ocasión, ni la maldad de darle la vuelta a aquello, sino de conservarlo en la memoria. Y las personas que se metían en ello eran las que transferían a las venideras generaciones ese conocimiento.

¿Cómo entra en la guitarra, cómo le llega ese conocimiento?

Cuando yo entré en la guitarra flamenca fui, y he venido siendo, una persona muy afortunada. De entrada porque mi padre, siendo tan puro y tan noble en el flamenco, se puso enseguida a aprender música. Mi padre iba a Jerez a casa de Javier Molina, que junto con Ramón Montoya era uno de los guitarristas más destacados en aquella época. Mi padre se va a estudiar a Jerez con Javier Molina, va en bicicleta, toma la clase y se volvía a Sanlúcar.

Ya le tenía que gustar aquello…

Hombre, imagínate. Entonces, seguramente por consejo de Javier Molina, mi padre, que un día me ve coger la guitarra y hacerla sonar, hace que casi a los siete años vea en mí unas condiciones que, a partir de ahí, empieza a enseñarme. Y como yo veía a mi padre leer música y medirla…

¿Y es cierto que hubo momentos en los que usted estaba tan volcado en su afición a la tauromaquia que su padre tenía que reconducirle a la guitarra…?

(Sonríe) Sí, claro, pero eso fue más tarde.

Fragmento de la entrevista.

E incluso también tuvo usted un grupo, donde versionaba ‘El rock de la cárcel’ de Elvis Presley.

Sí, sí, hombre claro, yo me estaba buscando como ser humano.

Eso incluía contestar también a lo que muchas veces quieren los padres de uno, ¿no?

Claro… en ese contexto escuchaba los movimientos musicales que había. Era cuando más fuerte empezaba a estar la radio, los medios de comunicación, y yo entro ahí, y formé un grupo. Yo conocí a mi mujer cuando tenía 15 años y ahí dejé, con perdón por expresarlo así, tirada a la compañía en Melilla, sin guitarrista. Durante la Semana Santa nos habíamos estado viendo, y en el momento de coger el tren en Sevilla, donde me incorporaba a la compañía… creía que no me iba a aceptar y a los cinco o seis pasos me dice: oye, ten cuidado con las niñas… (ríe). Esa noche decidí volverme a Sanlúcar y consolidar el noviazgo. Aquí me tiré, no sé, un año o así, y en ese tiempo monté ese grupo, que era un quinteto y yo cantaba… Me metieron preso tres o cuatro veces… (ríe).

"He vivido con una conciencia que yo mismo me sorprendo de mí y de mis decisiones"

Y también estaba lo de la tauromaquia y su vida en su tierra…

Claro, yo deambulaba por aquí. Mi padre decía: bueno, tú no quieres guitarra, muy bien, pero aquí no se puede estar sin hacer algo. Y él tenía un puesto de carne en el mercado y tenía puesto a un familiar suyo, y me metió ahí. Terminé cortando carne. Cerca de la panadería de mi padre puse yo otro puesto de carne en el local contiguo, y también me puse ahí a vender carne y verdura. Estando ahí, viene un día y me dice: ha llamado Pepe Pinto, que dice que qué pasa contigo… que él sale ahora de gira con una compañía… Hablé con Ana (su mujer) y me dijo: yo estaba esperando eso… yo sabía que tú aquí en este plan no iba a estar siempre. Entonces, ahí ya empecé a volar. Aunque ya había hecho una gira antes de cumplir los 14 años con Pepe Marchena, diremos que mis padrinos artísticos fueron Pastora Pavón y Pepe Pinto… y con 15 años llegué a grabar con Pastora y Melchor de Marchena.

¿Cuándo echa la vista atrás después de una carrera tan extraordinaria, qué ve?

