El calor vuelve a entrar de lleno en las aulas andaluzas y CSIF ha elevado de nuevo la voz para exigir a la Junta de Andalucía “soluciones reales” ante un problema que, según denuncia el sindicato, se repite curso tras curso. La organización, mayoritaria en la educación pública andaluza, advierte de que buena parte de los centros docentes públicos no están preparados para afrontar episodios de altas temperaturas cada vez más frecuentes, tempranos y prolongados.
La situación es especialmente llamativa en la provincia de Cádiz. Según los datos de la propia Administración citados por CSIF, solo el 5,5% de los centros docentes públicos gaditanos cuenta con sistemas de bioclimatización. En el conjunto de Andalucía, el porcentaje ronda el 11%, una cifra que el sindicato considera insuficiente para una comunidad donde las temperaturas elevadas afectan ya de forma directa a la actividad lectiva ordinaria.

- Una estudiante en un centro educativo de Andalucía.
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- MANU GARCÍA
CSIF sostiene que esta realidad no solo impacta en el alumnado, sino también en las condiciones laborales del profesorado y del resto de profesionales que trabajan en los centros educativos. El sindicato subraya que el calor condiciona el bienestar, la salud y el aprendizaje, con una incidencia especial en las zonas de interior, como Jerez, su campiña y la Sierra de Cádiz, donde las temperaturas son más acusadas.
“Los centros no pueden asumir solos esta situación”
Aunque la Administración andaluza dispone de protocolos e instrucciones para actuar ante olas de calor o altas temperaturas, CSIF considera que esas herramientas no pueden convertirse en la principal respuesta ante un problema estructural. El sindicato insiste en que adaptar horarios o reorganizar actividades puede servir en momentos puntuales, pero no sustituye a las inversiones necesarias.
“No basta con pedir a los centros que adapten horarios, reorganicen actividades o busquen espacios más frescos. Los equipos directivos y el profesorado no pueden asumir en solitario la gestión de una situación que requiere inversiones, planificación e infraestructuras adecuadas”, señala el responsable de Educación de CSIF Cádiz, Manuel Fernández.

- Un aula andaluza, en una imagen de archivo.
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- MANU GARCÍA
La Central Sindical advierte además de que el calor en las aulas ha dejado de ser una circunstancia excepcional limitada a los últimos días de junio o a los primeros días de septiembre. A juicio de CSIF, los efectos del cambio climático están provocando que las altas temperaturas se adelanten cada vez más y coincidan con períodos lectivos ordinarios.
Fernández recalca que las consecuencias van mucho más allá de la incomodidad. Según el sindicato, las altas temperaturas repercuten en la concentración, el rendimiento académico, la salud laboral y la atención al alumnado más vulnerable. En este sentido, CSIF recuerda que la normativa actual sobre disposiciones mínimas de seguridad y salud en el trabajo establece que las condiciones ambientales no deben suponer un riesgo para la seguridad y la salud, y fija una temperatura de entre 17 y 27 grados centígrados para los trabajos sedentarios.
Una ley “guardada en un cajón” seis años después
CSIF lamenta que, seis años después de la aprobación de la Ley para la mejora de las condiciones térmicas y ambientales de los centros educativos andaluces, no se haya puesto “ni la primera piedra” sobre la misma. La organización considera imprescindible acelerar las actuaciones pendientes y dotar a los más de 4.000 centros educativos públicos de Andalucía de soluciones permanentes.
El sindicato reclama una planificación realista, financiación suficiente y una ejecución ágil que permita resolver de forma definitiva una problemática que, según denuncia, afecta cada año a alumnado, docentes y trabajadores de la enseñanza pública andaluza. Para CSIF, el debate ya no puede limitarse a medidas de emergencia ante cada episodio de calor.

- Escolares entrando en clase.
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“Los protocolos son necesarios para gestionar situaciones puntuales, pero no pueden sustituir las inversiones que requieren nuestros centros educativos. El calor en las aulas no es una anécdota, sino un problema educativo, laboral y de salud pública que exige respuestas inmediatas y soluciones definitivas”, concluye Manuel Fernández.
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