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El Puerto se sube al autobús gratis: entre el "para el cafelito tengo" y el "yo prefiero que esté en condiciones"

En las paradas de autobuses, los usuarios de El Puerto valoran el ahorro que supone la gratuidad, pero reclaman que el cambio vaya acompañado de más puntualidad, comodidad y una flota renovada

  • Los portuenses ya disfrutan de los autobuses gratis. -

Desde este martes, 1 de septiembre, los usuarios del transporte urbano portuense pueden subir sin pagar en El Puerto. La medida, en medio de un contexto hiperinflacionista, con todos por los nubes, y subiendo, pretende facilitar los desplazamientos y convencer a más vecinos para que dejen el coche aparcado. Pero en las paradas, pese a todo, la conversación tiene otra prioridad: que el autobús llegue, tenga aire y no se averíe.

  • Usuarios esperan para montarse en el autobús el primer día gratis.
  • -

El Ayuntamiento presenta la gratuidad como una apuesta por la movilidad, la economía de las familias y una ciudad con menos tráfico y emisiones. La medida coincide además con una renovación que el gobierno municipal prepara para los próximos meses, con un nuevo contrato de diez años y una flota de 23 vehículos híbridos y eléctricos. También coincide, obviamente, con la cuenta atrás de un mandato que expirará en mayo del año que viene, fecha de unas nuevas elecciones municipales. 

La noticia aterriza en la calle con matices. Hay quien calcula ya cuánto se ahorrará cada mes, quien teme que el servicio se llene todavía más, y quien dice que el precio es secundario. Entre quienes esperan en las paradas aparece una idea repetida con distintas palabras: gratis está bien, pero lo primero es la puntualidad y la calidad.

  • Los portuenses disfrutan del autobús gratis desde hoy.
  • -

El precio no arregla una espera

María del Mar espera el autobús porque lo utiliza los martes y los jueves para acudir a trabajar. No necesita demasiado tiempo para explicar qué cambiaría su relación con el servicio a partir de hoy. "A mí me da exactamente igual, pagarlo o no. Yo lo que quiero es que estén en condiciones", reconoce a lavozdelsur.es. Para ella, la gratuidad no resuelve la principal dificultad: poder confiar en que el autobús aparecerá cuando toca.

Habla de averías, esperas que se alargan y situaciones que convierten un trayecto sencillo en una prueba de paciencia. "Siempre me pasa algo", resume. Recuerda incluso haber esperado más de una hora y señala que los días de feria o cuando hay algún evento la situación puede empeorar.

No niega que no pagar pueda ayudar; simplemente coloca las prioridades en otro sitio. El autobús tiene que ser, antes que nada, un medio fiable. La diferencia entre pagar y no pagar importa poco si el viaje empieza con una espera interminable o si el vehículo queda fuera de servicio.

Haciendo las cuentas: "Para el cafelito tengo"

Carmen Robles Soto ve la medida desde un lugar distinto. Ella sí utiliza el autobús con frecuencia: dos o tres veces al día. Estima que puede ahorrarse entre tres y cuatro euros diarios, una cantidad suficiente para notar la diferencia. "Hombre, pues sí, para el cafelito tengo", dice cuando calcula ese ahorro.

  • Carmen Robles, esperando el autobús.
  • -

En la parada, su valoración es sencilla: "Muy bien, muy bien", repite. Para ella, el transporte gratuito es una ayuda y una razón para mirar la medida con buenos ojos. Cuenta que, según lo que escucha entre otros usuarios, "está todo el mundo contento". Pero después aparece una frase que funciona como reverso de esa satisfacción: "A ver hasta cuándo dura".

La duda es también la cautela de quien quiere comprobar cómo se traducen las mejoras en la práctica. La gratuidad puede llenar más los autobuses y aumentar su uso. El Ayuntamiento sostiene precisamente que quiere hacer del transporte público una alternativa más atractiva. La cuestión será si el servicio está preparado para responder a esa demanda. Ahí estará buena parte del examen de septiembre.

Una ayuda para el bolsillo, pero con preguntas sobre el servicio

Manuela Moreno también reconoce el beneficio económico. Tiene una tarjeta de transporte que ya utiliza, aunque asegura que no coge demasiado el autobús. Lo hace, por ejemplo, cuando va a la plaza y vuelve cargada, especialmente en días de calor. Si el autobús pasa pronto, explica, se sube.

Su preocupación está relacionada con la financiación. "Habrá gente que no coja el autobús y eso se va a pagar con los impuestos", plantea. Moreno introduce así una cuestión sobre cómo se sostiene la medida a largo plazo.

