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Tarde templada de otoño. Una delgada carretera secundaria. Como una línea de asfalto trazada con carboncillo y jalonada por casas de campo y plásticos de invernaderos de flor cortada. El sol ya no pica al filo de las cinco de la tarde. Término municipal de Chipiona. Zona difusa de la costa Noroeste de la provincia de Cádiz. Tierra de nadie. "En Jerez digo que nací en Jerez; y en Rota, que nací en Rota. Me he criado en los dos sitios", asegura Manuel de los Santos Pastor. Pero no hay partida de nacimiento. "¡Qué más da la edad que tenga un hombre! Tengo un monumento mío en Rota y ahora me van a hacer uno en Jerez", presume Agujetas. El hombre y el mito permanecen apostados en el arcén. En actitud felina, pero conversando amistosamente con un vecino que a ratos se afana en sus labores y a ratos descansa para escucharle. Manuel se tienta la pierna derecha, la circulación no va demasiado bien últimamente. "Me dice el doctor que tengo que andar". Agujetas, qué irónico, se ha hecho hasta acupuntura. "Pero no vale para nada, es mentira . Hincha la aguja y no duele". Y se palpa: "La pierna me quema aquí. Pasear se ha convertido en su rutina, se da sus paseos por la zona agraria y se vuelve a su casa. Nos invita a que le acompañemos y con decisión se monta en el coche. Llegamos a Los milagros. "Aquí vengo con los guardias...", bromea con su mujer Kanako al recibirnos. Como diría Luis Clemente, con Agujetas nunca es posible siempre.

Dos plantas con un gran jardín. Todo modesto. Dos cabras pacen tranquilamente en el césped, junto al pozo, y van apareciendo gatos de diferentes tamaños y colores. Pantalón claro, camiseta negra de cuello vuelto y una frondosa y zaina melena inusual para un hombre de al menos 75 años. O tres más. No sabe exactamente dónde nació pero tampoco cuándo. "Qué más da la edad de un hombre", espeta otra vez tras proclamar también que "el amor no entiende de idiomas". Lo dice él, en su sabio y culto analfabetismo. Y nos reta: "Habla, habla, pregunta lo que quieras...". Ahora empezamos a hablar con el hombre. De repente, Agujetas deja de ser Agujetas para convertirse en el hombre a kilómetros de distancia de su propia leyenda. Agujetas, como hemos dicho más arriba, es Manuel de los Santos Pastor. Autoproclamado 'Rey del cante gitano'. Una especie en peligro de extinción. El último dinosaurio del cante sin concesiones. Paleolítico. Contradictorio. Controvertido. Un gitano, una estirpe, cristal de pureza 100%, que diría Walter White. Incorruptible. Incontaminable. Áspero en el trato, huraño. Pero esta vez no. Ni rastro del personaje, solo la persona.

No hay su sequedad habitual con los medios. Ni mucho menos se muestra como una persona arisca o malhumorada, como podría aparentar públicamente. O como se ha empeñado en aparentar. Aquí nos atiende casi entrañable. Entre sonrisas afables habla de una de las cabras, como para romper el hielo: "La compré chiquitita, está preñá, me tengo que distraer con algo. Como ella (alude a Kanako) tiene los gatos...". Antes de las fotos, advierte: "Yo no estoy vestío de artista aquí. Bueno, estamos en el campo, ¿no? Estoy un poquito malo, aunque no soy de estos que tienen así las venas por las piernas". Pasa el umbral de la puerta de su casa. Enseña una reliquia que él mismo hizo con sus manos y que cuelga en el porche, casi como en un pequeño santuario: un extraño crucificado con "más de 40 años". "Soy amigo de todos los pintores abstracto. Éste (señala el cristo) lo hice con una lima que había en una cocina. Pero me castigó. Entonces cogí una neumonía hace 40 años. Cuando ya me curé me dijeron: ya te ha quitado el arresto, recógelo. Ouka Leele me daba 80.000 duros por el Cristo..."

Empecemos Manuel. Para quien no le conozca... Interrumpe la pregunta súbito: "¿Quién no me va a conocer? ¿Dime quién?" (se ríe) Corregimos sobre la marcha... ¿Cómo es su día a día aquí? "Aquí estoy poco, aquí estoy muy poco, a cada instante me voy a Francia o a Japón..." Inciso: "En Japón dicen que hay flamenco pero es mentira, hay cuatro pobrecitos de cuadro, que no tienen otra cosa y se van a Japón. Para cantar tienes que ir a un bar, donde ponen una tabla portátil, bailan y toca la guitarra. Pero la gente va allí a dar clases... A no ser que sea una bailaora... Como yo cuando voy a ver a mi suegra, mando a alquilar un teatro para una actuación. Me cuesta el teatro un millón para ganar dos. Y yo gano aquí dos, ¿para qué tengo que ir yo por ahí?" Pero aun así, viaja mucho. "Viajo, claro, ¿en España quién te va a dar ? Y menos en lo que yo gano. Aquí te puede llamar una peñita, que te da 200, 300... ".