Ojú, imagínate. Ahora echo mucho la vista atrás y me pregunto: ¿he vivido consecuentemente o he vivido, como decimos por aquí, al tuntún? Y qué va, qué va. He vivido con una conciencia que yo mismo me sorprendo de mí y de mis decisiones. Yo dije cuando empecé a viajar, y tomé conciencia absoluta de la guitarra, a esto me entrego la vida. Y nunca mejor definido que esa expresión: me entrego la vida. Todo lo que he hecho ha sido dedicar mi tiempo, mi capacidad, todo, a estudiar mi cultura y por eso, con perdón, he podido hacer cosas que no se han hecho jamás en el flamenco. Yo escribo mis obras sinfónicas. Eso no lo ha hecho ningún guitarrista flamenco y, bueno, tengo obras reconocidas en el mundo con una deferencia tremenda, como Medea, y he creado sistemas… todo ese tipo de cosas no las puedes hacer si no entiendes cómo se mueve la música científicamente.

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Manolo Sanlúcar, en un momento de la entrevista concedida a lavozdelsur.es, en días pasados.   JUAN CARLOS TORO

De manera que, ahí he puesto todo mi esfuerzo y, además, mi decisión, que es muy importante. Cuando nos casamos, llegamos a Madrid, que yo iba a trabajar en Las Brujas, y lo primero que hice fue coger a mi mujer en casa y le dije: mira, Ana, no sé si tú querrás seguirme, espero que sí, pero nosotros tenemos que organizar nuestra vida. Y el punto de vista que hemos de tener para convivir, y procurar ser medianamente felices, es que necesito que me ayudes a defender lo que yo creo que debe ser mi comportamiento. En esta familia que vamos a crear, y en esta caso, lo primero es la guitarra. Y no hay discusión ninguna. ¿Qué quiere decir eso? Que vamos a establecer un día a la semana para salir a la calle, para ir al teatro, divertirnos… pero si ese día no he estudiado lo que yo necesito estudiar, coge tú solita y te vas al cine o a comer, o donde quieras, pero ni puedes presionarme, ni pedirme, porque esta vida va a estar constituida así. Y así ha sido desde ese momento, y eso no se alteró jamás.

"¿Cómo llevo yo esto adelante con esa rajatabla? Porque tuve la inmensa suerte de enamorarme como un loco de mi mujer. Entonces, yo todo lo que deseaba en la vida lo tenía en mi casa"

¿Y ha sentido usted que la guitarra a veces era una tirana?

Sí. Pero no la he dejado que ejerza… porque lo sabía. Yo estaba en el tablao de Las Brujas, a veces se celebraban fiestas y me llamaban para intervenir, y me lo pagaban aparte. Pero yo trataba de construir un hogar, nos compramos un piso en Madrid, y fue rápido porque las cosas me fueron muy bien, las casas de discos me pedían que grabara permanentemente, subió mi estatus y aseguré la forma de vida. Todo eso constituyó una responsabilidad acorde al sacrificio que yo hacía. A mí no me preguntes tú cómo está el país, tal sitio, que los he recorrido todos, pero no me lo preguntes. Pregúntame cómo es tal hotel del tal país o tal teatro, pero de ahí no pasaba. ¿Cómo llevo yo esto adelante con esa rajatabla? Porque tuve la inmensa suerte de enamorarme como un loco de mi mujer. Entonces, yo todo lo que deseaba en la vida lo tenía en mi casa. Lo que deseaba en la vida solo era eso. Hemos tenido nuestros desencuentros y todo eso, pero ahora mismo estamos igual que cuando nos casamos hace 62 años.

"Mi madre me transfiere ese sentido de responsabilidad de la vida y de fidelidad a uno mismo. Pero a la vez, ella no quería que yo fuera guitarrista. El sueño de ella es que yo fuera cajero de una caja de ahorros…"

Otra mujer, su madre, fue muy importante para esa constancia y esa perseverancia que exige la guitarra y una carrera artística.

