Plaza Real de Toros de El Puerto de Santa María. Domingo 9 de agosto de 2026. Sexto y último festejo del abono. Cuarto lleno de «no hay billetes» en una tarde algo menos calurosa que la de ayer. Toros de Hermanos García Jiménez, de ajustada presentación, de juego desigual y con distintos grados de movilidad y nobleza, destacando el sexto, por su seriedad y juego. Morante, de un original noche estrellada con medias blancas; Jiménez, de espuma de mar y oro; Miranda, de caldera y oro.
Venir arreando…
Morante volvió a llenar la Plaza Real de El Puerto de Santa María y cerró el ciclo estival en el que sus cuatro comparecencias han colgado el «no hay billetes». Si bien, la última tarde dejó también otro mensaje. Borja Jiménez y David de Miranda llegaron para compartir cartel con un torero de época y terminaron compartiendo la Puerta Grande.
No fue solo cuestión de orejas. Borja puso ambición, mando, variedad y una forma de estar en la plaza propia de quien sabe que cada oportunidad cuenta. Miranda ofreció seguridad, quietud, finas maneras y una madurez que confirmó el excelente momento que atraviesa. Dos formas diferentes de abrirse paso en un escalafón necesitado de nombres capaces de discutir las jerarquías, pisando el albero.
Morante, entre el compromiso y la imposibilidad
Espléndido, primero, tuvo cuajo aunque resultó algo basto de hechuras. Se protestó, sin llegar a mayores, la atenta y eficaz lidia de Juan José Domínguez. ¡Qué cosa! El de los Matilla fue un toro desigual, mejor por el derecho, que obligó a Morante a fajarse más que a abandonarse, tras desarmarlo en el arranque de la faena, frente a la Puerta Real. El de la Puebla terminó metiéndose en terrenos muy comprometidos y construyó por ese pitón series cortas, ceñidas y de notable exposición. Hubo más mérito y valor que inspiración, pero también la capacidad de sacar muletazos donde el toro no los regalaba. La efectiva estocada aseguró una oreja.
Volador, cuarto, apenas tuvo gasolina. Morante lo intentó y dejó algún muletazo templado por la derecha, pero el toro embistió a la defensiva, sobre las manos y terminó desinflándose muy pronto. El sevillano comprendió que aquello no daba para más y abrevió. Dos pinchazos, descabello y fuerte y cariñosa ovación en el último toro de su temporada portuense. Cuatro tardes, cuatro llenos, siempre con la pata por delante. Morante, es necesario…y tanto.
Borja Jiménez, la ambición basada en el conocimiento
Principal, segundo, tuvo movilidad y transmisión, aunque su embestida no siempre fue entregada. Tras un picotazo, salió de najas. El cambio de tercio fue protestado, con razón. El sevillano fue encontrando la medida, especialmente al natural, cuando bajó la mano y consiguió someter al burel. Por la derecha hubo mayor ligazón, dejando la muleta en la cara para ligar los pases y hacer que sonara Agüero. La faena tuvo mando porque él tiene poder y quizá una serie de más. Con el público muy a su favor, pinchó antes de una estocada trasera y paseó una oreja. El toro, que se movió sin estar sobrado de clase, fue aplaudido en el arrastre.
Pero su declaración de intenciones llegó con Gestor, quinto. Se fue a portagayola y después encadenó verónicas, chicuelinas y capote a la espalda en un recibo que levantó la plaza e hizo sonar El Gato Montés. Tras su segundo brindis al público de la noche, la faena comenzó muy “en Borja Jimenez”, con tres cambiados por la espalda sin rectificar terreno. Con la banda haciendo de las suyas, Concierto de Aranjuez mediante, Borja toreó largo y con gusto a un toro de calidad que fue apagándose. El público, entregado, agradeció en pie con una gran ovación a la banda su virtuosismo. Con todo de cara para desorejar al Matilla, un pinchazo y una media redujeron el premio a una oreja, suficiente para la Puerta Grande pero no suficiente para un torerazo que siempre quiere más porque puede.
David de Miranda, de finas maneras
Vecino, tercero, bien hecho, tuvo una embestida suave y fue de los toros de mayor clase del encierro. Miranda encendió la plaza por saltilleras y, tras brindar al público, comenzó de rodillas. Cuando el toro acortó su recorrido, el onubense hizo justamente lo contrario: redujo terrenos, se quedó quieto y convirtió las cercanías en posible argumento. Lo llevó largo cuando pudo y se impuso cuando dejó de poder. Las bernadinas finales tuvieron un enorme ajuste y una gran estocada cerró la faena. Dos orejas.

- Morante en El Puerto.
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Venturoso, sexto, el más serio de la corrida, fue el de mejores hechuras y uno de los de mayor interés, aunque escondió dificultades: reponía y soltaba la cara, hasta prender aparatosamente a Fernando Pereira en banderillas. Gracias a Dios salió ileso. Miranda, que brindó a Morante, volvió a imponerse con firmeza. La faena comenzó vibrante y perdió después intensidad. El arreón final en los terrenos del toro y una estocada eficaz le valieron una oreja, la tercera de su tarde.
Broche final a un ciclo estival de gran interés para el público y para los aficionados en el que las figuras, con un omnipresente Morante a la cabeza, cumplieron con creces y los que aspiran a serlo demostraron que tienen tanta ambición como argumentos. Habrá que darle la razón a Gallito: “Quien no ha visto toros en El Puerto no sabe lo que es un día de toros”.
FICHA RESUMEN:
Morante de la Puebla: oreja y fuerte ovación.
Borja Jiménez: oreja y oreja. Puerta Grande.
David de Miranda: dos orejas y oreja. Puerta Grande.
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