Háblenos de la pureza. De su pureza. De dónde viene. "Yo no he vivido la pureza, yo fui el último que salió. Cuando yo salí llevaba Chocolate treinta años; 30 años, Terremoto; 30 años, La Paquera; 40 años llevaba Mairena... Yo fui el último que salió. Salió un año después el Camarón... Pero como yo he estado luchando por el flamenco puro, ¡joé!, qué he terminado con todos los que hacían clásico. Se está perdiendo . Todo moderno. Yo no paraba de cantar y cantar, y ahora todo el mundo quiere flamenco puro". ¿Se le valora lo suficiente? "Andalucía tampoco es para el flamenco, ni para ninguna música, porque es muy analfabeta. Llego a Francia, empiezo a cantar y no habla nadie. Nadie. Cuando me levanto, los chillíos, mira... Porque son hombres que saben de música. ¿Pero aquí? Aquí no es que no haya respeto, es que no saben". ¿Y en Jerez? "Y en Jerez, que se cree todo el mundo que sabe de flamenco, pues no le echa cuenta nadie y cuando van a escuchar flamenco está todo el mundo hablando o comiendo pipas. Porque se cree la gente que sabe pero no sabe ninguno. No sabe ninguno de cantar ni bailar". Pero Manuel, ¿ni los buenos aficionados? "Hombre a los que le gusta sí, a los que le gusta sí...".

Entonces, digamos, por si remotamente hubiera alguien que no le conociera, que usted es en palabras de Manuel Torre el último sonío negro. "No digas eso. Menos mal que no está aquí Antoñito, si no te pega... Yo no le digo . Este muchacho quiere que la gente le diga que es mejor que su padre, ¿entiendes? Un hombre con cerca de 50 años. Chiquillo, ya te lo dirán. De aquí ha salido llorando. Se fue curando de la droga poquito a poco, lo están llamando, lo han llevado a tres o cuatro lados a cantar... Ahora que se está curando yo le digo: Antonio, eso no es así, es así. Y a veces sale llorando. Donde se lo puede decir su pare es aquí". ¿El cante se enseña? "Esto no lo enseña nadie. Resulta que el que está enseñando a éste (por Antonio Agujetas) cuando viene aquí soy yo. Pero mi pare (Agujetas el Viejo) no enseñó a nadie. A nadie, nooo. Mi pare estaba trabajando en la fragua. Yo ponía el hierro derechito. Mi hermano el otro, el mayor, ponía carbón partío, el otro... Y mi pare cantaba cuando estaba de descanso. Porque eso de trabajar cantando es mentira, es mito, porque no puedes cantar por martinetes trabajando. Cómo vas a decir la letra, tienes que dejar el martillo parao. ¿Entiendes? Eso es mentira . Eso es mentira de la gente, engañando a la gente ¿pa qué? Entonces mi pare hacía un par de cantes, estaba descansando y cantaba. O estaba en un corral o con un amigo en casa y el domingo hacía un par de cantes con los amigos. Y escuchábamos. Ni te pienses que mi padre decía esto es así o es así. Qué va, qué va".

Además de arte jondo, ¿escucha otra música? "Yo no escucho flamenco ninguno. De nadie. Una vez que murió mi pare ya no lo escucho más. Guardo el disco ahí, que lo hice yo, y ahí se queda. Pero yo no voy a escuchar a mi pare. Tengo que estar de muy buen... para yo escucharlo. Porque nosotros cuando se muere nuestra familia... se dejan quietos y no se molestan pá ná. Eso es lo que hay que hacer. Entonces, todo es mentira. El flamenco es mentira y los libros que hay de flamenco son mentira. Aquí no ha habido más cantaor que Juan Talega en esa época que yo conocí. Cuando yo lo conocí a los pocos días se murió. Conocí a la Niña de los Peines y a los pocos días se murió. No he conocido más viejos. Y a Antonio Mairena".

