Vivir entre humedades en el Jerez rural con un hijo con 84% de discapacidad: el drama de Marina en Las Quinientas
Una vecina de este enclave rural, situado a espaldas del río Guadalete, relata las dificultades que tiene que sortear por residir en el único lugar que podía permitirse por su precaria situación económica
Marina Núñez señala las humedades de su casa, derivadas del tren de borrascas. -
Marina Núñez, de 69 años, vive con su hijo JavierFernández, de 44 años y con un 84% de grado de discapacidad reconocida —tiene retraso madurativo y es diabético, por lo que sufre alteraciones importantes de los niveles de azúcar a menudo—, en una casa de la zona rural de LasQuinientas, en Jerez, a espaldas del Guadalete, en la otra orilla de El Portal, y cerca de la planta de reciclaje de Las Calandrias.
Marina y Javier son de los pocos vecinos que residen en un entorno donde hay muchos huertos de ocio, fincas, y terrenos con ganado, desde vacas a gallinas, o incluso un cortijo con ganado bravo.
A esta casa llegaron Marina y Javier hace unos años, procedentes de El Puerto, porque no encontraron nada mejor, adecuado a sus posibilidades económicas. Marina cobra poco más de 500 euros de una pensión no contributiva, y dice que tampoco podía asumir los gastos de un alquiler. Ni la compra de una vivienda en entornos urbanos o en otras localidades —"El Puerto era imposible"—.
Marina, en el patio de su casa, con desperfectos provocados por los temporales del invierno.
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MANU GARCÍA
Eligió Las Quinientas, dice, porque vivir en una zona rural resulta beneficioso para su hijo, que necesita actividad y espacio. Allí puede ocuparse de los animales, regar las plantas y moverse por el terreno. "Entre que dinero no hay y el niño tampoco puede estar en otro sitio, me tengo que buscar lo que se adapte a mí", explica.
Por eso, aun con todos los obstáculos que tiene vivir en este lugar, no quiere (ni puede) abandonar Las Quinientas, un enclave rural en el que lleva años soportando distintos problemas. El primero, el estado del camino que da acceso a su casa, lleno de baches. O de un canal cercano, que se desborda cada vez que llueve, e inunda su vivienda.
Desperfectos del camino que da acceso a la vivienda de Marina y Javier, en Las Quinientas.
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MANU GARCÍA
Las lluvias inundan su casa
Porque cuando llega la época de lluvias, Marina y su hijo se echan a temblar. Este último invierno, con el tren de borrascas, se les inundó la casa, como suele pasar. En ella siguen visibles los efectos de aquellos temporales. El patio tiene zonas en mal estado. En el interior, la peor parte se la lleva su habitación, donde es visible y palpable el efecto de las humedades provocadas por las lluvias.
Su maltrecha situación económica no le ha permitido arreglar los desperfectos. Va parcheando, poco a poco. "El agua se metía por debajo de la casa y salía por todos lados", cuenta. La vivienda se encuentra a una cota inferior respecto al terreno exterior, lo que agrava el problema cuando aumenta el nivel del agua.
Humedades en las paredes de la habitación de Marina, donde duerme con su hijo.
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MANU GARCÍA
En la visita de lavozdelsur.es a su vivienda, enseña enseña parte de los daños. Una zona que estaba cementada quedó levantada por la fuerza del agua. En otros puntos, asegura, el agua brotaba desde debajo de la propia casa.
Una de las habitaciones continúa mostrando las consecuencias de las inundaciones. Sus hijas han pintado y acondicionado algunas habitaciones, pero no todas. También asegura que solicitó ayudas por los daños, aunque hasta ahora no ha recibido una resolución.
"Estamos abandonados"
Marina Núñez afirma que ha trasladado reiteradamente la situación tanto al Ayuntamiento como a representantes de Las Pachecas, barriada rural a la que pertenece este núcleo.
En esta zona, explica otro vecino, son cuatro o cinco las parcelas que pueden verse afectadas por el agua, aunque la situación es especialmente complicada para quienes viven allí durante todo el año. "Ella es la perjudicada de verdad, porque es la que vive aquí y es la que se come todo el marrón del agua", señala.
Javier Fernández, hijo de Marina, en la parte trasera de la finca.
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MANU GARCÍA
Los vecinos apuntan también a un arroyo situado junto a las parcelas, que termina comunicando con una tubería de la carretera. Durante los últimos temporales, según Marina, el problema procedió del desbordamiento del cauce situado en las proximidades. La situación fue algo menos grave gracias a un pequeño que han construido los propios vecinos. "¿Qué quieren que les diga? Estamos abandonados", concluye Marina.
El escollo para acometer el arreglo de estos caminos rurales, señalan fuentes municipales a lavozdelsur.es, es su titularidad, porque en ocasiones se trata de pasos no inventariados, en los que el Ayuntamiento no puede actuar.