  • El billete de autobús en El Puerto, que ya es gratis.
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También pone el foco en las condiciones de los viajes. Recuerda que los autobuses pueden ir sin aire acondicionado y cuenta que en una ocasión "tuvieron que dejar gente fuera porque no cabían". Aun así, cuando se le pregunta por quienes antes no podían permitirse utilizar el autobús cada día para ir a trabajar, su respuesta es clara: "Hombre, pues mira, mejor para ellos".

El calor, las esperas y una flota que tiene los días contados

Consuelo Carmona Gutiérrez es todavía más crítica. Para ella, la gratuidad puede traducirse en una consecuencia evidente: más pasajeros. Y si la flota actual ya presenta problemas, según los usuarios, teme que el incremento de afluencia empeore la experiencia. "Gratuito se va a poner el autobús lleno de gente", advierte. Su principal reproche tiene que ver con el estado de los vehículos, la falta de aire y la limpieza.

Carmona asegura que los autobuses están "escacharrados", que algunos interiores presentan suciedad y que los trabajadores pasan muchas horas dentro de ellos. Habla también de asientos deteriorados y de los tirones durante la marcha. Son cuestiones sobre las que el gobierno municipal, presidido por el alcalde Germán Beardo, trabaja contrarreloj para poner este servicio esencial a la altura de las exigencias de una gran ciudad como El Puerto.

La vecina sabe que el Consistorio anuncia vehículos nuevos para los próximos meses, aunque mantiene sus reservas. Recuerda que en otras ocasiones le dijeron que llegaban autobuses nuevos y después, según su experiencia, resultaron ser vehículos con muchos años. Pese a todo, su posición sobre la gratuidad no cambia: si ve el autobús demasiado lleno, asegura, directamente no se monta.

23 autobuses nuevos para cambiar una imagen enquistada

La renovación anunciada por el Ayuntamiento pretende precisamente atacar parte de esas quejas. Desde abril ya se incorporaron autobuses híbridos para reforzar el transporte urbano, coincidiendo con la Feria y con la llegada de la temporada de verano. La siguiente fase será más ambiciosa: el nuevo contrato del servicio, previsto para otoño, tendrá una duración de diez años y contempla la sustitución de toda la flota. La intención es que el cambio se note tanto en los vehículos como en la forma de recorrer la ciudad, con trayectos revisados y una cobertura más amplia.

  • Usuarios subiéndose a un autobús en El Puerto.
  • -

El proyecto incluye 23 vehículos nuevos, híbridos y eléctricos, junto a un rediseño de trayectos y una mejora de las frecuencias. La intención municipal es reforzar las conexiones entre barrios y con centros educativos, sanitarios, deportivos y comerciales.

Sobre el papel, las piezas encajan: vehículos nuevos, rutas revisadas, más cobertura y un coste cero para quien se suba. En la calle, sin embargo, las mejoras tendrán que hacerse visibles con cada trayecto.

Bibiana plantea otra duda: si es gratis, ¿se podrá exigir lo mismo?

Bibiana Céspedes recibe la medida con prudencia. Entiende que no tener que pagar facilita el acceso al transporte y reconoce que "es una ayuda". Pero no tiene claro cómo evolucionará el servicio cuando desaparezca el precio del billete.

"Si no viene en el horario previsto, ya no se puede reclamar y no es lo mismo", plantea. La cuestión cobra importancia porque el Ayuntamiento vincula la gratuidad con un aumento del atractivo del transporte público. Si más personas deciden utilizarlo, la demanda crecerá.

Y si la demanda crece mientras las frecuencias, la capacidad o la puntualidad no acompañan, el ahorro puede acabar conviviendo con las mismas quejas que ya aparecen hoy en las paradas.

  • Una usuaria avisa al autobús para que pare en la marquesina.
  • -

El verdadero examen empieza cuando deje de cobrarse

El anuncio de Beardo parte de una idea sencilla: que nadie deje de utilizar el transporte público por motivos económicos. El alcalde defiende que eliminar el pago facilitará los desplazamientos diarios, ayudará a las familias y contribuirá a reducir el tráfico y las emisiones. "Queremos que nadie deje de utilizar el transporte público por motivos económicos", ha señalado, vinculando la medida directamente con la calidad de vida de los vecinos.

Pero las conversaciones con los usuarios dibujan una fotografía menos uniforme. Carmen ya sabe qué hará con unos euros que antes destinaba al autobús. Manuela celebra que quien no podía pagar cada día pueda hacerlo ahora. Bibiana espera comprobar cómo funcionará el nuevo escenario. Y María del Mar y Consuelo colocan el foco en lo mismo: que el vehículo aparezca, que esté en condiciones y que permita llegar a destino.