¿Se llevaba bien con Mairena? "Me llevé bien... Pocos días. Porque el hombre se enamoró de mí. La gente decía: 'Agujetas le ha pegado a Mairena', ¿tú te ha enterado de algo de eso o no? Agujetas le ha pegado. Yo no le pegué a nadie. Fuimos a un festival juntos y me sacó Melchor de Marchena. Iba Curro Malena conmigo. Había el yunque de oro pero nosotros íbamos al festival, no a premio. Al que mejor cantara, y yo como canté y la gente estaba conmigo, pues el tío le dio el premio a aquel que era el que le hacía cara. Pasó el tío allí treinta sillas al lao mía, me quitaba de una, el tío en otra. Fui a la cárcel media hora, hasta que terminó el festival". Pese al incidente, no oculta su admiración: "Antonio era un maestro. Verdad que era un poco frío. Pero Antonio era un maestro, hombre. Que no hablen cuentos de Antonio. Antonio aprendió de los cuatro viejos de Jerez. Mairena cogió cosas viejas, de mi abuelo, de mi abuela, de Manuel Torre... Saber cantar como Antonio... Sería frío pero era un maestrazo. No le digas eso a los gitanos que los gitanos no quieren. Hay quien no sabe ni abrir la boca, quieren hacer cosas de Mairena, cosas mías... Van todos a dónde los lleven. El flamenco no es nada. Si no me pagan, no hay nada que hacer. La gente va a ver flamenco sabiendo que no es flamenco".

Como un castillo de arena comido por la marea, Manuel derrumba las leyendas urbanas jondas. Esas que conforman su más honda mitología. La mística de la noche oscura del alma o el tronco negro del faraón. Como eso de lo de los soníos negros, que revelaba Alberti que no era más que la obsesión de Torre por el sonido de los sostenidos o bemoles del piano. Las teclas negras, los soníos negros, pedía al parecer. Agujetas no ofrece género de dudas cuando se le pregunta por el duende, ese otro gran desconocido: "Es mentira, es mentira, eso es mentiiiiraaa... Aquí no hay duende ni . Yo no sé de eso. El duende es como para los niños el tío, qué viene el tío, el coco. Iguaaaaa. Yo no sé de eso. No entiendo qué es eso del duende. No tengo ni idea". Nuevo paréntesis: "Y mi pare, como te voy a decir, en aquella época era un hombre que trabajaba; y teniendo nueve hijos no se puede ser artista. Hay que ser como yo que no tenía a nadie... Tenía una novia y cuando ya vi que tenía los dos hijos, Antoñito y Dolores, me dio por ser artista, po carajo, me fui de artista. Aquí no ha pasado . Ahora, mandaba el dinero que ganaba a mi niña. Como no estaba aquí... como todos los artistas. A los artistas de cine les pasa igual, les mandan el dinero a sus hijos y a su mujer, pero si el hombre se va a América y vuelve y no trae un duro, pues no hay papá. Si trae dinero, hay papá, ¿has escuchao? Ea pues ya está, que lo sepas". Recupera acto seguido eso que hablaba de la trola del duende: "Pero todo eso es mentira. La verdad es que no hay duende, coco y eso". Y dice a palo seco: "Cantar". "Hay quien necesita droga, vino y eso. Yo no necesito nada. Me tomo una mijita de agua y canto. ¿Por qué me va a dar vergüenza de cantar (se ríe) si yo vivo de eso?"

¿También es incierto lo de esa juerga enorme que necesitan los flamencos para estar a gusto y rebuscarse de verdad en el cante? ¿No ha sido usted de juergas flamencas? "Nunca, nunca, ni una, ni una. De juerga nada. Ahí lo tienes. Son unos embusteros y dicen en libros que yo he estado en tos laos y yo no he salido de mi casa. Canto y dormí. Otros se lían a decir que yo fui con ellos a no sé donde y yo, Dios mío de mi alma, si no he ido a ningún lao. Una vez con el tío de ese (señala al fotógrafo, en alusión a su tío el pintor Paco Toro). Con el único que yo tomé una copita en la Feria y en su casa con su mujer y sus hijos. Jamás, con Toro más. Pero juerga jamás... Jamás. ¿Qué te parece? Es mentira todo después. También decían que Manuel Torre se acostó con la mujer del hijo. Eso es mentira todo. Manuel Torre, ¿un hombre como ese se iba a acostar con la mujer del hijo?"