"Legalmente no se puede hacer nada", apuntan estas fuentes, que animan a esta vecina a pedir ayuda a los servicios sociales, si lo necesita, para poder sobrellevar su situación. Marina seguirá reclamando soluciones, llamando a las puertas que haga falta.
Marina Núñez, de 69 años, vive con su hijo JavierFernández, de 44 años y con un 84% de grado de discapacidad reconocida —tiene retraso madurativo y es diabético, por lo que sufre alteraciones importantes de los niveles de azúcar a menudo—, en una casa de la zona rural de LasQuinientas, en Jerez, a espaldas del Guadalete, en la otra orilla de El Portal, y cerca de la planta de reciclaje de Las Calandrias.
Marina y Javier son de los pocos vecinos que residen en un entorno donde hay muchos huertos de ocio, fincas, y terrenos con ganado, desde vacas a gallinas, o incluso un cortijo con ganado bravo.
A esta casa llegaron Marina y Javier hace unos años, procedentes de El Puerto, porque no encontraron nada mejor, adecuado a sus posibilidades económicas. Marina cobra poco más de 500 euros de una pensión no contributiva, y dice que tampoco podía asumir los gastos de un alquiler. Ni la compra de una vivienda en entornos urbanos o en otras localidades —"El Puerto era imposible"—.
Marina, en el patio de su casa, con desperfectos provocados por los temporales del invierno.
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MANU GARCÍA
Eligió Las Quinientas, dice, porque vivir en una zona rural resulta beneficioso para su hijo, que necesita actividad y espacio. Allí puede ocuparse de los animales, regar las plantas y moverse por el terreno. "Entre que dinero no hay y el niño tampoco puede estar en otro sitio, me tengo que buscar lo que se adapte a mí", explica.
Por eso, aun con todos los obstáculos que tiene vivir en este lugar, no quiere (ni puede) abandonar Las Quinientas, un enclave rural en el que lleva años soportando distintos problemas. El primero, el estado del camino que da acceso a su casa, lleno de baches. O de un canal cercano, que se desborda cada vez que llueve, e inunda su vivienda.
Desperfectos del camino que da acceso a la vivienda de Marina y Javier, en Las Quinientas.
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MANU GARCÍA
Las lluvias inundan su casa
Porque cuando llega la época de lluvias, Marina y su hijo se echan a temblar. Este último invierno, con el tren de borrascas, se les inundó la casa, como suele pasar. En ella siguen visibles los efectos de aquellos temporales. El patio tiene zonas en mal estado. En el interior, la peor parte se la lleva su habitación, donde es visible y palpable el efecto de las humedades provocadas por las lluvias.
Su maltrecha situación económica no le ha permitido arreglar los desperfectos. Va parcheando, poco a poco. "El agua se metía por debajo de la casa y salía por todos lados", cuenta. La vivienda se encuentra a una cota inferior respecto al terreno exterior, lo que agrava el problema cuando aumenta el nivel del agua.
Humedades en las paredes de la habitación de Marina, donde duerme con su hijo.
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MANU GARCÍA
En la visita de lavozdelsur.es a su vivienda, enseña enseña parte de los daños. Una zona que estaba cementada quedó levantada por la fuerza del agua. En otros puntos, asegura, el agua brotaba desde debajo de la propia casa.
Una de las habitaciones continúa mostrando las consecuencias de las inundaciones. Sus hijas han pintado y acondicionado algunas habitaciones, pero no todas. También asegura que solicitó ayudas por los daños, aunque hasta ahora no ha recibido una resolución.
"Estamos abandonados"
Marina Núñez afirma que ha trasladado reiteradamente la situación tanto al Ayuntamiento como a representantes de Las Pachecas, barriada rural a la que pertenece este núcleo.
En esta zona, explica otro vecino, son cuatro o cinco las parcelas que pueden verse afectadas por el agua, aunque la situación es especialmente complicada para quienes viven allí durante todo el año. "Ella es la perjudicada de verdad, porque es la que vive aquí y es la que se come todo el marrón del agua", señala.
Javier Fernández, hijo de Marina, en la parte trasera de la finca.
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MANU GARCÍA
Los vecinos apuntan también a un arroyo situado junto a las parcelas, que termina comunicando con una tubería de la carretera. Durante los últimos temporales, según Marina, el problema procedió del desbordamiento del cauce situado en las proximidades. La situación fue algo menos grave gracias a un pequeño que han construido los propios vecinos. "¿Qué quieren que les diga? Estamos abandonados", concluye Marina.
El escollo para acometer el arreglo de estos caminos rurales, señalan fuentes municipales a lavozdelsur.es, es su titularidad, porque en ocasiones se trata de pasos no inventariados, en los que el Ayuntamiento no puede actuar.
"Legalmente no se puede hacer nada", apuntan estas fuentes, que animan a esta vecina a pedir ayuda a los servicios sociales, si lo necesita, para poder sobrellevar su situación. Marina seguirá reclamando soluciones, llamando a las puertas que haga falta.
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