El Puerto empieza así una nueva etapa para su transporte urbano con una promesa fácil de comprobar. Desde hoy, el autobús no cuesta dinero al usuario. Queda por comprobar cuánto cambia lo demás.  

Desde este martes, 1 de septiembre, los usuarios del transporte urbano portuense pueden subir sin pagar en El Puerto. La medida, en medio de un contexto hiperinflacionista, con todos por los nubes, y subiendo, pretende facilitar los desplazamientos y convencer a más vecinos para que dejen el coche aparcado. Pero en las paradas, pese a todo, la conversación tiene otra prioridad: que el autobús llegue, tenga aire y no se averíe.

  • Usuarios esperan para montarse en el autobús el primer día gratis.
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El Ayuntamiento presenta la gratuidad como una apuesta por la movilidad, la economía de las familias y una ciudad con menos tráfico y emisiones. La medida coincide además con una renovación que el gobierno municipal prepara para los próximos meses, con un nuevo contrato de diez años y una flota de 23 vehículos híbridos y eléctricos. También coincide, obviamente, con la cuenta atrás de un mandato que expirará en mayo del año que viene, fecha de unas nuevas elecciones municipales. 

La noticia aterriza en la calle con matices. Hay quien calcula ya cuánto se ahorrará cada mes, quien teme que el servicio se llene todavía más, y quien dice que el precio es secundario. Entre quienes esperan en las paradas aparece una idea repetida con distintas palabras: gratis está bien, pero lo primero es la puntualidad y la calidad.

  • Los portuenses disfrutan del autobús gratis desde hoy.
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El precio no arregla una espera

María del Mar espera el autobús porque lo utiliza los martes y los jueves para acudir a trabajar. No necesita demasiado tiempo para explicar qué cambiaría su relación con el servicio a partir de hoy. "A mí me da exactamente igual, pagarlo o no. Yo lo que quiero es que estén en condiciones", reconoce a lavozdelsur.es. Para ella, la gratuidad no resuelve la principal dificultad: poder confiar en que el autobús aparecerá cuando toca.

Habla de averías, esperas que se alargan y situaciones que convierten un trayecto sencillo en una prueba de paciencia. "Siempre me pasa algo", resume. Recuerda incluso haber esperado más de una hora y señala que los días de feria o cuando hay algún evento la situación puede empeorar.

No niega que no pagar pueda ayudar; simplemente coloca las prioridades en otro sitio. El autobús tiene que ser, antes que nada, un medio fiable. La diferencia entre pagar y no pagar importa poco si el viaje empieza con una espera interminable o si el vehículo queda fuera de servicio.

Haciendo las cuentas: "Para el cafelito tengo"

Carmen Robles Soto ve la medida desde un lugar distinto. Ella sí utiliza el autobús con frecuencia: dos o tres veces al día. Estima que puede ahorrarse entre tres y cuatro euros diarios, una cantidad suficiente para notar la diferencia. "Hombre, pues sí, para el cafelito tengo", dice cuando calcula ese ahorro.

  • Carmen Robles, esperando el autobús.
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En la parada, su valoración es sencilla: "Muy bien, muy bien", repite. Para ella, el transporte gratuito es una ayuda y una razón para mirar la medida con buenos ojos. Cuenta que, según lo que escucha entre otros usuarios, "está todo el mundo contento". Pero después aparece una frase que funciona como reverso de esa satisfacción: "A ver hasta cuándo dura".

La duda es también la cautela de quien quiere comprobar cómo se traducen las mejoras en la práctica. La gratuidad puede llenar más los autobuses y aumentar su uso. El Ayuntamiento sostiene precisamente que quiere hacer del transporte público una alternativa más atractiva. La cuestión será si el servicio está preparado para responder a esa demanda. Ahí estará buena parte del examen de septiembre.

Una ayuda para el bolsillo, pero con preguntas sobre el servicio

Manuela Moreno también reconoce el beneficio económico. Tiene una tarjeta de transporte que ya utiliza, aunque asegura que no coge demasiado el autobús. Lo hace, por ejemplo, cuando va a la plaza y vuelve cargada, especialmente en días de calor. Si el autobús pasa pronto, explica, se sube.

Su preocupación está relacionada con la financiación. "Habrá gente que no coja el autobús y eso se va a pagar con los impuestos", plantea. Moreno introduce así una cuestión sobre cómo se sostiene la medida a largo plazo.

  • El billete de autobús en El Puerto, que ya es gratis.
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También pone el foco en las condiciones de los viajes. Recuerda que los autobuses pueden ir sin aire acondicionado y cuenta que en una ocasión "tuvieron que dejar gente fuera porque no cabían". Aun así, cuando se le pregunta por quienes antes no podían permitirse utilizar el autobús cada día para ir a trabajar, su respuesta es clara: "Hombre, pues mira, mejor para ellos".