Pero en cuanto a condición. Mi madre me transfiere ese sentido de responsabilidad de la vida y de fidelidad a uno mismo. Pero a la vez, ella no quería que yo fuera guitarrista. El sueño de ella es que yo fuera cajero de una caja de ahorros… Pero luego cuando empezaron a llamarla para felicitarla y todo esto de los premios… mi madre se vio venir todo eso y empieza a preguntarse pero bueno, quién es mi hijo…

¿Usted se ha preguntado quién es usted y lo que representa como genio de la música?

Bueno, a mí me cuesta mucho trabajo aplicarme ese término. Lo que sí me aplico, y relativamente, es la suerte de haber funcionado así, que es lo que sigo haciendo ahora mientras escribo. A veces me paro y digo, Dios mío, cómo se me puede ocurrir a mí esto. Y entonces pienso, no absolutamente, no con toda seguridad, pero sí me da por pensar que alguien me está transfiriendo cosas que no entiendo cómo puedo saber. El nivel de esta obra se comprenderá cuando se lea. Pongo en pie en esta obra un defecto de la música científica de hace 1.300 años, cuando Aristóxeno le da la vuelta a las teorías de Pitágoras. Cuando tuve a un alumno griego, tomé contacto con él y lo mandaba a Grecia a ver escritos originales. A este hombre le decía qué debía buscar y me los traía, y eso me ha ayudado mucho. Y con todo eso, sentí una sensación particular que debía entrar en los modos musicales de la antigüedad, porque debía haber ocurrido algo que no aparece, desconocido, que era que habían cambiado la dirección de la escritura en Grecia, que pasa de la noche a la mañana de escribirse de derecha a izquierda a escribirse de izquierda a derecha. Y en eso se fundamenta Aristóxeno con la música, y ahí es donde se equivoca. Por eso hoy no se encuentra solución a dos sistemas importantes que se han hecho ya en Occidente. ¿Ahora qué hacemos? O me matan, o tienen que quemar los libros.

Y dentro de todo ese peso científico que tiene la música, ¿qué parte hay de fe, de alma?

Bueno, me gustaría que hubiera mucha más porque significaría que el hombre se integra en la música y se estudia a sí mismo en relación con ella. Pero de verdad, y lo siento de corazón, creo que la mayoría de la gente funciona por otras razones. Porque para entregar fe, poner la vida en la música, creer en ello… hay que ejercer con una pasión que no creo que haya mucha gente dispuesta. Porque cuando entras ahí ya estás atrapado.

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El maestro, en otro detalle de la entrevista.   JUAN CARLOS TORO

Y más en una época de tanto ruido, ¿no? ¿Hasta qué punto es importante el silencio en la música, maestro?

Hombre, el silencio es tan importante como los signos sonoros. De hecho, así está constituida la música. Los intervalos musicales, entre nota y nota, son silencios, están hechos de silencios. Si coges una escala, entre una nota y otra, hay un silencio, y luego otro, y cada silencio tiene una medida. Y luego está el silencio del espíritu. Una cosa es el silencio de la música y otra el silencio del espíritu. Y la música, cuando trata de explicarse a sí misma, tiene cosas bellísimas en el sentido artístico y poético. Me parece precioso, en la propia guitarra, cuando un profesor usa el lenguaje adecuado para comunicarse con su alumno en el flamenco. A la intervención del pulgar, cuando es vulgar o habitual, se le llama pulsar. Y el maestro dice: pulsa en la cuarta… Cuando el maestro quiere que el alumno implique su espíritu en esa intervención la llama herir —enfatiza— la cuerda. ¿Ves cómo la propia música trata de buscar su propia definición? Yo no sé si esto existe en la guitarra clásica, pero hay una tremenda diferencia. Cómo será eso que ahora que estoy en diálisis, y cada dos días me limpian la sangre, diremos, las enfermeras que vienen a inyectarme a la máquina (se muestra el brazo) me dan dos pinchazos: a una vena y a una arteria. Bueno, pues cada enfermera tiene una actitud al pincharme y notas enseguida cuál es. Ves ahí perfectamente, quién es la que “pulsa” la cuerda, y cuál es la que “hi-e-re”. Y la que hiere está poniendo el alma y se está comprometiendo contigo. Y entiende tu dolor. La otra, cubre el expediente.