Cuánta confusión entre qué es flamenco y qué no lo es, ¿verdad? "No hay confusión ninguna. Confusión es la de la gente que va a verlo, que le gusta eso que no es. Un libro de flamenco no puede haber porque eso no es flamenco ni , eso es una basura". ¿Y el mercado discográfico? "Han terminado con los discos, ya no hace ninguna casa discos. Nadie. ¿Me entiendes? Ahora hacen un disco dos o tres juntos, se juntan tres pero lo venden, ¿a quién?, ¿a los amigos? Antes llegaban a mí: 'Agujetas queremos un disco tuyo'; '¿Cuánto quiere por él?'; 'Seis, siete millones y el 10%'; 'Pues me lo llevo'. Ahora, ¿dónde voy a ir a hacer un disco ahora? Si nadie me llama. Me sale uno que quiere dos cantes conmigo. Dos cantes. Le cobro lo que sea y ya está. Yo tengo mis actuaciones pero las actuaciones que tengo son afuera. Yo no tengo ni representante porque no vale pa , a mí me llaman directamente a mi casa".

Y aun así dice Manuel, que tiene pasaporte japonés y residencia norteamericana fruto de sus dos últimos matrimonios, que ha recorrido el mundo "dos veces, menos Australia". "La primera vez que yo fui a América, a Nueva York, yo no iba a cantar, iba con una gachí. Llegué a un restauran, había flamenquito, con nombres de España, pero allí no había españoles; y ahora tienen hasta bares por ahí. Y fíjate cómo sería que en la calle había un kiosco con un periódico colgando y vi que era yo. Lo compré y le dije a la muchacha que lo leyera. Primera figura de España en Nueva York (risas)... Lo tengo yo ahí el papel. Conocía todos esos países como... si hubiera nacido ahí. Parece que yo había nacido por ahí. Le conté a mi pare eso: mira opá yo para mí que había nacido por América. Y me dijo: 'porque tú tío estuvo por ahí, llevaba pollos ingleses'.

Pero ya no viaja en avión. "El médico me ha dicho: 'Tiene usted las cañas tapás. Estaban tapás y están. Pero el médico no opera enseguía. Ya no puedo ir en avión, ya me da el miedo con la sangre. Yo ahora me voy a ir a Japón, me voy a hacer un viaje bonito. Cuando termine una cosa en París y lo de Jerez, voy a coger el tren por Moscú, me meto en Moscú, y después me voy dos días de barco a Japón. ¡Dos semanas en tren (risas)! El avión ahora no. Dos semanas en el tren, una estación, otra estación. Pero viendo paisajes... Da miedo, no te vayas a creer. Esos barcos estarán preparaos. Los barcos que hay también se los lleva el agua, si se tiene que ir para abajo, se va".

Entre tanto viaje, ¿tiene ganas de volver a cantar en Jerez? "Si no me pongo malo, canto. El que arme escándalo, pa la calle. Yo canto en tós laos bien y ya está. Para el pobrecito que no sepa puede ser que tenga más responsabilidad. ¿Qué me van a decir a mí? Yo todas las noches ensayo. Hasta durmiendo. Me levanto por la mañana, me duele la cabeza, me enjuago la cara pero yo ensayo diario. Esto no se puede quedar parao (se señala la garganta). Y muchas veces hago voz sentao aquí, una hora o una cosa así. Porque si no, se cierra la voz. La boca tiene que estar abierta. Si te quedas parao se va cerrando y después, ¿cómo va a salir la voz? Yo no tengo papeles ninguno, empiezo una letra y me salen 300. Según me voy encontrando, con la ayuda del de arriba".

Corta de pronto. Vuelve Agujetas: "Bueno, ya está, si no vas a gastar la máquina. Y van a ver la gente, ojú lo que ha dicho Agujetas. Ya has hecho lo que no ha hecho nadie en su vida con dinero. Yo lo he hecho por ustedes. (Risas) Os vais a quedar asombraos, el otro día vino aquí la televisión de Moscú para que hablara dos palabras y me daba cuatro mil dólares. Yo no ha hecho ná, ¿vale? Ya está bien. Eso no lo ha hecho nadie, lo he hecho yo porque me hiciste un póster", recuerda a Juan Carlos, cuyo foto mural de Agujetas brotó de un viejo muro durante algunas semanas en la ronda de San Telmo de Jerez. E insiste: "¡¡¡4.000 euros!!!" Le digo que no doy crédito, que no me puede creer que nos haya permitido entrevistarle en su propia casa. Tan humano, tan entrañable. Tan lejos del Dios flamenco que es para quienes lo aman. También para quienes le odian. "(Se ríe) ¿Qué no te lo crees? Noooo... Que te lo puedes creer. Tú di que Agujetas te ha cobrao bien. Venga, que vas a llegar tarde". "¿Habéis sacado la entrada ya?", cuestiona. Punto y final.

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