Las imágenes no dejan demasiado espacio para las dudas. Aulas, pasillos y comedores por encima de los 31 grados y superficies del patio que llegan a superar los 60 ºC. Son algunos de los registros obtenidos por Greenpeace mediante cámaras termográficas en un colegio situado en el barrio sevillano de Triana, dentro de una campaña destinada a denunciar el calor que soportan miles de estudiantes durante las últimas semanas del curso.
La organización ecologista ha visitado seis colegios e institutos de Alicante, Barcelona, Madrid, Ourense y Sevilla para documentar las elevadas temperaturas que se viven estos días en los centros educativos. En el centro visitado en Sevilla, algunos puntos de las aulas, el comedor y los pasillos registraron temperaturas superiores a los 31 ºC. La situación resulta todavía más extrema en el exterior: las pistas del patio superaron los 60 ºC, mientras que determinadas paredes de los edificios alcanzaron más de 35 ºC, generando, según la organización, un ambiente sofocante.
El rendimiento escolar empieza a caer a partir de los 24 grados
Los estudios científicos citados por Greenpeace sitúan la temperatura óptima para mantener un buen rendimiento escolar entre los 22 y los 24 ºC en climas templados. A partir de los 24 ºC y hasta los 32 ºC, el rendimiento se reduce progresivamente por cada grado adicional de temperatura.
Las cámaras termográficas empleadas por la organización representan las mediciones mediante una paleta que va desde el azul oscuro, correspondiente a los puntos con menor temperatura, hasta el amarillo, que identifica las zonas más calientes. Las imágenes obtenidas muestran que en todos los centros visitados se superaron los niveles considerados adecuados para el aprendizaje.

- El patio de un colegio de Triana, en Sevilla, con temperaturas elevadas en pleno junio
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“El calor excesivo no es ninguna fuente de inspiración para nadie. Provoca graves impactos en la salud, como agotamiento por calor y golpe de calor, entre otros. Además del riesgo sanitario, tiene efectos sobre la capacidad cognitiva, la concentración y la comprensión, lo que pone en jaque la calidad de la enseñanza”, ha señalado Elvira Jiménez, responsable de adaptación al cambio climático de Greenpeace.
Los menores son un colectivo especialmente vulnerable a la deshidratación, el agotamiento por calor y el estrés térmico, debido a que sus mecanismos de termorregulación no son tan eficientes como los de los adultos. A ello se suman determinados patrones de comportamiento, como realizar más actividades al aire libre o no hidratarse con la frecuencia suficiente.

- Un grupo de niñas se refresca en una dura jornada de calor en las escuelas de junio
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- CANDELA NÚÑEZ
El alumnado pasa, además, buena parte del día en los centros escolares, tanto dentro de los edificios como en los patios, coincidiendo en muchas ocasiones con las horas de temperaturas más elevadas. Greenpeace añade que la contaminación presente en numerosos entornos escolares urbanos puede actuar como un factor agravante.
“La adaptación de los edificios y patios a la realidad climática no es ningún capricho. Es una cuestión de salud pública y del derecho a una educación de calidad. Las administraciones no pueden seguir mirando para otro lado desoyendo a las familias y las voces expertas. Si estas condiciones se consideran inaceptables en un entorno laboral ¿por qué se aceptan para niños y niñas?“, ha destacado Jiménez.
Greenpeace denuncia seis años de retraso en Andalucía
El problema ya no se limita a los últimos días de junio. Según los datos recogidos por Greenpeace, las temperaturas propias del verano se han alargado cinco semanas debido al cambio climático. Los episodios de calor intenso y las olas de calor comienzan ahora en mayo y junio y pueden prolongarse hasta septiembre, afectando directamente al calendario lectivo.
La situación continúa incluso una vez terminado el curso, ya que numerosos colegios permanecen abiertos durante el verano para acoger campamentos, colonias y otras actividades. En la etapa educativa de cero a tres años, las escuelas infantiles continúan funcionando durante todo el mes de julio. Greenpeace sostiene que todavía son minoría los centros en los que las autoridades han ejecutado proyectos de adaptación dentro de los edificios y en sus espacios exteriores. La falta de financiación y de liderazgo institucional figura, según la organización, entre los principales obstáculos.

- Un aula andaluza, en una imagen de archivo.
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- MANU GARCÍA
El caso andaluz resulta especialmente significativo porque la comunidad dispone desde 2020 de una Ley de Bioclimatización de Centros Educativos. Sin embargo, las federaciones de asociaciones de madres y padres, sindicatos y organizaciones sociales como Escuelas de Calor denuncian que la norma solo se ha aplicado al 6,14% de los más de 7.000 centros públicos de Andalucía.
“La Junta de Andalucía lleva seis años remoloneando para cumplir con su obligación. De todas las posibles intervenciones con criterios bioclimáticos que marcaba la ley, las actuaciones realizadas se limitan a la instalación de sistemas de climatización adiabática, y ni siquiera llegan a todos los centros a los que deberían llegar. Cada pleno del parlamento andaluz celebrado con aire acondicionado debería ser un aviso para nuestros representantes”, ha declarado Luis Berraquero, coordinador territorial de Greenpeace en Andalucía.
La organización reclama finalmente una inversión adecuada, plazos de ejecución realistas, auditorías energéticas en cada centro, gestores especializados, formación para la comunidad educativa y planes autonómicos que establezcan qué colegios deben ser reformados cada año. También insiste en que el reparto de competencias entre comunidades autónomas, ayuntamientos y Estado no puede utilizarse como excusa para retrasar las actuaciones.
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