"La música es de lo más noble que tiene que el ser humano, y esa nobleza que tiene, como mínimo, el músico tiene que respetarla al máximo"

¿Para ser buen músico hay que ser buena persona?

¿Para mí? Absolutamente. No entiendo una mala persona que se relacione con la música. No quiere decir con eso que no sepa que existe. La música es de lo más noble que tiene que el ser humano, y esa nobleza que tiene, como mínimo, el músico tiene que respetarla al máximo. No puede falsear eso. El día que yo entienda que un músico falsea la verdad, entenderé la necesidad de que exista la pena de muerte. Esas son de las fechorías más indignas que puede hacer un ser humano. Puedes hacer una música que no tenga unos contenidos profundos porque, a lo mejor, es una música de entretenimiento, que no intenta sentar cátedra, pero tiene que ser honesta. Y eso va en relación con los contenidos de la música. Lo que ocurre es que también la sociedad no está obligada a poder entender de música y, generalmente, se acepta y se apremia aquello lleno de simplicidad, música que a un músico serio le agrede.

¿Hoy lo que vende es lo mediocre?

Claro. Y más mediocre que nunca. Porque puedes coger cosas de hace 50 o 100 años que, aunque no sean muy interesantes, al menos había líneas melódicas, están tratando de hacer algo agradable. Fíjate dónde llega la degradación que eso que llaman rap es quitarle a la música la música. ¿Te das cuenta lo que se ha hecho? ¿Qué paso adelante ha dado la humanidad? La gente debía haber crecido en valores musicales para transmitirlos a la sociedad, de la misma manera que en todo oficio y dedicación crecen las cosas para acercarlas a las nuevas generaciones. Y si le pones música, son canciones insustanciales: te quiero, nos vemos en la playa… Cómo puedo escuchar yo eso cuando estoy rodeado de letras como: Dijo a la lengua el suspiro: échate a buscar palabras que digan lo que yo digo. Dime tú dónde puede haber un punto de valoración para comparar eso con algunas letras actuales… Por otro la vi llorar, por otro la vi llorar, y yo que la quiero tanto, la tuve que consolar. ¡Ja! Y luego te crees que el flamenco es un asunto de borrachos. ¡Valientes maleantes, ignorantes, pretenciosos!

"Lo que le conviene a los grandes directores del mundo es tener a la gente disminuida intelectualmente para que no cuestione las aberraciones que hacen los capitalistas"

¿El arte se ha convertido en un subproducto de marketing y consumo rápido?

Ha entrado en una dinámica que es lo que le conviene a los grandes directores del mundo. Tener a la gente disminuida intelectualmente para que no cuestione las aberraciones que hacen los capitalistas.

Mataron a Dios y colocaron al Dios todopoderoso del capitalismo.

Exactamente.

¿Oponerse a eso es predicar en el desierto, ser Quijote?

Casi sí, pero bueno, uno ya, con casi 78 años que tengo ya, pues no le tiene uno ya ningún rencor a la muerte…

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Otro momento del encuentro con el genio de Sanlúcar.   JUAN CARLOS TORO

Como dice el fandango, le teme más a la vida...

(Ríe) Le temo más a la vida, le temo más a la vida. Tengo un montón de cosas que si te enseño los medicamentos no te los crees…

¿Qué otra vacuna necesita el mundo?

Encuentro una vacuna muy difícil, pero sin embargo tengo esperanza en ello, para revertir la situación en la que la humanidad está hoy: revertir la indecencia en decencia. Hay posiblemente muchas cosas que no sabemos, se ha elegido una creencia, se ha puesto un Dios como si fuera un ser personal que dirige el universo, y también podríamos observar la creencia de que lo que dirige el universo sea la naturaleza. ¿Siempre coincide que cuando la sociedad más se desvía de los parámetros honestos y decentes aparece una epidemia? ¿Estamos seguros que estamos funcionando bien? ¿A qué extremo estamos llegando? Con las cosas que pasan cómo se puede creer en esta sociedad, si ya se ha instalado como forma de vida la violencia. Está absolutamente instalada la violencia. ¿Para conseguir qué? Los propios que la ejercen no saben para qué la ejercen. Ya me podrás decir en la situación en la que estamos.