El calor, las esperas y una flota que tiene los días contados

Consuelo Carmona Gutiérrez es todavía más crítica. Para ella, la gratuidad puede traducirse en una consecuencia evidente: más pasajeros. Y si la flota actual ya presenta problemas, según los usuarios, teme que el incremento de afluencia empeore la experiencia. "Gratuito se va a poner el autobús lleno de gente", advierte. Su principal reproche tiene que ver con el estado de los vehículos, la falta de aire y la limpieza.

Carmona asegura que los autobuses están "escacharrados", que algunos interiores presentan suciedad y que los trabajadores pasan muchas horas dentro de ellos. Habla también de asientos deteriorados y de los tirones durante la marcha. Son cuestiones sobre las que el gobierno municipal, presidido por el alcalde Germán Beardo, trabaja contrarreloj para poner este servicio esencial a la altura de las exigencias de una gran ciudad como El Puerto.

La vecina sabe que el Consistorio anuncia vehículos nuevos para los próximos meses, aunque mantiene sus reservas. Recuerda que en otras ocasiones le dijeron que llegaban autobuses nuevos y después, según su experiencia, resultaron ser vehículos con muchos años. Pese a todo, su posición sobre la gratuidad no cambia: si ve el autobús demasiado lleno, asegura, directamente no se monta.

23 autobuses nuevos para cambiar una imagen enquistada

La renovación anunciada por el Ayuntamiento pretende precisamente atacar parte de esas quejas. Desde abril ya se incorporaron autobuses híbridos para reforzar el transporte urbano, coincidiendo con la Feria y con la llegada de la temporada de verano. La siguiente fase será más ambiciosa: el nuevo contrato del servicio, previsto para otoño, tendrá una duración de diez años y contempla la sustitución de toda la flota. La intención es que el cambio se note tanto en los vehículos como en la forma de recorrer la ciudad, con trayectos revisados y una cobertura más amplia.

  • Usuarios subiéndose a un autobús en El Puerto.
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El proyecto incluye 23 vehículos nuevos, híbridos y eléctricos, junto a un rediseño de trayectos y una mejora de las frecuencias. La intención municipal es reforzar las conexiones entre barrios y con centros educativos, sanitarios, deportivos y comerciales.

Sobre el papel, las piezas encajan: vehículos nuevos, rutas revisadas, más cobertura y un coste cero para quien se suba. En la calle, sin embargo, las mejoras tendrán que hacerse visibles con cada trayecto.

Bibiana plantea otra duda: si es gratis, ¿se podrá exigir lo mismo?

Bibiana Céspedes recibe la medida con prudencia. Entiende que no tener que pagar facilita el acceso al transporte y reconoce que "es una ayuda". Pero no tiene claro cómo evolucionará el servicio cuando desaparezca el precio del billete.

"Si no viene en el horario previsto, ya no se puede reclamar y no es lo mismo", plantea. La cuestión cobra importancia porque el Ayuntamiento vincula la gratuidad con un aumento del atractivo del transporte público. Si más personas deciden utilizarlo, la demanda crecerá.

Y si la demanda crece mientras las frecuencias, la capacidad o la puntualidad no acompañan, el ahorro puede acabar conviviendo con las mismas quejas que ya aparecen hoy en las paradas.

  • Una usuaria avisa al autobús para que pare en la marquesina.
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El verdadero examen empieza cuando deje de cobrarse

El anuncio de Beardo parte de una idea sencilla: que nadie deje de utilizar el transporte público por motivos económicos. El alcalde defiende que eliminar el pago facilitará los desplazamientos diarios, ayudará a las familias y contribuirá a reducir el tráfico y las emisiones. "Queremos que nadie deje de utilizar el transporte público por motivos económicos", ha señalado, vinculando la medida directamente con la calidad de vida de los vecinos.

Pero las conversaciones con los usuarios dibujan una fotografía menos uniforme. Carmen ya sabe qué hará con unos euros que antes destinaba al autobús. Manuela celebra que quien no podía pagar cada día pueda hacerlo ahora. Bibiana espera comprobar cómo funcionará el nuevo escenario. Y María del Mar y Consuelo colocan el foco en lo mismo: que el vehículo aparezca, que esté en condiciones y que permita llegar a destino.

El Puerto empieza así una nueva etapa para su transporte urbano con una promesa fácil de comprobar. Desde hoy, el autobús no cuesta dinero al usuario. Queda por comprobar cuánto cambia lo demás.  

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