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Juan, el niño de Cantillana que cambia Eurodisney por San Fermín como regalo de comunión: "¡Tira para Pamplona!"

La familia sevillana recorrió diecisiete horas de carretera en autocaravana para cumplir el sueño que el pequeño arrastraba "desde chico"

  • Un encierro de los sanfermines, en una imagen de archivo.

Un niño sevillano de diez años ha decidido este verano cómo quería celebrar su Primera Comunión. No ha elegido Eurodisney, sino plantarse frente a la imagen de San Fermín en su capilla de Pamplona. Se llama Juan y es de Cantillana, un pueblo de la provincia de Sevilla con poco más de 10.000 habitantes. Sus padres, Juan Antonio y Margari, tenían pensado llevarle a París como regalo. El plan cambió a mitad de carretera.

Fue el propio padre quien lanzó la pregunta al llegar al cruce de caminos: "Juan, ¿vamos a donde tu primo que está en Eurodisney?". La respuesta llegó sin titubeos: "¡Nooo, tira para Pamplona!".

Una devoción que empezó con dos años

Detrás de esa negativa hay años de devoción. Con solo dos años, Juan ya se sentaba frente al televisor para seguir el encierro y entonaba el cántico al santo, tanto en castellano como en euskera. El pañuelico rojo se convirtió pronto en parte de su rutina diaria, hasta el punto de llevarlo puesto para ir a la escuela infantil. Sus propios padres reconocen que aquella pasión infantil les tomó por sorpresa.

Cumplir el capricho no ha sido sencillo. Los precios del alojamiento en el centro de Pamplona durante Sanfermines quedaban fuera del alcance de una familia de clase media, así que optaron por alquilar una autocaravana para el viaje. Se sumó otra pareja amiga con sus dos hijos, hasta formar un grupo de ocho personas. Entre todos afrontaron diecisiete horas de carretera, con varias paradas, hasta entrar en Pamplona a medianoche del 4 al 5 de julio.

  • Juan y su familia, en San Fermín cumpliendo su sueño. RTVE

Nada más llegar, Juan quiso recorrerlo todo. Pasó por la plaza del Ayuntamiento, se acercó a los corrales del Gas para ver las ganaderías ya instaladas y, finalmente, pudo saludar a la imagen de San Fermín en su capilla.

Una ciudad volcada con su historia

La historia de Juan ya era conocida en la ciudad antes de que él pisara sus calles. El párroco Javier Leoz la contó en una misa de mayo. Desde entonces, Pamplona se ha volcado con ellos. Un vecino les cedió un balcón en la calle Estafeta, otro les invitó a churros y varios comerciantes regalaron a los cuatro niños del grupo camisetas y toritos de peluche.

A la familia le quedan unos días más por delante, y piensan exprimirlos. Ya han vivido el chupinazo y la primera salida de los Gigantes y Cabezudos; esta misma mañana, Juan ha visto el encierro desde un balcón y va a acudir también a la procesión y a la corrida de toros de los de Fuente Ymbro.

Con su toro de peluche recién estrenado entre las manos, el pequeño ha resumido con timidez lo que de verdad le importa de estos días: "Lo que más me gusta es el encierro y ver el santo en la procesión".

Un niño sevillano de diez años ha decidido este verano cómo quería celebrar su Primera Comunión. No ha elegido Eurodisney, sino plantarse frente a la imagen de San Fermín en su capilla de Pamplona. Se llama Juan y es de Cantillana, un pueblo de la provincia de Sevilla con poco más de 10.000 habitantes. Sus padres, Juan Antonio y Margari, tenían pensado llevarle a París como regalo. El plan cambió a mitad de carretera.

Fue el propio padre quien lanzó la pregunta al llegar al cruce de caminos: "Juan, ¿vamos a donde tu primo que está en Eurodisney?". La respuesta llegó sin titubeos: "¡Nooo, tira para Pamplona!".

Una devoción que empezó con dos años

Detrás de esa negativa hay años de devoción. Con solo dos años, Juan ya se sentaba frente al televisor para seguir el encierro y entonaba el cántico al santo, tanto en castellano como en euskera. El pañuelico rojo se convirtió pronto en parte de su rutina diaria, hasta el punto de llevarlo puesto para ir a la escuela infantil. Sus propios padres reconocen que aquella pasión infantil les tomó por sorpresa.

Cumplir el capricho no ha sido sencillo. Los precios del alojamiento en el centro de Pamplona durante Sanfermines quedaban fuera del alcance de una familia de clase media, así que optaron por alquilar una autocaravana para el viaje. Se sumó otra pareja amiga con sus dos hijos, hasta formar un grupo de ocho personas. Entre todos afrontaron diecisiete horas de carretera, con varias paradas, hasta entrar en Pamplona a medianoche del 4 al 5 de julio.

  • Juan y su familia, en San Fermín cumpliendo su sueño. RTVE

Nada más llegar, Juan quiso recorrerlo todo. Pasó por la plaza del Ayuntamiento, se acercó a los corrales del Gas para ver las ganaderías ya instaladas y, finalmente, pudo saludar a la imagen de San Fermín en su capilla.

Una ciudad volcada con su historia

La historia de Juan ya era conocida en la ciudad antes de que él pisara sus calles. El párroco Javier Leoz la contó en una misa de mayo. Desde entonces, Pamplona se ha volcado con ellos. Un vecino les cedió un balcón en la calle Estafeta, otro les invitó a churros y varios comerciantes regalaron a los cuatro niños del grupo camisetas y toritos de peluche.

A la familia le quedan unos días más por delante, y piensan exprimirlos. Ya han vivido el chupinazo y la primera salida de los Gigantes y Cabezudos; esta misma mañana, Juan ha visto el encierro desde un balcón y va a acudir también a la procesión y a la corrida de toros de los de Fuente Ymbro.

Con su toro de peluche recién estrenado entre las manos, el pequeño ha resumido con timidez lo que de verdad le importa de estos días: "Lo que más me gusta es el encierro y ver el santo en la procesión".

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