"Que vengas al flamenco, te nutras del flamenco, te lleves a tu casa esta cultura y luego resulta que no la conoces ni siquiera para enseñársela a tus alumnos. Pero tú no renuncias a tus alumnos… Ya es hora de decir ya está bien"

En ‘La otra historia’ se centra en la identidad del pueblo andaluz, también una constante en su carrera.

El mundo está explicado de forma fraccionada, está explicado donde se define la vida que han tenido los distintos países que son relevantes. El flamenco es una cultura que tiene un sistema propio musical, heredado ese sistema de los griegos, pero construido por nosotros, de tal manera que los griegos no cantan como nosotros. Pero el sistema es el mismo y tengo un desarrollo hecho en esta obra donde pongo punto por punto desde que nace hasta cómo se desarrolla a través de una célula hasta llegar al final. Y llega al final cuando en la última escala aparece la primera. Cuando se altera una, el sistema se va a la mierda.

¿Y el flamenco sufre, por llamarlo de alguna manera, esa apropiación indebida?

Nosotros no somos una cultura sometida a un tirano que nos exige y nos pone la metralleta en la cabeza. Nosotros estamos desarrollados como hombres libres, al menos desde lo que podemos y queremos entender. Eso te lleva a buscar y emplear, sobre todo, el oído porque los guitarristas, que son los músicos del flamenco de hoy, somos los que podemos crear armonía. La mayoría, desde la antigüedad, se agarran al oído y a lo que nos explicaron los griegos. Nosotros sabemos que la cadencia andaluza es la menor, sol, fa, mí… mayor, por una decisión que se toma en la antigüedad, se determina que acabe en mí mayor para diferenciarlo de las otras partes que terminaban en mí menor. Entonces, ni siquiera esto, en su mayoría, puede explicarlo un guitarrista flamenco. Y esto es el a, e, i, o, u. Entonces, ya está bieeeen… ya está bien. Que vengas al flamenco, te nutras del flamenco, te lleves a tu casa esta cultura y luego resulta que no la conoces ni siquiera para enseñársela a tus alumnos. Pero tú no renuncias a tus alumnos… ¿vale? Ya es hora de decir: ya está bien, ¿vale, primo? Porque tú representas a esta estructura y aprender a leer música no es tan difícil. Mucho más difícil es aprender los trucos que usamos para sobrevivir.

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Manolo Sanlúcar posa tras la entrevista.   JUAN CARLOS TORO

¿Hay muchos?
¡Uf…! Hemos llegado al extremo de que la gente que está a la cabeza del flamenco diciendo lo que es oficialista está llevando al flamenco a una situación absolutamente vergonzosa y denigrante. Mire usted, el único instrumento armónico que tiene el flamenco es la guitarra. Hay gente que es del flamenco, aunque el instrumento no. Pero hay gente dirigiendo el tinglado del flamenco a la que, por ejemplo, se le ocurre que de los premios que existían para el flamenco en la Bienal quitan uno, lo anulan. ¿Imagina usted cuál han anulado?

El de guitarra.

Eso es. Cómo puede pensar la cabeza de alguien que está allí porque a lo mejor pega muy bien carteles… Y desecha el premio al parecer porque algunos guitarristas dan apariencia de estar tocando clásico porque, claro, ellos están acostumbrados a escuchar la música de hace 100 años y todo lo que se salga de pegar guitarrazos… Escuchar un discurso melódico, basado en valores musicales, y flamenquísimo, es la dinámica de la música. Yo he contestado a eso, lo que pasa que no conviene contarlo. Pero lo que he hecho es quitarme la denominación de Manolo Sanlúcar, guitarrista flamenco por Manolo Sanlúcar, guitarrista andaluz.

"No se puede estar diciendo del flamenco que la pureza está en el desconocimiento. ¿Usted no quiere caminar porque no quiere usted conocer cosas? Pues con lo que no esté de acuerdo, rechácelo, pero no anule usted todo el sistema"

Otro sinsentido es que en Andalucía cueste tanto una educación reglada en torno al flamenco.

Pero es que toda cultura que se lleva a la escuela tiene que tener unos principios, un desarrollo y una finalidad. ¿Quiénes son los que empiezan a escribir sobre el flamenco? Gente que tiene un poquito de idea. Y al final, como no hay carrera establecida, no hay profundidad alguna ahí. La inmensa mayoría de guitarristas no saben leer música y muchos de los que saben son extranjeros. Es difícil vivir en un país lejano y estar en Andalucía absorbiendo la verdad. El flamenco camina diariamente aunque en su manera de funcionar haya muchos errores y muchas cosas, pero no es nada tan grave como para que se pueda decir que no es flamenco. Esos errores vienen de gente de otra cultura que ejercen también su entendimiento personal. Cuando el hombre se reta a sí mismo y termina alcanzando a mandar naves a Marte y a la Luna, y a escudriñar el universo, no se puede estar diciendo del flamenco que la pureza está en el desconocimiento. ¿Usted no quiere caminar porque no quiere usted conocer cosas? Pues con lo que no esté de acuerdo, rechácelo, pero no anule usted todo el sistema, porque se convierte usted en un imbécil. Usted debe de aprender música aunque sea para pelearse con los otros que desde la música científica creen hacer flamenco y usted descubre que no es flamenco lo que hacen. Lo que usted no puede hacer es que el guitarrista flamenco exponga alguna música y esté usted con la escopeta cargada…

¿Habla de la crítica, de la ortodoxia…?

En lugar de dar contestación científica, da usted una contestación poética. Porque el flamenco lo han escrito los poetas y los poetas saben de poesía, de música no saben. Y el poeta que sabe de música no suele tener los suficientes conocimientos como para profundizar en las exposiciones publicadas del flamenco. Entonces, todo el que la novia le ha puesto de Reyes un libro de flamenco no está capacitado para hablar de flamenco, y como no hay nadie que le contradiga… pues eso sigue pa’ adelante. Y sin sentido. ¿Por qué he escrito esta obra y me he dejado 15 años dedicado a ella? Cuando me bajé del escenario dejé de ganar dinero para mi casa. No solo lo que me pagaban por concierto, que era uno de los cachés más grandes del sistema, sino que los derechos de autor que yo tenía que cobrar por que se interpretasen obras mías, tampoco me los podían pagar al no subirme al escenario.

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El maestro, enseña el brazo con la huella de su paso por diálisis.   JUAN CARLOS TORO

¿Y cómo resiste?

Afortunadamente, como la guitarra no me dejaba gastarme el dinero, ahorre una buena pella. De eso estoy viviendo hace ya tiempo.

Es lamentable, en todo caso, cómo cuida este país a sus artistas y, en concreto a los más grandes.

Hombre, me parece que sí. Pero tenemos tantos ejemplos. También está por medio la vanidad del ser humano, que en cuanto saca algún beneficio no le importa denigrarte. De la misma manera que yo recibo muchas comunicaciones donde la gente me bendice, y yo me siento sorprendido porque nunca he tenido eso y ahora… pues desde hace poco tiempo lo tengo (las redes sociales). Me he quedado asombrado de la atención y la generosidad de la gente clasificándome. No reparaba en eso, pero, coño, ahora cuando me lee Danny (su manager) las cosas, pues digo: ¡Estoy bien pagao!

¿Prefiere sentirse satisfecho que orgulloso, no?

No, no, el orgullo tropieza, creo que tiene una parte de petulancia que no armoniza bien…

"De lo que sí estoy seguro es de que le he dado mi vida al flamenco y a la gente del flamenco"

Ya de ego hay bastante en el arte…

Pero mira, no tengo nada en contra de eso. Ya hubiera dado yo algo significativo por tener la mitad del ego que tienen algunas personas que podíamos nombrar y se vería claro. Pero no he querido. Y yo, me subo a un escenario y lo primero que hago es mirar para él y decir: ¿y esta gente, qué esperarán de mí? Para venir aquí tienen que dejar a los hijos con la vecina, tantas cosas.. ¿para dedicarme a mí tres horas? Entonces, trato de darlo todo. De lo que sí estoy seguro es de que le he dado mi vida al flamenco y a la gente del flamenco. Y no he procurado nunca gustarles, ¿eh? A mí me ha importado poco si le gusta a uno o no le gusta. Lo que me importa es gustarme yo, estar de acuerdo con lo que siento, con lo que entiendo de eso. Y si hay gente que se acerca a mí y valora lo que yo hago, nos hermanamos. Ya somos, como decía Antonio el Sevillano, hermanos en el dolor.

En la herida…

En la herida, claro.

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El guitarrista andaluz, con su perrita y dos de sus guitarras a la espalda.   JUAN CARLOS TORO

¿Cuántas veces tuvo vacaciones en su vida?

Solo dos veces, dos vacaciones de quince días. Y fui a conocer bien Galicia. Quería ir a conocerla porque mi madre procedía de Galicia, mi abuela vino de allí, y aquí formaron esa familia. Soy más mezclado que un gazpacho. Mi abuelo era sefardí, y la otra abuela era morisca… y yo…, a ver quién me clasifica (ríe)… porque me gustaría saber quién soy.

Al final la mezcla es buena…

Bueno, no sé, parece que sí. También una persona destacada y admirada como Paco de Lucía tenía a su madre que era portuguesa. No parece mala mezcla.

¿Echa de menos los escenarios?

Para nada. He sufrido mucho más en los escenarios de lo que he gozado. Me ha faltado una de las suertes que tienen los pretenciosos, que se suben al escenario y se creen que les están haciendo un favor al público y entonces se crecen un real, y donde mejor cantan, tocan y bailan es en el escenario, pero yo tengo la desgracia de no saber ser pretencioso. Eso es una desgracia, ¿eh? No es decir mira, qué humilde… Y la verdad que hay gente que no es capaz siquiera de subirse y yo he estado 50 años. El primer premio que gané tenía 8 años y desde entonces no bajé hasta los 70 o 71 años. Ahora, que me he bajado del , ¿eh…? En todo este tiempo no he cogido una guitarra.

Y habrá habido ofrecimientos, supongo.

Ya he dado todo, ya no me apresa más la guitarra. Me apresa el flamenco, ¿pero la guitarra…, que necesita ejercitar tanto y que solamente agradece lo que tú le das, y a veces se convierte en una tirana, ya no la toco más.

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El músico con una de sus guitarras.   JUAN CARLOS TORO

¿Por qué impera tanto el ‘y de lo mío qué…’ en el flamenco?

El artista flamenco se lleva todo el tiempo esperando que alguien le llame. La gente que estudia en los conservatorios o en las universidades no espera a que le llamen, crean los espectáculos y crean las oportunidades. Entonces, por supuesto que hay partes de la humanidad que no tienen lo que se merecen, pero otras sí tienen lo que se han buscado.

Las nuevas generaciones han cambiado las dinámicas, se preocupan más por el estudio, por evolucionar…

En cuanto al estudio de la guitarra creo que, en general, hay mucha conciencia puesta en ello, mucha voluntad y mucha espera a veces impaciente. Porque están equivocados al fijarse en lo aleatorio, en lo secundario, en el adorno, y no se fijan en el centro. Para fijarte en la ciencia tienes que saber qué es la esencia. No puedes buscar una cosa si no sabes entenderla.

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